La descortesía de Trump con la Reina Isabel

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La descortesía con la Reina Isabel y otras 'trumpadas' en su visita a Europa

Julio 16, 2018 - 11:45 p. m. Por:
Redacción de El País 
Trump y la reina isabel

Donald Trump y la reina Isabel.

El País

La bochornosa escena pasará a la historia de las fallas protocolarias presidenciales, que abundan por estos días.

En la reciente visita de Donald Trump al Reino Unido, la Reina Isabel II, de 92 años de edad, lo recibió para tomar el té en el palacio de Windsor; pero cuando debían marchar juntos por los jardines, frente a la flamante Guardia de Honor británica, Trump obstruyó a propósito el paso de la monarca.

Se ubicó de tal manera que bloqueara el paso de la Reina, como si quisiera invisibilizarla para estar él solo en el foco de la atención, y con total falta de empatía la dejó atrás, ignorada, oculta tras su gran estatura y sus bajos modales.

Como si a propósito quisiera dar muestras de su estilo de poder
insensible, agresivo y propio de un niño malcriado. Sin contar con que ya había llegado tarde al encuentro y dejó a la reina de pie, junto a una silla vacía, por 10 minutos, para luego saludarla con un casual apretón de manos.

Luego, como reclamando su lugar de liderazgo entre los famosos de la historia, se desplomó jactancioso sobre una querida reliquia británica, de gran valor simbólico: la silla del héroe de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill.

El Daily Mirror tituló en relación a los muchos desplantes de Trump: “Cómo te atreves” (How dare you).

HOW DARE YOU PORTADA

Para algunos, estas y otras deliberadas muestras de rudeza son la respuesta simbólica de Trump ante las marchas que se tomaron Londres bajo el lema ‘Together Against Trump’ (Juntos contra Trump).

Para otros, la falta de observancia de las normas protocolarias simplemente hace relación a que Trump no es un político tradicional y, en parte también, a que tiene una visión de clara subestimación sobre las mujeres. Para la muestra, la frase que le dijo a la revista Esquire: “Las noticias malas sobre ti no importan mientras tengas una novia sexy”.

Tratándose de mujeres poderosas, la dureza de su trato se refuerza. Recordemos lo que dijo vía Twitter sobre su rival Hillary Clinton: “Si no puede satisfacer a su esposo, ¿cómo pretende satisfacer a Estados Unidos?”.

La forma en que abochornó a la Reina Isabel no es novedad. Desde el primer día de su mandato fue duramente criticado por dejar atrás a su propia esposa, Melania, cuando se avalanzó para estrechar la mano de Barak y Michelle Obama.

Muchos recuerdan la escena: él sale del auto oficial y sube rápidamente las escaleras, sin caer en cuenta de que Melania venía metros atrás, cargada con una caja de regalo y en tacones. El gesto de descuido de Trump fue interpretado como un acto de narcisismo. Solo él es el rey.

Plantada a Melania

Nadie a su lado, ni su esposa, ni la reina de Inglaterra, pueden esperar un gesto de cortesía. Solo hay lugar para uno porque, como ha escrito en sus libros sobre negocios, para él toda relación exitosa tiene un ganador y un perdedor. Y el rol del ganador es solo suyo. Lo sentimos, damas, el lugar está ocupado, incluso si tu trono es el más importante de Europa.

Frases tan torpes como “La Unión Europea es un enemigo de los Estados Unidos, pero no significa que sean malos” o el hecho de lamentarse por que la Europa blanca esté dando lugar a inmigrantes de otras etnias, lo hicieron objeto de burlas y críticas.

Someterse a las sugerencias o reglas de otros no está entre sus planes, como lo demostró hace pocos días en la reunión del G7, cuando molestó al presidente de Canadá, Justin Truddeau, al llegar tarde y perderse su discurso sobre la importancia de la igualdad de géneros; al no someterse al código de vestuario que sugería ropa “smart casual” para promover un ambiente menos vertical y más amable, y por marcharse cinco horas antes del tiempo establecido para no tener que atender la charla sobre polución y medio ambiente, sin pensar en los horarios que los demás presidentes sí cumplieron.

Usualmente pasa por alto las tradiciones de su propio país, así que no sorprende el trato a lo foráneo. Pero los británicos respondieron a la rudeza demostrada por Trump. Le dejaron un mensaje grabado en los campos de trigo, para que pudiera verlo durante su sobrevuelo en avión: escribieron en ruso “Fuck Trump”. ¿Un poco de su propia medicina?

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