Habla Juan Forn, otro 'plato fuerte' del Festival Oiga, Mire, Lea

Habla Juan Forn, otro 'plato fuerte' del Festival Oiga, Mire, Lea

Septiembre 03, 2019 - 12:05 a.m. Por:
L. C. Bermeo Gamboa - redactor de El País
Juan Forn, escritor y editor argentino 02

El escritor y editor argentino Juan Forn está en Cali como invitado del Festival Oiga, Mire, Lea.

Foto: Especial para El País

Antes de ser escritor, Juan Forn (1959) fue cadete de la editorial Emecé en Buenos Aires. Un cadete no era otra cosa que un mensajero con funciones especiales como preparar el café y comprar dulces para los invitados.

Sin embargo, este joven veinteañero tenía el privilegio de llevar las pruebas de imprenta a los principales autores argentinos de la época: Sábato, Bioy Casares y, desde luego a Borges.

En una de sus famosas contratapas, textos publicados en la última página del diario argentino Página 12, y que salieron todos los viernes desde el 2005 hasta principios de 2019, sumando al final más de 500 piezas literarias, ninguna de ellas peca de relleno, cada una escrita con una prosa limpia y cautivadora que logró hacer que toda una generación empezará a leer el periódico desde el final.

En una de esas maravillosas contratapas —publicadas también en la página web del suplemento cultural Radar—, Forn cuenta cuando llevó una prueba de imprenta a Adolfo Bioy Casares. El joven cadete salió en la mañana, pero en el camino abrió el paquete y leyó todo el libro, por lo que llegó muy tarde a casa del autor, que lo esperaba hace horas. Enterado de la osadía de Forn, el amable escritor de ‘La invención de Morel’ le preguntó cómo le había parecido la novela. La historia termina con un escritor consagrado haciendo una corrección a su propio libro, por sugerencia de un principiante que ya mostraba su talento de editor.

De este modo precoz y genial, Juan Forn pasó de cadete a traductor, por sus manos pasaron Hemingway, Fitzgerald y Capote, finalmente ocuparía el puesto de editor.

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De hecho, actualmente dirige una extraordinaria colección de libros llamada ‘Rara avis’ de Tusquets, donde publica autores nuevos y también redescubre algunos del pasado, con una característica en común: el mestizaje literario, que se refiera a obras donde todos los géneros se mezclen de manera armónica rompiendo los cánones académicos.

Al mismo tiempo, Forn desarrolló su obra literaria compuesta de libros de cuento y novelas, aunque como él mismo lo acepta, la obra que más le ha llevado trabajo y reconocimiento han sido sus contratapas de los viernes. Fueron más de 10 años dedicado a escribir pequeñas obras literarias desde su casa a orillas del mar en Villa Gessell, textos que luego se reunieron en cuatro tomos llamados ‘Los viernes’ y que son objeto de culto para los lectores hispanoamericanos.

Solo en abril de 2019 terminó su larga serie de los viernes, y ahora visita por primera vez a Cali como invitado del Festival Oiga Mire Lea.

Juan Forn, escritor y editor argentino

¿Cuáles fueron sus impresiones de Cali, antes de conocerla?

De Cali leí mucho, en realidad todo lo que pude sobre Andrés Caicedo, después todas las historias del cartel de Cali, y también sobre Willington Ortiz y el Deportivo Cali que se enfrentaron con mi equipo en Argentina, así que no lo olvido. Aunque en realidad es muy poco lo que sé de Cali. Ahora que estoy aquí, siento que esta es una ciudad que parece estar al lado del mar, un clima muy costero.

De Colombia he conocido las obras de Fernando Vallejo, de Porfirio Barba Jacob, García Márquez y de los nadaístas, de estos últimos me impresionó mucho que solo en este país se creara toda una escuela literaria bajo el influjo de la marihuana.

¿Por qué abandonó Buenos Aires?

A los 40 tuve mi primera y única hija y, a los 41 mientras dirigía el suplemento cultura Radar en Página 12, que era casi una revista, del mismo tamaño que el periódico, con esta carga exploté. Tuve un coma pancreático y el consejo de los médicos fue que tenía que aprender a parar antes de estar cansado. Así que como la madre de mi hija también quería irse de la ciudad, entonces elegimos un pueblo, Villa Gessell, que queda a una distancia razonable de Buenos Aires (4 horas). Allí estuve casi cinco años en los que no fui a ningún lugar. Fueron los años más bonitos de mi vida, cuidando a mi hija sin ir a Buenos Aires, completamente desconectado del ambiente.

¿Qué opina del periodismo cultural, al que le dedicó varios años en Radar?

Yo siempre tuve una concepción del periodismo cultural como algo sumamente mestizo en varios niveles. Por un lado, para mí el mejor producto cultural es en el que conviven adentro de la revista las distintas artes, como conviven en nuestra vida cotidiana y la idea con Radar era hacer una revista que produjera este efecto y, la clave para mí era el periodismo cultural, porque es un camuflaje para hacer literatura. Los que hacen el mejor periodismo cultural consiguen una tensión y una potencia en la frase, en el lenguaje, que supera ampliamente el registro del periodismo tradicional. Radar fue un suplemento escrito todo por escritores y escritoras, no importa el tema que trataras, se buscaba alcanzar la calidad literaria.

¿Cuál es la clave para volver a tener un periodismo de calidad?

El periodismo impreso está en una etapa que parece de agonía pero, yo creo que es de reformulación hasta que termine de encontrar su lenguaje en las redes sociales. Pero lo que entendíamos antes por periodismo impreso era el diario leído en las mañanas o las revistas que nos parecían tan buenas que las coleccionábamos. Para mí es casi imposible hacer periodismo en papel hoy. El lugar en el que se va a hacer periodismo, y ya está ocurriendo, son las redes.

Mestizaje

¿Por qué considera el mestizaje literario la mejor forma de escritura?

Es una paradoja, cuando empecé a reunir los libros de las contratapas, yo aspiraba a ganar El Premio Nacional de Literatura que en Argentina es una jubilación vitalicia, acá desde que cumplís 60 años te dan mil dólares por mes y con eso vivís. Ese era mi sueño, confiaba en la potencia literaria de esa obra.

Pero, cuando fui a presentarlo pregunté, ¿en qué categoría lo presento? Porque había categoría de novela, ensayo, cuento y poesía, entonces me dijeron, por si las dudas presente una por ensayo y otra por cuento. Al final, los jurados dijeron en una, esto no es ensayo y en la otra dijeron esto no es cuento, así que no me lo dieron.

Nada me gusta más que el mestizaje de géneros, para mí esa es la gran característica de la literatura actual, pero no tengo manera de validarme institucionalmente, solo mis lectores dan prueba de su calidad. Sin embargo, muchos de los mejores libros que se han publicado son híbridos, que mezclan todos los géneros.

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