PERÚ

El préstamo no fue opción, sino una obligación

El 20 de octubre de 2016, agentes de la Dirección de Investigación Criminal llegaron a una vivienda en Carabayllo, el más extenso de los 43 distritos del cercado de Lima, para atender un caso común de suicidio. Tras analizar la escena, los investigadores dictaminaron que Roger Aranda Cáceres, un albañil de 48 años y que tenía líos con prestamistas colombianos, en realidad fue asesinado. Ese día el gobierno peruano entendió el ‘gota a gota’ como un problema de Estado.

Para ese entonces el rugir de las motocicletas era una tortura sicológica para miles de comerciantes en municipios donde se registraba actividad de este fenómeno y ya los medios de comunicación habían dedicado horas y litros de tinta a informar cómo el ‘gota a gota’ azotaba en diversas regiones.

Con la campaña ‘No prestes tu vida’ el gobierno de Perú alertó sobre el riesgo de estos créditos, pero un año después y tras un ambicioso proyecto de prevención y en el que llaman a las víctimas a denunciar, fue superior el miedo y solo hubo diez denuncias en todo el país, según funcionarios de esa cartera.

Presintiendo una batalla perdida, el 19 de octubre del 2017 el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski presentó ante el Congreso de Perú un proyecto de acuerdo para ampliar las penas y adelantar acciones en la lucha contra la delincuencia común y en especial frente al ‘gota a gota’.

El Presidente de Perú en la exposición de motivos, señaló que “diversos medios alertan sobre la aparición de micro préstamos que, al igual que en otros países, son acompañados de montos usureros, arbitrariamente modificados, con plazos alterados o ampliados fraudulentamente”.

El presidente de Perú Pedro Pablo Kuczynski asegura en un proyecto de ley que el delito pasó de afectar 10 ciudades en el 2015, a 96 ciudades en el 2016.

Kuczynski relató en el documento no solo el asesinato disfrazado de suicidio de Aranda Cáceres, sino otro hecho ocurrido en Chorrillos un mes después en el que dos personas dispararon desde una moto en seis ocasiones contra José Remón Vásquez, de 32 años, quien llevaba un mes sin cancelar las cuotas pactadas con un ‘gota a gota’ por el préstamo de mil soles (cerca de $300 dólares).

El proyecto enviado con carácter urgente era una propuesta para que los prestamistas informales que amenacen o agredan a sus deudores para exigir el pago de créditos, muchos de ellos forzados a recibirlos, “podrán ser acusados de extorsión y recibir entre diez a quince años de cárcel”.

La ley no fue aprobada porque los delitos relacionados con extorsión tienen penas muy fuertes que pueden llegar, incluso, hasta los 30 años de prisión como lo relata en diálogo con El País el fiscal Superior de Perú Contra el Crimen Organizado, Jorge Chávez Cotrina.

Ante el Congreso de la República de Perú, el general Miguel Núñez, jefe de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), explicó que en su país hay denuncias del ‘gota a gota’ desde el 2013 en las ciudades de Piura y Trujillo así como en Chimbote y Chiclayo. Para el 2015 se hablaba de 10 localidades y al finalizar el 2016 el ‘gota a gota’ era un flagelo en 97 ciudades del país.

Solo en el caso de Piura, en julio del 2016, fue capturado el colombiano José Mauricio Aquino, de 40 años, quien tenía un listado de 4230 clientes a quienes les tenía créditos entre $30 soles (US$9 dólares) y $1800 soles (US$538 dólares) en un negocio ilegal que camuflaba en tarjetas en las que ofrecía arroz al mayoreo.

El Ministerio del Interior de Perú lanzó a finales del 2016 la campaña ‘No prestes tu vida’ , alertando el riesgo de los préstamos ‘gota a gota’

Foto: Ministerio del Interior de Perú

Contrario a lo que dicen comerciantes en varios lugares de Lima, las autoridades aseguran que el delito está desapareciendo y que solo queda en algunas ciudades alternas.

Un delito en la pantalla grande

El desespero por conservar su negocio y sostener a su familia, llevó a Celina contra las cuerdas. Por eso, acudió a los préstamos ‘gota a gota’ que ofrecen los colombianos en Perú y como era previsible, ante los altos intereses, se atrasó con los pagos y los cobradores llegaron a su casa de forma violenta para despojarla de sus pertenencias.

El drama de Celina es una de las escenas de la película ‘Magallanes’ realizada en el 2015 y dirigida por el también actor Salvador del Solar, actual Presidente del Consejo de Ministros de Perú. Que el ‘gota a gota’ tenga espacio en el cine latinoamericano, habla del nivel de penetración de este delito.

Para este reportaje caminamos por las calles de Lima y la realidad va más allá del guion. “Atraso menstrual, solución inmediata” y “Dinero al instante, sin requisitos” son los mensajes adheridos al piso que prometen sacar a la gente de apuros y que sobresalen en los barrios y mercados como una suerte de alfombras publicitarias.

En ambos casos, abortos y préstamos ‘gota a gota’, aparecen los números telefónicos de las organizaciones dedicadas a estas actividades.

Para el caso del ‘gota a gota’, la manera de cazar a sus víctimas cambió desde que llegaron los primeros colombianos para entregar estos préstamos con pago diario. Para entonces se camuflaban entre las barriadas vendiendo juegos de sábanas y cobijas, tan apetecidas y necesarias en la fría Lima.

Entre el 2012 y 2013, de acuerdo con las autoridades judiciales peruanas, fueron los años de la aparición del ‘gota a gota’ y los estragos que dejaron en ese lapso despertaron preocupación y miedo En ese mismo tiempo según reportes periodísticos de El Tiempo.

Un investigador de la Fiscalía en Colombia afirmó que detrás de estas personas que viajaron a Perú “hay un grupo de cobradores de la banda criminal ‘Los Triana’, una organización que trabajó para Pablo Escobar y que tras la muerte del capo siguió por su cuenta en varios ‘negocios’”, entre ellos el ‘gota a gota’ que facilita el lavado de dinero.

Actualmente, ‘Los Triana’ trabajan con la ‘Oficina de Envigado’”, una banda criminal disidente de los grupos paramilitares que aún siembra el terror en Medellín y gran parte del departamento colombiano de Antioquia.

Siguiendo el rastro de las víctimas en Perú llegamos hasta el Mercado No. 1 de Surquillo en Lima. Una despensa enorme atravesada diariamente por miles de personas donde se puede comprar casi todo; desde una pezuña hasta un cerdo entero, y más de cien variedades de papa.

Aquí empezaron prestando $200 o $300 soles sin condiciones, cuenta uno de los comerciantes que pide no ser grabado, “y el pago era por goteo, algo pequeñito, $5 o $10 solecitos diarios, (entre US$2 y US$3 dólares) y así no despertaban sospechas; pero te enganchaban con otro crédito, luego otro y al final se vuelve impagable. Casi todo el mercado se enredó en esos préstamos”.

Mercados limeños como el de Surquillo tuvieron hasta el 90 % de los comerciantes realizando pagos usureros a los ‘gota a gota’.

Lo que más lamenta fue lo que vino después. “Cuando la gente se atrasó en los pagos vino el terror y los mensajes de miedo a todos los clientes. Vinieron las amenazas, los escándalos, las vitrinas rotas y el robo de mercadería hasta que la gente estalló con la ayuda del señor Ortiz”.

El ‘señor Ortiz’ es César Ortiz Anderson, director de la Asociación Pro Seguridad Ciudadana de Perú (Aprosec) quien luego de conocer los casos de intimidación con los que los prestamistas subyugaron a los comerciantes de los mercados populares y ver que el fenómeno crecía a espaldas del país, denunció el problema en los medios de comunicación.

“Los colombianos vinieron de frente con una violencia extrema; hirieron gente, mataron gente, y eso creó un miedo absoluto en las víctimas que solo pagaban y pagaban, pero no denunciaban. Además porque las amenazas eran primero contra ellos, pero luego contra sus familiares y en especial contra los hijos”, recuerda Ortiz Anderson, quien asegura que entre 2012 y 2013 “fueron entre 14 y 16 personas las que fueron asesinadas por el ‘gota a gota’”.

 Un fenómeno que se repite en Colombia y México fue el aliado de los criminales para garantizar el accionar de los ‘gota a gota’ en Perú: la desconfianza de los ciudadanos hacia sus autoridades. El temor de que agentes de Policía estuvieran trabajando en alianza con estos grupos violentos de colombianos.

Es un hecho que en Perú las organizaciones criminales se infiltran en la Policía Nacional, cuenta el fiscal Superior contra el Crimen Organizado, Jorge Chávez Cotrina. “Hemos tenido varios casos al respecto, pero no hemos encontrado infiltración a nivel judicial o del Ministerio Público”.

Varios casos se han denunciado en Perú de presunta alianza agentes policiales con las bandas de prestamistas colombianos.

Foto: Diario El País.

El Director de la Asociación Aprosec asegura que en el caso de Perú, asegura los colombianos también se aliaron con delincuentes locales. “Se involucra la mafia del goteo con delincuentes peruanos, pero sumisos a los colombianos. Una característica un poco extraña porque en el caso del ‘gota a gota’ eran los peruanos empleados de los colombianos”.

“Aquí en muchos casos parecían visitadores médicos. Iban a las tienditas y le decían al propietario que le daban el dinero para que repara el negocio o comprara más mercadería, pero esa confianza es porque se dieron cuenta que había una seguridad pública que no funcionaba bien, que se podía comprar jueces y fiscales y con ese caldo de cultivo, sacaron provecho”, afirma Ortiz Anderson.

Semanas antes de que los medios peruanos revelaran lo que era el ‘gota a gota’ a partir de la denuncia del Director de Aprosec, la División de Homicidios de la Policía aseguró que “las mafias colombianas traen al Perú jóvenes para trabajar como prestamistas, pero cuando tienen problemas por el narcotráfico, los utiliza como sicarios”.

Esa afirmación fue horas después de que en el exclusivo sector de Miraflores, en Lima, un sicario colombiano desató una balacera en la que fue asesinado César Andrés Montoya y otros tres compatriotas suyos fueron heridos. Todos, según la investigación, empleados del capo colombiano alias de ‘El Abuelo’. Sin embargo, no es claro si se trata del jefe de sicarios del llamado Clan del Golfo o el narcotraficante que controla una red de ‘gota a gota’ desde el Eje Cafetero.

En las cárceles de Perú hay 21 colombianos colombianos capturados por delitos conexos a los préstamos ‘gota a gota’.

Datos entregados por la Dirección de Investigación Criminal señalan que el 6.3 por ciento de las amenazas que se denuncian en Perú es por casos de ‘gota a gota’. Una frase que muchos conocieron a través de producciones y series de ‘narcos’ cobró valor real en el país Inca: ‘Te mando la moto’. A muchos comerciantes del mercado de Surquillos No. 2 les hicieron ese mismo ofrecimiento.

Lucía, a quien le cambiamos el nombre para protegerla, es comerciante de ese mercado de pasillos angostos por donde a diario corren ríos de gente. Tras casi una hora de diálogo, deja escapar un dato para ella menor: “empecé a trabajar con los colombianos desde el 2009 (…) lo tengo claro porque fue el año en que terminé de instalar mi local gracias a un préstamo que me hizo un colombiano”, recuerda y cuida que nadie más la escuche.

Su testimonio confirma que Perú fue, después de Ecuador, el segundo país donde emigró el modelo del ‘gota a gota’. Pero Lucía, a diferencia de quienes han padecido el temor y el estrés del ‘gota a gota’, en muchos lugares de América, dice estar agradecida “con mis colombianitos”.

“Dicen que lavan dinero, pero a mí no me interesa si es cierto o no; con tal de que uno pague y camine derecho, porque si le dan un dinero que no es tuyo lo tienes que devolver y si un día no tienes plata, les hablas bonito y ellos te entienden. Pero los peruanos somos muy conchudos porque prestan y no pagan. Entonces los colombianos tienen derecho a cobrar”, asegura la mujer.

Los mercados de Lima fueron los lugares predilectos en los que las redes de colombianos empezaron a otorgar los créditos ilegales.

Foto: Diario El País

Confiesa que innumerables veces ha estado a punto de cerrar su negocio y es consciente de las altas tasas de interés que paga, pero recurrió a los préstamos tal como ocurrió con Celina, la coprotagonista de la película ‘Magallanes’.

Pero no todo ha sido color de rosa para Lucía en estos diez años pagando créditos a los más altos intereses. “Una vez tuve un problema con uno que dijo que yo debía $800 y le dije no, eran $250 y era que el colombiano estaba caminando chueco y a ese lo mataron. Y luego un negrito vino un día y me insultó porque no tenía la plata; me dijo que le pagaba como fuera porque con él las cosas eran a otro precio. Ese día sí sentí miedo”.

No fue una opción, sino una obligación

El Director de Aprosec recuerda que en el caso del otro mercado de Surquillo, en el No. 2, habló con cinco o seis víctimas a quienes les dejaban el dinero por obligación; los colombianos se iban y tenían que aceptar el préstamo. Al siguiente día llegaban por la primera cuota.

Junto a Ortiz Anderson visitamos el citado mercado y hablamos con uno de esos comerciantes que no tuvo opción de rechazar el préstamo. “Les dije que no me interesaba porque ya había visto los problemas que tenían varios locales y me dejaron la plata encima y se fueron”, cuenta

Asegura el comerciante que en su caso “ muchas personas prestan para parchar otra deuda y la deuda iba creciendo sola y la gente ya enganchada no encuentra cómo salir. No te piden los mismos requisitos de un banco, pero la diferencia es que el banco no cobra a bala y sangre”.

Las autoridades en Perú tienen registros de pequeños comerciantes o informales que tenían deudas hasta con cinco prestamistas.

Al hacer un análisis sobre lo que han conocido en Perú, el fiscal Superior contra el Crimen Organizado, Jorge Chávez Cotrina, califica el ‘gota a gota’ como un delito que convierte a sus víctimas en esclavos financieros. “Son personas que ya solo trabajan para poder pagar la deuda a estas organizaciones criminales y si no lo hacen, atentan contra sus negocios y contra su vida”, asegura.

Así le pasó a un mecánico de Arequipa Javier Óscar Puma Huamán, quien fue asesinado en abril de 2017 por una banda de prestamistas colombianos tras una discusión en la que se negó a cancelar los elevados intereses de la deuda adquirida.

Tras las denuncias de algunos vecinos y testigos, la capturaron a nueve colombianos oriundos de las ciudades de Armenia y Pereira.

Otro detalle que han identificado las autoridades peruanas es que los colombianos utilizan a mujeres para seducir a nuevas víctimas.

“Algo que llamó la atención es que hay mujeres que van a cobrar; tanto colombianas como peruanas. Entonces dicen: ‘vengo por el encargo’ y ya la gente sabe y les paga. Incluso se utiliza a muchas mujeres embarazadas. Pero cuando no hay pago, se van y a los cinco minutos aparecen los colombianos armados a ejercer amenaza y presión”, recuerda César Ortiz Anderson.

Según información extraoficial otorgada por funcionarios del Instituto Penitenciario En Perú, hay 534 colombianos presos en las cárceles de Perú, en su mayoría por casos de narcotráfico. De ellos, 21 están detenidos por delitos relacionados con casos de ‘gota a gota’. El 15 por ciento son mujeres.

Los pasos peatonales en la capital peruana fueron acondicionados como alfombras publicitarias para ofrecer los préstamos.

Foto: Diario El País

Las mujeres en el ‘gota a gota’ pueden tener cualquier edad y perfil. Relata uno de los comerciantes de Surquillo que “en este mercado hubo una señora mayor que organizaba a los deudores e iba de puesto en puesto haciendo amigos y en medio de la conversa iba empujando a la gente para que tome un préstamo. Me imagino que ella gana también en la medida que involucra más gente”.

Al fenómeno de los colombianos se suman grupos peruanos que están haciendo el ‘gota a gota’ por su cuenta. Ahora, con los mismos avisos y mecanismos, llenan de adhesivos las calles más transitadas en Lima ofreciendo préstamos con “capital 100% peruano”.

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