Las lágrimas de Yerry Mina 'mojaron' a toda Colombia (Opinión) - Mundial de Fútbol 2018
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Las lágrimas de Yerry Mina 'mojaron' a toda Colombia (Opinión)

Julio 03, 2018 - 09:10 p. m. Por:
César Polania - Editor de Afición
Yerry Mina

Yerry Mina, figura de Colombia en el Mundial.

Efe / El País

Ya te habías metido en el corazón de todos los colombianos. Pero ahora tienes un rinconcito especial en ese ‘músculo’ que pone a latir de manera muy particular el fútbol y te vas a quedar anclado allí para siempre. Como el dueño de tantas emociones. De tanta felicidad. De tanta humildad. De un grito de tres letras que en todos los idiomas se escucha igual: GOL. Porque eso eres, Yerry, y mucho más. Eres la alegría hecha de carne y hueso.

Las lágrimas que dejaste en el césped del estadio Spartak de Moscú al término del partido contra Inglaterra aún duelen. Desde Rusia bañaron de tristeza a tus coterráneos en Guachené —una villa cañera casi perdida en el mapa colombiano, pero que hoy está en boca del mundo entero— y a todo un país que te agradece por vivir en las alturas, allá donde te haces inmenso, casi inalcanzable, con tus certeros golpes de cabeza que padecen los cancerberos contrarios.

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Gracias, Yerry. Gracias por tu ‘endemoniado’ y contagioso baile de marcadas raíces africanas. Gracias por tu “sisas”, por tu “melo” y por tu “Guay”. Gracias por ser el “pana” de todo un pueblo que hoy te quiere mucho más que ayer. Gracias por tus goles y esa dosis de ‘locura’ y ‘éxtasis’ que nos regalas a quienes te vemos desde las gradas de un estadio y en los televisores de nuestras casas. Gracias, mi pana. Gracias, de verdad.

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Por allá por Barcelona, una ciudad que no se parece en nada a tu pueblo, dicen que otro puerto te espera. Que por tu bien y el del Barsa, serás prestado a otro club de España o quizás de Inglaterra. Hoy, lo dudo. Y estoy seguro de que Josep María Bartomeu, también. Los hinchas ‘culé’ no le perdonarían al Presidente que te deje ir. Así como así. Como si no hubieras mostrado tu grandeza en Rusia. Como si el fútbol para ti no fuera ese estilo de vida que escogiste para ser alguien. Y no cualquiera. Sino un gigante, como lo insinúa tu estatura y lo reflejan tus bondades.

Hace pocos días contaste en un canal español que te fuiste rápido de casa para buscar un buen futuro. Y vaya si lo estás consiguiendo. Decías que cada que ganabas un peso, casi todo se lo enviabas a doña Marianela González, tu madre incondicional que supo entender y cuidar tus anhelos. Y fíjate, diste tus primeros puntazos a un balón en un potrero de Guachené y en poco tiempo tus pies descalzos acariciaron el gramado del Camp Nou. Y ahora, miles de millones de personas te han visto en el televisor elevarte por los aires con una resistencia inexplicable a la gravedad y con una fuerza inusitada que finaliza tu cabeza y se traduce en goles.

Tres gritos de felicidad le regalaste a Colombia en este Mundial. Una cifra razonable para un delantero, pero no para un defensa cuya primera tarea es evitar goles. Esos tres cantos de gol, Yerry, te permitieron igualar al alemán Paul Breitner como el defensa con más anotaciones en una misma Copa Mundo. Grande, Yerry. Ni se te ocurra pensar que ahora, en el libro de pases del Barcelona, vales lo mismo que aquel 11 de enero pasado, cuando llegaste a la familia ‘culé’. Un potosí es lo que vales.

Pero ya está. Hoy es otro día. Levanta la cabeza, muchacho. Tienes motivos para hacerlo. Deja la tristeza guardada en ese inevitable baúl de la melancolía que viene cosido al fútbol y dale tiempo a la revancha, porque ella siempre llega. Lo sabes. Y lo entiendes. Ya verás cómo te recibe Colombia. Ya verás cómo lo hace Guachené. Las lágrimas volverán a mojar tus cándidas y negras mejillas, y de tus piernas largas y tus brazos interminables saldrá ese baile que conjugas con tu risa blanca. La felicidad tocará nuevamente tu puerta y sabrás, entonces, que Rusia valió la pena. Un abrazo, mi ‘pana’.

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