El 'cocodrilo' que se apoderó del trono de Zimbabue

Noviembre 26, 2017 - 08:00 a. m. 2017-11-26 Por:
Agencia EFE
Presidente Zimbabue

El presidente provisional de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa (d), asumió el cargo el viernes. Reemplaza a Robert Mugabe, de 93 años, quien el pasado martes renunció, tras estar 37 años en el poder.

Agencia EFE

Emmerson Mnangagwa se convirtió el viernes en el primer presidente del Zimbabue pos-Mugabe, tras un reinado que duró casi cuatro décadas Y que no daba señales de caer hasta que las aspiraciones políticas de la primera dama, Grace Mugabe, chocaron con las de este veterano de guerra, no en vano apodado ‘Cocodrilo’.

Aunque su presidencia lleva el título de ‘provisional’ y será sometida a examen en comicios en 2018, tal y como ha prometido, en su ceremonia de juramento Mnangagwa se presentó ante los zimbabuenses como un hombre dispuesto a llevar al país a una nueva etapa, a reconstruir la economía y a gobernar para todos.

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Mnangagwa pertenece a la vieja guardia del partido que cofundó Mugabe, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico.
Cuando Mugabe le destituyó como su vicepresidente el 6 de noviembre para favorecer las ambiciones de poder de la Primera Dama, olvidó que son el sigilo y los ataques por sorpresa contra oponentes políticos los que le valieron a su antiguo aliado el apodo de ‘Cocodrilo’.

Mnangagwa prometió que regresaría de su exilio en Sudáfrica para “volver a controlar los resortes de nuestros bellos partido y país”, y no pasaron muchos días hasta que los militares le hicieron el trabajo sucio: deshacerse de los Mugabe.

Aunque ahora es visto como el salvador de la democracia y vitoreado por muchos, Mnangagwa tiene un pasado oscuro: como ministro de Seguridad tras la independencia en 1980 jugó un papel clave en la matanza de más de 20.000 miembros de la etnia Ndebele.

La llamada operación Gukurahundi, que califican de genocidio, fue una purga étnica contra simpatizantes de la Unión del Pueblo Africano de Zimbabue (Zapu), que se saldó con la fusión de la formación con la Zanu-PF y le valió a Mugabe su ascenso definitivo a la Presidencia en 1987.

A pesar de ello, Mnangagwa aseguró que en los últimos tiempos se había vuelto “suave como la lana”. En el funeral de su hermano, en 2010, dijo: “Para los que fuimos instruidos para destruir y matar y hemos visto la luz en los últimos años de nuestras vidas, nuestra recompensa está en el cielo”.

Sin embargo, el nuevo Presidente tenía entre ceja y ceja otra recompensa más terrenal: su nombre ha estado vinculado desde hace años a posibles pactos y conspiraciones para acabar con Mugabe y ascender a la jefatura de Estado.

Estas teorías, unidas a las que lo situaban como un paciente aspirante a sucesor del ya exjefe de Estado, tras su muerte, desencadenaron la ira de Grace Mugabe, que soñaba con heredar la Presidencia y por eso inició una campaña de desprestigio contra el ‘Cocodrilo’.

Ella interpretó su silencioso exilio como una victoria, pero los aliados del ‘Cocodrilo’ en las Fuerzas Armadas apenas tardaron una semana en alzarse contra el Gobierno y detener al Presidente, lo que permitió la llegada al poder de Mnangagwa.

Después de conseguir el ‘Cocodrilo’ en 2014 una vicepresidencia Grace Mugabe inició una campaña de desprestigio contra este.

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