Tras su visita, efecto Francisco se quedó impregnado en Río de Janeiro

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Tras su visita, efecto Francisco se quedó impregnado en Río de Janeiro

Julio 28, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee Enviada especial de El País a Río de Janeiro, Brasil
Tras su visita, efecto Francisco se quedó impregnado en Río de Janeiro

Desde el lunes, día de su llegada a Brasil, el Papa estuvo acompañado por una multitud de feligreses que fue correspondida por el afecto del Sumo Pontífice. Francisco se bajó en repetidas ocasiones de su papamóvil para tener contacto con las multitudes.

Aunque el papa Francisco dejó claro en la Jornada Mundial de la Juventud que la doctrina conservadora se mantendrá en la Iglesia Católica, causó sensación por su estilo fresco y humilde.

El fenómeno Francisco revolucionó Río de Janeiro. Vuelve loco a su esquema de seguridad, viaja en un carro común con el vidrio de la ventana abajo para que la gente se acerque, duerme en una habitación franciscana, viaja en avión comercial, lleva su propia maleta, pide que se agreguen visitas a favelas y reuniones con los jóvenes argentinos y a pesar de la recargada agenda, siempre sonríe.Cada vez que puede, habla de cómo le gustaría una iglesia de obispos pobres, condena el lujo y la riqueza, se aleja de los fastuosos escenarios vaticanos, predica contra la globalización y el liberalismo. Tiene una ocurrencia para cada ocasión, le hace guiños al público con un manejo experimentado del micrófono, como cuando dijo que los cariocas “no gustan del frío y la lluvia”, o como cuando les contó a los jóvenes argentinos reunidos en la catedral metropolitana que él se siente “enjaulado”.Este papa, que viene de conocer las villa miseria de Argentina, habló el mismo lenguaje en las favelas de Río: pidió un “cafezinho” pero no “cachaça”, y dijo que siempre se le puede “poner más agua al feijâo” para convidar a alguien. En la apertura de la Jornada Mundial de la Juventud en Copacabana se refirió a la fe como si fuera un guiso para una comida y en un idioma ‘portuñol’ llamó a los fieles a “botar fe” (echar fe) como se “bota sal y aceite” en la comida.‘Francisco Superstar’ es un fenómeno mediático. En Copacabana se venden camisetas con su nombre y el número 1 en la espalda, llaveros, banderas, afiches, rosarios y hasta sombrillas con su figura. En esta Jornada Mundial de la Juventud, se agrega el factor brasileño: los actos son shows musicales con representaciones en distintos idiomas, capaces de atraer durante horas la atención de la audiencia juvenil.Este nuevo estilo es la receta con la cual Francisco pretende enfrentar la aguda crisis de la Iglesia, no solo por los escándalos y la corrupción en las alturas de la Curia vaticana, sino por la pérdida de fieles y de vocación en el continente donde la religión católica tiene su bastión más fuerte.“El efecto Bergoglio”, escribe Luiz Paulo Horta en el periódico O Globo, “es todo un pueblo que se conmueve con el sucesor de Benedicto XVI, que mira para él con esperanza, en una época en que las dirigencias decepcionan”. Para Horta, “el papa Francisco está realmente abriendo tiempos nuevos para la Iglesia”. “Hagan lío” Los cinco días que un millón de jóvenes compartió con el Papa en Copacabana no serán un “Woodstock” del catolicismo a pesar de las espectaculares apariciones de Francisco en su papamóvil, pero sí reflejan el enorme esfuerzo de la Iglesia para recuperar el atractivo entre la juventud, no de la que estuvo en la playa durmiendo, sino de la que no se puede dar el lujo de venir al Río de Janeiro de arena blanca y mar hermoso: los jóvenes descreídos, marginalizados, que quizás nunca conozcan el privilegio de trabajar, consumidos por el crack y la droga. Una sola estadística, aterradora, da cuenta del problema que enfrenta a la juventud: en Brasil, entre 1996 y 2010, 1.900.000 jóvenes fueron víctimas de muerte violenta, reduciendo en 2,6 años la expectativa de vida entre esa población.El mensaje de Francisco fue claro: “Hagan lío”, “no se dejen marginalizar”.La batalla por el corazón de la juventud va de la mano con la lucha contra la pobreza y la desigualdad. En la favela de Varginha, recientemente pacificada por la policía militar, Francisco criticó el enfoque militar del trato a los suburbios empobrecidos. “Ninguna pacificación será duradera en una sociedad que margina, que abandona a la periferia a parte de sí misma”. Se refirió a la enorme desigualdad social, más que evidente en esta “cidade maravillosa”: “La medida de grandeza de una sociedad está dada por el modo como trata a los más necesitados”; “nadie puede permanecer insensible a las desigualdades que todavía existen en el mundo”.Es simbólico que este mensaje se haya transmitido desde Río de Janeiro, donde en junio, un millón de personas, tantas como las que se reunieron el jueves en Copacabana, protestaron contra las autoridades brasileñas, contra los funcionarios que viajan en helicóptero, utilizan aviones oficiales para viajar a Cuba con la familia, gastan millones en fiestas hípicas o en fastuosos matrimonios en el Copacabana Palace. Como decía un cartel en una de las misas del Papa: “En 2014, vote por Alibabá, que solo tiene 40 ladrones”.La doctrina conservadoraCuando Francisco les dijo a los jóvenes que “hagan lío” quiso provocar un sacudón en la Iglesia Católica. “Salgan a la calle”, les pidió, porque “una Iglesia que no sale a la calle es una ONG”. Los quiere evangelizando, convenciendo en su misión de pastores. Pero Francisco sigue siendo, doctrinariamente, un conservador. Por eso, mientras habla a los que han dejado de creer o que van tras otros “ídolos” como el dinero, el poder, el éxito, el placer, advierte en contra del peligro de “licuar” la fe.Como escribe Luiz Paulo Horta, Francisco pertenece a la misma corriente de Joseph Ratzinger, que fue llamada de “ortodoxia positiva”. Por eso, no hay que esperar “grandes novedades, revoluciones teológicas. Su papel es el de vivir la ortodoxia con la convicción y la alegría que él considera inseparable de la vida cristiana”. Esto se expresó en su tajante oposición a la despenalización del consumo, en una ciudad donde el crack ha hecho estragos.La doctrina de la Iglesia tampoco se modificó en cuanto a la despenalización del aborto o el matrimonio gay. Los peregrinos de la JMJ recibieron en sus mochilas, además de un plástico para la lluvia, un folleto sobre Bioética, en el cual se explica que el embrión es un ser humano desde el momento de la fecundación; considera abortivos el dispositivo intrauterino y la píldora del día después, critica los métodos de diagnóstico prenatal si se usan para seleccionar bebés, la fecundación artificial y se opone a la adopción, al derecho a tener hijos por medio de la fecundación artificial para parejas del mismo sexo.Este es un problema, si se tiene en cuenta que la juventud es cada vez más liberal: las chicas usan la píldora del día después como si fuera como un anticonceptivo, los jóvenes son más tolerantes a los matrimonios del mismo sexo y condenan cada vez menos el aborto.“La población católica brasileña piensa de forma distinta a la Iglesia en el campo de la moral sexual y de la política interna. El Papa ha indicado algunos cambios, queriendo una iglesia más humilde, pero no habla de cambios en la moral sexual”, dice Regina Soares, coordinadora de una amplia encuesta sobre las opiniones de los jóvenes católicos en Brasil, publicada por el diario Globo.Habrá que ver hasta dónde llega la flexibilidad del Papa frente a los más de 500 teólogos que fueron censurados por Juan Pablo II. Francisco pidió el libro de Leonardo Boff, el conocido promotor de la Teología de la Liberación, pero adelantó que no se reunirá con él. “Creo que este papa es capaz de desmontar esa máquina de control, sumisión y castigo”, escribió Boff. “Son sus nuevos aires, nueva música, nuevas palabras para viejos problemas que nos permiten pensar en una nueva primavera de la iglesia”.La Jornada Mundial de la Juventud que se cierra este domingo, deja a peregrinos y a autoridades de la Iglesia una dura tarea.

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