Violencia sexual, un drama que acosa a las mujeres en el Medio Oriente

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Violencia sexual, un drama que acosa a las mujeres en el Medio Oriente

Enero 13, 2013 - 12:00 a. m. Por:
Sal Emergui | Corresponsal de El País en Medio Oriente
Violencia sexual, un drama que acosa a las mujeres en el Medio Oriente

Diversas protestas protagonizadas por mujeres en la India, han tenido lugar en los últimos meses. Las manifestantes protestan para que responsables de violaciones sean castigados.

Una chica es violada en un bus en la India. En Egipto, el 80% de las mujeres han padecido acoso sexual. ¿Ser mujer es un drama de ese lado del mundo?

La familia palestina Baradiyya conoce el drama que viven los padres de Jyoti Singh Pandey, la joven india violada por seis hombres en un autobús antes de ser lanzada a la muerte en una carretera el pasado 16 de diciembre. Su caso, aunque no provocó la atención mediática mundial de la tragedia ocurrida en la India, tiene en común la impunidad. La impunidad con la que algunos hombres actúan, violan y matan en el Medio Oriente.Un ataque físico y un intento de imponer su voluntad justificándose en una interpretación radical de la religión, normas culturales impuestas desde hace demasiado tiempo o simplemente una venganza personal, pueden bastar de ese lado del mundo para llegar al exceso en contra de una mujer.Como la víctima del brutal ataque en el autobús de la lejana India, la palestina Ayah Baradiyya, de 21 años, sufrió la sinrazón en el lugar menos esperado. Ocurrió en el 2011. Su tío, un jeque fundamentalista de Hebrón, se olvidó de la relación de sangre para cometer un delito de sangre. “Acusaba a Ayah de haber violado el honor de la familia al no pedir permiso para verse con un compañero de clase de la Universidad”, cuenta uno de sus hermanos.Trece meses de búsqueda acabaron con un hallazgo espeluznante: el cadáver de Ayah en un pozo, camuflado por varias piedras en una colina cercana. La joven había sido arrojada por su tío. Murió lentamente. Sin agua y comida, nunca tuvo opciones. “No perdonaré a mi hermano por matar a mi hija. Ya no le considero un hermano. Nada puede justificar lo que hizo ese monstruo”, dice Ibrahim, el padre de la joven víctima.“El caso de Ayah concienció a la sociedad de que esto no puede continuar así. En el pasado, se mataba sin que nadie supiera nada. En nuestro entorno social, la mujer está fichada por los malos hábitos. Por eso siempre se apoyó a los autores de estos delitos acusando a la víctima”, explica Ruba Natsheh, una activista feminista de Hebrón, la ciudad más islamista de Cisjordania.Natsheh ha pedido a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) una ley que persiga a los asesinos. Aunque parezca inconcebible en la entrada del 2013, muchos consideren que matar o pegar a una chica por supuesto “deshonor familiar” no es un delito sino parte de la tradición. Un instrumento más para perpetuar una orden marcada por la supremacía masculina.“El asesino en este caso es un jeque muy religioso y fanático, pero pido que no culpemos al Islam. Yo soy religiosa y condeno lo que hizo. El jeque acusado no está a favor de que las chicas estudien pero por ejemplo mi padre, que también era jeque, entendía el Islam de forma diferente y por eso promovió que yo estudiara”, afirma Natsheh.Delitos como los mal llamados “crímenes de honor” suelen ocurrir lejos de las cámaras y de la Policía. El entorno prefiere solucionarlo de forma discreta y sin la intervención externa. Varios policías israelíes fueron apedreados el jueves cuando quisieron entrar en una aldea beduina en el sur del país para detener a un hombre acusado de maltratar a su esposa. Para esas comunidades, sus leyes son más importantes que la del Estado. Y sus leyes dicen que la chica merece castigo. Para ella y por avisar a las otras.No descubrimos nada si decimos que la situación de la mujer en Oriente Próximo necesita una mejora urgente.Y no solo por el Islam a la poligamia, como la practica el líder del grupo islamista Hamas y primer ministro en Gaza, Ismail Haniya. Y no sólo por la autorización del Islam a la poligamia. Sino por posturas como la de Hamas que, desde que asumiera el control de Gaza en el 2007, ha intentado aplicar normas restringiendo a la mujer.Algunas luces en el túnelEn Cisjordania, la mujer palestina ha dado enormes pasos hacia la igualdad. Cada vez hay más participación en todos los campos de la vida, incluyendo la política. El caso más reciente de este avance es Vera Baboun. Esta académica cristiana se ha convertido en la primera alcaldesa de Belén. Lo hizo tras granar los comicios municipales en la ANP al frente de la lista Al Fatah.“Se trata de una victoria para las mujeres y sobre todo una victoria del cambio. Cuando la gente vota casi de forma unánime a una mujer como alcaldesa, refleja el deseo al cambio y la esperanza. Es una evolución de la forma cómo la gente piensa y actúa”, dice Vera Baboun apuntando que en la cuna del cristianismo ya hay clara mayoría musulmana.Cuando se le habla de que la sociedad palestina es patriarcal y machista, interrumpe: “Sí, es cierto, los palestinos vivimos en una sociedad patriarcal y machista pero también en cierta forma lo es en la región y el mundo. Hay machismo aquí pero también en la India o e Europa, ¿no?”.Machismo que establece que un niño es más deseado que una niña. Hace siete años, la India fue protagonista en los medios internacionales con la historia de Dhanvanti More. Esta mujer denunció a su marido por obligarla a realizar una decena de abortos en 20 años. Y todo porque el hombre quería tener un hijo varón y no una niña. Es sólo un pequeño botón de muestra de unos valores traspasados de generación en generación que empiezan desechando a un bebe por ser niña y acaban con una agresión sexual.En Nueva Dehli se registra una denuncia de violación cada 18 horas. Un dato escalofriante teniendo en cuenta que en muchos casos el ataque sexual no es denunciado y por tanto no entra en las estadísticas.El acoso sexual es un virus en el país árabe más importante de la zona. En Egipto, esta plaga se mantenía en un inquietante, silencioso y segundo plano. El brutal acoso a varias periodistas extranjeras a cargo de manifestantes de la Plaza Tahrir elevó el virus a epidemia.La Primavera Árabe enfocó el problema. Las cámaras occidentales elevaron a la superficie un fenómeno que hasta entonces las egipcias habían sufrido en silencio. Según una ONG vinculada a la ONU, más del 80% de mujeres han padecido en su vida algún tipo de acoso sexual en el país de las pirámides.Un informe del Centro Egipcio por los Derechos de la Mujer (ECWR, en sus siglas inglesas) destaca que el 62% de los hombres admite acosar a las mujeres. En una sociedad cada vez más reprimida sexualmente y con estrictas normas de conducta, los hombres-ya sean mayores o niños- se “desahogan” atacando a las mujeres. Insultando, pellizcando o violando. Da igual que tenga hijab (velo) o que vaya como dicen los “justificadores” con una camisa demasiado ajustada y con la cabeza al descubierto.Más allá de las reglas de conducta sociales, las egipcias se sienten indefensas ante una ley que no castiga el acoso sexual. A diferencia de la violación en su significado más físico, el acoso no está tipificado como delito. La interpretación más radical del Islam, importada de los países del Golfo, ha contribuido al maltrato de la mujer, considerada por esas tendencias como un objeto más de la casa.El caso más extremo lo protagonizan los talibanes. La pakistaní Malala Yousafzaiera tenia 11 años cuando decidió contar en la Red cómo los talibanes, tras tomar el control del Valle de Swat, decidieron entre sus primeras medidas cerrar los colegios femeninos. “Las mujeres no debían estudiar”, ordenaban los talibanes en una interpretación extrema y fanática del Islam.Tres años después, Malala era víctima del fundamentalismo. Al proseguir su lucha para que ella y otras niñas puedan recibir educación, fue castigada. Un disparo en la cabeza la llevo a las portadas. Afortunadamente se salvó convirtiéndose en un símbolo de la lucha por el futuro de las chicas en su país.De vuelta en Cisjordania, la feminista Natsheh reitera que “no hay generalizar con el Islam”. ¿Pero cómo influyen los nuevos tiempos con las redes sociales y la costumbre de filmar y contarlo todo en tiempo real? “Aunque tiene muchos riesgos, Internet nos ayuda enormemente en nuestra campaña de concienciación social y reivindicación ante las autoridades”, responde.Efectivamente, como todo en la vida, tiene su punto negativo y positivo. Por un lado, aumenta la presión social y puede provocar suicidios de jóvenes traumatizadas ante imágenes o comentarios difundidos maliciosamente. Por otro, las redes, en ocasiones, se convierten en peligrosas carreteras a nivel global.Pero sea como sea, internet ha cambiado el panorama de los abusos sexuales en el Medio Oriente. Si una chica es acosada y no puede denunciarlo (porque no tiene valor o simplemente no puede por diferentes motivos), dispone de la Red como depósito virtual. Quizá no reciban el Premio Simone de Beauvoir por la libertad de las mujeres, como lo hizo este miércoles la adolescente y valiente Malala, pero sí pueden dejar claro a los agresores que la impunidad tiene fecha de caducidad.

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