Las siete peores formas de proponer matrimonio

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Las siete peores formas de proponer matrimonio

Abril 08, 2018 - 08:00 a.m. Por:
Luca Braci, especial para El País
Las sietes peores formas de proponer matrimonio

No todas tienen la suerte de una pedida de mano, tipo cuento de hadas, como la que promovió en Instagram Mariana Pajón con el fondo de la Torre Eiffel dándose un apasionado beso con su novio francés.

Aún en tiempos de redes sociales y cero compromisos, cuando la gente ya no se casa tanto, y el romanticismo parece cosa del pasado, hay Romeos dispuestos a hacer de su propuesta matrimonial toda una escena de película y Julietas anhelantes de ser sorprendidas por su amado en el balcón con algo menos obvio que una serenata o un parrandón.

Aquí le sugerimos siete reglas que impedirán pasar del romance al cadalzo.

1. Tacañería antierótica

No cambie por nada del mundo el anillo de diamantes por un chontaduro que compró 5 minutos antes.

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Sí, todos amamos el chontaduro y es una “joya gastronómica”, pero eso no justifica que usted sea tan tacaño. El anillo es su carta de presentación, no se aparezca con una argolla de totumo, no le compre una baratija de piedra falsa, ni la invite al parque y luego le arme un aro con un trozo de pasto. Ojo, si él lo hace, no se divorcien después argumentando tacañería.

2. Un anillo es mejor que ninguno

Qué tal -se quejan las mujeres- de los hombres que proponen matrimonio y la dejan a ella esperando el momento sublime del anillo. Si no está preparado, no proponga, recuerde que solo hay una propuesta
y ella la recordará (y se la sacará en cara) toda la vida. ¿Qué historia va a contarle ella a sus nietas? Incluso si ella le dice que sí (porque, al inicio el amor es ciego), resentirá el resto de su vida que usted no tuvo la delicadeza de comprarle ni siquiera uno de plástico.

3. El feminista oportunista

Es el machista consumado que, para justificar su falta de imaginación y de estilo, alega que en materia de romance los dos deben pagar todo por mitades, y la pone a ella a pagar la mitad del almuerzo en que él le pidió la mano. No sea tan ahorrativo, tan miserable, no le pida que pague el vino, que pague el parqueadero, que le preste para invitarla, que le pida Uber para devolverse. No finja que se le quedó la billetera. El día que pida la mano hágalo con todas las de la ley, déle una historia qué recordar, sorpréndala, regálele una ocasión que haga morir de envidia a las demás mujeres y que humille a los demás hombres. Sean Audrey Hepburn y Humphrey Bogart por una noche. Y para ellas: aunque sean financieramente empoderadas no asesinen el romance con tanto pragmatismo.

4. Enterarse por terceros

Conocemos el caso de un hombre que llegó a la casa de sus suegros a almorzar, y todos lo recibieron con globos, champaña, torta, y lo felicitaron delante de vecinos, familiares e invitados por su pronto matrimonio con la niña de la casa. Resulta que ella, para presionarlo, les dijo a sus padres que él le había propuesto matrimonio y el tiro le salió por la culata, porque el novio salió huyendo y jamás regresó. También sabemos de un hombre que llamó a todos los conocidos de ella para que la convencieran de aceptar la propuesta de él, a la que ella dijo “No”. ¿Y con semejante falta de respeto por su criterio luego se pregunta por qué ella no quiso?

5. Pecar por exceso

Los sobreactuados nunca saben cuándo parar, son los que pintan con aerógrafo media cuadra a la redonda: “Marcela Ximena, cásate conmigo”, y luego aparecen con cámaras de televisión porque le pidieron el favor
al amigo del noticiero local, y ella tiene que pasar la pena de decir “No” frente a media Colombia. Y qué tal el que contrata globo aerostático, o un avión que empapele el barrio de declaraciones de amor de los más cursis, o el que espera el intermedio de la final de fútbol colombiano para informarle a ella, a través de pantallas, que se quiere casar. Claro, entre gustos no hay disgustos, pero tenga mesura. ¿Qué tal si ella dice que no?
¿Qué tal si ella no está lista aún para el compromiso? No use estas formas rebuscadas como método de presión, pues solo dejan en evidencia su desesperación y algo de desequilibrio emocional. Recuerde las propagandas de gaseosas: de algo tan empalagoso y edulcorado es mejor sospechar.

6. Pecar por defecto

Son los hombres aburridos, estables pero sin la menor imaginación; buenos, pero aburridos; sólidos y confiables, pero por predecibles y faltos de imaginación. Si bien nadie le está pidiendo que salte de un paracaídas para pedirlo, tampoco peque por defecto, es decir, no se pase de simple, de aburrido, de simplón. Busque el justo equilibrio. Recuerde que usted no está comprando una nueva bujía para su carro, ni está firmando el traspaso de una casa, así que inyéctele algo de emoción y autenticidad a su propuesta matrimonial. Muchos hombres temen ser demasiado arriesgados y quedar en evidencia, pues se sienten expuestos en sus sentimientos cuando toda la vida les han enseñado a estar en control y a cargo. Haga una excepción con la pedida de mano. Que ella no le tenga que decir a sus amigas “simplemente íbamos en el carro y en un trancón me lo pidió y ya”. Patético.

7. No se robe el momento de los demás

Qué tal el tipo que se roba el micrófono en el grado de la hermanita y le pide matrimonio a la novia. O el que aprovecha la boda de sus mejores amigos para, a la hora del brindis, anunciar que también se casa. ¡No sea tan infeliz! ¡No le robe el protagonismo a la celebración de otro! ¡No aproveche las bombas de otro, ni la champaña de otro, ni el buffet de otro, ni los invitados de otro para ahorrarse el gasto. ¡Estudie, vago, y luego pague su propio momento especial! Advertencia, chicas, no usen el matrimonio de sus primas y hermanas para poner cara larga y decir: “Soy la última que falta de mi familia por casarse”. Apliquemos el juego
justo por parte y parte.

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