El asesinato, secuestro y rescate que originaron la masacre en Tacueyó, Cauca

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El asesinato, secuestro y rescate que originaron la masacre en Tacueyó, Cauca

Octubre 30, 2019 - 11:30 p. m. Por:
Jamir Mina Quiñónez - Enviado especial a Tacueyó
Masacre en Tacueyó, Cauca

Así quedó una de las camionetas que fue centro del ataque armado el resguardo Tacueyó, en zona rural de Toribío, municipio del norte del Cauca.

Foto: Raúl Palacios / El País

Cristina Bautista ya lo había anunciado hace 15 días cuando los grupos armados asesinaron al guardia indígena Toribio Canas muy cerca a su resguardo Tacueyó: “La próxima vez tendrán que pasar sobre mi cadáver, pero no permitiremos más intimidaciones en el territorio”.

La frase fue pronunciada en una reunión privada de guardias indígenas tras ese asesinato, aparentemente perpetrado por la columna disidente de las Farc Dagoberto Ramos. Luego ratificó su planteamiento en un corto video que hizo circular a través del grupo de WhatsApp del resguardo.

Fiel a esa consigna, ella misma salió el martes en la tarde a hacerle frente a un posible secuestro de esta estructura criminal en Tacueyó, corregimiento de Toribío, norte del Cauca. Cristina no tenía que haber ido, pues en la posición de gobernadora del cabildo sus tareas estaban asociadas con asuntos administrativos.

Pero ella quiso ir: no se atrevió a dejar en manos de nadie más la defensa del territorio esta vez y, con bastón de mando en mano, reunió a un grupo de jóvenes guardias que a eso de las 3:00 p.m. se encontraban en la sede del cabildo. Salieron a arrebatar de las manos de los violentos a una pareja de comuneros que había sido raptada minutos antes.

Cuando los guardias la vieron subirse a una de las camionetas no dudaron de su determinación para traer a esta pareja de vuelta. Y así fue: interceptaron a los violentos y les impidieron sacar a los raptados de su territorio.

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Los alcanzaron cuando iban cruzando la vereda La Luz, a 15 minutos del casco urbano de Tacueyó. Eran tres hombres fuertemente armados a bordo de una camioneta, a quienes les pidieron dejar libres a los secuestrados y poner las armas a un lado. Mientras decidían qué hacer y cómo afrontar esta situación (a ese punto ya se habían percatado que eran miembros de la Dagoberto Ramos) fueron sorprendidos por varias ráfagas de fusil y disparos de corto alcance. 

“Cuando escuchamos los disparos unos nos refugiamos en una camioneta y otros se quedaron afuera, pero en el piso; entre los que se quedaron afuera estaba Cristina”, cuenta Nora Elena Taquinás, gobernadora indígena de Tacueyó.

Añade que fueron alrededor de 15 minutos bajo las balas e incluso granadas que caían desde las montañas. “En medio de las balas ellos sacaron a los tres secuestradores que teníamos retenidos, luego tiraron una de nuestras camionetas y a varios de los heridos por un abismo”. La pendiente a la que se refiere Nora mide aproximadamente 50 metros, por lo que 24 horas después de ocurrido el ataque aún no habían accedido al lugar donde quedó la camioneta.

Cristina fue una de las cinco personas que murió en este ataque. Otras cinco quedaron heridas. Los violentos utilizaron su sevicia para contrarrestar los bastones de mando. La Gobernadora, por su parte, se mantuvo firme hasta el último momento e impidió que la joven pareja fuera raptada.

“Para evitar ese secuestro de una comunera y su compañero la guardia salió, los recuperaron y ahí es donde se presentan los hechos. Ese grupo armado los interceptó y llegó disparando”, señala Carlos Oswaldo Cuchillo, coordinador del Resguardo Tacueyó.

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El asesinato, secuestro y rescate que originaron la masacre en Tacueyó, Cauca

Cristina era una de los seis gobernadores indígenas que hay en ese resguardo, las demás víctimas “son unos jóvenes que estaban trabajando, metidos en el proceso como guardias en la defensa de la vida y el territorio”.

En el lugar donde ocurrió la masacre quedó atravesada una camioneta blindada de la Unidad Nacional de Protección que pertenece a uno de los líderes indígenas. Ese vehículo tenía más de 25 impactos de bala, según el reporte entregado por la Fiscalía, entidad que llegó 18 horas después de acontecido el crimen.

Aunque la zona es de difícil acceso, primero arribó la comunidad, luego los medios de comunicación, algunos curiosos y, por último, la Fuerza Pública y con ella la Fiscalía. La carretera está despavimentada y es estrecha. Tiene gigantescos abismos y montañas pronunciadas que visten un verde profundo. Para llegar al casco urbano de Toribío hay que sortear un sinfín de obstáculos en ese paso vial, donde, por el avanzado deterioro, es más rápido atravesar algunos tramos caminando.

“Anteriormente había guerrilla, pero ahora no sabemos a qué nos enfrentamos, son grupos sin ideologías que están al servicio del narcotráfico”, agrega Cuchillo. Y es que esta zona hace parte del llamado ‘Corredor Estratégico’, por donde se transportan alucinógenos al Pacífico caucano.

Toribío, y en especial Tacueyó, son parte del tramo inicial de ese ‘Corredor’. Aquí se siembra la hoja de coca y marihuana, que posteriormente es enviada a Corinto y Caloto para su procesamiento. Luego, ya convertidas en sustancias alucinógenas, pasan por Santander de Quilichao, Suárez, el Naya y finalizan en Guapi o Timbiquí.

“Esa es la pelea que nosotros tenemos aquí con los grupos armados, porque ejercemos el control del territorio y eso a ellos les molesta. Nos han declarado la guerra, pero nosotros solo contamos con voluntad y nuestros bastones de mando”, precisa Luis Acosta, coordinador indígena nacional.

Según cifras de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia, Onic, en los últimos doce meses han sido asesinados más de cien indígenas en el Cauca.

Incluso, el saliente gobernador del departamento, Óscar Campo, aceptó que hay un “asesinato sistemático” de esta población, sobre todo en los municipios del norte. “Esta situación está cada vez más compleja; muestra que personas de la peor calaña vienen asesinando a la comunidad de forma sistemática”, precisa.

"No tendremos miedo nunca"

“Esto no solamente está pasando en Toribío, sino en los resguardos del territorio chocoano, es una problemática nacional y como nuestro principio es la unidad estoy convencida que son muchos más los que quieren la paz, que la guerra”.

Así inició su discurso Cristina Bautista en mayo pasado en una minga indígena, cuando intentaron hacer eco ante el Gobierno Nacional de las problemáticas que aquejan a su territorio. Aún no era gobernadora del cabildo, cargo en el que fue nombrada el pasado 21 de junio.

Dicen sus familiares que desafortunadamente esas palabras no llegaron a donde debían llegar y que la lucha de Cristina quedó a medio camino. “Hoy nos arrebataron a nuestra líder, pero eso no quiere decir que han ganado. Si algo aprendimos de ella es que no tendremos miedo ni hoy, ni mañana, ni nunca”, señala Nidia Taspacué, una de las guardias del cabildo Tacueyó. Recuerda a Cristina mientras alista los ataúdes para ir a Santander de Quilichao a recoger los cuerpos.

Los demás, unas 150 personas, asienten con la cabeza y aprueban la frase. Nadie llora, ni baja la cabeza. “Nos mantendremos en pie de lucha, como lo hubiera hecho Cristina si estuviera aquí”, dice.

Una de las sobrevivientes cuenta cómo ocurrieron los hechos en este video: 

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