'La Torre', la cinta de reconstrucción histórica que se presentará en el Museo La Tertulia

'La Torre', la cinta de reconstrucción histórica que se presentará en el Museo La Tertulia 

Septiembre 09, 2018 - 11:19 p.m. Por:
Juan Camilo Martínez, Estudiante de Comunicación Social de Univalle, especial para El País
La Torre

“Nunca olvidaré esas sesiones de montaje, sentía que la película estaba viva. Montamos la película en un finca, encerrados en varias sesiones, días enteros entre diálogos, almuerzos y café”, asegura Santiago Múnera, artista y creador de ‘La Torre’.

Especial para El País

Durante el mes de septiembre se presentará en la Cinemateca del Museo La Tertulia, la ópera prima del también artista plástico Sebastián Múnera, La Torre, una película que parte de la única fotografía que se conoce del atentado que sufre la Biblioteca Pública Piloto de Medellín en 2004 para trasladarnos al olvido y la negación de este hecho a través del lenguaje cinematográfico.

En marzo de 2004 la Biblioteca Pública Piloto de Medellín fue víctima de una bomba que detonó en su interior y destruyó parte de su infraestructura. De ese hecho únicamente quedó una fotografía de prensa de la que pocos tienen conocimiento. A partir de ese olvido y desconocimiento, Múnera crea una película que intenta condensar la forma en que entiende ese espacio, con el que construyó una complicidad que solo con el tiempo es posible generar. Hablamos con Sebastián Múnera sobre el proceso de la realización de este filme.

¿Qué le atrajo de la biblioteca?

Los espacios donde se acumulan cosas siempre me han llamado la atención, las papelerías, las imprentas, las bodegas… en esos lugares siento que se manifiesta algo muy humano. Con la biblioteca ese instinto se me hace mucho más potente, es como si ahí se encarnara un deseo de comunicación, pero también de fracaso. La Piloto es la biblioteca más importante de Medellín, queda a un par de cuadras de mi universidad y siempre su edificio me fascinó, es muy atípico en las construcciones de la época en la ciudad.

Como biblioteca tiene una historia potente: permite la reurbanización de la ciudad hacia el otro lado del río Medellín, se ancla como nodo cultural de la zona desde los años setentas, tiene un archivo fotográfico muy poderoso.

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Pero también tiene una versión particular, se estaba hundiendo hace unos años debido a que los suelos habían empezado a ceder después de 60 años de haber sido construida encima de lo que fue un meandro del río. Se posiciona como protagonista de una historia de ciudad, incluso escondiendo su propia historia, como lo que sucedió con el atentado que se menciona en La Torre. Luego me enteré que la iban a demoler, que buscarían los cimientos de cada una de las columnas para reforzarlas y que dejaría de ser biblioteca por un tiempo, eso bastó para que las ganas se convirtieran en obsesión y poder hacer la película.

¿Cómo ha sido su relación con el cine?

Le tengo mucho respeto y admiración al lenguaje cinematográfico. Empecé en un cineclub viendo películas con mis amigos, y luego haciendo ciclos y “piratiando” lo que necesitábamos ver. Ahí es donde más he aprendido sobre cine, igual no sé nada y el cine es muy joven. En cuanto a realizador, creo que lo que tengo para decir por ahora de esa relación está en La Torre. Hice la película para explorar eso.

Ha materializado su relación con este espacio a través de otros medios más plásticos ¿Cómo se concibió La Torre como obra cinematográfica?

El cine no es un formato, es un lenguaje. Yo quiero explorar ese lenguaje, aprender a decir algo, trasmitir algo de lo que pienso y siento, mediar con imágenes y sonidos. Es una escritura de largo aliento, no solo en cada película, sino también entre ellas mismas. Hay un tiempo único que se revela en el cine, ese tiempo es lo que la escultura, ni la pintura ni la fotografía tienen. En el cine esas cosas se intentan unir, es un arte colectivo.

Luego llega la experiencia inmersiva del teatro de cine, una experiencia sensorial poderosa en medio de la oscuridad de la sala.

¿Cómo fue el proceso de escritura del filme y qué dificultades encontró?

La escritura se dio en el lugar, escribí con la biblioteca. Luego hice una lista de imágenes que metí en “orden” en el guion. Era una sumatoria de imágenes que veía e imágenes que deseaba, y más que una historia, el guion, era un mapa. Todo estaba escrito con el lugar específico donde había que filmar, me sabía la biblioteca de memoria, me sentía como en casa. Era un guión muy geográfico, por lo tanto lo más difícil era escribir las escenas de la parte de la construcción y demolición de la biblioteca, pues no sabía con qué me encontraría exactamente, ni tampoco conocíamos bien el ritmo de trabajo de la demolición. Así que era un poco ir escribiendo sobre la obra (obrar) y eso fue mucho más motivante: primero ver lo que tienes enfrente, luego leer lo que tenías escrito y por último buscar la manera de filmar esa alteración.

¿Qué sucedió con la película en el encuentro con Escalante y Ospina, en México?

La Torre estuvo en un taller titulado Encuentro para un cine posible en Sonora, México, en el marco del Festival Internacional de Cine en el Desierto, cerca a la frontera con EEUU. Lo que me motivó fue la combinación entre “Cine posible” y “frontera”. Entonces pensé que era una oportunidad para entender lo que había hecho con la película.

Presenté un corte de la película sin post producción un día a las 8:00 a.m. (Creo que cualquier película a esa hora puede ser difícil de ver). Luis decía que eso no era cine, que eso era arte y Amat dijo que se quedó esperando que un monstruo saliera al final. Luego interpreté esa información, tomé lo de Ospina como un halago y no le metí un pulpo gigante violador a la película. Los compañeros decían también cosas interesantes, Gustavo Hernández, ahora amigo, me dijo algo que me atrapó: “sentí que los personajes eran fantasmas que habían quedado encerrados eternamente en la biblioteca después de muertos en la explosión.”

La película juega con lo fotográfico. ¿Cómo llegaron a eso?

La fotografía es apasionante, es entre mística, científica, incluso alquímica. Habitamos uno de los archivos fotográficos más importantes de Latinoamérica. La Torre -al menos para mí- fue esa búsqueda, desde el cine, por lo fotográfico: foto-gráfico, es decir, el dibujo con luz. Todo el tiempo buscamos el sol, pero no teníamos miedo de estar completamente a oscuras, nos metimos dentro de archivos que ellos llaman “colmenas fotográficas”, creamos cuartos de revelado en ruinas, la cámara de cine entra por el estenopo, incluso a la antigua cámara de Benjamín de la Calle.

Ni ficción, ni un documental. ¿La Torre es algo a mitad de camino entre ambas cosas?

Sí. Es ficción y también un documental. Parece que fuera un ideal llegar solo alguna de estas dos costas. Para mi es una búsqueda de lenguaje cinematográfico. Si la ficción y el documental fueran orillas, yo preferiría estar a la deriva, en medio de una tormenta en mar abierto. Siento que ahí hay más acción, más movimiento. Pero entiendo a la gente le gusta estar a la orilla viendo un línea de horizonte sin movimiento.

¿Logró entender por qué solo existe una imagen de ese atentado? y ¿Por qué era tan poco conocida?

No logro entenderlo del todo. Tengo hipótesis: en el 2003 fue el proceso de Justicia y Paz de Álvaro Uribe, habían unos reinsertados del Bloque Cacique Nutibara trabajando en la biblioteca. En el 2004 fue el atentado, y muchos bibliotecarios aseguran que fue las Farc. La biblioteca se convirtió en objetivo militar. No creo que para el agite político haya sido conveniente hacer mucho escándalo. Deben haber más imágenes, y por supuesto más pruebas, la única que encontré fue esa. Pero bueno, no soy detective, soy artista y trabajo con imágenes o con la ausencia de ellas.

Apoyo

Esta película llega a diferentes salas alternas del país gracias a la productora/distribuidora del cineasta caleño Felipe Guerrero, mutokino y su programa Fórum. Una iniciativa que hace circular películas arriesgadas, personales y diferentes que difícilmente podrían entrar dentro del sistema comercial/alternativo de distribución y exhibición.

Como parte del programa también se estrenan otras siete películas; Nacimiento(2015) de Martín Mejía, Interior(2017) de la realizadora caleña Camila Rodriguez, Mariana(2017) de Chris Gude y los cortos La Bachue (2017) de Camilo Restrepo y Besos Fríos(2016) de Nicolás Rincón Guille y el reestreno de la copia restaurada de Chircales de Marta Rodríguez y Jorge Silva.

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