"En Cali viven más de 160.000 víctimas del conflicto armado": Andrés Santamaría

Febrero 27, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-27 Por:
Ana María Saavedra | Editora de Orden de El País

Andrés Santamaría, personero de Cali.

Andrés Santamaría, personero saliente de Cali, habló sobre su gestión, la situación de la ciudad y el posconflicto.

Andrés Santamaría Garrido dejó este viernes su cargo como Personero de Cali. Durante cuatro años  fue una de las voces más críticas en varios temas de la pasada Administración. Los informes realizados por investigadores de esta entidad denunciaban violaciones de derechos humanos, violencia contra la mujer,  problemas de pandillas, barreras para discapacitados y crisis del agua.   ¿Cree que  los informes y recomendaciones de estos cuatro años han sido escuchados y han servido para mejorar la situación de Cali? Claro que sí. Muchos de los temas que hay en la agenda pública de la ciudad, los colocamos nosotros: violencia, la vinculación de los menores en las pandillas,  violencia contra la mujer, Cali como una ciudad de mira al posconflicto, la imposibilidad para acceder a muchos espacios de las personas discapacitadas. También  anunciamos que Cali se podía quedar sin agua. La Personería expuso hace mucho las falencias de los siete ríos. Usted siempre fue muy crítico de la Alcaldía en algunos temas,  ¿cuál sería su balance de la pasada administración? No sería yo la persona para hacer un balance. En su momento hablé de unos temas y mostré unas falencias. Aunque me hubiera gustado un mayor entendimiento en nuestras posturas. A veces los funcionarios no entienden que estamos haciendo un ejercicio de crítica para construir y que tomen mejores decisiones en el ejercicio de políticas públicas. Nuestro trabajo es avisar, prevenir. Pero en muchas ocasiones  lo tildaron de irresponsable en  y de hacer críticas a la ligera y por figurar. No hacíamos críticas a la ligera. Mis posiciones están por escrito. Hicimos más de 70 informes, todos nuestros diagnósticos están en la página web. Yo no fui un personero que habló sino que documenté, investigué y publiqué. La forma para deslegitimar esos informes, que están en la página, es a través de un oficio o un documento que dijera que estábamos equivocados. En los cuatro años nunca recibí ninguno. Esos son chismes de pasillo de funcionarios incompetentes, que nunca tuvieron el valor ni la capacidad de decir que mi informe anual de derechos humanos, el de violencia contra mujer, el del agua… no son acordes con la realidad. ¿Cuáles son los principales problemas de Derechos Humanos? Cali tiene más que una problemática de pobreza  de marginalidad y exclusión. La ciudad  por su ubicación ha crecido como consecuencia del conflicto armado, aquí viven  más de 160.000 víctimas del conflicto. Suceden ejemplos como este, muchos de los jóvenes que actualmente están inmersos en la violencia son hijos o nietos de desplazados. Nunca se atendió el problema de desplazamiento, lo dejaron crecer y  su vez crecieron los nichos de pobreza. Aquí tenemos 106 asentamientos irregulares, que viven en medio de la marginalidad. Algunos actores ilegales, como las  bandas criminales, se han aprovechado de esa exclusión de esos lugares a los que el Estado no llega. ¿Quién está organizando las pandillas en Cali? La respuesta es que muchas son fomentadas por las bandas criminales. El año pasado más del 30 % de los homicidios ocurrieron por problemas entre pandillas. La gran fuente de los problemas es la exclusión social. Si no se sacan los jóvenes de las pandillas para darles educación y empleo, la violencia no se va a acabar. Las pandillas son una consecuencia de la exclusión social. Otro de sus informes era sobre el agua. Ahora dicen que Cali no tiene agua  solo por el Fenómeno del Niño, que no es un tema de ahora. De los siete ríos de la ciudad, seis tiene condición de calidad de agua mala. El Cauca, que da el 70 % pasa por varios de los asentamientos incompletos y todos esos depósitos han convertido al río Cauca en un basurero. Si disminuimos esos asentamientos se puede mejorar el problema del agua. ¿Eso no es lo que se está haciendo con el proyecto del Jarillón? Sí, eso es lo que pretenden con él. Pero aquí entendimos que tenemos un problema social de  desarrollo urbanístico que genera problemas de contaminación y de seguridad, solo 30 años después. El Estado es el responsable de haber permitido crecer estos desarrollos humanos incompletos. Entonces, no pueden ir con planes de choque. El funcionario actual no fue  culpable de esa ausencia histórica de una política para esas comunidades, pero lo que sí es su responsabilidad  es la atención actual de esas personas para que no vivan en medio de la marginalidad y el olvido. Y no es llegando con planes de choque, con un elemento policivo de desalojo.  Esto no es así. Entonces, ¿cuál es la solución? Comprender sus necesidades y su contexto de vivienda para darles unos traslados en condiciones de dignidad y posibilitarles sus ejercicios comunitarios para desarrollo de ingresos. Allá hay personas con criaderos de marranos, con pequeñas industrias y esos traslados tienen que tener eso en cuenta. Con la casa no se come ni se paga el colegio de los hijos. Los funcionarios deben tener una mirada más integral. El problema del Jarillón es la manifestación de los problemas de desplazados que llegaron a Cali. Y a la ciudad nunca le preocupó que estas personas tuvieran unas condiciones dignas. Esto no es solo local, Colombia también entendió el problema de desplazamiento tarde. Solo lo hizo con la sentencia  de la Corte en el 95. Y las víctimas de este conflicto solo  se reconocieron como víctimas hace cuatro años.  Este es un país que atendió a las víctimas y a los desplazados tarde. Usted decía que en la ciudad viven más de 160.000  víctimas, cuál es la realidad de estas personas? Cali es una ciudad de víctimas del conflicto. Si miras su crecimiento demográfico a finales de los 80 y principios de los 90 este fue por desplazamiento. Muchos de los desplazados son afro. Y mucha de nuestra riqueza cultural, que han dado eventos como el Petronio, es gracias a esa migración. Es una ciudad que ha crecido a consecuencia de la guerra.   Aquí las mayores víctimas del conflicto están en el oriente y en las zonas a las que han llegado los desplazados. Y si se firma la paz, debido a la problemática de guerra en el suroccidente,  podemos decir que Cali sería la capital del posconflicto. Yo no diría la palabra capital porque primero tenemos que generar procesos de paz y reconciliación. Esto se genera es con las víctimas y con los excombatientes. El reto es lograr la reconciliación de todos. Aceptarlos a todos, desde los negros, las víctimas, los excombatientes. Y lograr que todos vivan en condiciones de dignidad. Nos podemos llamar la capital del posconflicto cuando hagamos las cosas bien. Veo una sintonización ideológica tanto del Alcalde Armitage como la Gobernadora Dilian.   El problema es que yo veo mucha gente en el Valle del Cauca con un gran desánimo a la paz y muchas de esas personas no han padecido ni saben qué es la guerra. Hay que saber que los que más apoyan el proceso de paz son las víctimas del conflicto. Otro de los temas más preocupantes es el de la violencia contra la  mujer y las barreras en su protección. El año pasado mataron 92 mujeres en Cali. Pero no nos podemos solo referir a esta, sino a todas las violencias contra la mujer.  El año pasado más de cinco mil mujeres víctimas de violencia intrafamiliar y este van más de mil. Existe una aceptación social de la violencia contra la mujer. El elemento educativo con el que se combate la violencia contra la mujer funciona mal. Se empieza desde el acoso hacia la mujer desde pequeños en los colegios. Aparte de esto hay una debilidad institucional para proteger la mujer.

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