La guía clave para que en su casa no haya más peleas entre hermanos

La guía clave para que en su casa no haya más peleas entre hermanos

Julio 26, 2018 - 11:41 p.m. Por:
Kelly García Cruz / reportera de El País 
Violencia niños

Peleas entre hermanos 

Archivo/ El País

“Mamá, mi hermana me pellizcó”; “Papá, mi hermano me quitó mi juguete” o “No encuentro mi blusa favorita, ¿quién la tiene?” son algunas de las expresiones más populares entre hermanos, en especial durante la niñez.

Estas peleas, habituales en muchas familias de hoy son motivo de estrés para los padres y generan inestabilidad en el hogar. Pero, ¿Qué hacer para evitar las discusiones entre hermanos? Y ¿cómo intervenir?

La relación entre hermanos es única, irrepetible y especial. Este vínculo constituye uno de los más fuertes y duraderos que existen. De hecho, desde pequeños comparten los espacios más íntimos, lo que lleva a que se establezcan alianzas o lazos afectivos sólidos.

Para la psicóloga de la Universidad del Valle, Jessica Rodríguez, “los hermanos a menudo ofrecen la primera y, probablemente, la más intensa relación de un menor con un igual. Además de tener en común los genes, la clase social, la raza, la cultura, la generación, comparten las experiencias familiares y los acontecimientos de la vida”.

Vanessa Cediel Valencia, psicóloga y magíster en familia de la Universidad Javeriana, por su parte, asegura que el sistema fraterno en las familias funciona como “laboratorio”, en el que los niños adquieren habilidades interpersonales, que les permiten convivir con una persona que está en condiciones similares a ellos, para así, aprender aspectos como resolución de conflictos, comunicación asertiva, solidaridad y empatía. En esto coincide Rodríguez al explicar que “los hermanos son importantes porque la relación que se teje es como un laboratorio natural que brinda la posibilidad de aprender a manejar los desacuerdos y regular las emociones positivas y negativas. Además, se aprende a crecer en compañía, lo que permite una visión más amplia del mundo”.

Lo que también afirman los especialistas es que la relación entre hermanos no necesariamente obedece a un vínculo sanguíneo. “Se construye a través de momentos compartidos, esto es, gracias a los juegos, los secretos, las risas, las peleas, y la camaradería, que se puede convertir en una amistad para toda la vida”, comenta Rodríguez.

Pero esta estrecha relación también depende de cómo se cree ese vínculo. Según la psicoterapeuta Cediel, se puede crecer con hermanos, pero no generar una relación afectiva positiva entre ellos. “Así, la relación de hermanos es un lugar interesante que desarrolla valores universales como la colaboración y la empatía. En definitiva, lo más bonito de tener hermanos, es que no se necesitan filtros, ni máscaras, se puede ser como se es”, dice.

La importancia del ejemplo

Lo que también es cierto es que la relación que mantengan los cuidadores o padres también influye en los lazos que se tejan entre hermanos. Al respecto Rodríguez manifiesta que los hijos tomarán como referente el ejemplo del comportamiento verbal y físico de los adultos, observando la forma en que resuelven los problemas, se comportan y comunican sus ideas y sentimientos. “Si se tejen buenas relaciones entre los mayores, estos servirán como un referente para que entre hermanos haya diálogo, respeto, comprensión y valoración, generando lazos de apoyo mutuo. Pero, si por el contrario, no se construyen buenas relaciones entre padres, se podría dar un distanciamiento afectivo entre hermanos e incluso comportamientos hostiles”, aclara Rodríguez.

Las ‘peleas’ y su impacto

“Las dinámicas relacionales en las familias son complejas. Por eso, es normal que surjan discrepancias entre sus integrantes. Con frecuencia pensamos que las discusiones con el otro son porque somos diferentes, pero en realidad discutimos ante la dificultad de poder escuchar, ser empáticos y aceptar que no todas las personas piensan de la manera en que yo lo hago”, explica Cediel.

Las discusiones entre hermanos son comunes y se consideran como uno de los primeros momentos que tienen los niños para aprender a gestionar sus emociones, comunicarse y resolver conflictos. Pero lograr hacerlo adecuadamente, según la profesional, requiere un entrenamiento, el cual es dado generalmente por los padres o cuidadores a partir de las necesidades que surjan en las dinámicas sociales del niño.

Es necesario que los padres analicen la situación para que puedan determinar si las peleas entre sus hijos deben seguir su curso normal sin que ellos intervengan o si deben mediar. La experta también advierte que “una relación conflictiva entre hermanos puede ser una de las causas de trastornos de ansiedad, depresión y comportamientos desadaptativos en el ciclo vital de la adolescencia”.

Por el contrario, una relación de carácter sano y positivo del sistema fraterno promueve el desarrollo cognitivo, del lenguaje y el entendimiento de las perspectivas y emociones de otras personas.

La importancia de comunicarse

“Los procesos de comunicación adecuados son los que nos permiten tener una sana convivencia familiar a pesar de las discrepancias que se tengan. Recordemos que comunicar no solo implica hablar, sino escuchar. En la medida en que haya procesos comunicacionales funcionales las personas estarán en capacidad de reconocer sus errores, disculparse, ofrecer alternativas de solución, y por tanto, podrán construir puentes de unión entre los miembros de la familia y forjar relaciones armónicas” argumenta Cediel.

Para mejorar la comunicación, Rodríguez recomienda un ejercicio “cambiar la pregunta que se hace en el saludo. Pasar de “Hola, ¿cómo estás?” a “Hola, ¿cómo te sientes?”, porque cuando hablamos desde el sentimiento, se abren los canales de comunicación, pues en el transcurso del día, se experimentan muchas emociones.

“El juego es otra buena forma de fomentar la comunicación en la familia. Los padres deben promover el juego entre hermanos, acompañándolos primero y luego, dejándolos solos para que se cree más intimidad entre ellos y así aprendan a conocerse mejor”, dice la experta.

El papel de los padres en los conflictos

Al parecer, los padres no deben intervenir de forma inmediata en las peleas de sus hijos. “Es bueno darles la posibilidad a los niños de resolver la situación, lo que les permitirá aprenderlos a conocer y saber con qué herramientas de afrontamiento cuentan para poder potenciar sus habilidades en este tema”, aconseja Vanessa Cediel, psicóloga y magíster en familia.

Cuando las discusiones trasciendan y haya palabras ofensivas o contacto físico sí es absolutamente necesario que los padres intervengan. “No se trata de resolverles el problema, pero sí de intervenir y ayudarles a construir la solución. Ese momento debe ser visto por los padres como una oportunidad para entrenar a sus hijos en reconocer sus emociones y sus errores, pedir disculpas y negociar”, sugiere la psicoterapeuta.

Igualmente, dice que es clave, ayudarlos a aceptar sus diferencias, no compararlos, indagar qué hay detrás de sus conflictos, no mostrar más amor por uno de los hijos, propiciar tiempo de calidad juntos, de forma que se potencien los lazos familiares.

Mientras que, Jessica Rodríguez, psicóloga de la Universidad del Valle, recomienda que una buena forma de intervenir será mediar como árbitros, observar cómo se están comportando y así comprender la naturaleza del conflicto. Hay que escuchar a ambas partes y mediar para que los hijos logren ceder en sus diferencias y establezcan acuerdos. Es muy importante que los cuidadores hagan también una autoevaluación de cómo están resolviendo los problemas, porque si se resuelven de manera violenta, no se le podrá pedir a los hijos que los solucionen a través del diálogo.

Consejos prácticos

Según la psicoterapeuta de familia Cediel para lograr una sana convivencia en familia hay que aplicar estos consejos:

• No rechace el conflicto entre hermanos. Esta es una posibilidad para entrenar a sus hijos en habilidades sociales.

• No resuelva por ellos los problemas que surjan. Escúchelos y ayúdelos a encontrar la forma de solucionarlos.

• Evite comparar a sus hijos entre ellos o con sus amigos.

• No le delegue al hijo mayor el cuidado de su hermano menor. Procure que no solo haya espacios de juego individual, sino que también haya actividades en las que puedan compartir entre ellos.

• No haga sus deberes por ellos. Es importante delegarles responsabilidades en el hogar.

• No grite ni hable en términos agresivos y/u ofensivos. Recuerde que usted es su modelo a seguir.

• Evite dedicar más tiempo y atención a uno de sus hijos. Sea equitativo.
Para la psicóloga Jessica Rodríguez, “los padres no deben tratar a sus hijos de forma preferente, o sea, dando afecto, disciplina y atención más a un hijo que a otro, pues será evidente ese trato diferenciado y las relaciones entre los hermanos estarán propensas a ser más conflictivas y menos agradables, porque se promueven sentimientos de hostilidad, celos, competitividad, y, en ocasiones, hasta odio entre ellos”.

• Entienda que el orden del nacimiento de los hijos trae consigo un rol. Los primogénitos participarán en roles de enseñanza y ayuda para con los menores, mientras que los hijos segundos imitarán el ejemplo de los mayores. De ahí que su tarea sea preparar al hijo mayor ante la llegada del nuevo integrante, sin que este sienta que ha sido dejado de lado. “Ser el hermano mayor da la oportunidad de ser un mentor o guía. El mayor, podrá desarrollar la capacidad de ser líder y sentirse bien consigo mismo al ser un modelo a seguir, dará el ejemplo. Los hermanos menores serán los alumnos que aprenderán por imitación y tratarán de parecerse a su mentor al que admirarán y respetarán”, precisa la psicóloga.

• Ayúdeles a comprender a los hijos mayores que ellos son un poco más grandes y en ese sentido, más fuertes, de manera que es mejor evitar los golpes, y empujones porque el hermano menor crecerá y no tendrá muy buenos recuerdos de estos eventos.

Y recuerde: “No existe ninguna fórmula perfecta para ser padres, pero sí es importante documentarse, leer, preguntar y buscar ayuda profesional cuando se sienta que no se cuenta con las herramientas para tratar los temas de

Consejos para los hermanos

Para la psicóloga Cediel la relación ideal entre hermanos sería en la que ambos sean conscientes de que su hermano es un par, un igual. El mayor no debe sentir que está a cargo del cuidado de su hermanito, ni el hijo menor sentir que su hermano es figura de autoridad.

Igualmente, es importante que ambos hermanos reconozcan sus puntos de encuentro, los gustos y las habilidades compartidas; así como, sus individualidades. Esto no debe ser motivo de discusión, pues deben aprender a aceptar sus diferencias.

Según el profesional Rodríguez, “una sana relación entre hermanos debe estar basada, en especial, en el respeto y la admiración”.

Además, los especialistas coinciden en que debe haber un interés por la vida del hermano, estar en la capacidad de escuchar y ser escuchado y brindarse apoyo mutuo cuando lo necesiten.

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