BRASIL

La tecnología al servicio del ‘Gota a gota’
Al igual que el narcotráfico, el ‘gota a gota’ en América Latina se las ingenia para caminar dos pasos adelante de las autoridades. Brasil, el país más grande de Suramérica, es el principal laboratorio para el uso de las nuevas plataformas tecnológicas.

Es el último viernes de junio de 2019 y el sol golpea fuerte sobre Sao Paulo. La cita con Roberto*, un joven quindiano que antes de Brasil fue ‘gota a gota’ en Chile, es en una pequeña plaza afuera de la Estación Moema, en la avenida Ibirapuera.

La señal era inequívoca. Llega vistiendo la camiseta de la Selección Colombia de Fútbol, como lo anunció telefónicamente, porque esta noche el equipo se juega ante Chile su paso a semifinales de la Copa América y después de la entrevista irá directo al Arena Corinthians.

Roberto llegó hace dos años a Sao Paulo y antes de empezar a trabajar en la ruta asignada estuvo cerca de un mes aprendiendo a utilizar la plataforma tecnológica en la que los dueños del dinero supervisan desde Colombia cada movimiento de los cobradores.

“Aquí tienen gente por todo Brasil y manejan sistemas muy sofisticados donde se ponen los datos del cliente, el recaudo diario, las deudas, la ganancia, el retiro. Ya en las noches, por el mismo sistema uno liquida, entrega el dinero que la base le arroja y los jefes reciben los soportes diarios”, explica sobre la pantalla de su teléfono móvil.

Entre las aplicaciones utilizadas por los ‘gota a gota’ para digitalizar los cobros diarios se encuentran CobrarApps, PagAppdiario, Vendamas, Optimus y PrestamistApp.

Algunas de esas bases de datos que usan los colombianos en Brasil son CobrarApps, Optimus y Vendamas. Curiosamente, todas se pueden descargar desde el Play Store en cualquier teléfono y para ingresar solo se necesita el correo registrado y una clave.

Simulando el interés para una supuesta ruta de ‘gota a gota’ en Brasil, contactamos a los administradores de una de estas aplicaciones y nos envió un correo y una clave “para que explore la facilidad para controlar el negocio”.

 El paquete tiene un valor de $15 dólares por cada clave que se designe a un cobrador y el sistema que se instala para que el jefe haga el control desde cualquier lugar del mundo es “completamente gratuito”. El dinero, según nos explican, debe ser consignado a través de Wester Unión o en una cuenta en pesos de un banco en Colombia.

El sistema es muy efectivo, explica Roberto, porque garantiza que el dinero de los patrones no se pierde. “Si a mí me captura la policía, en la aplicación quedan los datos de los deudores, la ubicación por el GPS, las direcciones, lo que ha pagado y lo que debe. Entonces, ellos pueden mandar a otra persona a cobrar”.

Estas aplicaciones, según una fuente policial en Sao Paulo que accede a hablar bajo reserva, permite también que estas bandas del ‘gota a gota’ trasladen de regreso a Colombia sin problema a los cobradores para confundir a los investigadores e ir borrando el rastro de su actividad.

“Tenemos casos de colombianos que estamos siguiendo y de un momento a otro no los volvemos a ver. Nos dicen los informantes que cuando sospechan algo, los devuelven para Colombia o los cambian de ciudad”, señala la fuente

Para las autoridades en Brasil los ‘agiotas’, como llaman a los prestamistas del ‘gota a gota’, empezaron a asomar a partir del 2011 y desde entonces hay diferentes operativos para detenerlos.

Uno de esos primeros estados a los que llegaron fue Piauí, a Teresina, donde varios comerciantes denunciaron a mediados de 2012 que cerraron sus negocios porque quebraron y aun así los colombianos continuaban cobrando una deuda que ya habían saldado.

También en el 2013, cuando el ‘gota a gota’ aún parecía un delito económico menor, abrieron un proceso contra tres colombianos que se dedicaban a estos préstamos y que en solo dos meses enviaron a Colombia giros por $340.000 reales, equivalentes a unos US$100.000 dólares.

Información de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, muestra como en el primer semestre del 2018 Colombia tuvo un crecimiento del 14,77% en el dinero que recibe producto de las remesas que envían sus ciudadanos residentes en el exterior.

Esta modalidad de envíos de dinero por valores mínimos utilizando personas como ‘prestanombres’ para trasladar las ganancias a Colombia se conoce como ‘pitufeo’.

Para el caso del ‘gota a gota’, cuenta Roberto, son muy cuidadosos con los envíos. “Hay unos sitios seguros donde utilizan a los mismos trabajadores sin superar el tope de $30.000 reales permitidos y luego, como es tanto dinero, tienen un listado de brasileños a los que les pagan para que hagan giros a su nombre y en Colombia otras personas inscritas en otra lista se les paga por recibir ese dinero”, explica.

Esto que pasa en Brasil con los prestamistas ‘gota a gota’ fue conocido en el 2014, cuando el despliegue de motocicletas conducidas por jóvenes foráneos en el barrio Ponta Verde de la ciudad de Maceió, en el Estado Alagoas, generó la sospecha de la Policía Civil.

Las autoridades iniciaron las investigaciones y la hipótesis principal, por el movimiento de dinero en mochilas, era que se trataría de una red dedicada al narcotráfico. En un par de meses después tenían claro que la organización que dirigía la pareja de colombianos José Leonidas Giraldo y Janeth Campo recibía dinero desde Colombia y lo prestaba con intereses entre el 30 y 50 por ciento a pequeños comerciantes a quienes les cobraban con insultos y amenazas.
La investigación concluyó en marzo del 2018 con la captura de siete colombianos y un dossier gigante de pruebas que demostró que esta organización manejó más de un millón y medio de dólares en cuatro años en ese país, dinero que enviaban también fraudulentamente a Colombia.

También convertida en norma, como en los demás países de América Latina, la violencia era apéndice del ‘gota a gota’ y empezó a escalar contra los deudores y contra los integrantes de las mismas organizaciones. Entonces el abanico de delitos que contempla el Código Penal Brasileño para casos de extorsión y usura, se sumaron otras faltas conexas como narcotráfico, agrupación para delinquir y trata de personas.

En Brasil han sido detenidos 631 colombianos por la comisión de diferentes delitos en los últimos cinco años, según datos de la Cancillería de Colombia.

Foto: Cortesía Policía Civil de Brasil

Fueron obligados a cobrar

Brasil se convirtió hace varias décadas en el sueño de muchos colombianos impulsados en buena medida por el fútbol. Esa era la selección por la que apostaba mucha gente en Colombia cuando para el combinado cafetero era un imposible ganar una Copa América o asistir a un Mundial de Fútbol.

Ese anhelo se cristalizó para muchos jóvenes del Eje Cafetero y del norte del Valle a través de redes que, como ocurrió en el 2014, previo al Mundial de Fútbol de Brasil, tuvieron la mejor excusa para ingresar en ese país en grandes grupos para trabajar con créditos.

Conociendo uno lo que pasa en otros países, narra Roberto, es una bendición llegar a Brasil. Cuenta que el brasileño acoge muy bien al extranjero y no son muy territoriales y “si el cobrador se da a querer, antes ellos lo cuidan a uno. Y la gente es más honrada, entonces si el cliente no tiene cómo pagar, le entrega a uno una moto o joyas o mercancía”.

Asegura que tiene protección de algunos policías que tienen entre sus familiares a deudores del ‘gota a gota’. El cobrador entrevistado para este reportaje, afirma que, “en ese caso sí les prestamos al 8% o máximo al 10% y así les ayudamos a que sus negocios salgan adelante. Es saber trabajar sin tener que hacer uso de la fuerza”.

Entre el año 2014 y junio del 2019 fueron asesinados 30 colombianos en Brasil y 8 más murieron en circunstancias que aún son materia de investigación.

Pero no todos los jóvenes que llegaron al país de la Samba tienen la misma percepción. Muchos creyeron en promesas que luego les cambiaron. Otros, de los que reclutaron en los departamentos colombianos de Risaralda y Caldas, se enteraron en suelo brasilero sobre la labor que en realidad harían.

Aquí en Brasil usted se encuentra, según Roberto, personas originarias de Pereira, Tuluá, Cartago, de Quimbaya, Montenegro, Armenia, Manizales, Aranzazu y de Pácora.

Ese fue el caso de Héctor Adrián Castañeda, oriundo de Pácora (Caldas). Llevaba tres meses en Brasil cuando fue asesinado de un disparo en la cabeza al salir de cobrar en una zona comercial de Porto Velho, cerca de la frontera con Bolivia.
Información de las autoridades estatales y medios de comunicación de Rondonia es que lo asesinaron dos hombres en moto que harían parte de la misma organización que lo llevó a Brasil por incumplir con el pago del dinero que invirtieron en su viaje.

Los estados en los que autoridades identifican la mayor presencia de prestamistas colombianos y donde se centran las investigaciones de las autoridades estatales y federales son Piaui, Pará, Porto Velho, Acre, Sao Paulo, Goias, Río de Janeiro, Maranhão, Amapá, Espíritu Santo y Rondonia. En ellos han registrado capturas de personas involucradas.

Desde el 2014 las autoridades en Brasil iniciaron grandes operativos para desarticular estas bandas dedicadas al ‘gota a gota’ en ese país.

Foto: Cortesía Policía Civil de Brasil

 En los últimos cinco años, de los 631 colombianos capturados en Brasil en su gran mayoría por narcotráfico ypréstamos ‘gota a gota’, 196 permanecen en instituciones carcelarias de ese país. Es decir, el 3,1% de la totalidad de colombianos detenidos en presidios de América Latina.

Brasil es uno de los países que investiga la presunta trata de personas detrás del delito del ‘gota a gota’. El detonante fue un hecho del 2015, previo a la Operación Millonarios, lanzada por la Policía Federal en el estado de Acre donde se arrestó a catorce colombianos y dos brasileños miembros de una estructura del ‘gota a gota’.

El operativo inició seis meses atrás cuando un joven colombiano traído a Brasil se rehusó a trabajar como ‘gota a gota’, fue golpeado y amenazado por miembros de la organización, pero apenas tuvo la oportunidad buscó refugio en el comando de la Policía de Río Branco.

“Era un complejo sistema de préstamo, donde los agentes ingresaban las cantidades que prestaban en una plataforma de internet y la organización controlaba los valores desde Colombia”, dice el entonces el delegado Federico Ferreira, jefe de la Policía de Inmigración.

Agregó el funcionario que el dinero para los préstamos “provino de Colombia y fue transportado por maletas y remesas bancarias, pero esta información se está recaudando”.

Muchos de los jóvenes que fueron llevados como cobradores a Brasil, son enviados de regreso a Colombia con altas sumas de dinero.

Para una persona como Roberto, que sabe al detalle las operaciones, le basta con bajar un poco la voz para sentirse seguro y revelar lo que conoce. “La gran mayoría de dinero que hay regado en Brasil es de narcotráfico porque es una forma fácil de lavar esa plata. Mi amigo aquí en Brasil tiene un patrón con más de 200 rutas de cobro. Y conozco otros de Pereira y del Quindío que trabajan con (la banda criminal) Cordillera y eso los amenazan hasta con los hijos en Colombia.
La ola más fuerte que han sentido de criminalidad por cuenta del ‘gota a gota’ en Brasil fue la que azotó el país en el 2016. No solo por la cantidad de colombianos asesinados ese año, sino por las condiciones en las que muchos de ellos murieron.

Como el caso de Fabián Augusto Rodríguez García, secuestrado y asesinado por una red de prestamistas que opera en la Baixada Santista, en la costa de Sao Paulo y en otras regiones de Brasil, recuerda la fuente policial.

Similar a las ejecuciones del narcotráfico, su cuerpo fue hallado atado, amordazado y con los ojos vendados dentro de su vehículo en un paraje de la autopista Padre Manoel da Nóbrega, cerca de la ciudad de Itariri.

Las declaraciones de una integrante de la red permitieron conocer que los responsables fueron otros dos colombianos: Andrey Humberto Arias, de 24 años, y Wilfer Bustamante Suaza, de 30, ambos prófugos.

Bustamante es oriundo de El Cerrito (Valle), propietario de un almacén de bicicletas registrado en la Cámara de Comercio de Buga y habría estado involucrado hace unos meses en el asesinato de otra persona en medio de una riña en este municipio colombiano.

El cuerpo de Fabián Augusto Rodríguez, prestamista ‘gota a gota’, fue encontrado dentro de su vehículo, amordazado y semicalcinado.

Foto: Cortesía Colprensa

Autoridades en Brasil y Colombia tratan de establecer si Bustamante Suaza sería la misma persona de El Cerrito a quien conocen en Brasil con el alias de El Diablo y que estaría al frente de un ejército de cobradores de ‘gota a gota’ que lavan dinero para narcotraficantes del norte del Valle.

Además de Fabián Augusto Rodríguez, otros 42 colombianos murieron de manera trágica o en extrañas circunstancias en suelo brasileño entre el 2014 y agosto del 2019, de acuerdo con los datos del Reporte Operativo SITAC de la Cancillería de Colombia.

El hecho más dramático de los últimos años que recuerdan autoridades consulares fue el asesinato de Diana Zuluaga y Andrés Albán, registrado en mayo del 2018 en la región de Aritaguá, en el estado de Bahía, cuyos cuerpos fueron encontrados por la Policía Militar justo en el momento en el que iban a ser sepultados en una zona boscosa.

La pareja había salido unas horas antes a recoger el dinero que un comerciante les iba a cancelar de un préstamo ‘gota a gota’ y nunca regresaron. Lo que han informado las autoridades brasileñas es que los cuerpos fueron trasladados hasta el lugar en el que cavaban la fosa común en un automóvil blanco y que dos hombres que preparaban el entierro de los cuerpos huyeron.

Tan arraigado está el fenómeno en Brasil, que las fuentes consultadas aseguran que en ciudades como Río de Janeiro, los colombianos trabajan de la mano con los grupos armados en las favelas que les proporciona movilidad y seguridad para andar con grandes sumas de dinero en las calles.

En las favelas de Río de Janeiro son las agrupaciones armadas ilegales las que ejercen control territorial para la venta de drogas al menudeo o microtráfico.

Tener el espacio libre, dice Roberto, garantiza poder trabajar con tranquilidad y esa seguridad solo la ofrecen las bandas en cada país. “Nosotros tuvimos una compañera que era revisora y luego la mandaron para Chile a hacer lo mismo y la mataron junto a su compañero. Lo que sabemos es que fue un cliente por no pagarles. Una muchacha muy joven de Tuluá (Valle)”.
Antes de mirar el reloj, despedirse y correr hacia la estación del Metro porque queda menos de dos horas para el partido, Roberto revela que la organización para la cual trabaja, que se cuidó mucho de no revelar el nombre, se alista para dar el salto más allá del océano Atlántico y a la nueva ruta que tienen en Uruguay le sumarán también una red de préstamos en Barcelona (España).

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