Las imágenes más famosas de Colombia que fueron impresas en el centro de Cali

Las imágenes más famosas de Colombia que fueron impresas en el centro de Cali

Septiembre 23, 2018 - 09:31 a.m. Por:
Yefferson Ospina / Periodista de Gaceta
Ánima Sola

Una imagen: la mujer está en medio de llamas, dos grilletes en las muñecas de sus manos y la mirada atravesada por algo que podría llamarse desesperanza. Se llama ‘El ánima sola’.

Otra imagen: una niña regordeta con moños en su cabello, desnuda, se concentra en limpiar una uña de su pie izquierdo, sentada sobre la hierba y en medio de pequeñas flores silvestres.  Otra: Jesús aparece con su corazón herido, un manto blanco, la barba perfecta, mientras mira al frente con un gesto de profunda tristeza. Se llama ‘El sagrado corazón de Jesús’ y casi todas las casas del país tuvieron una en alguna de sus paredes durante los años 80 del siglo XX.

Tres imágenes con una historia común: hacen parte del acervo iconográfico  y la memoria colectiva de Colombia en la segunda mitad del siglo pasado. Y fueron impresas en un taller del centro de Cali desde donde, literalmente, llegaron a todas las geografías del país.

El taller gráfico, que estuvo situado en el barrio San Nicolás, donde hoy queda el Centro Comercial Panamá, durante los años 70 y 80 del siglo pasado se llamó Gráficas Molinari. De allí salieron las imágenes que configuraron nuestra identidad visual religiosa, la Colombia pop que llevamos guardada en nuestra memoria común. 

La niguatera

'La nigüatera', imagen que fue muy usada en calendarios.

Cortesía: graficasmolinari.com


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La exposición se llama ‘Gráficas Molinari’ y puede verse en el Museo de Arte Moderno La Tertulia. Son imágenes, muchas de ellas pequeñas y, otras, grandes láminas de la virgen María, de la virgen del Carmen, pero también de mujeres semidesnudas como Marilyn Monroe; de Jesús en todas sus expresiones, crucificado, orando, reflexionando con un paisaje de fondo; de ángeles, de demonios, de luchas cósmicas.

Le pregunto entonces a José Luis Ruiz, uno de los organizadores -que en jerga museográfica se dice ‘curador’- por el origen de esta exposición de tantas imágenes que tantas veces hemos visto en las casas de los abuelos, en las casas de los papás, en fincas, en escuelas, en almanaques, en cuadernos, etcétera, etcétera, y me cuenta.

Todo empezó en 2016 cuando, por azar, mientras realizaba una investigación para otra exposición del Museo, se encontró con dos láminas bastante particulares en las que aparecían ángeles, demonios y figuras crísticas, impresas con características especiales: colores vivos, encendidos, y una estética que algunos podrían denominar ‘arte pop’.

Había algo, una tendencia artística, una estética común, que lo llevó a preguntarse por el origen de esas imágenes que, luego de pesquisas varias, de investigaciones, de entrevistas, de búsquedas en internet, lo trajeron a Cali tras un apellido, Molinari, en donde conoció la historia de esas cada una de ellas.

Esa historia es la siguiente.

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Eran los años 30 en España y la Guerra Civil que conduciría a la dictadura de Franco tenía lugar. Un hombre, como tantos, como tantas mujeres, decide migrar a América del Sur y llega a Colombia. Se llama Antonio Molinari y llega a Barranquilla entre 1930 y 1935.

Por razones aún no aclaradas, decide viajar a Medellín y luego, con el objetivo de fundar una empresa importadora de plásticos, se establece en Cali, la ciudad más cercana a Buenaventura.  Sucede, cuenta Luis Ruiz - quien investigó esa historia - que entre las cosas que empezó a importar Molinari se encontraban una serie de láminas religiosas y de paisajes bucólicos (léase ríos y montañas y praderas en la que pastan animales) que, una vez llegaron a Colombia, empezaron a ser comprados con una cierta urgencia.

Molinari, todo un emprendedor, comprendió que esas láminas podían venderse muy bien y en lugar de seguir importándolas, decidió viajar, hacia los años 50 a Europa, exactamente a Dresde, en Alemania, que era la ciudad en la que se imprimían.

Entonces aprendió cómo se hacían, cómo se producían, qué necesitaba para hacerlo, compró máquinas, elementos, y en 1952 fundó el taller Gráficas Molinari en el barrio San Nicolás, centro de Cali. Sería el primer taller en todo el país en producir imágenes cromolitográficas.

Luis me explica: la impresión de imágenes se da normalmente con el uso de cuatro tintas, un sistema que se conoce como CMYK - Cian, Magenta, Yellow y Key, que es negro - a partir de los cuales se pueden producir todos los demás colores. El taller Molinari imprimía en cinco y hasta en seis tintas diferentes, lo cual explica por qué las imágenes tenían un color mucho más vivo y encendido que en el resto de las otras impresas, no solo en los demás talleres de Cali, sino en el resto del país.

Gráficas Molinari, entonces, empieza a imprimir los modelos que ya se conocían en Europa occidental: imágenes del infierno, alegorías religiosas del bien y del mal, centenares de vírgenes - la Virgen del Carmen, la Virgen de los Milagros; representaciones de escenas bíblicas, imágenes del ‘Corazón de Jesús’.  Toda una iconografía religiosa que pronto se popularizó en la ciudad y se compró además en, literalmente, todo el país. Todo.

corazón de jesús

El Sagrado Corazón de Jesús.

Cortesía: graficasmolinari.com

Una popularización que, dice Luis, se dio por una circunstancia particular: durante los años 60, 70 y 80 del siglo pasado, había una necesidad no satisfecha en todo el país por encontrar imágenes decorativas para las casas.

Pero en un contexto en el que la fotografía aún no estaba del todo popularizada, tampoco la pintura meramente decorativa y mucho menos las grandes obras de arte, las láminas impresas en diversos tamaños por parte de Gráficas Molinari, que además tenían un contenido religioso muy fuerte -en el país consagrado al Corazón de Jesús- pronto se convirtieron en la fuente de satisfacción de esa necesidad que nada más suplió.

Las láminas cayeron como una especie de maná en medio del hambre y la sed.

Se empezaron a vender en supermercados de grandes superficies de la época, como el Ley, y se imprimían en grandes dimensiones para ser enmarcadas, o como pequeñas credenciales para portar en la billetera, como cuadros para almanaques e incluso como portadas de cuadernos.

Para los años 70, las láminas que se producían en el centro de Cali en el taller Molinari se conocían en La Guajira, en el Amazonas, en las montañas de Caldas y Antioquia, en el Valle, en los Llanos, en el Pacífico, e incluso empezaron a exportarse a Venezuela y a Ecuador.


“Las láminas de Molinari fueron el arte popular de los años 60, 70 y 80 de todo el país. Fueron realmente uno de los primeros y más grandes fenómenos de masa en Colombia, y además, no distinguieron clase social. Estas láminas fueron compradas por ricos y pobres, por la clase media y alta, por gente con formación académica y por analfabetas. Al suplir la necesidad de decoración de los colombianos, se convirtieron también en una especie de democratización de una manifestación artística particular con rasgos estéticos muy definidos”, dice Luis.

Gráficas Molinari, el taller del español asentado en Cali, se encargó de construir toda cultura visual popular de los colombianos durante la segunda mitad del siglo XX. Una de las imágenes de esa cultura - el Sagrado Corazón de Jesús - fue impresa por primera vez y para siempre en ese taller. Podría decirse, para intentar literatura: Gráficas Molinari le dio la identidad visual al país que décadas antes había sido consagrado al Sagrado Corazón.

mano sagrada

'Mano poderosa', otra de las más populares gráficas.

Cortesía: graficasmolinari.com

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Un crítico de arte contemporáneo podría decir que son arte pop. Y lo son en el más estricto sentido de la expresión, en tanto constituyeron una de las iconografías más populares que se han dado en el país. Pero también lo son por su estética particular, por sus fuertes contrastes entre colores, por el brillo de las imágenes, por los trazos.

Se podría decir, si la expresión no ofende a nadie: el arte pop-religioso colombiano.

Es imposible, dice Luis Ruiz, determinar quiénes fueron los autores de los diseños de cada una de las láminas. Según pudo constatar, muchos de ellos correspondían a figuras que fueron copiadas de las originales en Europa, que luego llegaban a Cali y en donde eran intervenidas,
modificadas levemente, y terminaban por convertirse en una nueva imagen.

Un proceso de intervención de la obra de arte que muchos artistas contemporáneos creen que es una vanguardia pero que en Gráficas Molinari lo hacían ya el siglo pasado. Y sin alarde.

Hay de todo: desde figuras barrocas y perturbadores de rostros de Jesús, hasta modelos semidesnudas, modelos desnudas, niños jugando al trompo, gatitos jugando con bolas de lana, bodegones, imágenes de la Última Cena, mujeres rubias junto a perros de razas puras, mujeres junto al mar, hombres sobre caballos y muchas vírgenes María y cristos en todos sus dolores.

Lo que se sabe, dice el investigador, es que había un total de 1200 modelos. Pero nunca se sabrá cuántas fueron impresas, aunque podemos estar seguro de que fueron varios millones.

Gatos

Gatos jugando entre ellos, era otro motivo reincidente de las láminas.

Cortesía: graficasmolinari.com

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La historia de Gráficas Molinari, continúa. Hacia 1967 el español Antonio Molinari, quien gracias a su próspera industria de láminas había podido traer toda su familia de España a Colombia, murió.

El taller pasó a manos de su viuda quien, años después, volvió a casarse. Con el tiempo vinieron las luchas hereditarias: la familia de Molinari reclamaba parte del taller que estaba en manos de la viuda. La disputa se resolvió con dinero para la familia Molinari de España, dinero que terminó en otro emprendimiento: sobrinos de Antonio Molinari decidieron, luego de la ruptura con la viuda, crear la panadería El Molino, una de las más reconocidas en la ciudad.

Luego, entonces, llegó una especie de decadencia. Al parecer algunas máquinas del taller se averiaron, la compañía entró en quiebra y para la el año de 1994 Gráficas Molinari desapareció. Pudo haberse tratado también de coincidencias históricas: en esa década la fotografía y la pintura decorativa empezaban a tener un mayor auge en todo el país y, aunque nunca podría probarse plenamente, ese fenómeno pudo haber llevado también a la desaparición de las láminas Molinari.

Desde esos años hasta el 2016, el paradero de lo que hubiera quedado del taller y de las últimas láminas que fueron impresas era desconocido. Ese año, José Luis Ruiz descubrió un acervo de miles de láminas, así como las máquinas averiadas del taller y también las planchas en las que se realizaban, en una bodega ubicada en el barrio Alameda.

José Luis pudo determinar que Molinari tenía un total de 1200 modelos de láminas y de cada modelo se imprimieron centenares en diversas dimensiones.  Lo que encontró en la bodega de Alameda era el último resquicio de la cultura visual creada por Gráficas Molinari.

Marylin

Marilyn Monroe también hizo parte de las láminas.

Cortesía: graficasmolinari.com

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La exposición ‘Las populares gráficas Molinari. Versión, subversión y perversión de las imágenes’, que puede verse en el Museo La Tertulia, está formada a partir de las láminas recobradas por José Luis Ruiz, junto a Mariana Rodriguez y Lucas Ospina, que son los curadores de la exposición.

La muestra, sin embargo, se propone otro objetivo más allá de mostrar un fragmento de la iconografía creada en los talleres Molinari: observar cómo a lo largo de los años aquellas imágenes fueron recogidas por muchos otros artistas que las intervinieron y modificaron.

“Beatriz González las usa como referentes para sus pinturas desde 1967, Álvaro Barrios y Juan Camilo Uribe las utilizan como insumo principal para sus collages. Colgadas en las paredes o ensambladas en bandejas de vidrio las Gráficas Molinari aparecen en las fotografías de interiores de Fernell Franco, los dibujos de Oscar Muñoz, los reportajes de Carlos Caicedo y en todas las películas del Caliwood”, dice Luis Ruiz.

Las Molinari, sin duda, cuentan la historia del modo en que durante mucho tiempo los colombianos miramos el mundo.

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