'Oscuro animal', la película que narra el drama de las mujeres desplazadas

'Oscuro animal', la película que narra el drama de las mujeres desplazadas

Septiembre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Por Claudia Rojas Arbeláez* / Especial para Gaceta

'Oscuro animal', ópera prima del caleño Felipe Guerrero, nos permite observar de cerca un conflicto que hasta ahora solo vislumbramos de lejos.

Emociona encontrarse una película como estas.  Claro, no deja de ser paradójico emocionarse con una producción que nos compromete con el infortunio de algunos cuya suerte fue echada por otros.  Imposible salir igual después de ver esta película, como imposible no pensar que  no es una historia salida solo de la cabeza de un escritor.  Es una realidad. 

Se trata de ‘Oscuro animal’, la ópera prima del caleño Felipe Guerrero, que llega a  cartelera después de un largo recorrido por los festivales  del planeta, donde cosechó  merecidos premios.   

Como sucede en estos casos, lo anterior bien podría ser argumento suficiente para verla, pero no solo de premios vive el cine sino de motivos y de voces.  Y aquí tenemos una película de ficción que emerge no solo con la audacia de asumir un tema afilado, que muchos han explorado de otras maneras, sino también con la voz de un autor que se adentra en la intimidad femenina en medio de un conflicto.  Pero aquí no hay un manoseo irrespetuoso, tampoco es una denuncia amarillista, tampoco un melodrama maniqueo.    

 ‘Oscuro animal’ nos propone una película que desarrolla los dramas de tres mujeres en diferentes momentos.  Ninguna de ellas vive las consecuencias de sus decisiones, tan solo viven la vida que les tocó y, cuando las conocemos, el tiempo de las preguntas sin respuestas ya pasó.  Los reclamos se han silenciado, las lágrimas se han secado y en su presente solo hay un rastro seco,  una mirada ausente y un silencio prolongado que no reconoce un fin.  

¿Hablar para qué?  Después de todo no tienen nada qué decir, ya otros han tomado sus vidas y sus voces como propias y ahora todo lo que digan no sirve de nada.  Esta propuesta de construir una película sin diálogos, teniendo solo la música y el entorno como únicos referentes sonoros nos adentra en un universo que no conocemos y sobre el que muchos especulan.  

De esta manera conocemos tres de los roles que las mujeres han ejercido en el campo en medio de la guerra del sinsentido.  Aquí no hay nombres, tampoco risas,  complicidades o magia, solo soledades y una voz silente que les dice que no debe ser así.   Hoy son ellas, antes fueron otras que también cumplieron su mismo papel y después vendrán otras que lo ejecutarán de la misma manera, que también se harán preguntas que tampoco nadie contestará.  

Tres edades distintas, tres etapas femeninas que deberían estar llenas de descubrimientos y satisfacciones, pero que no lo están.  Una madre de familia que al regresar a su casa solo encuentra el rastro de la desgracia, su pueblo ha sido arrasado y solo ella ha quedado.  

Una joven que todavía juega con muñecas pero que ya es la esclava de un hombre que la toma a su antojo y después la ignora como siempre.  Y una mujer adulta que vive a merced de un hombre que la ofrece como mercancía y mano de obra según le convenga.   

Un rol, en el monte, en medio de la guerra las mujeres solo sirven para dos cosas. Una es para cocinar, la otra es para ser alimento. Por eso su lugar puede ser ocupado por cualquiera que, sin importar su nombre, sirva para lo mismo.

Esta realidad femenina no podría ser peor, sin embargo Guerrero no se aprovecha de la miseria, al contrario la evita y centra su atención en la dignidad del que  se mantiene en pie.  Por eso la importancia del momento dramático que escoge, partiendo del fondo del abismo donde estas mujeres han llegado no por decisión, pero allí están: solas, usadas, perdidas. 

Solo quien muta, se arriesga y salta al vacío sobrevive, dejando atrás el horror de su desgracia y llevando sobre sí la mirada y la zozobra del animal que las acechas.  Las pisadas de una bestia cuya sombra las cobija y no les permite alejarse de sus dominios.  Pero ellas, sabiendo que su vida va en juego, huyen caminan, se esconden y persisten a través de la mirada cinematográfica de un director empoderado y conocedor de lo que narra.  En este juego  visual de descubrir a sus protagonistas prima una puesta en escena natural y reservada con la fotografía del argentino Fernando Locket.  

Aquí no importa el tiempo de espera, porque en cada plano hay una historia, un momento, un mundo y una decisión.   Y aquí la experiencia que Felipe Guerrero ha tenido como montajista de muchos largometrajes 

nacionales e internacionales,  pesa y complementa su guion y dirección, otorgándole a la producción un tiempo justo. Él, que tiene en su haber varios cortometrajes como ‘Paraíso’ y ‘Corta’, explora el tiempo extendido y la ficción dando como resultado una producción que ha sido muy bien recibida en los escenarios donde se ha presentado.   Es fácil entender por qué. 

Por su historia y su narración,  ‘Oscuro animal’ es una película que no podría haber resultado más necesaria, no solo por el momento histórico en el que se nos presenta sino por su forma misma.   Las actuaciones de Marleyda Soto, Jocelyn Meneses y Luisa Vides sostienen una historia que habla de mujeres y solidaridad, de comienzo y olvido, de muerte y de vida.  

*Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. @kayarojas

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