De a poquito

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De a poquito

Diciembre 22, 2019 - 11:55 p. m. Por: Alfonso Otoya Mejía

La teoría de las ventanas rotas explicada por James Q. Wilson y George L. Kelling en su artículo de la revista The Atlantic Monthly en marzo de 1982, ha sido desarrollado por distintos implementadores de política pública como Rudy Giuliani y Michael Bloomberg en la ciudad de Nueva York. Esta conocida teoría que plantea la cero tolerancia con los crímenes menores, para de esta manera prevenir el escalamiento de la criminalidad ha sido ampliamente discutida, aplicada y debatida.

Más allá de controvertir o discutir los resultados de esta tesis, sí vale la pena traerla a colación en estos momentos pues desde hace algún tiempo veo cómo en nuestra ciudad cada día más nos volvemos permisivos con el deterioro que se da de manera progresiva en distintos lugares.

Un primer indicador fue el tráfico, primero con el parqueo, prosiguió el constante zigzagueo de las motocicletas, el no respeto al semáforo en rojo y ya estamos en el colmo de la anarquía, la invasión a los carriles del MÍO. Nadie fue capaz de detener el incremento del desorden por mal parqueo y ahora el problema está totalmente desmedido. Recomponerlo demanda esfuerzos realmente mayores.

Igual suerte han corrido las vías de nuestra ciudad, las empresas de servicios públicos o los constructores rompen las vías para solucionar algún problema o realizar alguna nueva instalación y solo reparan con unas cuantas paladas de roca muerta dejando que esta intervención genere un mayor deterioro de la red vial. Igual nadie dice ni hace nada.

En los días de paro hemos visto cómo grupos minúsculos de personas con unas cuantas piedras, palos de escoba y la cómplice presencia observadora de la autoridad, bloquearon las vías públicas. Al nadie hacer nada, estos bloqueos de unos cuantos, que con la sola intervención de los policías se hubiera podido restablecer el orden sin necesidad del Esmad. Seguro se habría evitado el escalamiento y el esparcimiento de tan vandálico comportamiento.

El último y más indignante es el desorden con la falta de control del espacio público y las ventas ambulantes. Todo empieza con la falsa justificación de dar empleo. Bajo esta premisa los políticos o politiqueros del momento dejan crecer y apropiarse del espacio público a centenares de vendedores ambulantes. La venta ambulante no es exclusiva de nuestra ciudad o país, las arepas o chontaduros que podemos comprar en los andenes de Cali se pueden comparar con las ventas de perros calientes o de maní de Nueva York. Ambas son ventas de calle, sin embargo, las segundas a diferencias de las primeras lo hacen de manera ordenada, respetando normas trazadas tanto de higiene como de seguridad y orden.

El desmadre de las ventas ambulantes y el descontrol por parte de la alcaldía llega a tal punto que un lugar como el Bulevar del Río, que siempre se ha logrado mantener libre de este flagelo ya muestra serios indicios e invasiones en esta época navideña. No hace falta más que recorrer el alumbrado, muy bien logrado por cierto, para darse cuenta de las ventas ambulantes sobre el Bulevar del Río, ternera a la llanera (con su respectiva pipa de gas) sin ningún tipo de higiene, venta de licor y cuanto objeto o comida se quiera adquirir, todo enmarcado en el más grande desorden. Esto no era así hace dos años pero la falta de autoridad y seriedad en el manejo del espacio público hace que de a poquito deterioremos lugares que logramos recuperar para el disfrute de todos. Qué lástima.

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