Karim, el perro policía que lucha contra el tráfico de fauna en el aeropuerto de Cali

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Karim, el perro policía que lucha contra el tráfico de fauna en el aeropuerto de Cali

Abril 01, 2018 - 08:21 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Editor de la Unidad de Crónicas de El País
Karim, el canino que lucha contra el tráfico de fauna silvestre

Los perros que entrena la Policía Nacional nacen en un criadero localizado en Fusagasugá, Cundinamarca. Las razas ideales para esta labor son los pastores belga malinois, como Karim, o los pastores holandeses por las características físicas y actitudinales de la raza.

Juan Daniel Sánchez - videógrafo de El País

Karim es un perro experto en olores de la selva. Está entrenado para identificar en segundos el aroma de una serpiente. O de una tortuga, o de un mico. También loros, guacamayas. Incluso piel de cocodrilo. Aunque últimamente se especializa en guaguas y osos perezosos, que son las especies de fauna silvestre que con mayor frecuencia los traficantes y algunos ciudadanos incautos intentan introducir a Cali y el resto del Valle del Cauca por vía aérea. El centro de operaciones de Karim es justamente el aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón.

La Policía de Colombia es la primera en Latinoamérica en emplear perros para combatir el tráfico de animales silvestres, el tercer renglón entre las actividades ilegales más lucrativas del mundo, un delito que tiende a crecer en Semana Santa. El proyecto comenzó en 2012, explica el teniente Christian Esteban Acosta – Jefe del Grupo de Protección Ambiental del Valle del Cauca – y a la fecha en todo el país hay por lo menos 25 perros dedicados exclusivamente a esa labor. Trabajan tanto en aeropuertos como en terminales de transporte terrestre.

Solamente en el Bonilla Aragón, Karim ha logrado la identificación de siete traficantes en los últimos dos años, quienes debieron responder por el delito de aprovechamiento ilícito de los recursos naturales, artículo 328 del Código Penal. Eso le da el prestigio de ser el ‘agente’ con mejores resultados de su especialidad en Colombia.
Justo ahora, en una de las salas de espera del aeropuerto, Karim olfatea la caja de cartón de un pasajero con la intensidad con la que cualquier perro inspeccionaría un buen hueso.

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Karim es un perro famoso en el aeropuerto, aunque nadie sabe muy bien la procedencia de su nombre. Quizá quien lo bautizó es un aficionado al Real Madrid que quiso comparar la efectividad de Karim para detectar olores de animales silvestres con la efectividad para olerse las oportunidades de gol del delantero francés Karim Benzemá. Lo cierto es que el nombre se lo pusieron donde fue entrenado: en el Grupo de Crianza de la Policía en Facatativá, Cundinamarca.

Los policías de Colombia tienen la habilidad de poner alias y nombres de perros precisos para contener en una sola palabra las características del animal. En la Escuela de Carabineros de Cali a un perro que encontraron cojeando de una pierna lo empezaron a llamar sin remordimiento ‘Falcao’ por los días en los que Radamel se perdió el Mundial de Brasil 2014 por una lesión.

En Facatativá, cuando apenas era un cachorro, el trabajo de Karim consistía una y otra vez en detectar olores de animales muertos y otros vivos, que los agentes escondían dentro de cajas y maletas. Cada que lo lograba, le lanzaban una pelota. Es su premio. Karim lo que en realidad quiere todo el tiempo es jugar, pero debe ganárselo.

El subintendente Luis Ramírez es el guía de Karim. Luis nació en Cúcuta y siempre tuvo perros, así que quiso ser adiestrador canino. A la Policía ingresó después de prestar servicio militar y comprobar que vestido de traje verde tenía más posibilidades de ayudar a la gente, cuenta mientras recorre con Karim las salas de espera del aeropuerto.

En promedio el perro revisa las maletas de 13 vuelos al día. Todo comienza muy temprano, a las 7:00 a.m., cuando el subintendente Ramírez lo recoge en su canil, ubicado en la base Antinarcóticos, a dos kilómetros del Alfonso Bonilla.

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A esa hora Karim come su primera ración de 400 gramos de concentrado, camina, hace sus necesidades. A las 8:00 a.m. está listo para olfatear maletas.

Por lo regular visita las bodegas donde se encuentra el equipaje de los vuelos regionales: Tumaco, Guapi, Timbiquí, Quibdó, Rionegro, Pasto, algunos de Bogotá. Según la Policía, históricamente son las zonas donde más se presenta el tráfico de especies. Sin embargo el subintendente Ramírez y Karim también hacen visitas aleatorias al muelle internacional para verificar vuelos hacia Miami, Ámsterdam y Lima, los destinos predilectos de los traficantes de fauna.

En la mayoría de los casos Karim ha encontrado carne de guagua cruda. Es un animal de monte que en el Pacífico colombiano es apetecido por paladares exóticos. También ha encontrado osos perezosos de tres dedos, debidamente picados y camuflados en neveras con pescado o maletas rociadas con loción. En una ocasión detectó ranas venenosas, aunque el cargamento tenía todos los documentos en regla. Eran traídas por una universidad para investigarlas, pero eso no le importó por supuesto.

Karim es un perro inquieto que permanece con las orejas paradas como antenas y todo lo mira, todo lo huele - la lengua siempre afuera- aunque cuando percibe el olor de un animal silvestre se sienta y permanece quieto en el punto exacto de donde proviene el aroma.

El subintendente Luis Ramírez saca de su cinturón una especie de cilindro de cartón, como en el que viene el papel higiénico, cubierto con cinta en sus dos extremos. Adentró hay un trozo de piel de guagua.

Como es la especie que debe detectar con mayor frecuencia en el aeropuerto, el subintendente reentrena a Karim a diario con los olores.
Los animales que usan los policías para entrenar a los perros los facilitan las corporaciones ambientales. Algunas de las pieles corresponden a animales que murieron en cuarentena. Las especies vivas que esconden en guacales y maletas para que los perros las encuentren son las que han recuperado en diferentes operativos. También hay un banco de olores conservados en frascos diminutos.

Aunque los traficantes les pongan trampas como rociar la carne de guagua con aliños, los perros con olfatos entrenados no fallan. Nos llevan una gran ventaja. Mientras una persona puede tener 5 millones de células olfatorias, ellos poseen 220 millones.

Karim, por cierto, es un pastor belga malinois que además de su gran capacidad olfativa, siempre está dispuesto a trabajar. Por cada dos horas de labores, eso sí, descansa un rato.

Karim está entrenado únicamente para detectar el olor de la fauna silvestre, así que podría estar frente a un cargamento de droga o de explosivos y no se dará por enterado. Un perro de la Policía no puede dudar, así que es preferible especializarse en una única tarea.

Todos los perros de la institución son importados y cada uno cuesta, en promedio, 4000 dólares. Si se llegara a extraviar alguno es posible rastrearlo. Los ‘agentes’ de cuatro patas tienen un chip con toda su información: nombre, raza, especialidad.

Las razas que se importan son principalmente pastor alemán, pastor belga malinois, pastor checo, labradores y golden retriever. Aquello se debe a los instintos. Son razas de cazadores, o rastreadores, o de gran resistencia.

Aunque los perros más pasivos tienen un lugar en la Policía: la escuadra show. Superan obstáculos, saltan por el medio de aros, simulan estar muertos y con su espectáculo en colegios los agentes intentan alertar a los niños sobre asuntos como el consumo de drogas.

A Karim en todo caso lo único que le interesa es identificar el olor de un animal silvestre y en esta mañana no parece que hubieran traficantes de fauna en el aeropuerto.

El pasajero con la caja de cartón que Karim olfateaba como si se tratara de un hueso estaba “limpio” y el perro comenzó a sentirse ansioso. Cuando Karim no encuentra nada, dice el subintendente Ramírez, se desespera al punto de empezar a morder las maletas de los viajeros, y él no quiere eso. El guía entiende a su perro con la profundidad en que se llega a conocer a los hijos.

Para calmar a Karim el subintendente procede a hacer una demostración de su trabajo. En el morral del reportero introduce el cilindro de cartón que contiene piel de guagua. El reportero se sienta por ahí en la sala de espera del aeropuerto.


El subintendente le da la orden a Karim de buscar en el área. Olfatea varias maletas, hasta que algo le llama la atención y se dirige trotando, los ojos muy abiertos, la mirada fija como acechando una presa, hacia el morral del reportero. Karim sube las patas delanteras al asiento donde está el morral y con su hocico lo tira al piso. Inspecciona la maleta con la intensidad de un defensa central de un equipo de fútbol que tiene la orden de no dejar respirar a un delantero. Enseguida Karim se echa a un lado, como diciendo: ¡lo encontré! El subintendente Ramírez sonríe orgulloso y le lanza la pelota.

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