Desaparecidos en Cali: cuatro historias de un flagelo sin respuestas

Desaparecidos en Cali: cuatro historias de un flagelo sin respuestas

Febrero 04, 2018 - 07:50 a.m. Por:
Andrés Felipe Carmona - reportero de El País
Desaparecidos en Cali

Desde hace 14 años, Dumar, padre de Sandra, tiene esta tienda en el centro de la ciudad. Desde ahí hace ‘resistencia’ para pedir respuestas a la desaparición de su hija.

Foto: Andrés Felipe Carmona / El País

Jairo Iván Hurtado, abogado, desapareció hace 7335 días. Sandra Viviana Cuéllar, ambientalista, se perdió 2590 días atrás. Laura Andrea Duque, madre de un niño de nueve años, no regresa a su casa desde hace 401 días. Juan Manuel García, menor de edad, desapareció hace 36 días.

Los protagonistas de estos cuatro casos se perdieron en Cali hace 20 años; 7 años; 1 año y 1 mes, respectivamente. Este flagelo, que no conoce estratos, volvió a estar en la agenda pública luego de que varias personas se esfumaran en la ciudad en lo poco que va corrido del 2018.

El mes pasado Luisa Carmona, Alejandro Cárdenas, Edwar Patiño, Sebastián Ramírez y otros más retornaron a sus hogares. Cada uno de los casos está siendo esclarecido por un grupo especial de la Policía de Cali que incluye personal de Inteligencia, Sijín y Gaula.

De acuerdo con cifras de Medicina Legal, en enero de este año el Instituto recibió el reporte de 41 desapariciones en la capital del Valle, de las cuales en 28 casos las personas siguen sin aparecer, 2 fueron halladas muertas y 11 con vida. En el mismo mes del año pasado hubo solo 9 desapariciones reportadas: 1 persona apareció muerta, 1 más con vida y de 7 todavía no se tiene noticia.

Desaparecidos en Cali

Marlene, en su casa de La Merced, muestra las fotos de sus hijos ausentes: Jairo Iván (de traje gris), desaparecido, y Jaime Fernando, hallado muerto en 1984.

Foto: José Luis Guzmán / El País

Los denuncios corresponden a personas de las que no se sabe nada recientemente, pero también otras cuyo paradero es una incógnita desde hace diez, veinte o incluso treinta años y solo ahora su familia los reporta tras agotarse la esperanza de verlos volver.

Marlene García, desde la sala de su residencia en el norte de la capital del Valle, cuenta la forma en la que desapareció su hijo Jairo Iván, visto por última vez el 16 de mayo de 1997 en la Calle 47 con Carrera 1D del barrio Salomia cuando fue sacado de un taxi, junto al conductor de este, para ser montado en un carro particular. No hay rastro de él desde entonces.

“Mi hijo, el segundo de los cuatro que tuve (dos hombres y dos mujeres), tenía 32 años para la época, estaba estudiando derecho en la Universidad Santiago de Cali, donde el papá también era docente. Él era ‘Investigador Sin Rostro’ de casos de corrupción, su nombre nunca figuraba por protección, era anónimo. Wilfred Gutiérrez, el taxista que iba con mi hijo, también fue desaparecido”, dice la mujer.

Meses antes de la desaparición, hubo dos episodios que marcaban los peligros a los que se enfrentaba Jairo Iván, uno de ellos fue el más grave.

“En el barrio Alameda, un día cualquiera, cuando caminaba con una mujer que recién conocía, lo agarraron unas personas y lo metieron en el mismo carro desde el que le habían hecho unos disparos meses atrás y de los cuales salió ileso. Se lo llevaron para Mulaló, donde lo torturaron, le pusieron una bolsa plástica negra y le hicieron sonar el gatillo de un arma para amedrentarlo, le decían que lo iban a matar para tirarlo al río Cauca”, dice la señora al añadir que este fue el relato que su hijo le alcanzó a contar de lo sucedido aquella vez.

Jairo Iván siempre estuvo ligado con lo judicial, recuerda la madre al indicar que trece años atrás a su desaparición fue él quien reconoció el cadáver de su hijo mayor Jaime Fernando Hurtado, el 4 de febrero de 1984, tras estar cinco días desaparecido luego de salir de un colegio militar en Cali.

Otro caso representativo en la ciudad de desaparición es el de la ambientalista Sandra Viviana Cuéllar, a quien llevan buscando desde hace más de siete años. La última vez que se supo de ella pretendía viajar de Cali hacia Palmira a dictar clase en la sede de la Universidad Nacional. Eso fue el 17 de febrero de 2011, tenía 26 años. Sus allegados, incluso, como dice Rubén Blades en su canción ‘Desapariciones’, hasta en el agua y en matorrales la han buscado.

José Dumar Cuéllar, padre de la mujer, habla desde una modesta tienda del barrio Sucre, en el centro de la ciudad, y dice que el caso de su hija ya ha pasado por las manos de al menos “5 fiscales y 18 investigadores”, sin que al momento haya noticias del paradero de la joven o por lo menos una pista.

“Al cuarto día de ella desaparecer apareció el bolso colgado en un antejardín del barrio Comfenalco, cerca a la recta Cali-Palmira. Allí adentro de esto estaba el celular, algo de ropa y materiales escritos de ella, también una agenda. Las autoridades, en su momento, hasta hicieron triangulación de las comunicaciones del teléfono y se determinó que el dispositivo nunca salió de la ciudad”, cuenta el hombre al insistir en varios momentos en que su hija está viva y por eso cada mes la recuerda con arte y tradiciones indígenas en la Plaza de San Francisco o el barrio San Antonio.

Mientras sostiene en su mano una taza de café, este jubilado de la Policía cuenta que Sandra nació en Versalles, Valle, y por su trabajo durante muchos años con uniforme verde oliva ella se tuvo que pasear por Popayán, Bogotá y Cauca, hasta parar en Cali, donde la joven ambientalista terminó estudios de bachillerato en el Colegio Nuestra Señora de Fátima, en el barrio Calima.

“Yo siempre la doy por viva porque hace como dos años, en Nariño, nos dijeron que había un cadáver de características similares. Una prima que vive allá fue y sí tenía características muy parecidas, pero no era ella”, expresa el señor. Y sentencia, sin titubeo, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ordenó al Estado colombiano no claudicar las investigaciones del caso.

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¿A dónde van los desaparecidos? ¿Y por qué es que se desaparecen? ¿Y cuándo vuelve el desaparecido? ¿Cómo se le habla al desaparecido?

Esas parecen ser las preguntas sin respuestas que retumban en la cabeza de familiares víctimas de este flagelo, tal como lo plantea Blades en su canción.

La Personería de Cali clasifica en dos las desapariciones: voluntarias, que son aquellas personas que se pierden por diferentes motivos, bien sea familiares o sentimentales, y a los días pueden volver o no. O las forzosas, que involucrarían de por medio secuestro, trata de personas, venganzas y otros motivos, siendo homicidios potenciales.

En enero de este año y el mismo mes de 2017 no se reportaron ante Medicina Legal desapariciones forzadas en Cali, pues los reportes obedecen, en su mayoría, a sucesos en Tuluá y Buenaventura.

Sin embargo, el mes pasado sí se habría presentando un caso de desaparición de este tipo. Gerson Norbey Vanegas Marín, de 18 años, fue sacado a la fuerza de su casa el 21 de enero a las 7:00 p.m. en el barrio Calimio Desepaz. Los autores del hecho habrían sido “varios sujetos encapuchados con armas de fuego”, según la denuncia de su padre en la Fiscalía.

Cinco días después, boca abajo, fue encontrado el cuerpo semisumergido en el río Cauca en jurisdicción de Yumbo. Estaba en avanzado estado de descomposición y sin signos visibles de violencia, por lo que la causa de muerte está por determinar.

Familiares indicaron a este diario que ya había sido amenazado de muerte anteriormente.

Casos atroces como este no son muy comunes en la ciudad, según una fuente del Gaula, quien indica que en Cali ocho de cada diez casos de desapariciones podrían responder a motivos voluntarios de índole personal, amoroso o familiar.

Clamor de madre
Desaparecidos en Cali

Reportes al 3114627022.

Foto: Cortesía para El País

Juan Manuel García, de 17 años, desapareció el 30 de diciembre de 2017 en el oriente de Cali. Sonia García, la madre, relata el caso: “Nosotros somos de Ibagué, habíamos llegado a pasar fin de año en Cali y a participar del bautizo de mi sobrino, él quedó de llegar a la recepción en Mojica II, pero nos quedamos esperándolo.

Hemos recibido reportes de que lo han visto, pero todo son ilusiones. Intentamos, personalmente, tratar de pedir permiso para ver los videos de las cámaras de seguridad, pero que no se podía. Le hago el llamado a la Policía para que nos ayuden a encontrar a mi hijo, que vuelva a casa sería una alegría muy grande”.

"Estamos desesperados sin tener a Laura"

Laura Andrea Duque desapareció el 30 de diciembre de 2016 en Cali, para entonces tenía 36 años. Fue vista por última vez en el barrio Antonio Nariño. “Es muy fácil de reconocer ya que tiene una perforación en el labio inferior, su brazo izquierdo se encuentra totalmente tatuado.

También tiene tatuajes en la espalda (una frase), en una de sus piernas tiene un caballito de mar y usa brackets”. Con este aviso en internet su familia la busca desesperadamente. Al otro lado de la línea habla Marisol Márquez, tía de Laura, quien dice que durante este tiempo han recibido falsas llamadas de todos lados, varias de ellas desde Bogotá y Cartagena.

Desaparecidos en Cali

“Lo último que se supo de Laura fue que salió hacia donde una tía, según afirmó su pareja . Que el Gaula, por favor, nos informe del caso, no sabemos nada de ella y estamos desesperados. Tenemos el celular de ella para analizarlo”, dice.

"Nadie sabe lo de nadie"
Desaparecidos en Cali

Alejandro es ingeniero de sistemas.

Foto: Cortesía para El País

Alejandro Cárdenas, de 27 años, aclaró las versiones que rondan en redes sociales poniendo en duda su desaparición en días anteriores en Cali.

“Las personas especulan mucho, nadie sabe lo de nadie. El despliegue de mis amigos y familia demuestran la clase de persona que yo soy, un hombre de lazos sólidos. Esto fue complicado, en especial para mi hermana. Hay una heridas psicológicas y emocionales por sanar. No recuerdo muy bien, al parecer fue una sustancia desconocida que me causó sedación. Mis cuentas quedaron vacías, mi cédula y el celular se extraviaron”.

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