Tambores de guerra

Tambores de guerra

Abril 20, 2018 - 11:35 p.m. Por: Alberto Silva

No puede haber ninguna duda que en Cali y el valle geográfico del río Cauca, ocurrieron los dos primeros movimientos de rebelión del país, anteriores al de los Comuneros del Socorro, pero infortunadamente ignorados en los textos de la vieja historia patria que se daba obligatoriamente en escuelas y colegios hasta hace 36 años.

Es de imaginar la errática historia inculcada al estudiantado cuando no se tenían los elementos con que contamos ahora para comprobar técnicamente los hechos escritos en los textos para su cátedra. Lo paradójico es que en los últimos años cuando por fin los obtuvimos en las universidades y academias, el Ministerio de Educación con increíble torpeza eliminó la cátedra de historia en los pénsums para así dejar hasta hoy al alumnado, con ignorancia crasa de su propia historia.

Así como los historiadores caleños Demetrio García Vásquez en su inmensa obra ‘Revaluaciones históricas para la Ciudad Santiago de Cali’ y el Padre Alfonso Zawadzky en ‘Las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca’ y otros más, desentrañaron la heroica participación de la región en la Independencia colombiana, así mismo los de la generación actual debemos aprovechar la ley del Congreso de la República, por la cual retorna la cátedra de historia patria a las aulas de escuelas y colegios del país, con la historia nacional revaluada, para reivindicar así entre otras, las grandes verdades de los importantes protagonismos vallecaucanos en la formación de la nación, que no deben permanecer por más tiempo ocultos a la juventud colombiana. Son créditos de la región que en justicia el Estado debe reconocer oficialmente tal como se hace en todas partes del mundo.

Al comienzo de la Independencia de Colombia, el proceso en el eje colonial del río Cauca había empezado varios siglos atrás desde cuando en los claustros de los conventos de Cali, en especial el de San Francisco, los frailes franciscanos criollos puros, empezaron a ser dominantes sobre los frailes españoles. Los franciscanos caleños tenían fuertes vínculos ideológicos y de familia con los de Quito donde se estaban cocinando vientos de libertad. Según Zawadzky esos vínculos se cuidaban de estrecharlos al máximo por fuerte y sigilosa correspondencia epistolar: “Vivieron siempre en el ambiente de lucha de la ciudad en su Cabildo, codeándose de manera permanente con paisanos de significativa prestancia financiera, social, comercial y política”.

La Iglesia por medio de las diferentes cofradías, ejercía un poder casi oficial en todas las colonias americanas del reino español. Entre los clérigos conventuales de Cali y Quito, se interponían los franciscanos de los conventos de Popayán y Pasto, donde casi todos de nacionalidad española prevalecían sobre los frailes criollos. Sobresalieron en Cali Fray José Joaquín Escobar, insurgente revolucionario de gran talla ideológica y Fray Pedro de Herrera. Según carta del general José Concha al general Santander refiriéndose al movimiento independentista: “El convento de los franciscanos de Cali, fue el foco de la revolución”. Y en palabras del historiador Padre Alfonso Zawadzky: “Los factores de índole étnica, los de carácter social, los puramente económicos y comerciales y los de naturaleza política obraron como poderosas determinantes”.

Así las cosas, los cabildantes de Cali firman el Acta del 3 de julio de 1810 en la cual, luego de un saludo zalamero al Rey Fernando VII, le confirman la decisión de proteger su reino en América siempre y cuando viniese a reinar desde acá. Tácita condición de rebeldía y compromiso difícil de cumplir por parte del monarca, que se encontraba preso por Napoleón. Razón por la cual los vallecaucanos escuchamos de primeros, el sonoro redoble de los tambores de guerra en la Independencia. Fuimos entonces los primeros en atenderlos y con qué solvencia.

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