¿Ve muchas figuras en las nubes?, esta es la explicación de un piscólogo

¿Ve muchas figuras en las nubes?, esta es la explicación de un piscólogo

Agosto 23, 2018 - 11:50 p.m. Por:
Redacción de El País 
Nubes

Nube en forma de caballo.

Especial para El País

Si usted alguna vez ha visto en las nubes, paredes, montañas o carros diferentes figuras como un rostro, un cuerpo o un animal, pero en realidad no estaban allí, tranquilo, ¡no está loco! Simplemente, tiene activado el fenómeno de la pareidolia, que es normal en los seres humanos.

“Se trata de un fenómeno psíquico de la percepción en el que el cerebro observa patrones especiales que conforman imágenes, a partir de otra en la que se ve reflejada otra figura. Es decir, puede haber una nube, que es simplemente una nube, pero el cerebro es capaz de organizar la información visual y mediante patrones describe otra imagen”, explica Carlos Alberto Segura, psicólogo, especialista en psicología clínica y docente universitario.

A su vez,  María Ceila Galeano B., docente de psicología de la Universidad de San Buenaventura, dice que la pareidolia es un fenómeno neuropsicológico, mediante el cual las personas ante estímulos difusos como manchas, nubes o cosas inanimadas ven formas familiares donde no las hay, es decir, perciben un rostro, un cuerpo, un objeto o un animal que les parece algo reconocible, pero en realidad no está allí. Pero ¿cómo es posible que esto ocurra?

En la pareidolia se activan unos circuitos cerebrales en el encéfalo, que son responsables del procesamiento visual. “Estos circuitos relativos a figuras se procesan distinto al resto de datos y a esta estructura se le llama giro fusiforme, que en centésimas de segundo nos hace ver estas imágenes donde las hay, pero también donde no existen, y se activa cuando vemos algo que las recuerda vagamente”, argumenta Galeano.
De hecho, el psicólogo Segura expresa que  el  cerebro viene diseñado para organizar información adaptativa al medio ambiente. “Este es un órgano de supervivencia y adaptación, así que ver figuras, acomodarlas y darles formas es una función cerebral de la organización visual adaptativa”, precisa.

Para el psicólogo Silvio Rebolledo M., este fenómeno es una falla en la percepción y se produce en una persona que es muy sugestionable.
Pero Galeano aclara que ver estas cosas inanimadas es síntoma de que nuestras conexiones cerebrales funcionan correctamente, y como lo explica el profesor Kang Lee, de la Universidad de Toronto: “el cerebro está conectado de manera única para reconocer caras, así que incluso cuando solo hay una ligera sugerencia de rasgos faciales, los interpreta automáticamente como un rostro”.

Otro argumento radica en que el cerebro ve las cosas a partir de leyes específicas. Una es la ley de continuidad, es decir, que cuando un punto está cerca de otro aunque no estén conectados, los hace ver como tal. “Se puede coger una línea totalmente circular y la deja abierta y cuando se les muestra a otros, ven un círculo, pero en realidad no lo es, pero el cerebro se encarga de hacerlo ver así”, concluye Rebolledo.

¿Cómo reaccionamos?

Las personas pueden reaccionar de diferentes maneras, de acuerdo con el significado que le den a lo que ven, a partir del reconocimiento de rostros y emociones humanas como también de la interpretación del comportamiento de los animales, según explica la psicóloga Galeano.

Pero la reacción de cada persona ante lo que ve depende también de sus creencias, sensibilidad y estado emocional.

Al respecto, la profesional añade: “las creencias hacen que las personas sean más propensas a dotar de significado a estímulos sin sentido, por ejemplo, la aparición del rostro de Jesús o la figura de la Virgen María en un cristal, en un tronco de madera o la mancha de una pared, y se debe a que los procesos cognitivos perceptivos y de memoria son algo universal en nuestra especie, algo fundamental y característico de nuestro
cerebro”.


Y como lo aclara Segura, en estados alterados de conciencia ocasionados por consumo de sustancias psicoactivas, el ser humano puede ver más fenómenos pareidólicos.

Algunas reacciones de las personas ante la pareidolia pueden ser en tono de diversión, como simples imágenes de esparcimiento e imaginación; en tono de preocupación, creyendo que algo anda mal a nivel cognitivo o cerebral, y en tono de curiosidad investigativa, tomándolas como imágenes artísticas-científicas partiendo de experiencias y vivencias.

Sin embargo, se pueden presentar otros casos, como el que recuerda el psicólogo Rebolledo: “un conductor se estrelló contra un árbol porque en la carretera vio un hombre alto, vestido de blanco, brillante y que lanzaba rayos, y esto lo vio debido a la luz que pasaba a través de los árboles”, cuenta. A esta conclusión se llegó después de que se hiciera la reconstrucción de los hechos. “Se le preguntó al conductor si se le había atravesado un perro, un animal, un peatón, pero todas las respuestas fueron negativas. Por eso, el diagnóstico fue que la persona tuvo una mala percepción del entorno, o sea, una pareidolia”.

Por tanto, el profesional Rebolledo destaca que con este tipo de personas se debe hacer un tratamiento psicológico, en el cual se realice un trabajo de educación en percepción.

De acuerdo con los expertos, pueden existir personas proclives a ver imágenes en todas partes, lo que quiere decir que son cerebros más sensibles. “En algunos casos puede haber cerebros con tendencia a las esquizofrenias o paranoicos, por eso, hay que evaluar en cada caso cuál es el estado mental de la persona que está viendo demasiadas figuras en espacios donde otros no los pueden ver”, comenta Segura.

Lugares comunes

Las figuras de fondo donde más se observan fenómenos de pareidolias son en el cielo, los perfiles de las montañas, paredes manchadas, regueros de líquidos y en múltiples espacios y lugares donde se puedan crear imágenes con la imaginación.

También se pueden ver animales o rostros en la parte posterior de un despertador, en la parte delantera o trasera de un carro, en electrodomésticos o edificios, en la grifería, imágenes religiosas en objetos cotidianos como en árboles, rocas y plantas, entre otros.

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