Escuchar este artículo

Motor del desarrollo

Agosto 04, 2020 - 11:35 p. m. Por: Alberto Silva

Desde la ocupación de la península ibérica por los romanos, los españoles conocían el manejo de los acueductos y la rueda hidráulica. Al entrar al tercer siglo de la Colonia, los colonos de América y especialmente los criollos vallecaucanos ya hacían intentos por establecer esos elementos en el procesamiento de la caña de azúcar, gramínea que habían traído de las Antillas.

Se toparon sin embargo con dificultades para ese propósito: una de ellas la carencia de hierro y técnica para la fabricación de ruedas hidráulicas y molinos con ese mismo metal. Tuvieron entonces que resignarse a utilizar ruedas hidráulicas de madera y molinos de piedra y esperar dos siglos más para lograrlo con hierro.

Aplicaron las técnicas romanas para construir acueductos con destino a conducir las aguas de riego a los cultivos y a las ruedas hidráulicas, motivo que los llevó a buscar tierras con más pendientes las cuales encontraron desbrozando la selva al otro lado del río Cauca, hacia el oriente, río arriba en las vegas de su afluente el río Amaime, sin desprenderse de él, lo cual les garantizaba su rico caudal hídrico y buenos desniveles para lograr bocatomas con buena altura.

Allí en algún lugar florecería luego el poblacho de San Gerónimo de los Ingenios, primer núcleo de trapiches que prevaleció hasta bien entrada la época colonial. Lo mismo se hizo luego en otros afluentes del Cauca a lo largo de la planicie en la margen oriental del río.

Un gran drama se desarrolló durante los primeros siglos de la Colonia: la invasión española usurpó las tierras de los nativos como ha sucedido siempre en todas las invasiones de la humanidad y esta no sería la excepción. Acá en América a los nativos les tomaron sus mujeres para la servidumbre de las señoras tanto españolas como criollas y rompieron su estructura religiosa y espiritual.

Los gobernadores y capitanes españoles se dedicaron en sus informes a la corona a magnificar batallas que probablemente no se habían dado, debido a la diferencia abismal entre el armamento y sistema castrense español y los rudimentarios de los indígenas, como lo demostraron en su momento los curas Pedro Claver y Bartolomé de las Casas.

Con estos informes los conquistadores quisieron demostrar el triunfo de la civilización cristiana española sobre las ‘bárbaras’ sociedades americanas hasta el punto de presentar a los nativos como ‘caníbales’ cuando lejos estuvieron de serlo, pues poseían grandes recursos alimenticios de caza y pesca que no los inducían a utilizar otras fuentes de proteína animal. Además los científicos y académicos modernos aún no han encontrado evidencias de canibalismo entre los primeros nativos del valle geográfico del río Cauca en sus estudios arqueológicos y antropológicos.

La población mestiza se encargó de soportar el trabajo para establecer las unidades productivas y poder sobrevivir en aquellas distancias y soledades selváticas del extenso territorio. Fue en ese momento cuando se sumó el aporte de los esclavos negros traídos de África, supliendo la esclavitud indígena establecida pero ya en franco deterioro. Durante muchos años surgió un crisol de colonizadores pardos, mulatos, zambos, negros y blancos sin ningún rango, producto del cruce de etnias que dieron origen al campesino vallecaucano durante la Colonia. Ese abanico también se dio en todo el territorio de la Nueva Granada sin excepción. No fue exclusivo del valle geográfico del río Cauca, como se ha hecho creer.

Tal grupo multiétnico resultó ser motor del desarrollo de este sector del país que ahora un nativo de Ciénaga de Oro de la Costa Atlántica piensa desbaratar, cuando sea presidente, (piensa él) y repartir en piñata entre colombianos que no han tenido igual vigor técnico agrícola como el vallecaucano.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS