La nueva tribu de los 'papás de mascotas'

Febrero 21, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-21 Por:
Redacción de El País.
La nueva tribu de los 'papás de mascotas'

Muchas personas están optando por ejercer la ‘paternidad’ a través de sus mascotas, quienes gozan de privilegios dignos de un hijo. Son los PP o ‘Pets Parents’. ¿Es usted uno?

Los llaman la tribu de los ‘PP’ o ‘Pets Parents’, y son aquellos “padres” de mascotas que se desviven por sus peludos hijos perrunos, gatunos, roedores, arácnidos y más. 

Su lazo afectivo con sus mascotas no es trivial, se ocupan de ellos con igual o más diligencia que los padres de hijos humanos. Pagan colegios, guarderías, terapias, psicólogos, seguro médico, entrenadores y chefs, paseadores que los ejercitan varias veces al día, sin contar con el alto consumo en bienes de todo tipo que les ofrecen a sus “hijos peludos” una vida ideal.

¿Ha notado que los perros terminan por parecerse a sus dueños, como si fueran sus hijos en versión animal? No es casualidad. Lo comprobó el investigador Michael Roy, de la Universidad de California, y la razón es que solemos elegir aquello con lo que nos sentimos más cómodos, ya sea la pareja o el perro. Y en tiempos en los que es difícil hallar parejas humanas dispuestas a hacer una apuesta afectiva a largo plazo, los animales (muchos abandonados) entran a suplir necesidades emocionales pues garantizan amor correspondido, cuidado mutuo, fidelidad libre de dramas y afecto incondicional. 

Otro estudio de la Universidad de  Miami revela que las personas que tienen mascotas son más felices y sanas que quienes no las tienen. Las macotas alivian el estrés y, al desarrollar alta empatía con sus dueños, son un antídoto contra la soledad.  Adicionalmente, son una motivación para hacer ejercicio, caminar, correr, socializar.

Para la muestra, la odontóloga Zully Rosero cuenta: “Ni mi esposo ni yo queríamos hijos. Coko y Matilda son  los niños de la casa y la felicidad de mis papás”. Ella se refiere a un beagle y a una perrita criolla que adoptó. Sus “hijos” ya tienen 7 y 2 años.

Además de cariño, requieren de entrenamiento para adquirir habilidades sociales, quemar energía y aprender a entender órdenes, para ello asisten dos veces a la semana a un campamento, en el Hotel Resort Lago Grande, en  Jamundí. Una vez al año a Coko se le hace  profilaxis, anualmente  se le aplican vacunas, cada tres meses los desparasitan, cada dos reciben un baño, a diario los sacan a pasear  y requieren de un alimento que les dura dos meses. “Son como hermanitos, en el campamento mantienen juntos. Si Coko se acuesta, Matilda se hace al lado, es  juguetona, celosa, posesiva. Él es tranquilo y aunque su fama es de  dañinos y tercos, salió juicioso”, dice Zully. Ella y su esposo los sacan a  hacer ejercicio y han adaptado el carro con tapetes para transportarlos. Tienen sus impermeables por si llueven y muchos privilegios. 

La recompensa de tener hijos peludos, dice Zully, “es que cuando llegamos a casa es una fiesta con abrazos y besos. Uno está por ahí y Matilda lleva los juguetes para invitarme a jugar. En el parque hace maromas para atrapar el ‘frisbee’. Nos motivan a socializar, a hablar con los papás de otros perros para compartir experiencias”.

Daniel Estupiñán, economista, y encargado de los cursos para recrear  a cerca de 30 perros, asegura que estos necesitan espacios para “socializar, quemar energía, tener contacto con la naturaleza y una estadía más tranquila en casa”. Allá  hacen juegos de obstáculos, cavan huecos y les habilitan la piscina. Han llegado perros tímidos que al tiempo se vuelven sociables; otros pasados de kilos que  se convierten en atléticos. 

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Pepelucho, famoso en Instagram

Para Luis Robayo, fotógrafo de la agencia Afp, la paternidad le llegó primero con Pepelucho, un perrito de 20 días de nacido que halló con su esposa abandonado en una caja en un CAI del Parque de las Banderas en Cali. 

“Le estaban saliendo los dientes, tenía pulgas, el estómago inflado y enferma la piel. Es una mezcla entre Schnauzer y Beagle. Ya tiene 3 años y un pelaje bonito”. 

Pepelucho se volvió más famoso que sus dueños porque Robayo le tomaba  fotos para compartirlas con sus amigos, hasta le creó una cuenta en Instagram que ya va para 500 seguidores.

Pero pronto llegó Martina, la hija de la pareja. Y hasta los seguidores de @soyfandepepelucho les aconsejaban  regalar al perro. Ellos hicieron oídos sordos y lo ayudaron en su adaptación para la llegada de su ‘hermanita’. “Desde que la niña estaba en el vientre de su mamá, lo acercábamos y le decíamos ‘ya viene Martina’”. Cuando la bebé llegó, Pepelucho olió su ropita, le dio dos vueltas a la cama y se le acostó al lado. “La cuida. Cuando llora se pone inquieto”. “De un hijo peludo se recibe un cariño incondicional. La alegría que da, no la brinda nadie. Son amigos fieles. Una vez me intentaron robar y por su reacción logré  huir”, cuenta.

Coincide con él Olga, otra  fotógrafa  caleña, a quien su vida de pareja le cambió con sus poodles, Mateo, de 9 años, y Tábata, de 3. “A Mateo me lo regalaron ya casada y, como su nombre lo indica, es un ‘Regalo de Dios’. Se encariñó mucho con mi esposo, cuando se enferma solo le recibe comida a él, lo sigue a todo lado como el de la película ‘Siempre a tu lado’. Por eso adoptamos a Tábata, que anda pegada a mí, hasta compartimos la almohada y es buena guardiana. Una vez espantó de un ladrido a un ladrón”.  Cuenta  que cuando Tábata llegó a la casa, Mateo no la quería, por celos. Al año la empezó a querer y hasta le heredó los juguetes. 

Y es que ahora además de cementerio, guardería, spa y  boutiques, hay comida gourmet para perros. Carolina Méndez, música con énfasis en productos audiovisuales de la Universidad Autónoma, y voluntaria de fundaciones animalistas, creó hace año y medio Guau Chef. Todo empezó cuando rescató una perrita en la calle. “Frida es como mi hija. Cuando cumplió  años le hice una torta y mis amigas me pidieron que les hiciera otras  para sus perritos. Me reuní con veterinarios y chefs y armamos tortas, cupcakes y helados  sin conservantes, aditivos ni saborizantes”, explica.

El pedido más insólito lo hizo una pareja para una fiesta de cumpleaños de su gato y de su perro, que “se aman como hermanos”, fue en el Lago de la Babilla y los invitados mininos y caninos fueron acompañados de sus dueños.

Frida, la mascota de Carolina,  tiene 5 años, y su mamá adoptiva hace un año recogió en Felidia, Valle, a otra perrita con una patica partida y sin pelo. Son inseparables, dice. Los Pets Parents seguirán disfrutando a sus “hijos”.

20 mil a 30.000 o más puede costar una vacuna, dependiendo de la veterinaria.60 mil pesos cuesta una profilaxis para la mascota.
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