Guía para disfrutar la Ciclovida de Cali

Una periodista de El País recorrió la Ciclovida, uno de los espacios de mayor presencia y esparcimiento de los caleños los domingos. Cerca de 61.000 personas se toman las principales arterias de la ciudad.
Crónica de 38 kilómetros de vida al ritmo de una bicicleta.

Rutas y estaciones de la Ciclovida en Cali

La Ciclovida de Cali se divide en 9 tramos que atraviesan la ciudad de norte a sur por su tradicional Autopista Suroriental, Calle 9 y Calle 16.

Además, tiene 12 estaciones: 8 comunitarias y 4 principales (Metropolitano, El Prado, Panamericana e Ingenio). Ver mapa.


38 kilómetros de vida al ritmo de una bicicleta

Es domingo. Abro los ojos. Son las 5:00 de la mañana y el sol apenas comienza a salir. ¡Llegó el día! Voy a disfrutarme los 18 kilómetros que tiene el tramo central de la Ciclovida de Cali. Hace varios meses no monto en ‘bici’. ¿Qué debo ponerme?, pienso. Alisto mi pinta deportiva, mis tenis, un casco, un par de guantes, canguro, hidratación y, lo más importante: tengo que dejar lista mi bicicleta todoterreno, revisar los frenos, el aire de las llantas y que su color gris con blanco luzca resplandeciente.

Llego al punto de salida sobre las 7:45. De norte a sur. Justo frente al Cementerio Metropolitano del Norte. Ahí inicia la primera estación de la Ciclovida. Es muy fácil identificarlas, pues son espacios que adecúan con tarimas para que los caleños se gocen las ofertas de esparcimiento que hay en cada una. En total, hay doce estaciones.

Aunque es temprano, ya se ven personas en la calle esperando la apertura oficial, que se hace cada domingo a las 8:00 am. Algunas a pie, con gorra, camiseta deportiva y lycra, mientras otras están con su bicicleta y sus audífonos.

Por supuesto, yo también llevo música y disfruto el inicio del recorrido mientras escucho ‘September’, de Earth, Wind & Fire. Apenas para el mes en el que estamos.

De las cosas lindas que me encontré en el recorrido fue ver a los caleños pasando un momento feliz junto a su mascota. Unos, inclusive, llevaban a su pequeño cachorro en la parte delantera de la bicicleta con medidas de seguridad. Tal vez si mi perrita ‘Lupe’ fuera un poco más pequeña, yo estaría contando la misma historia (risas).

Luego de 30 minutos llego a la segunda estación: El Prado, ubicada en la Carrera 23 con Calle 22, sobre la Autopista Suroriental. Allí aprovecho para meterme a la clase de aerorrumba y moverme al ritmo de la salsa, el merengue y la bachata.

Son las 8:30 aproximadamente. Ahí ya estaba Doria Dávila Jiménez, la jefe de ese tramo, quien había llegado dos horas antes para recibir el camión que trae todo el material logístico y guiar a los auxiliares. Con muy buena actitud, me cuenta que cada ocho días trata de dar lo mejor de ella para que la Ciclovida salga bien.

“Cada domingo, la asistencia de los caleños es mayor, y nosotros, con nuestro servicio, tratamos de darles un buen trato para que estén satisfechos siempre”, asegura.

En ese sector también está siempre Víctor Arboleda, un joven de 29 años que trabaja como auxiliar logístico. Llegó en el 2015 a la Ciclovida y hace parte de las personas en situación de discapacidad que laboran ahí. Actualmente son 23.

Hoy, siete años después, continúa levantándose temprano todos los domingos para dirigirse a su lugar de trabajo. Sale de su casa en su silla de ruedas y se demora 30 minutos en el trayecto. Lo mismo ocurre al regreso.

En la Ciclovida está pendiente de las vallas, de que los carros respeten las normas de tránsito, del cambio de rojo a verde en las luces del semáforo, pero, sobre todo, de brindarles una sonrisa a los usuarios cada vez que pasan por su lado con un “buenos días”, “no olvide siempre transitar por la derecha”, “a la 1:00 de la tarde se acaba la Ciclovida” o simplemente desearles que tengan un buen domingo.

“Me gusta mucho lo que la gente me dice cuando pasa por mi lado. Es muy incluyente y no se nota ningún tipo de discriminación; por el contrario, me felicitan y me dicen que soy un berraco”, cuenta Víctor.

Para él, “nosotros mismos decidimos si la discapacidad física se vuelve mental. Hay que cogerle mucho amor a la vida y superarse todos los días. Esta condición no puede impedirte ser lo que te propones; antes, debe impulsarte a ser mejor”.

***

Empiezo a sentir el calor del día. Veo más caleños en la calle que están saliendo a disfrutar con su familia y decido montarme de nuevo en la bicicleta. Cojo la Autopista Suroriental hasta llegar a la Carrera 39. Tenía muchas ganas de conocer todas las actividades que se hacen en las Canchas Panamericanas, justo en la tercera y penúltima estación de la Ciclovida, la más reconocida en la ciudad.

Claro que también quería deleitarme con un delicioso cholado con buenas frutas, pero decidí dejarlo para el final, como una recompensa.

La carpa principal está llena. Veo personas riéndose a carcajadas, otras saltando, cabezas despelucadas, una señora bailando con su perro, como si fuera su pareja. El panorama es maravilloso. Me siento muy feliz.

Al lado izquierdo está la clase de spinning, el ejercicio aeróbico que se hace en una bicicleta estática, en la que el instructor puede realizar todo tipo de intensidades. Hay alrededor de 20 personas que disfrutan de la clase.

Al otro lado está la zona infantil, mejor conocida como ‘el chiquigym’, un espacio para niños de 0 a 4 años lleno de color, dotado con elementos que permiten que los pequeños desarrollen habilidades motrices. Definitivamente, es un espacio para todos.

De un momento a otro volteo a mirar a la tarima principal y los instructores han puesto a bailar de pie a una señora de unos 70 años que estaba en una silla de ruedas. Está sonando ‘El mapalé’ de fondo y todo mundo aplaude alrededor. El ambiente es extraordinario.

La estación Panamericana tiene un montaje especial y es logísticamente diferente a las otras, según lo narra Paula Andrea Uribe, metodóloga de la Ciclovida.

“A nuestros instructores los estamos capacitando constantemente en actividad física musicalizada para brindarles a los usuarios variedades como cardiobox, tabata y ejercicio funcional, y así promover un hábito de vida saludable que permanezca en las personas durante toda la semana”, dice.

Con esto coincide Cristian Fernando Mosquera, coordinador general de la Ciclovida, quien invita a que los caleños se puedan vincular a este espacio de recreación que es totalmente gratuito y no tiene ninguna barrera de acceso.

“Este es un espacio de encuentro en torno al deporte, la recreación y la actividad física que nos ayuda a mitigar algunos efectos como el estrés, la depresión y la ansiedad”, dice.

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En total, la Ciclovida tiene 12 estaciones: 8 comunitarias y 4 principales. En nuestro recorrido solo falta visitar la última: la de El Ingenio. Se me hace agua la boca solo de pensar en el cholado que me voy a saborear al final del trayecto.

Llego al parque, ubicado en la Calle 16 con Carrera 83. Ya estoy a punto de coronar los 18 kilómetros que me había trazado en la mente antes de salir de mi casa. Guardo la ‘bici’ en el parqueadero que tiene la estación y me dispongo a bailar la última canción porque “¡Cali es Cali, señores, lo demás es loma!.

Así que aprovecho el ambiente y la energía de los caleños para contagiarme y mover los pies al son de ‘Cali Pachanguero’.

A mi alrededor están algunas personas haciendo ejercicio en las máquinas que tiene el parque. Otras aprovechan la zona verde y pasean a sus mascotas, y unas más degustan una deliciosa ensalada de frutas o un ‘Bonice’ de mango biche, limón, fresa o mora azul.

Ese panorama corresponde a lo que me había dicho Elizabeth Pineda, directora del área de Investigación, Innovación y Desarrollo de la Ciclovida: “Según nuestras encuestas de satisfacción, hemos encontrado que el 99 % de los usuarios están a gusto, pues lo ven como un espacio seguro donde se pueden recrear y compartir en familia”.

Así, cerca del mediodía, cuando el sol se pone ardiente sobre la ‘Sucursal del cielo’, termina una edición más de la Ciclovida, un evento que nació en 1983 (ver anexo) y que cada vez cautiva más a los caleños con su recorrido y sus actividades.

Yo, por supuesto, feliz. ¡Lo había logrado! Y había evidenciado que todos los domingos la magia del público caleño está presente en las calles de la ciudad.

Historia de la Ciclovida de Cali

En 1980 se da el primer acercamiento para una prueba de Ciclovía, liderado por Coldeportes. Sin embargo, en 1983 se implementó oficialmente la Ciclovía recreativa en la ciudad. El entonces sacerdote Gonzalo Gallo la denominó ‘Ciclovida’, al considerarla un espacio para la vida.

Carlos Jesús Arana, su fundador, cuenta que trajo la propuesta de Bogotá. “Por esa época me tocó hacer un viaje laboral a la capital del país y unos familiares me invitaron a la Ciclovía. A pesar de que estaba lloviznando y había mucha neblina, vi una cantidad de gente en bicicleta y dije: ‘¿cómo no tener una Ciclovía en Cali, teniendo nosotros un espectacular clima y siendo además la Capital Deportiva de América?’”.

Así, y después de una larga planeación, se realiza la primera Ciclovida en Cali, un 23 de octubre, que iba sobre la Calle 9 entre Carreras 66 y 37. “Fue una locura y un éxito total. No había ni por dónde caminar. Los primeros años fueron fabulosos”, asegura Arana.

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