Besos largos y de otros

Besos largos y de otros

Abril 26, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Gran revuelo mundial porque una pareja de tailandeses rompió su propio récord de lograr el beso más largo. El anterior era 47 horas y ahora llegaron a 58. Estoy seguro que la razón para superarse a sí mismos es que nadie más les competía en el más ridículo de los concursos. Tanto que yo le doy más mérito al concurso mundial de cuentachistes, ganado por un colombiano: más de 120 horas de buen repertorio, imaginación, memoria prodigiosa, pero el beso más largo... Qué aburrido y poco aportante. La razón es que nos estamos tirando los placeres porque tomamos la decisión de cuantificarlos y está bien que uno mida lo gerencial, pero no las emociones ni las gratificaciones de la vida.

En el caso del beso sí que es cierto. Basta repasar el álbum de los recuerdos osculares y nos encontraremos que muchos de los besos que no dejaríamos borrar fueron de corta duración y su importancia estuvo en la persona con quien tuvimos ese contacto, la ocasión, el deseo de la caricia, el logro, el lugar, los antecedentes o las deliciosas consecuencias. Lo cierto es que el amor es más de química que de contaduría o de estadística: un beso robado, un arrebato de pasión, un lance de valentía, una despedida de afán detrás de una puerta, una momentánea ida de luz, un farol agonizante en una vieja ciudad, marcaron con certeza hitos amatorios más importantes que atléticas jornadas de resistencia. Es más, puede suceder lo contrario, si muchos de los placeres los supiéramos eternos, no disfrutaríamos tanto esos momentos que guardamos en nuestra memoria de la manera más sorprendente: besos con sabor unos, otros con aroma, otros con textura o en la respiración misma. Pocas sensaciones son tan eternas en la memoria de la gente como la de sus besos, y no por la duración sino por lo que representaron en nuestras vidas. Alguna vez leí que mucha gente tiene más presente su primer beso que su primera relación sexual.

Hay besos también que quisiéramos borrar, especialmente los traicioneros o los besos largos con quien no los merece. Es un regalo que se comparte, demasiado íntimo para hacerlo extenso y sin ánimo. Así pues que no vengan a contabilizarnos la temporalidad de los besos, si le metemos Dane también a eso nos lo tiramos, y este verbo es otro demasiado grato para arriesgarlo.


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