El encanto del río Caño Cristales, un paraíso natural oculto en la Sierra de la Macarena

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El encanto del río Caño Cristales, un paraíso natural oculto en la Sierra de la Macarena

Agosto 15, 2018 - 12:24 a.m. Por:
Isabel Peláez - redactora de El País
Caño Cristales, un paraíso natural oculto en la Sierra de la Macarena 01

Desconectarse, hacer senderismo, navegar por ríos con delfines, nadar en piscinas y cascadas naturales, avistar aves o atardeceres, es posible en este paraíso del llano.

Foto: Especial para El País

Hay que ver para creer. ¿Un río de siete colores? ¿Un coliseo romano en medio de la selva, construido por la misma naturaleza? ¿Piscinas en medio de la selva? ¿Ríos con delfines rosados? ¿Una ciudad de piedra en la que el hombre no intervino? ¿Senderos por donde antes caminaron los secuestrados y los cazadores, hoy poblados por cientos de especies de flora y fauna, antes en riesgo de extinción, como el mismo hombre?

Sí, existen y están en Colombia, en la Sierra de la Macarena, en el Meta.

Se trata de un destino que estuvo vedado para los propios colombianos, durante muchos años, por la violencia. Allí está el río de siete colores, llamado Caño Cristales, que fue hasta hace poco más visitado por turistas provenientes de Europa, Asia y Estados Unidos, pero que promotoras de turismo como la de Belisario Marín están empeñadas en convertir en atractivo turístico nacional.

Caño Cristales, un paraíso natural oculto en la Sierra de la Macarena 02

Este impresionante paraíso natural estuvo vedado incluso para los turistas colombianos a causa del conflicto armado y sus efectos en el departamento del Meta

Álvaro Pío Fernández - videógrafo de El País

Desde hace seis años Caño Cristales ofrece una experiencia única para quienes llegan a esta región donde el sol forma dragones en el cielo y arcoíris en el agua. Liliana Gerstner, médico otorrinolaringóloga, lleva tres años visitándolo y dice que repite. “Por unas amigas me enteré de los vuelos chárter que estaban haciendo desde Cali. Este es un paraíso por la cantidad de agua, la diversidad de flora y fauna y la calidez de su gente. Es como una cajita que cada vez que uno destapa contiene más sorpresas. Ver un amanecer en el río Guayabero es una de las experiencias más hermosas”, cuenta esta caleña que convenció a su familia de acompañarla.

“Venir es contribuir a que esta área, que fue tan golpeada por la violencia, resurja, así le damos empleo a una cantidad de gente”, dice, pero advierte que “este paseo no es para todo el mundo, es para personas que disfruten caminar, que estén dispuestas a mojarse, a embarrarse, a explorar, a dejarse sorprender por el clima”.

Los guías recomiendan visitar la región entre julio y septiembre, la época en la que hay lluvias y también sol, porque se necesita del agua para que las macarenias (plantas acuáticas) crezcan, pero también del sol, para que cambien sus colores desde el verde hasta el rojo intenso, pasando por el amarillo, el negro, el azul y el rosado, dando la impresión de un arcoíris derretido.

En la Macarena hay ya más de 30 operadores turísticos, 7 asociaciones de guías y una de canoeros, con cerca de 15 guías capacitados en cada una de estas. Hay fincas hotel y hospedaje en el pueblo.

Estos ofrecen recorridos por los ríos y caminatas por senderos en los que abundan las piscinas naturales y las cascadas. Se pueden avistar aves como pavas y paujiles (amenazados antes por la tala de árboles); monos aulladores, arañas y titíes (que sirvieron de carnada a los cazadores de tigres), maiceros, macacos, caimanes, delfines, venados o el jaguar, que estuvo en vía de extinción cuando se comercializaba su piel; tapires, apetecidos por su carne.

Ya los propios habitantes se concientizaron de la importancia de cuidar la flora y fauna y se imponen multas a quienes talen árboles o se dediquen a la caza.

“De la población de 33.000 habitantes, 500 personas vivimos del turismo”, dice Yeison Artunduaga Díaz, guía de la zona rural de la vereda del Bajo Raudal. Imperdibles son también, según el guía Gabriel Loaiza: Ciudad de Piedra, donde la naturaleza esculpió formaciones rocosas tan extrañas como bellas que forman laberintos. Y el río Losada, hábitat de los delfines rosados.

Imperdibles senderos

No se pierda el Salto del Águila, Pailones, la Piscina del Turista, el Cañón de Angosturas con huellas de una cultura indígena que
habitó la región.

Los guías le enseñarán sobre la flora, entre la que hay especies medicinales y maderables, y la fauna, que sufrió los golpes de la caza y la deforestación, pero se viene recuperando.

En el pueblo no se pierda el parrando llanero con artistas locales.

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