“Cali está muy necesitada de liderazgo”: Naranjo

“Cali está muy necesitada de liderazgo”: Naranjo

Junio 12, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Después de una semana de intervención policial, el director de la Policía, general Óscar Naranjo, dice que se necesita una decidida reacción de los líderes locales.

Un crudo análisis de la situación de violencia que vive Cali hizo el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, quien durante esta semana recorrió las calles de la ciudad, para, de primera mano, supervisar el plan de seguridad puesto en marcha por el Gobierno Nacional. Para el curtido oficial, está claro que ese fenómeno está asociado a un deterioro institucional que se vive en esta capital y a una ausencia de liderazgo que impide priorizar los problemas y darles solución. En entrevista con El País, Naranjo advirtió que la intervención policiva de esta semana por sí sola no servirá para romper los paradigmas de violencia que afectan a los caleños y sostuvo que ello sólo será posible mediante una decidida reacción de los líderes locales y de toda la ciudadanía. General Naranjo, ¿cuál es el balance que deja el plan de choque en seguridad adelantado en Cali esta semana?La conclusión a la que yo llego es que Cali es una ciudad necesitada, urgida, ávida de liderazgo. Lo que nosotros encontramos al hablar con la comunidad es entusiasmo por ver que a la autoridad en las calles, ejerciendo un liderazgo visible. Si en las calles hubiera una expresión de liderazgo más fuerte, la gente dejaría de pensar que Cali es un infierno.¿Es una crítica a la Administración Municipal, al comandante de la Policía Metropolitana?No diría que crítica, sino una reflexión general a todos quienes tienen responsabilidad de liderar la ciudad. Corresponde en mayor medida a los funcionarios, a la dirigencia gremial, política, pero en general, noto que la ciudadanía es sensible a responder a un liderazgo.En la ciudad hay pesimismo, el tema de violencia se ha acrecentado, pero no es algo nuevo y eso lleva a creer que el problema es endémico, que no tiene solución, ¿cómo hacemos para combatir ese pesimismo?Aquí las formas y contenidos se han degradado. Después de visitar lugares históricos, como la galería de Santa Elena es muy triste llegar allí y ver que en vez de evolucionar, involuciona en el ordenamiento, en las condiciones estéticas, en la convivencia que se genera por un desorden y una anarquía. Mientras no haya una preocupación por las formas, va a ser muy difícil que lo contenidos causen impacto.¿El problema de Cali va mucho más allá de la seguridad, es un problema de tejido social? ¿de qué es?Es una especie de abandono, de resignación. Veo una sociedad anclada al pasado, pensando en el narcotráfico como un fantasma del que no ha podido deshacerse. Atribuyéndole al narcotráfico buena parte de sus males, pero sin encontrar otro anclaje.¿La violencia que se ve en Cali tiene que ver directamente con el narcotráfico?Está ensamblada sobre el narcotráfico y su herencia de anti valores, pero está particularmente atada a una cierta incapacidad de tomar decisiones para romper ese vínculo. Una sociedad donde en tres días de operaciones se sacan de las calles 110 armas ilegales, es una sociedad a la que no le interesa la vida y que se resignó a que todo el mundo estuviera armado, legal o ilegalmente. Una sociedad en la que en tres días le hemos sacado 68.000 dosis de estupefacientes de las calles es una sociedad que perdió el control de sus jóvenes. Una sociedad donde el esfuerzo y el peso mayor lo llevan las comunidades tratando de organizarse sin institucionalidad, intentado sobrevivir a los desafíos de la sociedad, no solamente el desafío de la seguridad, también el del desempleo, de la falta de educación, lo que refleja es que el deterioro institucional está acumulado de años.Cali está en la mitad de una crisis social muy grande: la crisis del Pacífico, además de la violencia en la cordilleras Central y Occidental. Somos el epicentro de todas esa violencia acumuladas en la región...Es difícil saber que fue primero el huevo o la gallina. Hasta hace dos años, uno podía decir que Pereira era el Cali del Eje Cafetero, pero en este mandato tomaron decisiones de fondo y en dos años han logrado una disminución en la tasa de homicidios de 20 puntos, lo hicieron construyendo institucionalidad. Cuando uno camina por Cali encuentra una ciudad totalmente informalizada, donde la autoridad está totalmente desvanecida y donde tomar decisiones desde una sola entidad, como la Policía, produce una especie de rebelión ciudadana para abandonar la ilegalidad. Aquí hay temas que se fueron acumulando y que convirtieron a Cali en epicentro desde donde se generan formas de violencia.Pero entonces este problema no se soluciona con un plan de choque sino con algo más profundo...La intervención policial genera un punto de inflexión, lo que noto en las calles es como una especie de bálsamo mágico, en el que el ciudadano dice: sí hay un Estado y nos pueden sacar de esta situación. Pero no basta la intención policial para sostener esa confianza, hay que hacerla sostenible en el tiempo con liderazgos muy visibles.Usted ha estado en reuniones con las autoridades municipales, qué percepción se lleva. ¿La Administración sí se comprometió con la seguridad, con más fondos?, pues hasta el momento pareciera que es no es su prioridad.No quisiera reducirlo a un tema de recursos. Es más, cambiaría los recursos por unos parámetros de autoridad, una lógica explicativa de la situación de violencia poco contribuye a resolverla. Se requiere una lógica de resolución del problema, de determinación y cumplimiento de la ley. La lógica de montar una teoría explicativa sobre las causas de la violencia, es importante, pero no resuelve el problema. Noto una administración muy receptiva a la intervención y cooperativa, valorando el esfuerzo que se está haciendo desde el nivel central - vale una millonada traer 1.400 policías a Cali, 200 vehículos, movilizar los equipos de inteligencia y policía judicial y mantenerlos aquí vale millones de pesos-. Pero el tema no es de plata, es de decisión.Pero también ha recorrido las estaciones de Policía, los CAI, los Cali, las Casas de Justicia y pudo ver el deterioro. Falta logística e inversión. Por ejemplo, los $18.000 millones prometidos a la Policía, ni se han ejecutado.Uno lo que nota es que Cali tiene un déficit acumulado de institucionalidad. Y no solamente en infraestructura, en relación con todo. Con el nivel de autoridad. Hay una degradación institucional que se refleja en todo. Se refleja en la infraestructura, pero también en la actitud de los funcionarios públicos y en la propia autoridad. Es una autoridad que se siente disminuida, no se siente empoderada, que trabaja en condiciones muy difíciles y que terminó arrinconada por la informalidad y la ilegalidad.El ciudadano normal percibe el bálsamo de la presencia policial, pero hay la preocupación de que cuando se vayan los policías volvamos a lo mismo.La intervención integral hace parte de una política y es una estrategia preconcebida. Son tres etapas, la primera fue de inteligencia y acumulación de información judicial. Sobre esa tarea preliminar se diseñó el plan que estamos desarrollando en esta segunda etapa, en la que queremos darle tranquilidad a la ciudadanía. Y la tercera etapa de estabilización y sostenibilidad, donde con menos recursos, no van a estar los 1.400 policías, pero con una visión estratégica, se logran grandes avances. Pongo el ejemplo de Pereira, hicimos un plan de choque y dejamos ese programa sostenible; hoy tenemos reducciones del 50% en los homicidios.Cuando uno pone en marcha cualquier plan, tiene unas metas. ¿Cuáles son las metas de este plan de seguridad?Quebrar la tendencia ascendente en el homicidio. El tema más preocupante empieza por la protección de la vida, si en Cali logramos disminuir la tasa de homicidios, lo demás será posible. Será posible proteger los bienes, recuperar el espacio público, acabar con el contrabando, pero lo que no permite avanzar es que la protección de la vida este vulnerada.Cuando uno revisa los antecedentes del homicidio, encuentra que mientras el país disminuyó en un 50% la tasa de homicidios, Cali sólo lo hizo el 10%, con altibajos. Queremos quebrar esa tendencia. Con esta intervención no hemos hecho nada estructural para quebrarla y tuvimos 48 horas con cero homicidios, lo que refleja que los delincuentes cuando ven unas autoridades comprometidas y desplegadas reciben una señal disuasiva.¿Cuáles son la verdaderas razones de los homicidios en Cali?La caracterización de homicidios en Cali comienza por entender una multicausalidad. Por ejemplo, en Cali es usual ver como suben los homicidios cuando se produce una gran incautación de droga en Buenaventura o, cómo en esta etapa de estos últimos meses, cuando se producen doce capturas de extraditables del círculo cercano a ‘Los Comba’ o cuando se producen sentencias en Estados Unidos derivadas de cooperación de testigos protegidos por la justicia y esa mafia pretende silenciar a sus familiares en Colombia.Se habla de una guerra del narcotráfico, entre antiguos integrantes del Cartel del Norte del Valle. ¿Qué es lo que está pasando ahí?Pasa que los narcotraficantes hoy están en fuga. Menciono solamente una cifra, en los últimos dos años, 19 capos colombianos han sido capturados en el exterior. Eso lo que significa es que se les acabó el estado de confort en Colombia y hacen esfuerzos a través de segundos para mantener el control que están perdiendo. Menciono otra cifra: estos carteles no se preocupaban en el pasado en las tareas de erradicación de cultivos ilícitos, finalmente había mercado para todos; llegamos a tener 180.000 hectáreas de cultivos ilícitos. Hoy estamos en 57.000 hectáreas, la producción de droga bajó a 300 toneladas. Llegamos a producir mil. Hoy lo que hay es un agotamiento, buscando otro tipo de negocios como extorsión y venta en las calles de droga para mantener los ingresos.Al final de esta guerra colombiana contra las drogas tendremos solamente un enemigo: los grupos narcotraficantes, integrados por las Farc, ELN, ‘Los Rastrojos’, ‘Los Urabeños’...Muchos consideran que en Cali la violencia está asociada a la pobreza y al desplazamiento y creen que hasta que esos fenómenos no se resuelvan no habrá seguridad. ¿Coincide con esa percepción?En Colombia ha hecho mucho daño la afirmación gratuita de que la violencia es la expresión de la pobreza. El primer efecto perverso que tuvo esa tesis fue graduar a los pobres de delicuentes, cosa que no es verdad. El segundo efecto es que le planteó a los gobiernos la disyuntiva de invertir en la autoridad o invertir en lo social, cuando es claro que si no hay autoridad y no hay seguridad, la inversión social no puede impactar la comunidad. Yo creo que llegó la hora de derrotar esa teoría. La verdad es que cuando un revisa los ciclos de desempleo en Cali y los compara con la tasa de homicidios llega a conclusiones sorprendentes; etapas de esta ciudad en las que tuvo tasas de 19% de desempleo, se presentaron las tasas más bajas de muertes violentas. Aquí el tema más que de pobreza es de ausencia de liderazgo, ausencia de aplicación de la autoridad y del imperio de una cultura de ilegalidad.¿Cuál es la diferencia que percibe entre lo que usted vivió cuando fue comandante de la Policía de Cali y lo que ha visto en estos días?Sería injusto desconocer que hay unos avances en la ciudad. Sería injusto desconocer, por ejemplo, que el sistema de transporte masivo MÍO empieza a modificar la cultura de un sector de la población. La infraestructura cambia la cultura, la gente hace fila donde se puede hacer fila. Hay unos avances. ¿Cuál es la valoración crítica que yo hago? Que la velocidad para producir esos desarrollos no corresponde a las demandas de la ciudad. Además de eso me impacta saber que hay retos de ciudad que tienen que ver con el ordenamiento territorial, con la atención a la población de menores, que lejos de avanzar han retrocedido. Encuentro más jóvenes en las comunas con inconformidad que hace ocho años y cuando reviso qué atención han recibido, encuentro que muy poca. Ahí no se necesitan recursos para cambiar las cosas, se necesita determinación. Para poner en orden la galería Santa Elena se necesita una decisión de ordenar eso.La informalidad es expresión de ilegalidad y la ilegalidad es expresión de ausencia de determinación. No es un tema de leyes, ni de plata, es un tema de decisión. Eso aplica para la invasión de espacio público, para la venta de licor de contrabando, para el control de menores en horas escolares en las calles. La verdad es que en Cali la autoridad está totalmente desvanecida.¿Cuál es la percepción que usted tiene de la labor que cumple la Policía en Cali?La Policía está sufriendo el desgaste de verse arrinconada, una institución que genera un despliegue preventivo o correctivo contra el crimen, pero al final los delincuentes siguen en las calles, el espacio público sigue invadido, la informalidad se ha tomado los andenes de la ciudad. Es una institución que resulta inoperante y termina afectada en su prestigio. Yo lo que noto es un gran esfuerzo de la Policía en solitario. ¿La sensación que usted tiene es que aquí ha habido mucha retórica, pero poca acción?Yo creo que hay una lógica explicativa de los fenómenos, sociales, culturales criminales y poca determinación para combatir tales fenómenos. Lo que se requiere es más determinación y más acción. El enfoque pragmático debería imponerse sobre el enfoque dialéctico. En una encuesta que recientemente publicó este diario, el 48% de los entrevistados dijo que las armas sólo debían estar en manos de la Fuerza Pública. ¿Comparte esa convicción?Eso es un debate que el país tiene que dar pronto. El país ha tenido un cierto complejo para generar un debate franco que permita romper con un argumento bastante superficial de que las armas son garantía para proteger la integridad personal o para la defensa personal. En el mundo esa teoría está superada. Naciones que tomaron la decisión de desarmar a la población manejan tasas de homicidios que se mueven entre 1 y 4 homicidios por cada cien mil habitantes. En cambio, sociedades opulentas y poderosas como la norteamericana que impulsa la tenencia de armas en particulares, ya tiene estados con tasas de 18 homicidios por cada cien mil habitantes. De momento, nosotros creemos que es necesario ir a un estado de transición, en el cual el ciudadano que se sienta amenazado pueda tener el arma en su casa, pero que se prohiba el porte en lugares públicos. Y por otro lado, estamos pidiendo que se eleve la calidad de las personas que reciben la autorización para portar armas. No es posible que desempleados, sin arraigo familiar tengan salvoconducto. También estamos pidiendo que las personas a las que el Estado le entregue un arma, estén obligadas a adquirir un seguro, de tal manera que se sientan responsables con el uso de esa arma. Ese sería un estado de transición, pero el ideal es que las armas sólo sean un monopolio de los agentes del Estado.Aparte de esta percepción de inseguridad, también ha habido problemas dentro de la Policía. Ha habido casos en que policías han sido detenidos, incluso por participar en robos de connotación. ¿Cómo castiga la institución a esas ovejas descarriadas?Sin duda eso crea desconfianza entre la ciudadanía y para la Policía perder la confianza, es perder uno de sus activos. Finalmente este trabajo está basado en la creación de confianza. Eso es lo que nos ha llevado a judicializar a esos delincuentes. Con todo lo vergonzoso que es para nosotros, yo diría que lo único positivo y que nos produce satisfacción es que hemos procedido con toda la contundencia, hemos procedido no sólo con medidas internas sino con la judicialización de los responsables. Ojalá otras instituciones sigan nuestro ejemplo, hagan visibles sus propias deficiencias y actúen de la misma manera que estamos actuando nosotros.Como Director de la Policía Nacional, viendo la magnitud de los fenómenos de violencia que vive Cali, ¿Usted cree que el pie de fuerza de la Policía local es suficiente para enfrentar el problema? Aunque mucha gente se sorprenda, el pie de fuerza de la Policía de Cali está por encima unos puntos del promedio nacional. A nivel nacional, hay un policía por cada 300 habitantes. Cali tiene un poquito más que eso. El ideal seria tener un agente por cada 230 habitantes, Cali no llega a eso pero tiene uno por cada 270 habitantes.O sea que claramente el problema no es de la cantidad de Policía que hay, sino de cómo se utilizan esos policías. Qué piensa de la condena a Juan Carlos Martínez. Valoro la decisión de la Corte en el caso del ex senador Martínez. Creo que de la misma manera que la operación Jaque o Fénix rompieron el mito de que el secretariado de las Farc era invencible, aquí se rompió el mito de que unos políticos tenían patente de corso para delinquir. La ciudad está celebrando esa decisión. Se acabó el mito de que el señor Martínez, que es el símbolo de una política degradante fundada en el narcotráfico, era intocable.¿Qué tanto incide la corrupción en esta situación de inseguridad?El daño del narcotráfico es haber permitido y generado una seudoclase política que operó entre la ilegalidad y la legalidad, y que creció alrededor de antivalores.

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