Así se ve hoy la Zona Cero, corazón de los ataques a las Torres Gemelas

Así se ve hoy la Zona Cero, corazón de los ataques a las Torres Gemelas

Septiembre 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Yefferson Ospina | Reportero de El País

La Zona Cero se convirtió en un sector exclusivo que recibe a más de 9 millones de turistas cada año.

Jhon* tiene 74 años, es un veterano del servicio aéreo estadounidense de la guerra de Vietnam y la noche del 11 de septiembre de 2001 llegó a su casa con el traje cubierto de ceniza, húmedo y las lágrimas rodando sin cesar por su rostro.  Jhon estaba a menos de un kilómetro de las Torres Gemelas y las vio derrumbarse y luego se vio él mismo envuelto en  la nube de polvo que invadió más de 500 metros a la redonda del World Trade Center (WTC).  Jhon vivía en Queens. A través de un ferry fue llevado hasta New Jersey  para luego tomar el tren que lo llevara a su casa.  Jhon cuenta ahora que no podía dejar de pensar en la horrible dimensión de la tragedia. “La gente que lo vio en televisión puede pensar que se trataba de un avión pequeño. Pero no, cada avión abarcaba el espacio de una cuadra entera. Es imposible entender la magnitud de lo que sucedió ese día. Aún hoy no deja de desconcertarme”, dice.  Todavía llora. Varios meses atrás decidió ir con su esposa al museo que como homenaje a las víctimas se inauguró en 2014 en la zona en que estaban ubicadas las torres.  No pudo terminar el recorrido. Decidió nunca más regresar. A la pregunta de qué piensa sobre la posibilidad de otro ataque terrorista en New York de esa magnitud, Jhon contesta: “no podemos vivir con miedo. La gente aquí ha aprendido a vivir sin miedo. Sabemos que podría pasar, pero vivimos con fe. Si no tuviéramos fe estaríamos derrotados por los terroristas”.  [[nid:575556;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/09/000_fy1pi.jpg;full;{Los ataques contra el World Trade Center cambiaron hace quince años la geopolítica mundial y fueron el punto de partida de la guerra contra el terror.Fotos: AFP}]] Las palabras de Jhon suenan como el perfecto retrato del espíritu neoyorkino posterior al ataque contra el WTC. Los efectos sobre la psique de los habitantes de Nueva York  fueron notorios: de acuerdo con un estudio publicado en la Revista Chilena de Neuropsiquiatría, la prevalencia de estrés postraumático pasó del 10 % al 20 % luego de los ataques; tres de cada cuatro niños reportaron a los psicólogos recuerdos invasores y constantes pesadillas del desastre, las consultas por depresión se dispararon y el consumo de alcohol aumentó en 25 %, mientras que el de cigarrillo, en 10 %. El ataque contra el WTC fue, además, un trauma que sumió al mundo entero en las espesuras del miedo:  en la primera  semana después de la tragedia, las líneas aéreas de los EE. UU. y europeas disminuyeron 70.000 puestos de trabajo. American Airlines y United Airlines, las aerolíneas cuyos aviones fueron utilizados en los ataques, cancelaron 20.000 puestos cada uno. British Airways registró 7000 pérdidas de trabajo y la Virgin Atlántic  1200. El consejo de Turismo mundial (World Travel and Tourism Council) estimó que la demanda de viajes y turismo bajó un 10 % en todo el mundo. Sin embargo, como lo señaló Raymond Kelly, exdirector de la Policía de New York, la ciudad le enseñó al mundo el significado del concepto de resiliencia. “La ciudad se recuperó de muchas cosas ese mismo año. Para mí fue alucinante ver cómo enseguida la vida continuaba por encima de Canal Street (calle que va de Manhattan a New Jersey). Era una sensación buena, era un “eh, vamos a superar esto”, “vamos a mantener Nueva York tal y como el mundo entero lo ha conocido…”. Con la reconstrucción del Bajo Manhattan, área donde se ubicaba el WTC, 511 empresas empezaron a mudarse a la zona  desde el 2005, entre ellas Conde Nast Publications, Harper Collins, GroupM y Time. En noviembre de 2014 fue inaugurado el edificio Torre de la Libertad -  104 pisos y 542 metros de altura,  a donde se han instalado   más de 800 compañías de tecnología, publicidad y medios de comunicación e información. En total, ya trabajan allí 310.000 personas en más de 8700 firmas y se espera que ambas cifras sigan subiendo. La zona, por otro lado, ha dejado de ser exclusivamente comercial, como lo fue hasta el 11-S, cuando el sector era percibido como un lugar exclusivo para el trabajo. Según datos oficiales de la ciudad de New York, de los 25.000 residentes que había en el 2001, se pasó a 61.000 para 2015 y se proyecta un mayor crecimiento.  Por otra parte, el Battery Park y el corredor de la explanada se han convertido en   espacios perfectos para  practicar deporte. La zona, por supuesto, se ha transformado en un sector residencial en el cual el arriendo de un apartamento no cuesta menos de   US$3.000 y su compra no es inferior a los  US$600.000. Al sector, además, llegan más de 9 millones de turistas cada año, y el memorial en honor a las víctimas, que incluye un   museo inaugurado en 2014, es el segundo sitio más visitado de Nueva York, después de Times Square. El bajo Manhattan ha resurgido en contra del terrorismo y el deseo de imponer el miedo de los extremistas.   Como lo dice Jhon: “no podemos tener miedo, no podemos vivir aterrorizados todo el tiempo. Hay que tener fe y seguir viviendo, si perdemos la fe estamos derrotados”. La gran manzana se blindaEstados Unidos y las potencias europeas dieron paso a un vertiginoso aumento  de sus gastos en defensa luego de los atentados del 11-S. No era para menos: los ataques al WTC demostraban al mundo la capacidad que tenían los grupos terroristas de actuar, básicamente, contra cualquier ciudad en cualquier lugar del mundo.  De acuerdo con cifras del Institituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo, Sipri, EE. UU. pasó de tener un gasto de US$312.743 millones en 2001, a US$356.720 millones en 2002. Para 2003 la cifra ascendió a US$415.223 millones  y, en 2011, cuando el gasto militar estadounidense alcanzó su punto máximo, fue de US$711.338 millones.  Michael Bloomsberg, alcade de New York entre 2002 y 2013, ordenó la creación de un servicio de inteligencia adscrito a una nueva agencia antiterrorista dentro del Departamento de Policía de la ciudad. Durante esos años, la agencia pudo desarticular 16 tramas terroristas planeadas por grupos radicales islamistas, que buscaban derribar el puente de Brooklyn, atentar contra el Times Square o la Estatua de la Libertad  e inundar el sur de Manhattan. Además de eso, la Policía de New York se convirtió en la más numerosa del mundo con alrededor de 50.000 uniformados para prestar servicios a una ciudad de 8 millones de habitantes. Es decir, la tasa de policías de New York por cada 100.000 habitantes es de 562, muy por encima del estándar de la ONU que recomienda 300.  Nueva York, además,  es escenario de fuertes despliegues de operativos de seguridad en días especiales como el 4 de julio, día de la Independencia de Estados Unidos o el 11 de septiembre.  “Los operativos son de verdad impresionantes y uno puede ver militares y policías en las calles vigilando. Dejar una maleta tirada en cualquier lugar es un acto impensable”, dice Margarita Strong, una caleña que vive en Queens.  La posibilidad de un ataque, por otro lado, ha hecho que los habitantes de New York desarrollen el hábito de denunciar todo comportamiento extraño y sospechoso que vean en la calle. Es la doctrina del “if you see something, say something”  (si vez algo, di algo), que se ha ahondado en la conducta de los neoyorquinos.  “Ya es una costumbre. Las personas que vivimos en Nueva York sabemos que  a la menor sospecha llamamos a la Policía para que se haga cargo”. Nueva York, la llamada capital del mundo y la ciudad por excelencia del ‘American way of life’, trata de convertirse todos los días en una gran manzana blindada.

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