Feminicidio: un drama en la 'Sucursal del Cielo'

En Cali han sido asesinadas 115 mujeres por razones de género, desde julio de 2015, cuando se tipificó en Colombia el feminicidio como delito autónomo. Más de un centenar de familias que padecieron junto a sus madres, hijas o hermanas el maltrato psicológico, físico, económico o sexual. Este especial recoge en seis podcast la voz de familiares de víctimas de este delito. También, el testimonio de una mujer que salvó su vida gracias a que siguió la ruta de atención que muchas mujeres aún desconocen.

Cuando Daniela Montilla acudió por ayuda a Casa Matria ya era demasiado tarde. José Eduardo Flores había asesinado a su madre de varios disparos en una calle del barrio Vipasa, en el norte de Cali. La escena, ocurrida a comienzos del 2020, fue el epílogo a los ocho meses de abuso, persecución y maltrato que sufrió Francia Edith Mendieta.

Un dolor que han padecido 115 familias en la capital del Valle del Cauca desde que fue sancionada la Ley Rosa Elvira Cely, en julio de 2015, con la cual se tipificó el feminicidio como delito autónomo en el Código Penal Colombiano.

Pero más allá de lo desolador de las cifras, lo que aún preocupa a las autoridades es que persista, pese a las campañas, el desconocimiento de muchas mujeres de la ruta de atención a víctimas. Un concepto que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

En muchos de los casos de feminicidio, explica Ofir Muñoz, subsecretaria de Equidad de Género de Cali, las mujeres y sus familias no pensaron que eso podría llegar a suceder.

“La mayoría de las victimas de feminicidio en Cali son mujeres que no habían acudido a la ruta de atención. Debemos seguir avanzando en no naturalizar la cultura de violencia, sino identificarla y actuar para salir de ella; sea que la vivamos propiamente o una persona allegada la esté viviendo”, subraya la funcionaria.

Si algo han revelado estos 115 asesinatos de mujeres en Santiago de Cali por razones de género en los últimos siete años, es que en los casos de violencia intrafamiliar el silencio también mata.

Corina Rojas, asesora del despacho de la Alcaldía de Cali, considera que es justamente el miedo el mayor obstáculo que deben superar las mujeres que están siendo víctimas de maltrato.

“Lo primero que debe hacer la mujer es vencer el miedo y enfrentar su situación, ponerla en evidencia ante las autoridades para que entren a resolver y activar la ruta de atención. Inmediatamente la mujer se sienta amenazada, debe dejar el miedo o la pena, porque hay mujeres que sienten vergüenza porque se va a dar cuenta su familia o el vecino. No, hay que enfrentar la situación tal cual como es”, insiste Corina Rojas.

Más de 8500 capturas

Si bien Cali ostenta el nada honroso título de ser la ciudad con el mayor número de casos de feminicidio en Colombia, los delitos basados en género es hoy una preocupación recurrente entre los gobiernos de Suramérica, Centroamérica y el Caribe.

Mientras aumenta esa conciencia entre las mujeres sobre la importancia de no guardar silencio ante ningún tipo de maltrato, la garantía de que los casos de violencia basada en género no queden impunes dependerá de acciones como la realizada por la alianza de policías en América (Ameripol), que desplegó el más ambicioso operativo contra violencias basadas en género en el continente.

Tras dos años de investigaciones y un mes de operativos simultáneos en ocho países, se logró la captura de 8.583 personas en América Latina y vinculados a delitos como feminicidio, trata de personas, delitos sexuales y violencia intrafamiliar.

En Colombia fueron 3.788 capturas por delitos basados en género, de las cuales 2.573 fueron por violencia intrafamiliar, 1.182 por delitos sexuales, 28 por feminicidio y 5 por homicidio a mujeres, además de la desarticulación de una estructura criminal y 173 acciones de control preventivo.

Entre los 28 feminicidas hay 12 que eran buscados en el Valle del Cauca y 4 tenían procesos pendientes en Cali por la muerte de sus parejas o excompañeras sentimentales de algunas de las 115 mujeres asesinadas en los últimos siete años.

¿Por qué Cali?

Si bien las cifras de feminicidios y violencia intrafamiliar en Cali parece reducirse por momentos, la realidad muestra que la capital del Valle registra una de las cifras de mayor violencia en el país

Entre las razones que inciden para que Cali sea el epicentro de este tipo de maltratos y las elevadas cifras de feminicidio, explica la subintendente Edna Ordóñez, quien hizo parte de la Estrategia de Atención en Familia y Género de la Policía Metropolitana, está el tema del arraigo.

“Cali recibe muchas personas de diferentes zonas del país, muchas personas desplazadas y que llegan con situaciones de violencia ya incorporadas. Esas situaciones sociales y económicas, que afectan patrones de crianza y relaciones familiares, ponen a Cali en un grado de mayor vulnerabilidad con respecto a otras ciudad con dinámicas sociales y económicas distintas”, dice la subintendente.

La explicación, para la subsecretaria de Equidad y género de la ciudad, Ofir Muñoz, es que en Cali las mujeres han empezado a tomar mayor conciencia de sus derechos. “Si miramos estos casos de feminicidios, identificamos un patrón y es que cuando las mujeres deciden poner un alto, empieza un mayor riesgo para ellas”.

“Esa persona que la agrede siente que la mujer se salio de su control y empieza a ejercer una violencia mucho mas fuerte hacia ella. Cali es una ciudad de mujeres pujantes que buscan su autonomía y crecimiento, y eso está muy bien; lo que no está muy bien es que eso implique que perdamos la vida”; concluye Ofir Muñoz.

“Esperábamos más de la justicia”

El mayor dolor de la familia Carmona, luego de haber sepultado a dos de sus hijas, fue la benevolencia con la que consideran que la justicia trató al responsable del hecho.

Aunque Javier Ruiz las mató el mismo día por razones de género, la justicia consideró que fue solo un feminicidio el que cometió con su pareja y que en el caso de la hermana fue homicidio simple.

“Para mí no fue justa la pena que le dieron porque los dos casos eran feminicidio. En un audio que él nos mandó después, dijo que les hizo eso para que aprendieran a respetar a los hombres; o sea que las mató por el hecho de ser mujeres”, cuenta Paola Carmona, hermana de las víctimas.

Carolina Carmona y Yolanda López fueron asesinadas en el barrio El Diamante de Cali durante la madrugada del 26 de septiembre del 2020 por el compañero sentimental de la primera de ellas.

“No recibimos ayuda psicológica”

Dos años después del asesinato de su madre, ni Daniela Montilla ni su hermana, menor que ella, han logrado recibir algún tipo de ayuda que les permita superar el dolor de esa muerte trágica.

“No es cierto que uno descansa cuando ve que el asesino de su madre está preso. Yo no he tenido ningún alivio. El mejor alivio sería que ese tipo mostrará algún arrepentimiento pero no es así. Es uno el que queda aquí, sufriendo como familia, porque la persona de alguna manera se va y descansa, pero uno queda con un sufrimiento que no se lo desea ni a la misma persona que se lo causó”, cuenta Daniela entre llanto.

El responsable fue José Eduardo Flores, condenado a 45 años, quien asesinó a Francia Edith Mendieta luego de obsesionarse con ella y perseguirla hasta con GPS. A comienzos del 2020 le propinó siete disparos que acabaron con su vida.

“La familia tambien sufre el maltrato”

La familia Cometa se enteraba por los vecinos de cada una de las golpizas que con frecuencia le propinaba el compañero sentimental de Nancy y el dolor de las torturas lo padecían todos en su casa. Nancy no logró sobrevivir a ese círculo de violencia y al final, su verdugo le quitó la vida.

“Ese día que nos llamaron que lo iban a capturar afuera del terminal de Cali nos contentamos todos porque teníamos la tranquilidad de que al menos su muerte no quedaría impune”, relata Deisy Cometa, hermana de la víctima.

Ambos trabajaban como vendedores ambulantes en los buses urbanos de la ciudad y luego de cada pelea el verdugo de Nancy lograba convencerla de volver con él.

“Nosotros sí nos dimos cuenta de que el tipo la golpeaba pero ella no lo dejaba. Entonces decíamos que si no lo dejaba era decisión de ella... ella no hacía caso y mi mamá se siente culpable y nos da como rabia saber que pudimos hacer algo pero no sabíamos y nos sentíamos como maniatados”, cuenta su hermana Deisy Cometa.

“Estoy viva porque la ruta funciona”

En lo único en lo que estuvieron de acuerdo esa tarde, sin proponérselo, Ximena* y su esposo, es que esa sería la última golpiza que le propinaría luego de 12 años de violencia y maltrato. Él, porque la creyó muerta; ella porque iba a sobrevivir para proteger a sus niños también abusados.

Aunque tarde, la mujer que prefiere omitir su nombre por obvias razones, llegó a Casa Matria cuando decidió seguir la ruta de atención y está segura de que fue esa decisión la que salvó su vida. “Yo soy el mejor ejemplo de que la ruta de atención sí funciona”.

“Hoy me doy cuenta de que la violencia había empezado hace mucho rato psicológicamente, pero no tenía yo el conocimiento y creía que eran normales algunas características de él como prohibirme el que me vistiera con pantalones cortos, que solo podía bailar con él en fiestas o que no podía irme sola a visitar mi familia o sin su permiso”, cuenta Ximena.

Durante el 2021, un total de 67 mujeres encontraron en el lugar de acogida de Casa Matria un puerto seguro luego de abandonar y denunciar a sus maltratadores. Entre ellas Ximena, quien permaneció varias semanas en el hogar de cogida junto a sus hijos mientras la Fiscalía adelantaba el proceso penal y el escrito de acusación contra su esposo.

“¿Quien se queda con los hijos?”

En muchos de los casos de feminicidio, el drama mayor lo padecen los hijos menores porque su madre es asesinada a manos de su padre y por lo general, el padre termina también suicidándose.

Aunque la familia de Jhor Jhany Esquivel, asesinada el 5 de abril por el padre de sus hijos, tiene la custodia de los niños de ambos, son muchos los casos en los que quedan abuelos y tíos enfrentados por la custodia de los menores.

“En nuestro caso, y tan pronto surgió esta situación, hubo acompañamiento a los niños por parte de la comisaría de familia, en principio, y luego de parte del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y los niños entraron en un proceso de restitución de derechos”, cuenta Natalie García, hermana de la víctima, quien recuerda que también hay asistencia psicológica de parte del Estado.

Fue solo hasta el 2018 que su familia se enteró, porque Jhor Jhany decide contarles, que en los diez años de relación venía siendo víctima de maltrato y que iba a separarse de Kevin Andrés Rosero, el padre de sus dos hijos.

Análisis de los expertos

Columna de opinión

¡Cuéntalo! no estás sola

El silencio, el mejor aliado del feminicidio

Por: Natalie García Arias*

La muerte violenta de un ser amado a manos de alguien más es dolor insuperable para cualquier familia, nadie puede negarlo y seguro que quien esté leyendo esto, por un segundo imaginó lo que se debe sentir y sus entrañas se estremecieron; ahora invito al lector a tratar de entender que la razón por la que su hija, madre, hermana o amiga murió, fue por ser una mujer ¿suena como algo insólito, no?

Y es que ese es el trasfondo del feminicidio, las mujeres mueren por el hecho de serlo. Detrás de un asesinato de una mujer a manos de un hombre hay desprecio, odio y está la creencia de que su vida le pertenece por lo cual puede determinar su valor y terminar con ella cuando quiera.

No se trata de hechos aislados, en Colombia según CasMujer con corte al mes de mayo 420 mujeres fueron asesinadas y este patrón se repite en toda latinoamérica, por ejemplo en México en el mismo periodo se registraron 310 asesinatos, y en argentina 127 mujeres perdieron la vida.

Detrás de cada feminicida estamos nosotros como sociedad quienes de forma consciente o no, seguimos perpetuando la cultura machista que es la causa de la violencia de género, la cual es el origen de los feminicidios. Con cada “en problemas de pareja uno no se debe meter'', “el amor todo lo puede, él va a cambiar,``''todas las parejas tienen problemas,``''si la estaba maltratando ¿por qué no se fue?” “si la golpeó o la mató fue por algo, santa no debía ser,” lo que estamos haciendo es mantener el círculo vicioso que ha hecho que los hombres sientan tan baja estima por la vida de las mujeres.

Es nuestra tarea empezar a romper con todos esos mitos que soportan la violencia. El machismo, la violencia de género, los feminicidios no pueden seguir siendo temas tabú y si a alguien le incomoda enfrentarse a esa realidad, ese alguien debería revisar qué tanto de sus valores están impregnados de la cultura machista.

Necesitamos deconstruir nuestras creencias y desaprender lo que se nos ha enseñado a lo largo de nuestra historia, debemos entender que la violencia entre familias no es algo que pertenece al fuero privado, que una intervención a tiempo puede salvar una vida porque no todos los casos de abuso contra la mujer terminan en feminicidio, pero sí todos los feminicidios tuvieron una historia de maltrato, que no sólo los golpes son violencia, que la culpa nunca es de la víctima, que ella no se queda allí porque quiere y le gusta ser maltratada, necesitamos aprender que el amor no tiene porque doler, aislar u obligar a cambiar, que el control es una agresión y que sin ayuda profesional es imposible salir del ciclo de violencia.

En mi familia ya cometimos todos los errores, permanecimos callados y perdimos a nuestra amada madre, hija, hermana, nieta a manos de un feminicida y ese dolor nos supera todos los días, y es el deseo profundo de que nadie más sufra algo así es lo que me motiva a hablar del tema, a estudiar y a querer enseñar por lo que abrí el espacio @cuentalo.no.estas.sola en redes sociales para luchar contra el silencio y el desconocimiento, pues estas son las armas más fuertes que tiene la violencia de género para perpetuarse.

Natalie García Arias

Natalie García Arias*

Magíster en atención y Prevención de Violencia de Género

Familiar de víctima de feminicidio

Instagram: @cuentalo.no.estas.sola

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