La realidad detrás de los japoneses que recogían las basuras en el estadio de Rusia

La realidad detrás de los japoneses que recogían las basuras en el estadio de Rusia

Julio 03, 2018 - 08:46 a.m. Por:
Ana María Díaz Collazos / Especial para El País
Japoneses

Japoneses en el partido Colombia-Japón del Mundial de Rusia.

EFE

Después del partido Colombia-Japón de la Copa Mundo en Rusia, empezaron a circular videos sobre el comportamiento de los japoneses versus los colombianos. El encuentro de dos culturas diametralmente opuestas en un estadio de fútbol hace inevitable el contraste. Al final del partido, ¡los japoneses recogen la basura del estadio! Y nos sorprendemos: ¡qué ejemplo de civismo y respeto!

El problema es que nosotros vemos el recoger la basura al final del evento como un acto de extrema cortesía, un valor agregado. En realidad, para los japoneses es parte de la rutina, está dentro de lo normal. No están haciendo nada fuera de lo común.

Es de esperar que las diferencias sean radicales entre dos culturas que se han desarrollado en polos opuestos del globo. Aprendí mucho sobre ellos especialmente por el trabajo de campo que realicé con la comunidad japonesa de Cali en 2010.

Todavía trato de entender, pero siempre hay algo que a uno como occidental se le escapa.

Para apreciar su comportamiento en profundidad, hay que dar una mirada a su religión tradicional: el sintoísmo. Esta era la religión que existía en Japón antes de la entrada del budismo por influencia de los chinos. Pero más que una religión, es una forma de ver la vida.

El sintoísmo es una religión animista, es decir, considera que todos los elementos de la naturaleza tienen un dios o un espíritu. El computador en que estoy escribiendo tiene un dios, cada página de esta revista, cada uno de los alimentos que usted toma, todo…

Esta visión animista del mundo implica una sacralización de todos los espacios y objetos. La delicadeza con que tratan un papel para hacer origami es debido en parte a la convicción de que el papel tiene un dios, y cuando este se transforma en un dragón, ese dios ha insuflado la transformación de ese papel.

Así pues, el estadio también tiene un dios, las escaleras, cada silla, cada pedazo de plástico tirado en el cemento. Por eso, el acto de recoger la basura es una forma de reverencia con ese universo lleno de sustancia divina en cada detalle.

Esta sacralización de la totalidad influye también en las relaciones sociales. Por lo tanto, es una cultura intensamente colectivista. El grupo importa más que el individuo.

Los latinoamericanos ayudamos a recoger, si acaso, al final de una fiesta familiar. Los japoneses lo hacen al final de cualquier evento social, sea este privado o público. Cuando fui a una kermés en el club de la comunidad japonesa, todos ayudamos a recoger las sillas y mesas. Cuando asistí al culto en la iglesia Tenrikio, todos colaboramos con la limpieza del lugar.

Cuando vas a un restaurante, dejas arreglado el plato con los restos de comida y los cubiertos, para que el mesero solo tengo que retirar el plato y la taza de té. Los niños hacen el aseo general del colegio al final de la jornada escolar.

Esto obliga a las personas a tener que quedarse hasta el final del evento. En medio de una fiesta, nadie se puede ir. Todos deben partir al mismo tiempo. En el karaoke, por ejemplo, se paga una suma total de dinero que incluye salón, equipo de sonido y bebidas ilimitadas para el grupo. Si una persona se retira antes, tiene que pagar individual y adicionalmente todas sus bebidas.

Conocí muchos japoneses en Nueva Orleans, cuando estudié inglés con una beca que daba la universidad del Valle. Uno de ellos estaba cortejando a una chica también japonesa. Cada que la invitaba a salir, la chica llegaba con todas sus amigas. Y no sabía qué hacer para lograr un momento a solas con ella.

Para la cultura japonesa es muy importante la uniformidad. Por eso, la idea de competencia del capitalismo produce profundas contradicciones y conflicto. Una persona excéntrica en su estilo o que destaca mucho en su trabajo puede ser víctima de persecución y matoneo.

También es muy importante el cumplimiento de la promesa. Cualquier cosa que dices que vas a hacer es ya una promesa tallada en mármol. Los colombianos decimos muy olímpicamente: “en estos días nos tomamos un café”, pero no es una promesa real. Un japonés lo tomaría como una Promesa en mayúscula. No cumplirla es una ofensa terrible.

Cuando un japonés quiere rechazar una invitación, simplemente dirá: “Es que ya tengo un compromiso previo”. No importa que ese compromiso sea su propio matrimonio o una salida a tomar café.

Y puede llegar a extremos impensables para cumplir con su palabra. Muchos japoneses prefieren rechazar una invitación si no están seguros de que no podrán atenderla. Y esto puede conducir al aislamiento social. Las paradojas que trae consigo la necesidad de cumplir las normas sociales muchas veces pueden ser insalvables, y conducir a la soledad.

Un fenómeno asociado es el de los “hikikomoris”, jóvenes que se recluyen en su cuarto y no vuelven a salir, que ha aumentado recientemente, según los investigadores Nicolas Tajan, Hamasaki Yukiko y Nancy Pionnié-Dax. El número de personas solteras en Japón a sus 50 años ha alcanzado su pico, según expone The Japan Times. Esto se asocia a la dificultad de cumplir con los deberes familiares y a la vez laborales, aunque las causas son múltiples.

Paradójicamente, vivir en una sociedad colectivista puede conducir a una gran soledad. Muchos de mis entrevistados japoneses manifiestan admiración por la cultura colombiana por lo fácil que resulta integrarse con la gente aquí. La cultura latinoamericana es colectivista de una forma muy distinta.

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