Y después del conflicto, ¿qué? Esa es le pregunta que se hace Elías Heim en su exposición Fototropismo

Y después del conflicto, ¿qué? Esa es le pregunta que se hace Elías Heim en su exposición Fototropismo

Septiembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa | Editora de GACETA
Y después del conflicto, ¿qué? Esa es le pregunta que se hace Elías Heim en su exposición Fototropismo

Elías Heim expondrá su obra en La Tertulia hasta el 12 de octubre.

¿Qué pasará cuando se acabe la guerra? ¿Cómo será vivir en un entorno pacífico? En ‘Fototropismos’, expuesta en La Tertulia, el artista caleño Elías Heim reflexiona sobre cómo una sociedad es capaz de sobreponerse al trauma.

Imagínese un salón atravesado por delgados rayos láser. Los rayos viajan en todos los sentidos hasta terminar sobre alguna de las paredes, en orificios violentos hechos con arma de fuego. Entonces usted, entre brincos y largas zancadas, intenta llegar al otro lado del salón mientras evita ser tocado por las luces. Pero no puede. En algún punto del camino uno de los rayos lo alcanza. Usted es el blanco. Y de repente lo que parecía ser un juego resulta sobrecogedor. Porque resulta que ese ‘juego cruzado’ -como efectivamente se llama- no es otra cosa que una analogía del fuego cruzado que cientos de sociedades contemporáneas en guerra, como la nuestra, enfrentan día a día. Y la sola idea de estar en el punto de mira del francotirador, quien quiera que este sea, estremece. Justamente esa es una de las reflexiones que el artista caleño Elías Heim explora en su exposición ‘Fototropismos’, que se expone por estos días en el Museo La Tertulia. “Cuando pasas a través del campo minado y los puntos rojos quedan en tu cuerpo, te sientes vulnerado. Es allí cuando esas situaciones violentas que a veces evadimos y de las que no tenemos conciencia, cobran fuerza. Entonces te das a la tarea de reflexionar sobre tu papel en ese contexto”, explica. En el mismo salón, sin embargo, unos árboles frutales parecen sobrevivir, inmunes, a ese ‘campo de batalla’. Son naranjos, grosellos, mandarinos y nísperos que crecen en estanterías metálicas, y cuyas ramas atraviesan sus repisas a través de orificios de nueve milímetros perforados, también, con un arma de fuego. Desde pequeñas, las plantas fueron cubiertas con lienzos negros de tal manera que la única luz que pudieran recibir fuera aquella que pasara por el orificio. Con todo, las plantas se las arreglaron para atravesar ese estrecho espacio. No solo crecieron, las plantas. Florecieron. Han dado frutos. Es lo que se conoce como fototropismo.Elías Heim es un convencido de que este fenómeno de la naturaleza puede dar luces sobre el contexto violento en el que vivimos y sobre un eventual acuerdo de paz porque, dice, se asemeja al concepto de la resiliencia en los humanos, esa capacidad que tenemos para sobreponernos a situaciones adversas. Elías, ¿cómo llega a explorar este fenómeno de la naturaleza en su obra? Lo que yo buscaba inicialmente era hacer una reflexión sobre las generaciones futuras. Sobre cómo se comportarán una vez que no haya conflicto. Es probable que un día alguien se levante y diga, estamos en un estado normal de existencia pacífica entre los individuos. ¿Cómo será eso? Me imaginé que de la noche a la mañana eso no va a ser una felicidad completa, sino que tendremos que vivir con un pasado. Con un luto y un trauma que de todas maneras nos va a acompañar en el desarrollo de esa nueva sociedad.Fue entonces cuando pensé en las estanterías -con las que ya había trabajado en ‘Trümmerfrauen’ (Mujeres de los escombros). Es un elemento burocrático, organizado, relacionado con el poder, con la oficina, muy duro. Y decidí combinarlas con plantas, también presentes en las oficinas. Se me ocurrió casarlos de manera interdependiente. Un elemento rígido que condiciona la forma de otra completamente suave. Así que puse las plantas en las estanterías y las privé de la luz, pero perforé con un arma de fuego unos pequeños huecos en las estanterías por los que solo un hilo de luz podía pasar. Y ese hilo de luz fue guiando a las plantas. Y las plantas crecieron...Sí, es una cosa supremamente emocionante. El fototropismo es una condición que tienen innatos los seres vivos de seguir la luz. Como la hoja rota, por ejemplo, que tiene todos esos huequitos para permitir que las plantas de abajo reciban luz y puedan pasar por allí. Cuando empecé a investigar el fototropismo me pareció una cuestión muy ética y metafísica. Algo que usted compara con el concepto de resiliencia...Sí. Porque las plantas no solo crecieron sino que han dado frutos. Y aquí viene lo importante de la resiliencia y es que uno después del luto, del golpe, del trauma puede surgir. A pesar de haber sufrido aún se puede ser útil a la sociedad.Sorprende que esta obra plantea una mirada mucho más optimista que la de trabajos anteriores suyos como ‘Trümmerfrauen’ o incluso ‘Gulgolet’ donde está tan presente la muerte.No sé. Yo pensaría que mis trabajos de la última década han sido alentadores. Porque en Gulgolet, que mencionas, está la muerte, pero las calaveras se ríen de la muerte. Y digo que mi obra puede ser alentadora porque quiere, de alguna manera, hablar de una cosa que siempre me ha preocupado como artista y es que en un país en conflicto, en donde obviamente los artistas trabajamos con ese problema, hay que tener mucho cuidado con hacer apología. Porque a veces, cuando hablas de la violencia, lo que estás haciendo también de manera subterránea es hacer propaganda del mismo hecho. Y creo que la responsabilidad que nos queda es preguntarnos si queremos seguir haciendo esa propaganda o por el contrario dar una alternativa que puede ser positiva, que propone un aporte. Eso hace parte de mi reflexión hoy. Pero es responsabilidad del artista reflexionar sobre los hechos de su contexto ¿no? Sí, pero hoy la situación en Colombia es distinta y yo creo que el arte siempre debe tener un aspecto profético, visionario, debe ser una actitud nueva. Porque es en el arte donde tienes el campo fantasioso de cómo vislumbras la sociedad. Si te quedas dando vueltas en un mismo tema dándote golpes de pecho de la situación, finalmente lo que pasa es que alimentas subliminalmente ese statu quo. Yo creo que de Gulgolet para acá los trabajos han sido reflexivos hacia esa responsabilidad del artista dentro de la sociedad.La exposición tiene una parte adicional: el ‘salón de los fantasmas’. Unas camas que se encogen y se expanden en medio de un sonido perturbador, una suerte de alarma o pito de escaner policial... Esta parte corresponde a una reflexión mucho más íntima y personal que tiene que ver con un asunto que he trabajado anteriormente: la circuncisión. Por eso también la llamo la sala del trauma. Al entrar a la sala hay una especie de escáner que muestra imágenes de la pared del Museo, que son las capas anteriores, lo que había antes. Hace alusión a querer borrar, a tapar, a hacer de cuenta que no ha pasado nada, que es una actitud casi endémica de las sociedades que quieren sobrevivir.Entre las imágenes que se ven en el escáner está aquella de una obra que alguna vez expuse en el museo, un mural enorme que tiene que ver con un trauma, con esa cicatriz que es la circuncisión. Las flores negras que allí se ven hablan de una herida que permanece oculta, pero que es tan íntima y a la vez colectiva. Entonces de allí las camas. Porque quería reflexionar sobre algo que a mí me ocurre cuando estoy angustiado o tengo alguna situación difícil que afrontar, me acuesto y todo el tiempo me estoy encogiendo porque ese miedo se concentra en la parte lumbar. Pasa un rato y uno siete que se está calmando, y se relaja y se estira, pero luego vuelve el miedo, y así. De ahí que las camas tengan ese mecanismo automático con el que se encogen y se expanden. Se trata de una situación muy solitaria y muy triste la de sentir ese miedo.Esta visión parece menos optimista...Fíjate que no. Aquí mi planteamiento es que si todos estamos viviendo la misma angustia, y particularmente en el tema de la circuncisión que es una cosa gregaria o tribal, si todos tenemos esa misma consecuencia dramática marcada en el cuerpo, por qué no todos al mismo tiempo nos levantamos acompasadamente con esa misma angustia y tratamos de sobrellevarla juntos. Por eso son muchas camas y no solo una. Es un poco hacer social el trauma colectivo, lo que al final es una salida terapéutica. Es compartir ese trauma para salir adelante juntos.

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