Los verdaderos cambios psicológicos que son consecuencias de la adicción al 'smartphone'

Los verdaderos cambios psicológicos que son consecuencias de la adicción al 'smartphone'

Agosto 26, 2018 - 10:07 p.m. Por:
 Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
uso de smartphones

Los 'iGen', según la psicóloga estadounidense Jean M. Twenge, son los nacidos después de 1995 que desde su infancia han tenido acceso constante a las tecnologías informáticas.

EFE

Mariana tiene 13 años, un smartphone de última generación, un computador portátil y una tablet. Su hermana de cinco años tiene su propio smartphone y su hermano de 16 también, además de su propio computador de escritorio. Su mamá, por otro lado, prefiere tener lo que ella llama un celular “sencillito”, que sirve para hacer y recibir llamadas y mensajes de texto, y también para jugar ‘snake’.

En suma, en la casa de Mariana, que vive en un barrio clase media de la ciudad, hay dos computadores, tres smartphones, una tablet y un celular de gama baja. La posibilidad de que en una sola casa existieran más aparatos electrónicos que personas era, hace unos diez años, un exceso completamente absurdo en Colombia. Hoy es normal.

Mariana dice que usa su teléfono - un Samsung Galaxy Neo, una edición especial que salió al mercado solo durante diciembre del año pasado- tal vez unas seis horas al día, aunque es probable que el cálculo sea mayor, mientras que su hermano Felipe prefiere jugar en línea en el computador de mesa o en su Play Station, un número de horas semejante al de Mariana. Quien menos utiliza el teléfono es la hermana menor, Camila, que lo usa tal vez unas tres horas al día, dice Mariana, porque prefiere ver series de Netflix. Tiene 5 años y está enganchada con ‘Stranger things’.

¿Qué hace tanto tiempo conectada a su smartphone?, le pregunto a Mariana. Me dice que ojea Instagram, Facebook no tanto, que usa aplicaciones de entretenimiento puro como Musica.ly para realizar videos de karaoke en los que puede modificar su rostro y agregarle íconos a la imagen, pero sobre todo miras los videos de sus youtubers favoritos: Sebastián Villalobos y Kika Nieto.

¿Qué pasa cuando ya has visto todos los videos que tus youtubers favoritos han subido?, pregunto. Ella responde que repite los que más divertidos le parece o que entonces va Instagram o chatea con sus amigos por Whatsapp.

Es bastante extraño. Mariana admite que puede chatear con una amiga durante horas y hacerlo varios días a la semana, y pasar varias semanas sin verla físicamente. Está acostumbrada a tener contacto virtual con sus amigos. Lo que hace el asunto aún más extraño es que la mayor parte de sus amigos viven en su mismo barrio, a menos de cinco minutos caminando.

¿Qué tanto tiempo podrías pasar sin el celular? -Pregunto.
- No sé, lo llevo para todos partes, incluso duermo con él -dice y sonríe. Es que no me gusta estar sin el celular y sin wi-fi -agrega.
- Y no te hace falta salir a la calle, hacer algo, ir a un centro comercial, no sé, verte con tus amigos...
- Un poco, pero pues bueno, siempre me entretengo con mi celular.

Mariana ha pasado la mayor parte de estas vacaciones en su casa. Se inscribió a clases de natación pero solo fue a dos sesiones, porque la piscina está un poco lejos, e igual no le motiva tanto. El médico le dijo que debía aumentar su actividad física, hacer más deporte, para que evite una tendencia hereditaria a subir de peso.

Sin embargo, Mariana admite que prefiere quedarse en su casa conectada a su smartphone. En el otro cuarto, su hermano Felipe, que ya terminó el colegio y espera para presentarse el próximo semestre a la universidad, juega partidas online de Fifa 2017 en su Play Station y Camila, la de cinco, ve Netflix o videos de Peppa Pig en su teléfono.
Su madre, mujer cabeza de familia, quien trabaja de modo independiente, dice que no tiene muchos problemas con eso. Que finalmente, no tiene que preocuparse porque estén fuera de casa.

***
Lo que sucede con Mariana, Camila y Felipe, sus hábitos de consumo de tecnologías electrónicas y sus comportamientos respecto a sus smartphones y computadores, lo explica la doctora en psicología estadounidense Jean M. Twenge en un libro publicado el año pasado que lleva por nombre 'iGen: por qué los superconectados chicos de hoy crecen menos felices y menos preparados para la adultez’, en el que se estudia el comportamiento de la generación de adolescentes y niños nacidos entre 1995 y 2007.

Twenge, profesora de la Universidad de San Diego y quien durante más de 20 años se ha dedicado a estudiar las características de las generaciones de la segunda mitad del siglo XX, llama a los nacidos durante ese periodo los ‘iGen’, en referencia al uso del iPhone o el iPad y de los smartphones en general, que es una de las características propias de esa generación. Son una generación que (aunque tiene algunas semejanzas con los llamados ‘Millenials’) tiene rasgos de comportamiento diferentes.

Y uno de esos rasgos es que los ‘iGen’ nacieron inmersos en la tecnología de los smartphones y en las redes sociales, y que ha desarrollado, como mayor fuente de entretenimiento e incluso de sentido vital, el uso de su smartphone para conectarse a redes sociales como Instagram, Facebook, Twitter, Snapchat, Youtube, etcétera.

“Los Millenials también crecieron con la web, pero esta no estuvo presente en sus vidas desde siempre, ni a su alcance todo el tiempo, día y noche. Los miembros más viejos de los iGen eran preadolescentes cuando el iPhone fue introducido al mercado, en 2007, y estudiantes de secundaria cuando el iPad entró a escena, en 2010”, escribió Twenge en un artículo que resume su libro para el portal The Atlantic, de Estados Unidos.

Pero, ¿qué efectos tiene para la vida de los iGens haber nacido, justamente, en una época en la que es natural tener acceso todo el tiempo a la web y en la que las redes sociales se han convertido en un elemento fundamental del mundo desde todos sus puntos de vista?

A pesar de que se ha dicho demasiado sobre el impacto que tiene la exposición constante de las personas a las pantallas de sus celulares, en su capacidad para permanecer concentrados, el estudio de Twenge parte de la hipótesis de que los verdaderos efectos del uso de dispositivos electrónicos por parte de los iGens no se han estudiado completamente.

“El impacto de estos aparatos no ha sido totalmente apreciado, y va mucho más allá de las preocupaciones usuales sobre los efectos en la atención. La llegada de los smartphones ha cambiado radicalmente todos los aspectos de la vida de los adolescentes, desde la naturaleza de sus interacciones sociales hasta su salud mental. Estos cambios han afectado a la gente joven en todas las esquinas del país y en todos los estratos sociales. Las tendencias aparecen entre adolescentes ricos y pobres, pertenecientes a todas las etnias; en ciudades, suburbios, pequeños pueblos. En donde existan antenas para señal de teléfonos celulares, hay adolescentes viviendo sus vidas en sus smartphones”, señala Twenge.

Las buenas noticias
Aunque no lo parezca,  hay buenas noticias, según explica Twenge.

Entre los hábitos característicos de los iGen, que además los diferencian de sus antecesores los ‘Millenials’, está que los adolescentes iGen son una generación en la que ha aumentado el tiempo que permanecen en casa.

Sí, contrario a lo que sucedía con los adolescentes ‘Millenials’ y mucho más con los ‘Baby Boomers’ -nacidos antes de la década de los 80-, que siempre estaban buscando independencia individual saliendo con sus amigos, pasando tiempo fuera de casa e incluso tratando de independizarse de sus padres a edades tempranas, los ‘iGen’ prefieren pasar su tiempo libre en sus cuartos a salir con sus amigos a centros comerciales, a cines o a fiestas.

Una de las características de la llamada ‘Generación X’, de los nacidos durante la década de los 80, fue su deseo de tener interacciones sociales que los alejaran cada vez más de sus padres.

“Mis amigos y yo siempre soñamos con tener nuestra licencia de conducción a los 16 años, y hacíamos citas para usar nuestra nueva libertad escapando a zonas lejanas de la ciudad. Cuando nuestros padres nos preguntaban ‘¿Cuándo regresas?’, nosotros respondíamos ‘¿Cuándo tengo que hacerlo?’. Pero los adolescentes de hoy en día son cada vez menos dados a salir de sus casas sin sus padres y, de hecho, los que cursaban grado 11 en 2015 salían menos que los que cursaban grado octavo en 2009, un cambio que es realmente sorprendente”, dice Twenge.


uso de smartphones

El uso constante de smartphones está asociado a comportamientos radicalmente diferentes entre la generación de los 'Millenials' y los 'iGen'.

EFE

Ese solo cambio de hábito trajo consigo una serie de variaciones mucho más interesantes. Hoy en día, dice la autora, los adolescentes son menos proclives a fumar, a tomar alcohol, inician su vida sexual mucho más tardíamente y están menos expuestos a accidentes.una consecuencia natural del hecho de que prefieran permanecer más tiempo en casa: tienen menos interacciones sociales que los incitarían tanto a fumar o a consumir alcohol y, también, menos interacciones sentimentales.

“El adolescente promedio hoy tiene sexo por primera vez cuando se encuentra en grado once, un año más tarde que el adolescente promedio de la Generación X. Y menos adolescentes teniendo sexo ha contribuido a lo que muchos ven como una tendencia positiva en la juventud en años recientes: la prevalencia de embarazos adolescentes ha alcanzado sus más bajos índices desde que alcanzó su pico en 1991”, sostiene el estudio de la estadounidense.

Y agrega: “Entre un rango de comportamientos -beber, tener citas, pasar tiempo sin supervisión- los adolescentes de 18 años en la actualidad actúan más como los que tenían 15 años a principios de siglo, y los que tienen 15 años en la actualidad, actúan más como los que tenían 13 en la década del 2000 (...) El tiempo que los adolescentes de principios de siglo gastaban en actividades como clubes de estudio, deportes y ejercicio ha cambiado en los años recientes. Los adolescentes en la actualidad viven su vida social a través de sus teléfonos, pero lo hacen solos, encerrados en sus cuartos y, a menudo, deprimidos”.

La otra cara
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud de Colombia, el mayor número de intento de suicidios en el país se concentra en las personas que tienen entre 16 y 25 años, es decir, en personas nacidas en el rango de edad de la generación ‘iGen’.

La tendencia es similar a la de EE. UU. y a la de la mayor parte de países desarrollados y en vías de serlo.

La explicación, dice Twenge, se encuentra justamente en el uso excesivo de los teléfonos inteligentes por pate de los iGens. Twenge analiza los datos de la institución llamada ‘The Monitoring Future’, que pertenece al Instituto Nacional de Abuso de Drogas de EE. UU., recogidos a partir de entrevistas a adolescentes a punto de graduarse del colegio.

“La conclusión no puede ser más clara: los adolescentes que pasan más tiempo en las pantallas son más proclives a ser infelices y esos que pasan más tiempo en actividades diferentes al uso de pantallas son más proclives a ser felices”.

Basado en una serie de encuestas realizadas por instituciones de salud pública norteamericanas a adolescentes de todo ese país, el libro de Twenge concluye que entre más tiempo pase un niño o adolescente frente a una pantalla, más probabilidades tiene de desarrollar síntomas de depresión.

“La conclusión no puede ser más clara: los adolescentes que pasan más tiempo en las pantallas son más proclives a ser infelices"


Y esa situación se explica, dice el autor del libro, porque las redes sociales además de tener el poder de unir a las personas, también tiene el poder de desencadenar constantemente la sensación de no ser aceptado socialmente.

La constante exposición de nuestras vidas a través de videos, fotos, pequeñas historias e incluso opiniones, está sujeta a la aprobación de los otros usuarios a través de likes, views o cualquier tipo de interacción que se pueda generar. Tener un número reducido de esas interacciones es una de las mayores causas de depresión en los adolescentes en la actualidad.

Se trata de un fenómeno que los encargados de redes sociales como Facebook conocen y que incluso usan para sus fines comerciales. En 2017, de hecho, los medios estadounidenses publicaron un documento filtrado de Facebook en el que se indicaba que la compañía ofrecía a los pautantes su habilidad para determinar los estados emocionales de sus usuarios adolescentes basados en los datos que obtenían de sus interacciones.

En Colombia, según datos oficiales del Ministerio de Salud, la depresión en menores de 15 años pasó de presentar un total de 500 casos en 2009 a alrededor de 3500 en 2015.

Twenge, sin embargo, aclara que la depresión juvenil está asociada a varios factores y que no solo se explica por el uso constante del smartphone y las redes sociales, pero que este se ha convertido en uno de los factores preponderantes.

***
Mariana me dice que aunque su celular es bastante bueno, ella lo que quiere es un iPhone, porque la cámara es mucho mejor, sobre todo para ella que ahora quiere convertirse en youtuber.

Mariana me cuenta además que lo único que en realidad le parece peligroso de las redes sociales son los retos que suelen verse, como el de la 'Ballena Azul', que consistía básicamente en desafiar a los adolescentes para que se autoinfligieran heridas. Porque los retos son muchos, y algunos son más bien tontos, dice, pero otros son muy serios. "Por ejemplo, hay retos de consumir drogas y retos para hacerle daño a otras personas. Pero yo no hago eso, yo hago los retos tontos".

Los retos son actividades que normalmente proponen los youtubers o influenciadores a través de sus redes sociales. Uno que ha hecho Mariana, por ejemplo, es el reto de comerse un huevo crudo. "Es tonto, pero me divierte hacer esas cosas".  Mariana dice además que no le afecta si sus fotos en Instagram o Facebook no reciben muchos likes e interacciones, y que no cree que pueda deprimirse por el celular.

Lo paradójico en estos casos, dice el estudio de Twenge, es que los adolescentes también empiezan a desarrollar un lenguaje muy propio de los adictos: niegan su adicción y niegan constantemente que puedan caer en los problemas en los que otros adictos han caído. “Es parte de la gravedad del fenómeno. Que muy poca gente se lo está tomando en serio”, concluye.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad