De Genoy al Pacífico

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De Genoy al Pacífico

Octubre 06, 2019 - 06:25 a.m. Por: Alberto Silva

El resultado era de esperarse: Manuel Valdés fue derrotado de manera contundente por los pastusos el 2 de febrero de 1821, en la batalla de Genoy, en las faldas del volcán Galeras. Debió realizar una horrible retirada, similar a la padecida por José María Cabal siete años antes, en 1814, por el Patía. Al llegar al puente sobre el río Mayo, se encontró con Antonio José de Sucre, quien acudía en su auxilio para sumarse a la conquista de Quito. Enterados de la real situación, Sucre y Valdés regresan juntos a El Trapiche, hoy municipio de Bolívar, en el departamento del Cauca, donde Sucre trató de organizar sus desarticuladas tropas.

Allí recibió recomendaciones muy precisas del capitán caleño Eusebio Borrero, quien le indicaba invadir a Quito por el puerto de Guayaquil, evitando el paso por Pasto defendido por las pavorosas trincheras de los ríos, Mayo y Juanambú. Debían regresar entonces a Cali primero y utilizar la vía marítima de cabotaje entre los esteros de Buenaventura a Guayaquil en el Pacífico.

Regresaron a Popayán y un mes después, el 6 de marzo, los herrajes de los cascos de sus cabalgaduras sacaron chispas en las calles empedradas de Santiago de Cali. En esta ciudad comenzó el futuro mariscal de Ayacucho, la conformación de un ejército de 2000 hombres, reuniendo los 1000 que le quedaban después de la derrota de Valdés en Genoy, junto con los nuevos que iba a reclutar, para embarcarlos en Buenaventura. Pero, ¿de dónde sacó a estos últimos? Los sacó de donde tenía que sacarlos: del mismo Valle del Cauca, región de la cual habían salido anteriormente los que fueron al sacrificio en la batalla de Genoy.

Ese mes de marzo, Santiago de Cali era un hormiguero de tropas. Al pequeño poblado confluían soldados reclutados en todas las poblaciones del valle geográfico del río Cauca. Se repetía la eterna historia. Con ese contingente, el general Sucre pretendía cruzar la Cordillera Occidental, arriba de Cali, para llegar al mar y luego embarcarse en la isla de Cascajal, hoy Buenaventura, con destino a Guayaquil. Se hizo un acopio de tropas similar al logrado por Bolívar y Santander dos años antes en los Llanos Orientales para cruzar el páramo de Pisba y caer sobre la Nueva Granada. Solo que en esta oportunidad cambiaron el escenario y los protagonistas. En lugar de los Llanos, estaba el esplendoroso Valle del Cauca. A cambio de los centauros llaneros estaban los fuertes y curtidos vallecaucanos veteranos de múltiples combates; en vez de Bolívar, ahora era Sucre, y en lugar del páramo de Pisba en la Cordillera Oriental, se encontraba la impresionante maraña del camino de Felidia y de Mulaló hacia la Cordillera Occidental y el andén del Pacífico, con su clima insalubre que 200 años atrás se hallaban cubiertos por un grueso manto de espesa selva, muy diferente a las colinas yermas como se aprecian hoy subiendo desde Cali y bajando hasta Loboguerrero.

El Valle del Cauca completaba diez años de sangrientos padecimientos. Había entregado durante esos largos años la flor de sus hijos en los combates en que estuvo empeñado por la Independencia. Ahora nuevamente aportaba sus tropas y elementos para la guerra del Sur a costa de su erario. Así figura en el documento firmado el 2 de noviembre de 1820 en Santiago de Cali, capital ya, de la Provincia del Cauca. Con él se le compraba al inglés Benjamín Hatton, el armamento para la expedición del Sur por valor de $ 82.625.oo de la época, suma a cancelar con tabaco del Valle del Cauca y que fue pagada en su totalidad. El arsenal adquirido debía ser entregado en el puerto del Pacífico.

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