No creyeron que Marly sería policía y logró eso y mucho más

No creyeron que Marly sería policía y logró eso y mucho más

Marzo 07, 2019 - 11:45 p.m. Por:
Paola Andrea Gómez - Jefa de redacción de El País
Marly Alejandra Bernate, policía de Género de Cali

Una de las labores de Marly es promover el #YoTeCuidoMujer, línea 155 de la Estrategia Integral de Protección a la Mujer, Familia y Género que enlaza con Comisaría de Familia, Fiscalía, ICBF y las IPS.

Foto: Giancarlo Manzano / El País

¡Cómo se le ocurre que usted va a ser policía! ¡Qué la van a recibir allá, no ve que usted es mujer! ¡No tenemos plata para pagarle una carrera. Búsquese un trabajo más sencillo o váyase a otro país, a España; allá se está yendo mucha gente, usted puede irse a trabajar!

Esas palabras de su familia, en lugar de hacerla desistir, la hicieron más fuerte. Ya había recibido otros no por respuesta, pero siguió tocando puertas. Primero, en las Chicas de Acero del Ejército, pero cuando se presentó se las acababan de llevar a Neiva. Luego, en la Fuerza Aérea, pero solo había cursos de suboficiales para hombres. Hasta que llegó un representante de la Policía al colegio donde estudiaba y le dijeron que sí había curso para mujeres.

Eso fue en 1997, cuando Marly Alejandra Bernate Bravo terminaba su bachillerato, y su tía que pagaba sus estudios en un colegio privado, Nuestra Señora de Chiquinquirá, sufrió un cáncer y no la pudo ayudar más. Marly juntó los ahorros de su trabajo de los fines de semana en un almacén de ropa; de la venta patacones, chicles y mecato en el colegio y hasta de las masitas que le hacía su mamá para el desayuno, que las vendía a cien pesos. Con ello se pagó su curso en la Policía. La entrevista de ingreso fue justo el día de su graduación: 30 de junio. Un año y medio después de muchos esfuerzos regresó de Bogotá convertida en policía y dejó a todos con la boca abierta.

Ese fue el inicio de una carrera que 21 años después está a punto de concluir, en uno de los cargos que más satisfacción le ha dado: responsable de la Estrategia Integral de Protección a la Mujer, Familia y Género, Emfag, de la Policía Metropolitana de Cali, a la que se le conoce coloquialmente como la ‘patrulla rosa’, integrada por nueve mujeres que apoyan a víctimas de maltrato, abusos y violencia intrafamiliar.

Marly parece haber estado predestinada para dicho fin. Desde niña se preocupó por las diferencias entre hombres y mujeres. Y a los 12 años, cuando decidió ser futbolista, defensa lateral derecha, las evidenció con más claridad. Por eso, en su carrera en la Policía decidió que su enfoque debía ser en la defensa de los derechos y entonces se puso otro reto: estudiar Derecho, sin dejar de cumplir con las obligaciones en la institución. Su carrera se la pagó con un crédito estudiantil. Y luego de estar con la Policía Valle asignada al aeropuerto, a infancia, control interno, conciliación y fiscalía llegó a Cali ya graduada como abogada.

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Entonces le asignaron agencias de conciliación en La Flora y allí con el tema de familia y de los derechos de las niñas pasó a recibir el grupo de mujer y género de la Policía.“Aquí hemos aprendido la parte humana, la atención al cliente, porque si no le puedes resolver el problema, por lo menos escucha, haz el trámite. No somos la última aguapanela del 18 que se creó aquí en Cali, pero al menos somos un enlace con la ruta de atención integral para víctimas de violencia de género. Que sepan a quién llamar, a qué institución acudir para hacer su denuncia y así no tener que repetir su historia y ser revictimizada”, dice.

Un camino de rosas y espinas

Todos sus logros han sido a puro pulso. Desde que era niña y su familia abandonó una casita de arriendo en Siloé para irse a invadir a Brisas de Mayo “cuando el M-19 estaba allá. Mi mamá puso una tiendita y mi papá era vigilante”, recuerda.

La niña que se preguntaba por qué las mujeres debían ser también hombres para los bailes de danza y por qué creían que si jugaba fútbol iba a perder su feminidad, tuvo que abrirse paso en la Policía, con el apoyo de muchos, pero también con la persecución de otros.

Marly recuerda que fue víctima de acoso por parte de un coronel que al no aceptar sus pretensiones y al enterarse de que ella iba a casarse la obligó a prestar servicio justo al día siguiente de su boda. “Tiene que presentarse y si no lo hace, la llevo el lunes al juzgado penal militar, le pongo denuncia por abandono de servicio y eso da cárcel”, le sentenció.

Marly celebró su boda un sábado y al día siguiente, estuvo puntual en la formación del estadio de Palmira, época en la que se celebraban algunos partidos de los equipos de Cali. Entonces apareció un coronel de un rango superior y les dijo a todos los policías formados: “¿ustedes saben cuál fue el evento que tuvo Marly ayer? ella se casó y le doy la orden de que se retire y se vaya a casa”. Marly respondió que no, porque la llevarían a justicia penal y el coronel le dijo que no se preocupara, “esas son órdenes caprichosas, usted no es necesaria hoy, es un partido normal”.

El lunes el coronel que la amenazó le iba a formular el denuncio. Pero se encontró con el que la defendió y este le dijo: “así no se conquista a una mujer, esa es la forma más vil de buscar sexo. Eso no se hace”. Marly cuenta que no denunció el caso y que nunca ha querido dañar la institución porque entiende que cosas como esta pasan en todas partes y que así como hubo un acosador, hubo otro que la defendió. “Era un coronel más antiguo al que le habían pegado un tiro y entonces estaba solo en oficina, pero a pesar de su condición de incapacidad estaba observando todo y me respaldó”.

En su vida personal también atravesó una dura experiencia con su ex pareja, que al final, como tantas otras, la hizo más fuerte. “Viví cierta violencia, falta de respeto, pero siempre ponía por encima el amor por mis hijas. Y pensaba, si hay personas que han pasado cosas más duras, ¿yo por qué no voy a resistir esto?”, expresa.

Después de vivir duros traumas con él perdió las ganas de vivir. “Caí muy bajo, pensé en suicidarme, me olvidé de mis hijas. Estuve hospitalizada en una clínica de reposo con depresión, se me subió la presión, no veía. Que te olvides de los seres que amas y llegues a pensar, como yo, que me quería morir por un hombre, eso es tocar fondo. Por eso les digo a quienes pasan por una situación así que no les dé pena pedir una cita con un psiquiatra, que pidan apoyo. Hagan su tratamiento, no les importe lo que puedan pensar los demás. Que si no estamos preparados mentalmente uno muere, se suicida o se hace matar”, agrega Marly.

Todas esas experiencias la han hecho más sensible para apoyar a las mujeres que ha atendido en su labor policial; muchas que se vieron inmersas en delitos por obedecer la voluntad de un hombre delincuente. Cuenta que conoció a una niña que la mandaron de Estados Unidos a Cali como mula, siendo menor de edad y fue capturada y puesta en un centro de menores. Marly asumió el caso desde lo policial, pero también tuvo que ser el soporte humano de la niña abandonada.

Pero quizás el caso que más la llena de satisfacción ocurrió hace poco con una mujer a la que el amor trajo a Cali, desde un caserío cercano a La Cruz, Nariño. Llegó ilusionada en su búsqueda pero él fue capturado por porte ilegal de armas y a ella le tocó quedarse en un apartamento de la familia de él, embarazada. Cuando el hombre salió de la cárcel la empezó a maltratar, le pegaba, negociaba su trabajo en casas de familia y no le permitía trabajar donde él no pudiera cobrar su sueldo. Fue abusada, explotada y golpeada. Estaba como en una cárcel. Pero gracias a la difusión que en los medios se ha hecho de la patrulla rosa de la Policía logró contactarse con Marly.

“Llegó sudando con el cochecito del niño, sin tetero, ni pañales. Hicimos contacto con Casa Matria y la Fiscalía para sacarla de ese lugar. El día del ‘operativo’ salió con la excusa de una cita médica, metió los papeles en el coche y su ropa la tiró por el shut de basuras del edificio donde vivía. La patrulla la esperó unas cuadras y logramos sacarla a las 5:00 de la mañana. Se hizo el denuncio, le asignaron una casa de protección afuera de la ciudad y se reportó lo ocurrido a su familia en Nariño”, cuenta.

Hace una semana la mujer le escribió para darle las gracias, porque “con toda esa ayuda logré salvarme y no fui una más asesinada en Cali”.
Ahora que Marly está a la espera de su resolución de retiro, se prepara para seguir trabajando por las mujeres. Ya se inscribió a la Junta de Acción Comunal del barrio Boyacá, hace parte de cuatro grupos de trabajo, por whatsapp, de mujeres: en las comunas 5 y 11, y en las redes municipal y departamental. También se matriculó en la escuela de incidencia política de género y espera proyectarse para seguir en lo público trabajando por la comunidad.

A sus compañeras de la Estrategia de Mujer y Familia de la Policía les pide que, cuando ella se retire, se ocupen también de impactar las universidades, porque además del microtráfico, las mujeres están siendo involucradas en esas redes de delincuencia y es algo de lo que las autoridades no se han percatado.

A sus dos niñas de 11 y 15 años les dice que sean fuertes, responsables; les cuenta que ella de niña vendía paquetes de chicles, hacía rifas, buscaba las maneras de no ser una carga. También les pide que tengan disciplina, que hagan deporte, que se quieran.

Y al hacer una mirada de su vida resume lo que pasa por su mente justo ahora que termina un ciclo... “siento que he revivido y que voy por más, que este es mi mejor capítulo. Todo esto me ha ayudado no solo a aportar a mis hijas, sino a muchas personas. Recuerdo el suicidio de la dama de Ibagué con su hijito y eso duele. Por eso pienso que siempre hay que buscar ayuda, que no hay que señalar, que es mejor decir: ‘venga, antes de hacer eso (suicidarse) mejor hablemos…”.

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