build a website for free

Cali, el paraíso que los inmigrantes llaman hogar



Por Camilo Osorio Sánchez
Videos: Juan Daniel Sánchez - Fotos: El País

Históricamente Cali ha sido una ciudad de paso, pero ahora es el hogar de miles de inmigrantes. ¿Quiénes son y de dónde llegaron los caleños?

La sonrisa enorme con la que recibe a quienes la visitan en su restaurante no estaba dibujada en su cara cuando llegó a Cali hace 35 años. Llegar a la ciudad fue difícil, no tenía amigos y no entendía cómo era la vida en un lugar diferente a Tumaco. Pero por las penurias del día a día había terminado recomendada para trabajar en casa de otros paisanos, que hacía rato vivían en Cali, tenían empleo y a sus hijos chiquitos.

Pero Cali no tardó mucho en hacerla sonreír y despertar el carisma con el que conquistó a la familia para la que trabajaba, como todas esas otras mujeres del Pacífico que llegaron a consentir a niños caleños con arrullos y chontaduro con miel. Esos brazos abiertos que le extendieron los caleños son los mismos con los que Ruby recibe a los comensales en su local de la galería Alameda, donde tiene fama la sazón de su cocina.

Ruby es solo una de los miles de habitantes de diferentes municipios del litoral Pacífico colombiano que han migrado a Cali. Y aunque la ciudad ha contado con población afro desde la colonia, los oriundos de Buenaventura, el norte del Cauca y la costa nariñense, son los protagonistas de las olas migratorias más grandes de su historia.

Migrar a la Sultana del Valle ha sido una constante, que aún hoy no termina, y que hace de esta una ciudad en la que conviven razas, etnias y hasta lenguajes diferentes. Si los jugadores de la Selección Colombia fueran todos caleños, tal vez sería un equipo muy similar a los franceses que ganaron en Rusia 2018, unos talentosos hijos de tumaqueños, chocoanos, paisas, huilenses, con ascendencias libanesas, turcas, cubanas, estadounidenses, sirias y hasta japonesas.

El 31% de los habitantes de Cali no nacieron en la ciudad. El 8% nació en el Cauca, el 5% en Nariño, el 4% en Caldas y el 2% en Antioquia, según la Encuesta de Cultura Ciudadana de Corpovisionarios de 2016.

En la imagen, de izq. a der. están: Basilia Murillo, chocoana; JoEllen Simpson, estadounidense; Héctor Yepes, caldense; Ruby Micolta, tumaqueña y Yuri Takeuchi, colombojaponesa.  

“Cali, hacia 1810, era un punto de paso, un cruce de caminos, entre Quito, Popayán, Santa Fe y la salida al mar; pero la gente no solo pasaba, sino que también se quedaba por el clima, la cercanía a la montaña y al río Cauca”, relata Carlos Mario Recio, magíster en Historia de la Universidad del Valle.

Pero hay otra fecha fundamental, explica Recio, para entender por qué aumentó el flujo migratorio, y es 1910, cuando se escogió a Cali como la capital del naciente departamento del Valle del Cauca. “Cali deja de ser una ciudad de paso para establecerse como la más importante del suroccidente del país, desplazando a Popayán. La ciudad, que entonces se cruzaba caminado, empieza a crecer, a atraer empresarios. Surge la Arquidiócesis de Cali y se abre la biblioteca Centenario”.
Así, la ciudad pasó de tener 30.704 habitantes a 122.478 en un periodo de 23 años y después, ya en el 2005, Cali se convirtió en la casa donde vivía el 50% de la población de todo el Valle.

Una ciudad construida por el Pacífico. “Muchos de los que llegaron eran albañiles que trabajan en construcción, que tuvieron hijos maestros de obra y nietos que luego ingresaron a la universidad”, cuenta Freddy Cabezas, presidente de la Federación de Colonias del Pacífico en Cali, y quien llegó desde Barbacoas, Nariño, al barrio Siete de Agosto, donde ayudó a construir vías y el alcantarillado.

Además, se arriesga a considerar que por lo menos el 30% de los caleños que ahora son adultos, fueron cuidados por mujeres del Pacífico que como doña Ruby llegaron a trabajar en casas de familia.

“Como la mayoría, llegamos a la periferia de la ciudad, en donde ya estaban amigos y conocidos. Buscando opciones de trabajo, salud y educación, porque en el Pacífico no hay ni hospitales de tercer nivel. En Cali no se siente uno diferente, porque en cualquier parte se encuentra a un paisano”, dice.

Cabezas lidera la Federación que agrupa a las 18 colonias del Pacífico que están legalmente constituidas en Cali, y entre las que se encuentran las de Tumaco, Guapi, Buenaventura, López de Micay, Timbiquí, El Charco, entre otros.

Estas colonias son la voz de generaciones de migrantes afrodescendientes, pero aún no son el reflejo completo de los más de 565.758 que viven en Cali y que tienen origen en diferentes municipios del Cauca, Chocó y Nariño.

Los aportes de esta migración ya hacen parte de la cotidianidad caleña: los liderazgos políticos que protagonizan la Alcaldía de Armitage; la influencia de la música y el posicionamiento del Festival Petronio Álvarez, y la tradición gastronómica que se puede encontrar en cualquier punto de Cali, pero que se cocina todos los días en la plaza de mercado del barrio Alameda.

En la galería Alameda cerca de 550 espacios están concesionados a emprendedores que en su mayoría no nacieron en Cali.

Héctor de Jesús Yepes Ospina es otro de ellos. Tiene 58 años y un acento paisa imborrable. Nació en San José, Caldas, y migró a Florida, EE.UU., en busca del ‘American Dream’, pero ese sueño no fue tan rosa como le habían dicho.  Tras retornar, fijó a Cali como su nuevo destino y ya cumplió 18 años ‘caleñizándose’. 

“Fue la mejor decisión que he tomado en mi vida. Llegué a una ciudad cosmopolita, alegre y donde hay espacio para todo el mundo”, dice el paisa de bigotes grises que tiene dos locales de comercio de carne en Alameda, con los cuáles se gana la vida y ha logrado pagar la universidad para sus dos hijos.

Los paisas son otra de las colonias visibles de Cali y su migración tuvo más fuerza desde 1970. Son esos hombres y mujeres detrás de las panaderías de barrio, pero también los representantes de cacharrerías, jugueterías y graneros. Son los responsables de la generación de por lo menos 25 mil empleos en la ciudad.

Así lo afirma Octavio Quintero, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes Fenalco en el Valle, y quien además preside la colonia de Granada, Antioquia, en la ciudad.

“Los granadinos estamos entre los primeros migrantes antioqueños que llegaron a Cali. Llegamos a trabajar en el campo, a sembrar café y ahora impulsamos pymes y varios emprendimientos”.

Los granadinos estuvieron tras los primeros supermercados que tuvo Cali y de, por ejemplo, el granero La Caleñita que también empezó en el barrio Alameda. Incluso, ahora impulsan la renovación del Teatro Aristi y otros establecimientos del centro. Hoy son cerca de 7 mil los granadinos que residen en barrios de marcada tradición paisa como Villacolombia, Nueva Floresta, Popular y Colseguros.

A esta Cali afrodescendiente y paisa se suman las migraciones de la zona andina del Cauca y Nariño, con mayor presencia en las comunas 18 y 20. O la colonia huilense que se reúne anualmente para celebrar las fiestas de San Juan y San Pedro en el norte de la ciudad. Además, la Fundación ConPopayán que existe desde 1998 lidera iniciativas sociales y culturales para fortalecer los lazos con la capital caucana, como la ya tradicional ‘Noche Patoja’.

Cali, como ciudad de paso, es el hogar ideal del que nadie se quiere ir. Para Ruby Micolta, en Alameda, Cali es una sonrisa. “A Cali, la amo”.

Mobirise

La Cali indígena

En Cali viven 9257 personas que se reconocen como indígenas, integrados en 2916 familias.

En la ciudad se encuentran los Cabildos Indígenas Inga, Yanacona, Quichua, Misak, Nasa y Kofan, dispersos en todo el municipio, pero con mayor presencia en las zonas de ladera. Viven, en mayor porcentaje, en las comunas 6, 14, 15 y 18.

Los Inga, Quichua, Misak, Nasa, Eperara Siapidara, Embera Katio, Embera Chami, Wounaan todavía preservan su idioma nativo. Sin embargo, los Yanacona y Kofan ya perdieron su idioma. De hecho, la Secretaría de Bienestar Social indica que hay alto riesgo de pérdida de más lenguas nativas habladas en Cali, siendo los Nasa y Misak los que en mayor riesgo se encuentran.

Abiertos al mundo

Aunque en la ciudad no hay un ‘Chinatown’ o grandes enclaves de colonias extranjeras, Cali sí es el hogar de grupos pequeños de diferentes nacionalidades. 

El desarrollo del cultivo de la caña de azúcar, el puerto de Buenaventura y el eje industrial de Yumbo, son algunos de los hitos más relacionados con la llegada de extranjeros a Cali.

Aunque en la ciudad no hay un ‘Chinatown’ o grandes enclaves de colonias extranjeras, Cali sí es el hogar de grupos pequeños de diferentes nacionalidades.

La migración árabe fue una de las más importantes y data del siglo XIX. En Cali, por ejemplo, hay más de 100 libaneses y por lo menos 2.500 descendientes, dice Carlos Juri, cónsul del Líbano.
Los datos históricos señalan que en la década del 20 hubo una importante migración judía que se quedó en Cali trabajando en oficios artesanales y como vendedores.

La diáspora japonesa llegó a Buenaventura en 1929 y se dispersó por varias partes del país. Hubo una fuerte colonia que se quedó en el norte del Cauca y en Palmira, y que generó aportes al desarrollo agroindustial del Valle del Cauca.

En el campo del deporte, el aporte de migrantes cubanos y brasileros ha impulsado el talento local. Otros, como el búlgaro Gantcho Mitco Karouchkov, es recordado por ser el entrenador de María Isabel Urrutia cuando ganó la medalla de oro.

En el arte, hay significativos aportes de los cubanos a la metodología de Incolballet, institución única en Colombia.

"Cali es como vivir en vacaciones"

La neuróloga Yuri Takeuchi Tan llegó a Colombia cuando tenía un año de edad. Su padre, Yu Takeuchi, físico de la Universidad Imperial de Tokyo, se enamoró del país tras venir en una comisión académica a la Universidad Nacional en 1959, se quedó trabajando en esa institución y consolidándose como uno de los más influyentes en el estudio de las matemáticas.

Por eso, la pequeña Yuri llegó a Colombia en los brazos de su madre, tras un mes de viaje en un barco que arribó a Buenaventura.

Creció en Bogotá, ciudad donde estudió medicina y neurología. Hacia 1993, a Yuri la invitaron a integrar el equipo de especialistas de un proyecto prometedor: la Fundación Valle del Lili.

Una libanesa enamorada de Cali

Para Malaki Ghattas, propietaria de Litany, uno de los restaurantes de cocina árabe más conocidos de la ciudad, fue un privilegio llegar a la capital del Valle, un lugar “donde te atienden y te enseñan”.

“Los caleños sentían que mi acento no era de acá y me ayudaban, son muy amables y eso no se consigue en otras partes del mundo”.

La gastronomía es el medio que le ha permitido integrarse con Cali, por eso su fascinación con las frutas y verduras que se consiguen frescas en las plazas de mercado.

"Cali es cheverísima"

Aunque lleva 23 años viviendo en Cali, a JoEllen Simpson aún le preguntan en ciertos lugares si habla español. Para ella este simple gesto demuestra la amabilidad que caracteriza a los caleños, y que percibe en diferentes entornos, incluso en el Centro Cultural Colombo Americano, institución de la cual es directora general.

Se mudó a la capital del Valle después de enamorarse de un caleño que conoció en Estados Unidos, su país natal, cuando ella avanzaba en sus estudios de doctorado en Lingüística. 

Cali en clave cubana

La invitación por dos años para una asesoría metodológica en Incolballet ya suma 18 años para la maestra cubana Elena Cala. Aunque los bailarines cubanos ya habían venido en otras ocasiones a la escuela pionera del ballet en Colombia, no lo había hecho nunca una maestra de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba.

Y por eso fue que llegó en el 2000 a la capital del Valle.
“Los cubanos hablamos más rápido, somos más tranquilos que los caleños. Sin embargo, somos muy parecidos. La gente es muy cálida y eso me hace sentir como si no hubiera salido de mi país”.

Los retos de una Cali inmigrante y multicultural

¿Quiénes son los caleños? Definir a los habitantes de la capital del Valle es una tarea compleja por la amplia gama de orígenes que tienen sus pobladores.

De hecho, el 31% de los habitantes no nació en Cali ni en el Valle del Cauca, sino que provienen en su mayoría del Cauca (8%), Nariño (5) y Caldas (4%), como lo tipifica la Encuesta de Cultura Ciudadana de Corpovisionarios del 2016.

Este es uno de los grandes retos para incentivar una cultura ciudadana que reinvente el romántico recuerdo del civismo del Cali Viejo, que relatan los caleños raizales.

Para el historiador Carlos Mario Recio, no se puede definir a los caleños en un solo sentido. “En términos culturales Cali es una ciudad diversa. Esta inclusión debe verse en políticas públicas y reconocimiento del otro, y no se trata solo de un asunto de servicios públicos, infraestructura y colegios”.

Recio explica que, “aún hay personas que cuando van del oriente a la Calle 5 dicen que van para la ciudad, para Cali, como si de la Avenida Simón Bolívar hacia el Cauca estuvieran en una ciudad diferente”.

En la misma encuesta de Corpovisionarios, se revela que al 11% de los encuestados no le interesa tener como vecino a una persona de una región distinta a la suya, indicador que creció un 4% en comparación con la encuesta del 2013.

La inclusión e integración sociocultural es uno de los objetivos que tiene la Federación de Colonias del Pacífico.

Freddy Cabezas, su presidente, dice que aunque han logrado tener visibilidad con dos acuerdos municipales, buscan consolidar redes entre las personas que migran desde el Pacífico para ayudarlos a acceder a servicios de salud, educación y vivienda.

 “Algunos que migran llegan a barrios vulnerables de la ciudad, porque no la conocen y no tienen otras opciones, eso lleva a que esas familias se queden en lugares donde persisten problemas sociales y nosotros queremos evitar esto ayudando a los nuestros, guiándolos”.

A los retos de la inclusión afro e indígena en Cali se suma ahora la llegada de venezolanos que escapan de la crisis que vive el país vecino.

Esta ola de inmigrantes le ha sumado nuevos retos a la Administración Municipal. Y pese a que Cali es para muchos de ellos un punto de paso en un éxodo hacia Ecuador, Perú y Chile, varios se han quedado buscando empleo y ya son una comunidad visible en trabajos formales e informales que, probablemente, será el inicio de una nueva generación de caleños.

Tan solo desde el 2017 han ingresado 13.010 venezolanos a Cali, aunque más de 870 mil llegaron al país en el primer semestre de este año.

COMPARTE ESTE INFORME