Los jóvenes hicieron presencia en el Festival de Música de Cartagena

Los jóvenes hicieron presencia en el Festival de Música de Cartagena

Enero 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Catalina Villa | Editora de Gaceta y enviada Especial a Cartagena
Los jóvenes hicieron presencia en el Festival de Música de Cartagena

Unas 2.500 personas apreciaron en vivo, en la Sociedad Portuaria de Cartagena, la presentación de la Orquesta Sinfónica Joven de Cartagena integrada por 65 jóvenes de la ciudad.

Con tan solo 28 años, Juan Pablo Noreña fue el encargado de dirigir a los niños de la Orquesta Sinfónica Joven de Cartagena.

El sábado pasado en las instalaciones del Puerto de Cartagena, a eso de las 11 de la noche cuando el concierto ‘De Estambul a Nápoles’ se acercaba a su climax, un acto inesperado sorprendió a los asistentes: las vallas que servían de telón de fondo del Ensamble Mediterráneo que hasta ese momento había entonado piezas clásicas de la cultura otomana se levantaron, y dejaron al descubierto a los integrantes de la Orquesta Sinfónica Joven de Cartagena. Eran 65 niños y jóvenes cartageneros armados de instrumentos de percusión, vientos y cuerdas, que fueron recibidos con un emotivo aplauso. Ellos, provenientes de diversos sectores de Cartagena, en especial de zonas marginales, hacen parte del programa abanderado por la Fundación Puerto de Cartagena con la que se busca, a través del disfrute y el aprendizaje de la música, fortalecer procesos de convivencia social. Detrás de ellos estuvo el director caldense Juan Pablo Noreña, quien con apenas 28 años es el director titular de la Orquesta Sinfónica Juvenil de la Red de Escuelas de Música de Medellín. Su trabajo allí, que ya completa seis años, fue suficiente credencial para que los organizadores del Festival Internacional de Música de Cartagena lo invitaran a liderar este proyecto de transformación social. Juan Pablo, son pocos quienes a los 28 años se pueden dar el lujo de haber asumido responsabilidades como las que usted ha tenido. ¿A qué se debe esta especie de carrera precoz?Creo que la respuesta está en que yo empecé con la música desde muy niño. Recuerdo que con apenas 6 años, en Palestina, Caldas, donde nací, ya admiraba la Banda Marcial Municipal. Recuerdo que al salir de la escuela, camino a casa, pasaba por la cancha donde ensayaba la banda y esperaba a que los chicos descansaran y soltaran sus bombos, redoblantes para yo escabullirme y cogerlos, tocarlos. Era como una obsesión. Así que cuando cumplí 7 años entré a unas clases de música que ofrecían los jóvenes de la Banda Sinfónica del Municipio en su práctica de servicio social. Desde ahí no he dejado la música ni un solo minuto de mi vida.¿Cuáles eran los instrumentos que tocaba de niño?Tuve mis inicios en la percusión, pero muy prontamente quise pasar a los vientos. Esos primeros días fueron de exploración, entonces tuve mi primer concierto con el fliscorno alto, que es una especie de corno francés que usaban las bandas militares antiguas; eran instrumentos que llegaban de Europa ya viejos, en desuso. Pero finalmente descubrí que a mi lo que me gustaba era la trompeta. ¿Cómo lo descubrió?Sucedió como a los 11 años. Resulta que estábamos ensayando una pieza de jazz de Benny Goodman y el trompetista tenía que hacer un solo pero nada que se le daba. Yo, por mi cuenta, y desde hacía mucho tiempo, llegaba todos los días más temprano que todos a los ensayos y le botaba corriente a la trompeta. Un día, estando en un pasillo, alguien me oyó tocar el solo y se sorprendió. Él le contó a los demás y finalmente me pidieron que lo tocara yo. Fue muy emocionante. Allí fue que supe que la trompeta era lo mío. ¿En qué momento se inclina por la dirección?Pues mis padres dicen que yo desde muy niño quería ser director. Y tal vez sí. Yo admiraba mucho a mi director. Siempre sentí que me gustaba estar al frente, desde el liderazgo que se ejerce con la batuta. Estando en la banda de Palestina empecé a hacer pequeños talleres en los que el director me pedía que le colaborara. Hasta que llegó el momento en que pude trabajar con la banda. Cuando él tenía alguna reunión o lo que fuese, yo era su mano derecha. Eso para mi fue un privilegio. Tendría apenas 13 o 14 años y ya sabía que quería dirigir. ¿Qué lo conquistó de la propuesta de irse a trabajar a Medellín?Que se trata de un programa musical, pero con un enfoque de transformación social de la juventud. Soy un convencido del poder de la música para salvar vidas, para sanar corazones. En Medellín tenemos chicos de todos los estratos, y la mayoría de ellos vive en condiciones difíciles. Poder seducirlos con la música y darles una oportunidad de vida produce una satisfacción enorme. ¿Qué le dejó la experiencia de Cartagena?Muchísimo. Estos chicos vienen haciendo un trabajo muy similar al nuestro con el maestro Édgar Vargas, en donde se están fortaleciendo unos pequeños centros de formación musical. Y para los chicos fue increíble. Tocar con estos monstruos que vienen de afuera, imagínate, al final estaban que no cabían de la felicidad. Finalmente, ¿qué es lo más difícil de ser director de orquesta? Que no hay suficientes orquestas sinfónicas en el país; no hay más de cinco. Entonces para jóvenes como yo, que estamos empezando, el panorama de proyección no es muy halagador. Imagínate para los que vienen abajo. Pero ahora no me puedo quejar, soy afortunado de tener una orquesta juvenil a mi cargo.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad