"No escribo para mujeres, escribo para todo el mundo": María Dueñas

"No escribo para mujeres, escribo para todo el mundo": María Dueñas

Agosto 19, 2018 - 05:01 p.m. Por:
Paola Guevara / Editora de Gaceta
María Dueñas

María Dueñas, escritora española.

Cortesía para El País

La escritora española María Dueñas, quien dejó una larga carrera como académica tras el éxito inusitado de su novela ‘El tiempo entre costuras’, convertida luego en una serie de Netflix, nos presenta ahora una de las novelas del año: ‘Las hijas del Capitán’.
Allí explora, a través de tres hermanas, el drama de las familias españolas que migraron a Nueva York a comienzos del siglo XX para hacer fortuna, pero que luego no pudieron regresar a su país, destrozado por la Guerra Civil.

Sobre ser mujer en la escritura, sobre su proceso creativo y su relación con la crítica y los lectores de sus novelas, habló de forma generosa con Gaceta.

¿Cómo es escribir una novela sobre mujeres, en un momento atravesado por los discursos de reivindicación femenina? ¿Se espera algo extra de usted por el hecho de ser mujer?

Todos estos movimientos reivindicativos se me han cruzado, porque yo ya llevaba dos años trabajando la novela cuando todo esto empezó a emerger, y hay algunas cosas dentro de la novela que tienen relación con los abusos de los representantes artísticos, y me daba un poco de miedo dar la impresión de ser oportunista, de querer aprovecharme de ese momento para decir “ahora yo lo llevo a mi novela y vendo más libros”.
No quería eso en absoluto, pero tampoco nadie me puede tachar de aprovecharme de eso porque llevo escribiendo con mirada de mujer y a través de ojos de mujeres desde que comencé en este mundo y lo hago con toda la naturalidad posible, porque mi posición en el mundo es de mujer.

Lo que no me gusta es que automáticamente alguien piense que por el hecho de ser mujer y escribir sobre mujeres se asuma que mis libros van exclusivamente destinados a mujeres, pero eso es algo que ocurre constantemente.

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¿Le ocurre que piensen “ella escribe para mujeres”?

Pasa. Pasa mucho en España. En el resto de los países, menos. En España sí que tenemos esa apreciación. Toda la vida los hombres han escrito sobre hombres y mujeres, y los hemos leído hombres y mujeres, y ahora cuando hay un movimiento más activo de mujeres escribiendo, no solo sobre mujeres pero sin negarnos a ocultarlo, quedan esos prejuicios por quitar: el pensar que escribimos para mujeres es lo que más me molesta y me duele. Es con lo que tengo que convivir pero por lo que más peleo, por conseguir que no sea así. No escribo para mujeres, escribo para todo el mundo.

Es verdad que me leen más mujeres porque las mujeres leemos más, y porque hay una complicidad natural, pero no en exclusiva.

¿En América Latina percibe algo distinto?

Mis pasos aquí son más esporádicos y a lo mejor no me da tiempo de ver la situación de fondo. Como en España estoy de forma permanente y voy a muchos sitios distintos, pues lo noto en la prensa cultural y en la crítica, no solamente en los lectores de a pie. Es que el ambiente alrededor fomenta eso también.

"Me hace mucha gracia, porque vienen hombres a verme y me dicen: ‘Yo no tenía ningún interés en leer tu libro, yo creía que esos eran libros de mujeres, pero mi mujer me insistió y lo leí, y me di cuenta de que eran para todos’. ¡Pero por favor! Eso me ocurre mucho...",
María Dueñas,
escritora española.

¿Por qué la crítica? ¿Hay un sesgo?

Sesgo, sí, sí, “esta señora escribe para señoras”, y la vamos a analizar desde ese punto de vista. Y también vende mucho y la vamos a analizar desde ese punto de vista, partimos de que es una escritora ‘bestseller’, con lo cual su calidad literaria es cuestionable...

Entonces no solamente hay que luchar contra el sesgo de género sino contra el hecho de vender, ¿se presume que hay algo raro allí?

Sí, sí, sí, que la calidad literaria es dudosa...

E inversamente proporcional al número de ventas...

(Risas) Sí, casi que sí, es triste, es así y debes convivir con eso y yo lo hablo cada vez que puedo. Pero ese es solo un sector. Luego hay una actitud de la mayoría de lectores, hombres y mujeres, que es cálida, que es positiva, constructiva, cariñosa, y es con lo que me quedo. Pero de vez en cuando te dan ganas de sacar lo otro también.

El tiempo entre costuras María Dueñas

Imagen de ‘El tiempo entre costuras’ -sobre una espía española que se amparaba en la modistería para hacer su trabajo- en su adaptación a televisión, que se puede ver en la plataforma de Netflix.

Cortesía para El País

Hablemos sobre su más reciente novela, ‘Las hijas del Capitán’, que se sitúa en la Nueva York de los años 20. ¿Cómo hizo ese viaje al pasado y qué fuentes investigó para reconstruir de forma creíble la ciudad?

Yo tenía intención de irme al pasado de los inmigrantes, entonces utilicé todas las fuentes posibles. Para mí, la documentación es esencial. Quizá porque vengo del mundo académico, siempre quiero dotar a mis historias de unos cimientos de verosimilitud que consigo gracias a la documentación.

Entonces para esta obra, en concreto, toco todas las puertas posibles y establezco todos los contactos posibles. Logro la complicidad de grandes investigadores, prácticamente los únicos investigadores que llevan 10 años trabajando sobre la presencia de la España inmigrante en los Estados Unidos: un profesor de la Universidad de New York, James Fernández, descendiente de españoles, y el otro es un asturiano vinculado a la migración. Ellos hicieron un libro de fotografías comentadas que se llama ‘Invisible Inmigrants’, y tienen un archivo enorme, ellos sí que han tendido puentes y recuperando historias, les dije que quería escribir una novela y me han ayudado muchísimo, han sido mis camaradas de viaje.

El cine y la literatura han contado muy bien a los inmigrantes italianos, irlandeses y británicos en los Estados Unidos, pero, ¿qué particularidad tuvo la migración española?

En primer lugar, que era muy desconocida, porque se asimiló muy bien, aunque su idea inicial no era asimilarse. Esos inmigrantes de las primeras décadas del siglo XX, antes de la Guerra Civil, venían de una España empobrecida, atrasada, y hay oleadas de inmigrantes que cruzan el Atlántico y van a Argentina, el gran país receptor; algo a Brasil, algo a Uruguay, algo a Cuba. Y hubo un contingente que fue a los Estados Unidos, pero sabemos muy poco sobre ellos en España.

El tiempo entre costuras María Dueñas

'El tiempo entre costuras’, serie en Netflix de María Dueñas.

Cortesía para El País

¿Por qué se sabe tan poco?

Muchos se extendieron por el país y se fueron quedando en distintos sitios. Los vascos han estudiado qué pasó con los vascos, los gallegos saben de los gallegos, los valencianos también, pero nos falta una narrativa colectiva de los españoles yendo a todas partes, que es lo que están haciendo estos investigadores. Entonces la característica de estos inmigrantes es que no iban con la idea de quedarse en el nuevo mundo, construir una familia y quedarse. Querían trabajar, ‘deslomarse’ todo lo que pudieran, y volver.

¿Y por qué esos españoles migrantes terminaron por quedarse en Estados Unidos?


Sus sueños eran de muy poco recorrido, ellos querían ahorrar, volver, comprar una tierrita, comprar un pequeño negocio en el pueblo, en el barrio, y lo que pasa es que era gente que venía de una España muy atrasada, que apenas tenía agua en las casas, no había electricidad, muchos venían de ser jornaleros del campo y estaban acostumbrados a trabajar mucho. He hablado con los descendientes y con protagonistas que aún están vivos, me han invitado a comer, han llorado conmigo, y ellos cuentan que sus padres enganchaban un trabajo con otro y hacían todo lo que fuera para ahorrar y volver.

¿Qué la sorprendió más de esas historias de migrantes?

Me decía una señora con la que hablé: mis padres no sabían ni leer la hora, pero como buenos proletarios ellos estaban muy comprometidos con la República española, y cuando estalla la guerra, las asociaciones regionales que tenían se ponen muy activamente del bando de la República, recogiendo donativos, mandan dinero a España. Cuando pierden la guerra ven que ya no pueden volver, porque España ha quedado devastada. Era pobre cuando la dejaron, pero ahora estaba devastada.

¿Cuál es la huella emocional que deja la imposibilidad del retorno a la patria?

Ellos se quedaron con el corazón partido para siempre, pero por otro lado, como era gente con mucho coraje, dijeron “tenemos que sobrevivir”, y lo hicieron con alegría, con optimismo, nunca olvidaron lo que tenían, les enseñaron a sus hijos y sus nietos ese orgullo español. Podían venir de unos pueblos que no tenían nada, pero a sus hijos les mostraban aquello como la gran maravilla, y lo hicieron bien. Educaron a sus hijos muy bien. Esa gente que no sabía ni leer la hora, llevó a sus hijos a la universidad.

Dieron un salto cuántico...

¡Absolutamente! Se empeñaron en que sus hijos no tuvieran que trabajar como mulas. Es una historia admirable de tesón, de fuerza, de voluntad, me parece que merecía un reconocimeinto.

¿Por qué contar la historia a través de tres hermanas?

Porque en mi libro anterior el protagonista era un indiano (español que emigró a América) de principios del siglo XX. Los indianos venían a América siendo muy pobres, se enriquecían y volvían a España muy cambiados, y muy ostentosos.

Los ricos del pueblo...

Exactamente. Les llamaban indianos porque venían a las indias y se enriquecían, tenían grandes casas, eran generosos en algunas cosas, daban trabajo pero eran un poco arrogantes. Entonces mi personaje es un indiano y leí mucho sobre los fenómenos migratorios de España a América. Me di cuenta de que la historia estaba contada desde el punto de visa de los hombres.

¿Y las mujeres?

Eran muchas las mujeres que venían con ellos. Esposas. A veces los indianos iban a su pueblo para elegir una novia y volvían a los Estados Unidos. Y se las llevaban, a veces eran sus primas, o sus vecinas, las madres les decían, “llévatela”. Entonces me interesaba que ellas tuvieran un papel prioritario en esta novela. Es verdad que mis personajes son jóvenes mujeres que migran obligadas por el padre, pero él muere al principio de la historia y son ellas las verdaderas protagonistas.

¿Cuáles fueron las capas de escritura de esta novela?

Varias, varias. Yo quería que hubiera una acción narrativa ágil, que pasaran muchas cosas, que los lectores se vieran envueltos en una acción que les obligara a seguir leyendo sin parar. Abajo, yo quería la capa de la inmigración, el movimiento migratorio con datos concretos, qué negocios había, a qué sociedades pertenecían. Pero también quería que estuvieran presentes las sensaciones de los inmigrantes, la sensación de desarraigo, la solidaridad de ellos, la incertidumbre ante el presente, saber si iban o no a volver.

El tiempo entre costuras María Dueñas

Imagen de ‘El tiempo entre costuras’.

Cortesía para El País

¿Hay guiños a personajes reales?

Siempre con pozos de realidad. Hablo de un músico catalán que triunfó llevando la música cubana a Nueva York, como precursor de los ritmos latinos. También hablo de Gardel y su accidente en Medellín y cómo sus huesos llegan a Nueva York. Porque quedó medio achicarrado, lo enterraron en Medellín y unos meses después decidieron llevar los restos a Buenos Aires, porque la madre los quería, y el problema es: ¿Cómo los llevas de Medellín a Buenos Aires? Y como no existían vuelos, porque eran los años 30, sacan los restos por el Pacífico, los llevan a Panamá y luego no sé por qué razón en vez de bajarlos los suben a Nueva York.

¿Y qué pasó con el cuerpo de Gardel allí?

Las autoridades neoyorquinas preguntan qué es eso de andar con unos restos de arriba abajo y dicen que hay que pasar algunos controles higiénicos y sanitarios, y el cuerpo se queda una semana. Gardel había sido un ídolo de la comunidad latina y española, es el ídolo de la colonia, y todos van a velar sus huesos. Uso esa anécdota para que uno de mis personajes quiera ser un segundo Gardel. Refleja los ídolos de la comunidad hispana del momento y cómo había ese sentimiento de unidad al final en todas las colonias hispanas.

¿Había un sentimiento de hermandad colectivo en torno a la lengua hispana, así provinieran de diferentes países?

En España hay regionalidad, pero fuera de tu bando está el bando del idioma, junto con el peruano, el colombiano, etc. Había un círculo valenciano, pero luego la nacional española, pero luego había convivencia entre todos, un sentimiento de hermandad y colectividad. En los ‘night clubs’ de la época ves que los espectáculos ofecían flamenco, tango, rumba, corridos mexicanos. Da idea de esos gustos compartidos.

¿Cómo logró autocontenerse para no explayarse en narrar un tema tan amplio como la migración?

Obligándome (risas). La fase de documentación me apasiona y me cuesta renunciar a ella, una cosa me lleva a otra, encargo un libro descatalogado y me debo obligar a decir “para, esta no es tu guerra”, pero se me cruzaban mil cosas, hay miles de posibles novelas adentro. Yo sola me decía “fuera, poque no acabo nunca o me salen 14.000 páginas”.

¿Una novela es fuente de muchas otras novelas?

Absolutamente, yo no paro de cecir que quien quiera ideas que venga, se las regalo, porque con cada novela me salen ideas para 10 más. No puedes escribirlo todo. Ojalá.

¿Cómo fue dejar la faceta académica?

Dejé la universidad tras ‘El tiempo entre costuras’, no podía llevar las dos cosas a la vez, la academia era muy ortopédica e inflexible, no me permitía elegir horarios y vi que no podía con las dos cosas. ‘El tiempo entre costuras’ no paraba de crecer y yo llevaba 20 años en la vida universitaria.

Tuvo que ser difícil dejarlo...

(Risas) Noooo, ¡fue facilísimo! Fue un año duro porque el éxito del libro fue impensado, no me lo podía imaginar, ni yo, ni mi editorial, ni nadie, salimos con una edición pequeñita, no me conocía nadie, nada, fue un éxito de contagio personal, boca oreja, y fue un año espantoso, tenía la ayuda de mis compañeros pero no podía llevar las dos cosas a la vez. No podía dejar caer el libro tampoco.

Esa trayectoria académica le aportó el rigor investigativo...

Me ha ayudado mucho, me dio el rigor que requiere la escritura, y luego muchos hábitos. Yo ya estaba acostumbrada al trabajo en soledad, delante del teclado. Puedo pasar 12 horas trabajando en mi estudio, y lo he hecho en circunstancias mucho peores, con temas muy áridos. Con una tesis doctoral y embarazada. Ahora es un lujo cómo puedo hacerlo.

¿Cómo fue ver su novela ‘El tiempo entre costuras’ en televisión y en una plataforma global como Netflix?

Fue muy emotivo, estuve al tanto de todo el proyecto. Muchas veces fue un tire y afloje, constructivo siempre, todos teníamos el mismo objetivo: hacerlo lo mejor posible. A veces no coincidíamos y cada uno peleaba lo suyo; ellos cedían, cedía yo. Ahora vamos a hacer ‘La templanza’, mi segunda novela, en principio con Antena 3 y ellos lo venden a Netflix.
Había días en que me decía “esta gente me debe odiar”, estaba sola contra ellos en todos lo flancos, pero fueron respetuosos, me informaron de todo, fui al rodaje a verles, me presentaban a los actores, estuve cerca. Normalmente nadie queda contento. Pero yo sí.

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