Espejismos trasnochados

Marzo 27, 2022 - 11:35 p. m. 2022-03-27 Por: Alejandro Éder

Son tiempos de incertidumbre y de resolver los retos que nos plantea el seguir avanzando. Hemos vivido años muy complejos, donde la pandemia y la turbación social impactaron profundamente y afectaron en especial a los más vulnerables. Es desafortunado que en este momento, cuando más necesitamos generar riqueza y oportunidades, se sitúa un discurso antiempresa que inexplicablemente gana espacio de manera preocupante y que irresponsables políticos agitan buscando réditos cortoplacistas que solo generarán más sufrimiento.

La iniciativa privada es la gran oportunidad de desarrollo. La iniciativa privada es la libertad de avanzar. Entre 2012 y 2019, Cali y el Valle pasaron de menos 100 millones de dólares a más de 500 millones de dólares en inversión extranjera, representadas en más de 250 empresas establecidas generadoras de empleo. Cali se consolidó como la ciudad colombiana que más empleos formales creó, llegando a crecer a tasas del 21% en el total de personas empleadas formalmente.

Para 2019, fue la segunda ciudad de Colombia con mayor registro de creación de puestos de trabajo en un año, con una tasa de ocupación del 60,4%. Esto va en sintonía con el hecho de que el Valle del Cauca creció a tasas del 3% en promedio, por encima del 2,7% nacional, siendo así el mayor registro entre los 24 departamentos que evalúa el Dane.

Eran buenas noticias que, por supuesto, se vieron truncadas por un evento adverso de muy difícil manejo: la pandemia. Pero ahí están las cifras y hablan de la iniciativa privada que ha sido clave para generar empleos e ingresos para miles familias.

Lo cierto es que no son datos fríos. Entre 2010 y 2020, el Valle del Cauca y Cali redujeron sus tasas de pobreza de forma sostenida. Mientras a principios de dicha década 30 de cada 100 vallecaucanos vivían en la pobreza, a finales de la década esa cifra se había reducido a 20 de cada 100. No suficiente, pero es buen camino. Habíamos avanzado a ritmo importante, de la mano de estrategias públicas y de la generación de empleos formales y dignos.

Con la pandemia, 34% de la población de la región se encuentra en la pobreza y es justo el malestar que muchos sienten de ver cómo sus condiciones de vida se deterioraron. Lo consecuente sería apostarle al crecimiento empresarial, a más emprendimientos y al impulso de la productividad, a través de políticas que incentiven la inversión, desarrollo y el apoyo a las pequeñas empresas. Generar fuentes de empleo de calidad que apalanquen la lucha contra la pobreza es el foco.
Sin embargo, hay voces de quienes creen que así no es. Esbozan espejismos trasnochados que pretenden darle al Estado control absurdo de la economía, suavizado por argucias como la ‘democratización’, que esconden un sesgo totalitario y funesto. Por ejemplo, con un 34% de bienes de media y alta tecnología que exporta el Valle, aumentar los aranceles debería preocuparnos por el elevado costo económico de esa decisión. Aumentar aranceles, se traduce en amenaza para los exportadores porque ocurrirá que países a los que Colombia les suba los aranceles harán lo mismo con nuestro país.

La empresa es desarrollo y la libertad económica es el camino para generar riqueza, equidad y prosperidad individual y familiar. Sucumbir al dirigismo y populismo económico y que el Estado asuma funciones que el mercado hace mejor, desencadena desequilibrios que, en el inmediato plazo, representan enorme pobreza y terrible vulnerabilidad. Defender la economía de mercado y la iniciativa privada asegura nuestro futuro.

Sigue en Twitter @alejoeder

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