Guerra entre pandillas, el mal que sigue alimentando la violencia en Siloé

Guerra entre pandillas, el mal que sigue alimentando la violencia en Siloé

Enero 18, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

La confrontación entre combos sería la razón por la cual Siloé terminó el 2014 como el barrio con más homicidios en Cali. Autoridades preparan intervención.

Hasta la punta de Siloé, el barrio encaramado en la montaña que Cali llama ‘pesebre’ desde que fue coronada con una gigante estrella de bombillos amarillos que titilan cada navidad, hay cinco kilómetros de camino en ascenso. Y en ese camino, mucha gente buena: hombres y mujeres que trabajan en toda la ciudad, estudiantes brillantes, profesores, abuelas bondadosas, hijos ejemplares, papás entregados, deportistas con consistencia de ídolos, músicos, artistas, familias que se aman devotamente, y un montón de peladitos y peladitas que heredaron en la musculatura de sus cuerpos la belleza de la lucha diaria contra la pendiente de las calles. Todos ellos, en medio de 19 pandillas que se matan entre sí. Lea también: Cada mes asesinaron a 17 menores en Cali en el 2014La Policía cree que por esa razón, la guerra entre los parches que se pelean esquinas y callejones, es que Siloé terminó siendo el barrio con mayor número de homicidios (45) durante el 2014 y uno de los diez en los que no hubo reducción de muertes violentas. Según el análisis del Observatorio Social de la Violencia de la Alcaldía, el año pasado allí se registraron 4 asesinatos más que en el 2013, cuando se contaron 41. Junto a otros 11 barrios que se extienden sobre la loma, Siloé conforma la Comuna 20, una de las cuatro comunas donde los homicidios tampoco disminuyeron (hubo 5 casos más que en el 2013) como esperaban las autoridades. En toda la ciudad, la disputa entre pandillas dejó 418 muertos a lo largo del 2014. Las balas perdidas mataron a diez personas.Desde hace un tiempo, en la Comuna 20 las balas suelen extraviarse con alguna frecuencia. Los dos muertos y los seis heridos que dejó el cruce de disparos del pasado lunes festivo en La Nave, podrían ser un crudo ejemplo. De acuerdo con el reporte que sobre el hecho, un mayor de la Policía recibió este miércoles, solo dos de las personas implicadas en el tiroteo estarían relacionadas con el mismo; el resto, incluyendo a uno de los muertos, no habría tenido nada que ver. Solo era gente que estaba por ahí o que pasaba por ahí.El origen de todo, al parecer, habría sido una pelea de pareja entre alias Negro Nelson y alias Yina. Él, que tiene casa por cárcel, le reclamó a ella por haberse ido todo el fin de semana y no la dejó entrar. Ella, para desquitarse, llamó al parche de Los Mudos (antes Los Briñez) y les dijo que la rescataran porque alguien del parche de Los Mena la iba a matar. “Les dice que está en El Hueco y al rato llegan en un vehículo blanco. La balacera empezó ahí mismo, afuera de la casa de Yina. El conductor del carro muere. Una mujer, María Ángela Ortiz, inocente, muere por bala perdida, todos los heridos eran gente que transitaba por el sector”, le reportaron al Oficial.Para llegar a La Estrella, la punta más alta de toda la comuna, se pueden subir 211 escalones hasta el parque-mirador que en el 2006 la Fundación Sidoc recuperó con los vecinos. La leyenda ‘Yo amo a Siloé ¿y usted?’, escrita en letras grandotas como declaración de amor colectiva, sobresale en uno de los muros de contención de la obra. Desde ahí el ascenso se empina y se empina. En buena parte, Siloé fue construido por los mineros de Marmato (Caldas) que hace 80 años llegaron a esa montaña huyendo de la violencia y la empezaron a sembrar de casas en un trazado arquitectónico que replicaba lo que habían visto toda la vida: yendo hacia arriba en busca de tierra firme y otras veces hacia abajo, buscando tal vez un botín. Después llegaron colonias de arrieros, de paisas y de negros y todos hicieron lo suyo. Con los años, varios de los socavones que los mineros habían abierto, sirvieron de escondite para los hombres del M-19, que en los 70 tuvo allí una de sus bases de milicias urbanas. Aún hoy algo de esa historia alcanza a leerse sobre los bordes de los andenes mordidos por las balas o a través de leyendas callejeras como la que por estos días habla del descubrimiento de un socavón infinito, arriba por La Toma, donde los más valientes ya han descendido 300 metros y siguen sin tocar el suelo. Toda esa topografía fantástica, llena de escalas que suben, bajan y cruzan todo, callejones ciegos, pasadizos, huecos, voladeros, caminos estrechos hasta para los silbidos, terrazas y balcones que en sucesión se convierten en otras escaleras sin fin, todo lo que en un principio la necesidad de sobrevivir fue edificando en desorden, hoy es el refugio de un ejército de chicos que tiene la misma necesidad de sobrevivir pero la atienden de otra manera. En este momento la comuna 20 tiene más o menos 60.000 habitantes; la mitad con menos de 30 años; de ellos, casi la mitad en edad escolar pero unos 6.000 por fuera del sistema educativo.Y como en los años 80, cuando la mafia se valió de todo ese desocupe para surtirse de muchachos con hambre, todavía hoy siguen aprovechándose de los estómagos vacíos. Hacia arriba y hacia lo ancho, los miembros de las pandillas se desperdigan en clanes que tienen establecidos corredores de movilidad para sus miembros: abajo, cerca de un supermercado, comienza el cinturón conformado por los parches de Los Pomos, La Mina, Las Delicias, Los Mena, Los Simpsons, La segunda y La Nave. Arriba se mueven Las Pelusas, Los Mudos, El Muro de Berlín, La Playboy, El Tanque, La Torre, La Sultana y La Estrella. Sobre el sector de la galería de La Nave están El Hueco, Cancha e’ tierra, La 21, San Francisco y Casa de Piedra. Los Mena y Las Delicias, enemigos a muerte por un expendio de drogas, protagonizan desde el año pasado una de las confrontaciones más duras. Alguien que tiene conocidos en ambos bandos dice que el patrocinio para ese enfrentamiento proviene de Los Urabeños, que estarían con Los Mena, y de Los Rastrojos, que respaldan a Las Delicias. La bala perdida que en noviembre mató a Liseth Castillo, la estudiante de 16 años que se había ganado una beca para entrar a la Universidad Javeriana, salió de un tiroteo entre esos dos combos. Hace años, explica un muchacho que vive justo en la mitad de todo, pandillas y parches se agarraban por los sectores para robar. Los conflictos entonces se daban por unas cuadras de más para atracar en El Lido o en la Calle Quinta. “Ahora lo que lo se pelean es la venta de droga. La misma droga que siempre se ha visto acá: marihuana, perico y bazuco. Droga que antes se iba para afuera y ya no”.Alguien que no puede decir su nombre en la prensa y que hace poco tuvo que correr como un venado asustado, cuenta otra de las leyendas callejeras que de vez en cuando recorren la loma. Al otro lado de La Estrella, llegando al corregimiento de Villa Carmelo, hay una finca donde decenas de chicos van a dar cada año para hacer entrenamiento con armas. La persona que habla, jura que un día estuvo allí y dice que en un sótano vio un cuarto con camarotes y, por todos lados, barriles metálicos.La Policía tiene un plan para este año: focalizar su accionar en la Comuna 20 de la misma manera que durante el 2014 hizo en El Diamante, El Vallado, Floralia y Los Mangos, zonas donde los homicidios rebajaron. El coronel Wilson Vergara, subcomandante de la Policía, menciona un plan con dos fases: “La primera, de inversión social. La segunda, investigativa y operativa para ir tras las estructuras criminales”. A la loma, rodeada desde hace muchos años por las estaciones de El Lido, La Sultana y El Cortijo, llegarán más uniformados y un equipo de investigación encubierta para tratar de descifrar la violencia que la recorre. Hace 21 años, Jesús Darío González, hoy director del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, estaba al frente de Parces (Participación, Convivencia, Educación y Superación), una de las banderas más visibles de la primera administración del alcalde Rodrigo Guerrero. Con Parces, más de mil chicos que en su momento tenían quizás el mismo extravío de una bala perdida, pudieron dar en el blanco de un nuevo destino a través de la reformulación de sus proyectos de vida. Algunos de ellos, pelados de Siloé y la comuna 20, recuerda Jesús Darío, tenían problemas parecidos a los que los rodean ahora. Casi eran los mismos, la misma exclusión y la misma zozobra, “con la diferencia de que había menos población y menos letalidad de la violencia; si en una banda habían tres armas de fuego era mucho”. Por eso, para González, el principio de la solución que necesita la comuna también sigue siendo la misma: “Educación, empleo y movilidad. Mientras eso no cambie, muy difícil el resto”.Algunas, sin embargo, ya han ido cambiando. Como la misma montaña, que cada vez se hace más pequeña. Hoy día, en promedio, a cada habitante del barrio le corresponden 11 centímetros cuadrados de espacio público de la loma. Apretujados entonces, los sueños del pesebre que crece a espaldas de la ciudad, se confunden a ratos entre sí. Y se vuelven pesadillas. No como destino buscado, sino como único camino. Hay ocasiones en que pasa. Los sueños tropiezan. No tienen mucho chance de maniobra. Apenas 11 centímetros.

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