La cuota inicial

La cuota inicial

Enero 13, 2019 - 06:30 a.m. Por: Alberto Silva

Los prisioneros de Catambuco y Pasto, después de cruel espera de cuatro meses, fueron llevados a la Plaza Mayor de Pasto al redoble de tambores y acompañados de varios clérigos encapuchados, para atraer morbosamente al público. En presencia de sus harapientos compañeros de prisión y del pueblo pastuso en general para hacer escarmiento, fueron ejecutados Joaquín de Cayzedo y Cuero, Alejandro Macaulay y diez vallecaucanos más el 26 de enero de 1813 a las cuatro de la tarde. Fueron los primeros fusilados en la Independencia de Colombia.

El historiador payanés Gustavo Arboleda rescató del archivo de Quito la lista de los vallecaucanos inmolados junto con Cayzedo. La conforman trece nombres, pero en realidad fueron diez los fusilados. Aquí se relacionan todos, sin poder identificar los nombres de aquellos tres que no fueron ejecutados: Juan Mata Rivera, Raimundo Redondo, Juan Tabares, Joaquín Cuellar, Alejo Rayo, Joaquín Esguer, Luis López, Manuel Herrera, Manuel Lazo, Vicente Mejía, Bernardo Prado, José María Jaramillo y Narciso Liscano.

El resto de los más de 300 vestigios de prisioneros fueron enviados como esclavos a las selvas de Macas en el piedemonte amazónico del actual Ecuador. A su paso por Riobamba esos infelices, remedos de seres vivientes apenas contabilizaban 62 espectros humanos. A Macas llegaron 60. Que cuota tan alta para iniciar la Independencia de Colombia. ¿Estas verdades las debe seguir ignorando el pueblo colombiano? ¿A título de qué?

Para claridad de la historia: el tiempo. Demetrio García Vásquez invoca las palabras de Macaulay en su declaración durante el proceso que le siguió Pasto para afirmar que: esa declaración revela el plan de destitución del presidente Cayzedo y Cuero, a quien se traicionó, deliberadamente. Una perfidia de la oligarquía feudataria (de Popayán) que jamás perdonó al jefe de la revolución de 1810, que hubiera derribado para siempre la tradicional supremacía de una capital cortesana.

Con el sacrificio de Joaquín de Cayzedo y Cuero, el primer hombre fusilado en la Independencia, junto con diez vallecaucanos más, comenzó el interminable desfile de mártires inmolados en los patíbulos. Pero por aquello del manejo centralizado de la historia colombiana, que siempre ha glorificado a los protagonistas del final de la historia y muy poco, o casi nada, a quienes la iniciaron, a las tumbas de estos héroes no ha llegado todavía el reconocimiento postrero por ofrendar sus vidas. Como bien lo dice el historiador García Vásquez: Es extraño que Popayán, capital de la antigua provincia, nada haya publicado de sus copiosos archivos sobre la épica de la primera fase de la independencia republicana, que se inició precisamente en Cali y en el Valle del Cauca.

Hace 100 años cuando se festejaba el primer centenario de la Independencia de Colombia, todavía se desconocían los méritos de muchos de los próceres vallecaucanos, entre ellos, los de Joaquín de Cayzedo y Cuero. Gracias al fervor y constancia de notables estudiosos de la historia vallecaucana, quienes pusieron sobre la mesa el acervo testimonial probatorio del inmenso aporte de la región a la causa de la Independencia, se logró erigir el bronce del Alférez Real de Cali, Joaquín de Caicedo y Cuero, cuyo nombre comenzó a escribirse sin la Y ni la Z, en la plaza principal de Cali que lleva su nombre.

En 1919, por el camino de herradura, -no existía todavía carretera ni ferrocarril- trajeron los restos del mártir desde Pasto donde habían permanecido 106 años. Desandaron el mismo camino y los mismos senderos hasta el mismo sitio en el que había hecho sus proclamas, firmado las actas del Cabildo y de donde había partido para dar inicio a la Independencia de Colombia: la Plaza de Armas de su ciudad natal, Santiago de Cali.

VER COMENTARIOS
Columnistas