Mursi llegó al poder por las urnas y se convirtió en un tirano islámico

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Mursi llegó al poder por las urnas y se convirtió en un tirano islámico

Julio 07, 2013 - 12:00 a. m. Por:
Por Sal Emergui Corresponsal en Medio Oriente
Mursi llegó al poder por las urnas  y se convirtió en un tirano islámico

Un manifestante ondea una bandera nacional en una concentración en la plaza Tahrir de El Cairo, Egipto.

Tras un año fue derrocado el Presidente que llegó para borrar la sombra que dejó años de dictadura de Hosni Mubarak. Caos y muerte.

Egipto ha vuelto al punto de arranque. En concreto al mes de enero del 2011 cuando la abarrotada Plaza Tahrir en El Cairo exigió la salida del presidente Hosni Mubarak. Una plaza que hoy, tras la revuelta de la Primavera Árabe y las primeras elecciones libres, ha conseguido el derrocamiento de su sucesor, el islamista Mohamed Mursi con la vital ayuda del Ejército. El golpe de Estado a cargo del máximo responsable militar, el general Abdel Fatah al Sisi, es también un golpe en la mesa para acabar con el poder absolutista que Los Hermanos Musulmanes (HM) aspiraban a crear. Golpe militar o expresión de la voluntad de los millones de habitantes que salieron a las calles contra Mursi, el hecho es que Egipto avanza sin pausa hacia la guerra civil. Las decenas de muertos hasta este fin de semana podrían convertirse pronto en centenares.Al Sisi y el presidente interino, Adli Mansur, representantes de dos poderes fácticos (Ejército y el sistema judicial) intentan calmar a la comunidad internacional prometiendo que la transición será rápida y con un gobierno tecnócrata hasta la convocatoria de los comicios. Pero antes deben calmar a millones de seguidores del poderoso movimiento islamista que se sienten ultrajados.La frustración y rabia al ver a su líder detenido provocan violentos enfrentamientos con los manifestantes anti-Mursi y los soldados que, si no se abortan, anuncian un nuevo derramamiento de sangre.“Nosotros nos quedamos aquí en las plazas y somos millones, hasta que nuestro presidente electo, Mohamed Mursi, vuelva y sea llevado en nuestros hombros. Hemos salido a las calles para defender la religión y recuperar la revolución robada. Sacrificaremos el alma por Mursi”, promete Mohamed Badia, el guía político-espiritual (Murshed) de la Cofradía.Ante los disparos contra los islamistas que se aproximaron a la instalación en El Cairo donde está detenido su presidente derrocado, Badia advierte a su odiado rival militar: “No disparen a los manifestantes que son más poderosos que los tanques”.Badia, Mursi y la plana mayor del movimiento islamista están pagando muy caro su exceso de confianza antes de estallar la crisis. Tan seguros se sentían en el Palacio presidencial que hicieron caso omiso a los más de 20 millones de firmas en la calle exigiendo su dimisión o al ultimátum de 48 horas del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Tan seguros y confiados que no pensaron que Al Sisi se pondría firme, al lado y al frente de los millones de manifestantes en Tahrir iniciando una cruzada contra su movimiento.En lo que parece una medida estudiada y planificada desde hace meses, las Fuerzas Militares arrestaron líderes y militantes islámicos. Con un país claramente fragmentado entre partidarios y opositores a los Hermanos Musulmanes, un ejército dejando de ser árbitro para tomar partido por uno de los bandos y un abismo económico, los 80 millones de egipcios vuelven a vivir un capítulo de incertidumbre.Golpe de Estado o “segunda revolución”, lo que es evidente es que ya nada es y será lo mismo desde el anuncio hecho poco después de las nueve de la noche del 3 de julio. En ese momento, Al Sisi, escoltado por la plana mayor de la oposición y destacados responsables religiosos, completó un movimiento que sorprende incluso en el convulso Egipto.“No es un golpe de Estado sino lo que queremos la mayoría de la población. Si el Ejército no hubiera actuado escuchado al pueblo, Egipto hubiera seguido el ejemplo de la República islámica de Irán tras la revolución del Ayatolá Jomeini”, dice por teléfono Ibrahim, manifestante que ha pasado toda la semana en Tahrir.El periodista egipcio, Munir Mahmud, se muestra satisfecho por el derrocamiento de Mursi. “En el mundo todos hablan de sorpresa, pero no se dieron cuenta que en este año era peli- groso salir a las calles de Egipto y uno se sentía afortunado si tenía trabajo. Era la estabilidad que habían creado los HM para poder controlar el país y llevarlo a su punto más nefasto”, explica este periodista que no oculta su participación en las manifestaciones que llevaron al golpe contra el Presidente.El paso a la caída¿Cómo es posible que Mursi, apoyado por un poderoso aparato ideológico, social, político y económico y sustituyendo un régimen dictatorial de varias décadas haya provocado tanto odio en la población?En primer lugar, Mursi llegó al poder de forma democrática con un apoyo del 51,7 % de los votos superando por escasamente dos puntos a Ahmed Shabik, representante del viejo régimen. Sin carisma, experiencia o capacidad mínima de gestión, ganó gracias a su partido y al voto masivo de castigo a Mubarak. Estos últimos le dan hoy la espalda.Con una economía en crisis (desempleo del 14 %, deuda pública del casi 12 % en mayo), el vital sector turístico en ruinas (en el 2012 llegaron cuatro millones de turistas menos que en el 2010), la ayuda de Qatar no es suficiente. La inyección de más de 6000 millones de euros desde el 2011 no ha conseguido cerrar los numerosos aguje- ros en las arcas. Mursi se lanzó a los brazos del emirato qatarí sin renunciar a la vital asistencia militar y económica de EE. UU. valorada en 1.500 millones de dólares al año.Mursi no diseñó ningún plan eficiente para el rescate. Su impopularidad se debe a su mala gestión económica (la realidad ciertamente ya era muy dura cuando accedió al poder) pero también a sus gestos autoritarios y su afán de islamizar el país.En el camino a convertirse en presidente absolutista, Mursi promovió una nueva constitución orientada a la ley islámica, se enfrentó con dos poderes fácticos y laicos (el estamento judicial y militar), limitó la libertad de expresión y prensa, colocó en cargos públicos a centenares de allegados y miembros de su movimiento y de los partidos salafistas.El analista egipcio Bassem Sabry destaca que para que Egipto sea plenamente democrático debe haber una total separación entre el Ejército y el poder ejecutivo. Dicho esto, reconoce que los HM han desaprovechado su gran oportunidad de gobernar al querer monopolizar el poder excluyendo gradualmente a los que no se adscriben a su agenda ideológica y religiosa.“Muchos creyeron que los Hermanos Musulmanes aprenderían la historia de Mubarak y el Partido Nacional Democrático, el cual quizá sufrió más que ninguno. Muchos creyeron que Mursi sería lo suficientemente sabio para darse cuenta de que fue elegido a duras penas (51,7 % de los votos) contra un candidato que muchos veían como representante del antiguo régimen (…) Se hizo cada vez más aparente que los HM no estaban por la labor de construir una administración democrática sino un nuevo régimen”.Una percepción que se fue acumulando entre los habitantes —incluyendo muchos religiosos que le votaron— hasta convertirse en rabia y enfado. El movimiento popular Tamarrud (Rebelión, en árabe) lo detectó y lanzó la protesta a la calle.Una calle dividida entre los gritos de la Plaza Tahrir formada básicamente por liberales, seculares, nacionalistas y religiosos moderados y la Plaza de Rabáa al Adawiya, con islamistas y salafistas de la Ciudad Nasr. Lo que sucede en el corazón de El Cairo es analizado con lupa en toda la zona. Los grupos islamistas como el que controla la Franja de Gaza (Hamas) o el que gobierna en Túnez tras las revueltas (Ennahda) han criticado el golpe de Estado.Para la milicia palestina se trata de una dolorosa y gran perdida ya que se sentían seguros e incluso eufóricos con los HM en la Presidencia de la nación árabe más importante. El Ejército egipcio no oculta su antipatía hacia Hamas en especial debido a su supuesta relación con el atenta- do que mató a 16 soldados en el Sinaí hace un año.Israel, por su parte, ha adoptado el silencio como reacción oficial aunque siguen con preocupación “la delicada situación” en el país vecino. A largo plazo, la caída de los HM es vista como positiva en la prensa israelí ya que su ADN es radicalmente hostil hacia el Estado judío y Mursi ni siquiera supo o quiso pronunciar la palabra “Israel” durante su año de mandato. A corto plazo Israel puede sufrir las consecuencias de la inestabilidad egipcia ya sea con ataques yihadistas desde el Sinaí contra el sur de Israel o con la ruptura de la tregua de Hamas en Gaza.Mientras la comunidad internacional sigue debatiendo si se trata de un golpe de Estado militar o democrático y si hay que condenar el paso militar contra las urnas o aplaudir la exigencia de millones de habitantes contra lo que percibían como inicio de teocracia islámica, Egipto vive sus horas más dramáticas y sangrientas. La reacción del movimiento islamista y la habilidad del nuevo Gobierno provisional en tender o no puentes con los hoy opositores marcarán el color de la transición.

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