Tres razones por las cuales usted no ve todo el cine colombiano que debería ver

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Tres razones por las cuales usted no ve todo el cine colombiano que debería ver

Febrero 04, 2018 - 07:50 a. m. Por:
Por Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
la tierra y la sombra

Fotograma de 'La tierra y la sombra', película del director César Acevedo.

Especiales para El País

Durante diciembre del año pasado, la película más importante del cine colombiano en 2017, ‘Señorita María, la falda de la montaña’, podía verse en algunas salas comerciales de Cali en un horario poco menos que absurdo: a las 12:00 del mediodía, a las 2:00 p.m., y a las 4:00 p.m. La película duró en cartelera algo más de cuatro semanas.

El 24 de agosto de ese mismo año, otro de los documentales colombianos más aplaudidos internacionalmente, ‘Amazona’, había sido estrenado en salas comerciales para permanecer durante dos semanas y desaparecer de las carteleras de Cine Colombia, Royal Films, Cinépolis y demás, el 7 de septiembre.

Este año el turno es para ‘Ciro y yo’, el documental de Miguel Salazar que fue estrenado en cines comerciales el pasado 25 de enero y que, aunque puede verse en horarios que van desde las 11:00 a.m. hasta las 9:00 p.m., solo aparece en dos salas de todas las que hay en la ciudad, una en Cine Colombia y otra en Cinépolis.

Según las cifras de Box Office Mojo, web especializada en taquilla de cine en todo el mundo, ‘Armero’, ‘Señorita María’ y ‘Amazona’, fueron las películas de autor colombianas más taquilleras del 2017.  ‘Armero’ recaudó alrededor de $2.700 millones, mientras que las otras dos no superaron los $600 millones.

Hubo, sin embargo, películas como ‘X-500’ (nominada a mejor película colombiana en los Premios Macondo) o ‘La mujer del animal’, de Víctor Gaviria, o ‘La defensa del dragón’, que representó a Colombia en Cannes, que no alcanzaron a generar $200 millones en taquilla.  De hecho, ‘X-500’, que estuvo en carteleras comerciales durante menos de tres semanas, no llegó a los $50 millones.

Es decir, de las películas independientes estrenadas el año pasado, las únicas que pudieron haber recaudado más del costo de su producción fueron ‘Armero’, ‘Señorita María’ y ‘Amazona’; las demás, en términos administrativos, quedaron en cifras rojas.

¿Por qué el cine colombiano, que ha mostrado una renovación en los últimos años y empieza a tener una presencia cada vez más fuerte y exitosa en festivales de todo el mundo, se ve tan poco en Colombia?

Los exhibidores

El 2017 trajo un récord en el cine nacional: ha sido el año en que mayor número de películas colombianas se han estrenado, con un total de 42. La mala noticia, no obstante, es que el recaudo de la taquilla muy probablemente será inferior al recaudo de las películas colombianas en 2016, cuando según las cifras de Proimágenes, las películas nacionales recaudaron en taquilla un total de $35.369 millones.

La mayor parte, por su puesto, se la llevaron las comedias 'El paseo 4', 'El Coco', 'Agente Ñero Ñero 7', y 'Usted no sabe quién soy yo'. Esas cuatro películas recaudaron alrededor de $30 mil millones, mientras que los $5.369 millones restantes fue recaudado por las otras 36 películas independientes que se estrenaron ese año, entre las cuales estaba ‘Siembra’, ‘Todo comenzó por el fin’, ‘Pariente’, ‘Los nadie’, ‘Jericó, el infinito vuelo de los días’, ‘Saudó’, ‘Oscuro Animal’, ‘Te prometo anarquía’.

Es decir, las comedias colombianas, que no son precisamente cine de autor, se llevan más del 80 % de las ganancias de la taquilla del cine nacional. Lo cual no es negativo, pues muestra un aumento del consumo de cine en el país, pero también manifiesta que el cine de autor aún tiene una audiencia mínima.

Para Ramiro Arbeláez, profesor de la escuela de Comunicación de la Universidad del Valle y académico del cine que hizo parte del Grupo de Cali en el llamado 'Caliwood', uno de los grandes problemas que tiene el cine colombiano independiente es que está compitiendo en condiciones muy desequilibradas con las producciones extranjeras e, incluso, con las taquilleras comedias colombianas.

“A las películas nacionales los exhibidores como Cine Colombia les exigen la misma cantidad de espectadores que a las películas extranjeras para mantenerlas en cartelera, lo cual no es justo. El cine extranjero tiene un aparato gigante para hacer publicidad a las películas, mientras que el cine colombiano recibe muy poca propaganda”, dice Arbeláez.

Ese problema tiene que ver, básicamente, con las políticas de proyección que manejan los grandes exhibidores del país: Cine Colombia, Royal Films, Cinépolis, Cinemark y Procinal. Cada uno de estos exhibidores, como es natural, trabaja bajo la ley de la oferta y la demanda, es decir, las películas que sostienen en cartelera son aquellas que mayor taquilla generan. Y es esa premisa, justamente, la que Arbeláez, y cineastas como Rubén Mendoza (‘Señorita María’) o Natalia Santa (‘La defensa del dragón’), dicen que debería modificarse, al menos para lo que tiene que ver con las películas nacionales de autor.

“No se puede aplicar esa especie de capitalismo salvaje a una cinematografía que está en crecimiento y a unas películas que, repito, no cuentan con la misma publicidad que reciben, incluso en los medios colombianos, las películas extranjeras”, insiste Arbeláez.

Aunque, no se trata tampoco de que los exhibidores se dediquen exclusivamente a mantener durante varios días en cartelera películas colombianas que generen pocos espectadores, lo que se discute es la posibilidad de un apoyo por parte de esas firmas a la hora de generar estrategias de publicidad para los filmes colombianos.

O, incluso, apoyos en cosas tan sencillas como los horarios en los cuales las películas son proyectadas, como el caso de ‘Señorita María’, que -por ejemplo- en Cali proyectó en un teatro VIP y en horarios anteriores a las 4:00 p.m., con una boletería de $15.000 pesos.

“Hay teatros en los cuales las películas colombianas son más vistas y horarios, también, que las benefician más. Pero los exhibidores no tienen eso en cuenta. Solo programan las películas y, si no tienen una buena taquilla, las retiran de las carteleras”, dice Ángela Trejos, productora cinematográfica caleña.

La responsabilidad de ese fenómeno, continúa Trejos, también recae en los productores y directores de las películas, “que no han desarrollado mejores canales de comunicación con los exhibidores para lograr más espectadores en sus películas. Parece que cada quien tira por su lado y eso no beneficia a las producciones nacionales”.

Por otro lado está el tema de las cuotas de cine. La ley de cine colombiana, que es la Ley 814 de 2003, establece la posibilidad de crear cuotas mínimas de proyección de películas colombianas en las salas comerciales de todo el país. Es una política que ha dado resultados en países como Chile, Argentina o México, y que obliga a todas las salas de cine a tener un mínimo de películas nacionales en sus carteleras y, además, por un mínimo de tiempo.

Sin embargo, lo que establece la ley en Colombia es, justamente, una posibilidad. El artículo 18 dice que el “Gobierno Nacional, dentro de los dos (2) últimos meses de cada año y en consulta directa con las condiciones de la realización cinematográfica nacional (…) podrá dictar normas sobre porcentajes mínimos de exhibición de títulos nacionales en las salas de cine o exhibición o en cualquier otro medio de exhibición”.

Desde que se promulgó la ley el Gobierno nunca ha ejercido su facultad de dictar una cuota de pantalla mínima en el país, por tanto, por ahora, los exhibidores no tienen ninguna obligación legal con las producciones nacionales. Tampoco tienen ningún mecanismo propio que incentive el consumo de cine colombiano.


Señorita María

'Señorita María' fue una de las películas independientes colombianas más vistas el año pasado en Colombia.

Especiales para El País

Las dificultades para la promoción

“Las películas colombianas llegan a instancias de publicidad con muy poco dinero, y eso hace que de muchas de ellas ni siquiera se sepa en los medios de comunicación”, dice Natalia Santa, directora de ‘La defensa del dragón’.

La que podría denominarse ‘nueva ola del cine colombiano’, en la que se inscriben películas como ‘El abrazo de la serpiente’, ‘La tierra y la sombra’, ‘Señorita María’, ‘Amazona’, ‘Los nadie’, ‘Que viva la música’, ‘La sirga’, ‘Los colores de la montaña’, ‘Los viajes del viento’, ha sido posible, entre otras cosas, a la aparición del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, FDC, creado con la ley de cine.

Ese fondo, que entrega estímulos anuales por más de $9.000 millones para la realización de proyectos cinematográficos en el país, contempla dentro de sus categorías un monto para lo que se conoce como promoción de películas, que reciben automáticamente los filmes colombianas terminados que cumplan con una serie de requisitos que impone el FDC. Ese estímulo, que puede ser para pagar pautas en radio, televisión, periódicos y para la elaboración de materiales gráficos, no supera los $50 millones, dinero que, para todo el trabajo de publicidad que requiere una película, es relativamente bajo.

De modo que no es extraño que la mayor parte de las películas tengan muy poca figuración en los medios de comunicación y no capten la audiencia deseada.

Un caso que resulta particular para ilustrar lo anterior, es el de la película 'Pariente', que fue ganadora de varios premios Macondo, entre ellos a mejor película colombiana del 2017 y, además, preseleccionada para representar a Colombia en los Óscar 2018.

En 2016 esa película, según cifras de Proimágenes, tuvo una taquilla de 8.835 espectadores y generó apenas $71 millones. La película estuvo en carteleras de cines comerciales por menos de dos semanas en octubre de 2016. En esta situación, los festivales internacionales de cine se han convertido en el mejor mecanismo para la promoción de las películas colombianas, como fue el caso de ‘El abrazo de la Serpiente’, estrenada en mayo de 2015 con baja taquilla, que fue puesta de nuevo en cartelera en 2016 gracias a su nominación a mejor película extranjera en los Óscar de ese año, y terminó por recaudar más de $2.900 millones.

Algo semejante ocurrió con ‘La tierra y la sombra’, del director caleño César Acevedo, que se estrenó en julio de 2015 luego de que haber ganado la Cámara de Oro en el Festival de Cine de Cannes, y que logró llevar a cine a 54.000 espectadores y ganancias por $468 millones.
El asunto es, por supuesto, que no todas las películas ganan en los más reconocidos festivales internacionales.

Los circuitos independientes
A pesar de las dificultades, lo cierto es que el número de espectadores para el cine colombiano ha venido creciendo en los últimos cuatro años y ese ascenso se explica, en parte, gracias a los circuitos independientes para la exhibición.

En Colombia, según datos de Proimágenes, en 2016 se registraron 4.791.703 espectadores de cine nacional, de los cuales el 36 % corresponde a Bogotá, 9 % a Cali y 5 % a Medellín. El porcentaje restante se dio en el resto del país; es decir, Bogotá, Cali y Medellín, son las ciudades en donde más cine colombiano se consume.

Es comprensible que Bogotá se encuentre a la cabeza no solo por tener una mayor población, sino también porque es la ciudad que tiene mayor número de salas alternas en las cuales la programación predominante es de cine independiente, no solo colombiano, sino de todo el mundo.
En esa ciudad la Universidad Central tiene 3 salas, y Cine Tonalá e Idartes tienen dos salas, respectivamente. Medellín tiene 3 salas independientes mientras que Cali solo tiene una, que es la Cinemateca del Museo La Tertulia.

Para Luisa González, jefe de comunicaciones del Museo y miembro del comité curatorial de la cinemateca, la importancia de estas salas para el cine colombiano es esencial, pues son estas en donde las películas nacionales adquieren mayor importancia.

“En la Cinemateca, por ejemplo, nosotros hacemos una labor de ‘apadrinar’ las películas haciéndoles un trabajo de publicidad a través de medios digitales e impresos y eso es muy importante para aumentar el número de espectadores. Y muchas películas tuvieron en 2016 una mejor taquilla en la Cinemateca que en las salas comerciales, por varias razones”, dice González.

Entre esas razones se encuentra el hecho de que la boletería suele ser más barata que en las salas comerciales, además de que los horarios permiten una mayor afluencia y, por otro lado, el hecho de que espacios como la Cinemateca estén concebidos justamente para presentar el cine que tiene menos espacio en las salas comerciales.

“La gente viene a la Cinemateca, porque sabe que puede encontrar lo que las salas de los centros comerciales no les ofrece, o les ofrece en horarios imposibles para ellos”.

Lo que resulta sorprendente es que a pesar de que Cali solo tenga una sala independiente, registre un número mayor de espectadores para películas colombianas que Medellín, por ejemplo, una ciudad que no solo tiene mayor población, sino una mejor infraestructura de cines independientes.

Para Ramiro Arbeláez, esa circunstancia lo que denota es algo muy particular. “En Cali, y yo creo que en el país entero, la gente cada vez está pidiendo más cine nacional, porque las películas son cada vez mejores. Pero los grandes exhibidores no están sabiendo aprovechar ese nicho de negocio, no tienen estrategias para atraer a todo ese público. El público está creciendo y pidiendo películas colombianas, pero quienes se encargan de exhibirlas parecen no enterarse de eso”.

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“Siempre apoyamos el cine nacional”

Munir Falah, presidente de Cine Colombia, afirmó que la empresa tiene varias estrategias para fortalecer el consumo de cine nacional en el país. “Nosotros hacemos un estudio de ‘target’ para películas como ‘Señorita María’, porque son trabajos que necesitan una publicidad especial. Por eso ponemos películas como esa y como ‘Ciro y yo’, en horarios especiales y en salas especiales”. Asimismo, dijo que el cambio de las películas no lo decide Cine Colombia, sino que lo decide el “el mismo público cuando asiste y cuando no asiste a una determinada película”.

Falah concluyó que el cine colombiano ya debe “aprender a defenderse solo”  y no depender de los incentivos del sector privado.

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