Comienzo heroico

Comienzo heroico

Septiembre 07, 2018 - 11:35 p.m. Por: Alberto Silva

Los integrantes del ejército patriota que enfrentaron a los de la corona española en la primera batalla de Independencia en el Bajo Palacé, no sospechaban la trascendencia de aquel acto de valor y sacrificio que estaban prestos a iniciar en la mañana del 28 de marzo de 1811.

Tampoco vislumbraban que la ofrenda de sus vidas iba a ser olvidada perversamente por el resentido pueblo con que se ha formado en parte la República de Colombia hasta ahora. Pavorosa muestra de ingratitud y centralismo, por el hecho de que el ejército patriota en Palacé estaba formado en un 90% por vallecaucanos. En la vida de la nación otras batallas y hechos civiles y militares de menor rango, fueron escogidos por el Estado para conmemorar y festejar las fechas patrias, en lugar de la memorable batalla del Bajo Palacé.

Pero las cosas están por cambiar. Eso se espera de la Ley 1874 de diciembre 27 del 2017, con la cual se restablecerá la cátedra de historia patria en escuelas y colegios, siempre y cuando revaluemos primero la actual. Así se hace a diario en todas partes del mundo, para enseñarla a la juventud como debe ser.

Enfoquemos pues la mirada en lo acontecido la mañana de aquel día. Más de tres mil hombres se enfrentaron para matarse y ensayar una batalla como las ocurridas por ese tiempo en Europa. El lugar era un puente sobre el río Palacé. Parece que los patriotas fueron los primeros en cruzarlo para combatir a los realistas situados en la margen izquierda del afluente. Lo hicieron con ímpetu, más que con técnica y destreza, pero les funcionó el asunto porque los realistas se vieron desbordados por los patriotas quienes rápidamente les causaron 32 muertos y 33 heridos, junto con una apreciable cantidad de prisioneros, armamento e intendencia. Los patriotas solo sufrieron ocho bajas, entre ellas la del alférez caleño Manuel María Larrahondo, abanderado de tropa.

Junto al sacrificio del alférez Larrahondo, ocurrieron otros dos hechos destacados para la historia. Uno de ellos sucedió al final del combate cuando el capitán Miguel Cabal Barona al apearse de su caballo para socorrer a un oficial español herido quien iba a ser rematado por un soldado patriota, recibió en el pecho la descarga de la pistola del oficial herido que le causó la muerte de inmediato. Acto de misericordia que se trocó en tragedia y que la historia no se ha dignado sublimizar.

Miguel Cabal formó con su hermano Francisco y su primo José María Cabal Barona la trilogía familiar de mártires oriundos de Llanogrande, hoy Palmira, perteneciente al cantón de Buga quienes se inmolaron en la contienda de la Independencia. El otro caso corresponde al esclavo africano Juan Cancio, servidor de un cañón pedrero patriota, muerto durante el combate convirtiéndose así en el primer soldado vallecaucano de raza negra abatido durante esa primera batalla, quien tampoco ha recibido el homenaje de la patria por su sacrificio.

La confrontación en la batalla se realizó con desventaja para los patriotas, pues los realistas se encontraban reposados y reunidos cerca de Popayán donde se proveían de lo necesario. En tanto que el ejército de vallecaucanos y cundinamarqueses llegaba después de un largo y penoso camino. Sus hombres estaban estropeados y por supuesto en menores condiciones físicas que sus oponentes, motivo que induce a pensar que en el triunfo de los patriotas, actuó como factor decisivo la mentalidad libertaria de los granadinos.

El primero de abril entra Antonio Baraya y su ejército a Popayán donde es recibido como corresponde a los triunfadores. El gobierno de la Provincia de Popayán había huido en derrota hacia Pasto, junto con su gobernador el español Miguel Tacón y Rosique.

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