La historia desconocida del caleño que hizo parte de la Revolución Mexicana

La historia desconocida del caleño que hizo parte de la Revolución Mexicana

Agosto 21, 2018 - 10:03 a.m. Por:
Moroni Spencer Hernández de Olarte / Especial para Gaceta
Caleño revolución mexicana

General Everardo González Vergara. Compañero de armas de Julio Cuadros Caldas.

Cortesía: Familia González.

En marzo de 1915, después de un enfrentamiento contra las tropas leales a Venustiano Carranza, el general zapatista Everardo González Vergara se dirigió a su campamento revolucionario localizado en el pueblo de Juchitepec, estado de México.

Al llegar se le informó que “un buen número de compañeros de armas lo esperaban”. Entre ellos se encontraba Julio Cuadros Caldas o como los seguidores de Emiliano Zapata lo llamaban: “el jefe Cuadros” o “el colombiano Cuadros”.

Aquella noche varias personas se reunieron alrededor de una fogata para conversar, cenar y “cantar corridos”. Durante aquella velada el jefe Cuadros se levantó y dijo que la lucha por las tierras, montes y aguas es un derecho legítimo del pueblo mexicano y de todos los pueblos de la América.

Después de escuchar aquella arenga, los hombres y mujeres ahí reunidos gritaron: “Viva Zapata” “Viva la Revolución” “Vivan los pueblos”.
El general Everardo González agradeció al jefe Cuadros su disposición para “luchar junto al pueblo mexicano”. Semanas después Cuadros Caldas envió una carta de cuatro hojas a su amigo Everardo en donde escribió:

General Everardo González.
Campamento de Juchitepec.
La plática que tuvimos el mes pasado dejó varias reflexiones en mi mente… Lucho por México y añoro mi patria, me consuela saber que los humildes pronto guiarán sus propios destinos, recuperando lo que es suyo por derecho… Gracias a nuestro sacrificio la lucha que encabeza el general Zapata triunfará.

Reforma, Libertad, Justicia y Ley.
Abril 12 de 1915.
C. Julio Cuadros.


Julio Cuadros Caldas -quien obtuvo al grado de coronel en el ejército zapatista- nació en Cali, Colombia en 1885. En mayo de 1909 arribó a México. Desde aquel año comenzó a involucrarse en la dinámica político/social que el país experimentaba.

Su afinidad con el movimiento que dirigía Emiliano Zapata Salazar era tan evidente que fue detenido y encarcelado en uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad de México: La Ciudadela. En prisión conoció a intelectuales, políticos y militares de primer orden. Las pláticas que tuvo con ellos influyeron en su decisión de enarbolar la bandera zapatista.

Al ser puesto en libertad, Julio Cuadros se enlistó en el Ejército Libertador del Sur [nombre oficial del ejército zapatista] bajo las órdenes del general Fortino Ayaquica, quien tenía su base de operaciones en Tochimilco, Puebla.

El general Ayaquica le encargo servir de enlace con jefes de otras regiones, lo que le permitió conocer y apoyar los distintos lugares en donde el zapatismo tuvo influencia. El ejemplo perfecto de ello nos lo da la región que Emiliano Zapata llamó ‘La Tierra Fría de los Volcanes’.
Desde 1913 Julio Cuadros Caldas entró en contacto con el general Everardo González Vergara, encargado de expandir y mantener los ideales zapatistas en las comunidades de ‘La Tierra Fría’. Los documentos muestran que en varias ocasiones Cuadros Caldas sirvió como asesor en la planeación de ofensivas a bastiones enemigos. Además, participó en varios combates librados en la región que su amigo ‘El Chato Everardo’ comandaba. Uno de los más importantes ocurrió en 1915.

A finales de agosto de aquel año, Everardo González mandó varias cartas a distintos dirigentes zapatistas en las que les solicitaba su colaboración para el asalto al cuartel carrancista de “la municipalidad de Chalco”.
El primero en responder al llamado fue Julio Cuadros Caldas quien, junto con otros líderes militares, se reunió con el general González en el pueblo de Ayapango, estado de México...

“Nos reunimos en casa de la familia Ramos… El general Everardo dijo que el objetivo era Chalco… varios jefes dieron su opinión sobre la mejor manera de enfrentar al enemigo… El general Everardo pidió la opinión del jefe Cuadros, el colombiano dijo que sus informantes le aconsejaban atacar por la hacienda de San Juan para asegurar suministros para la tropa… El plan quedó listo a la 1 de la mañana”.

Los planes se enviaron al Cuartel General del Sur donde fueron aprobados. Días antes de la fecha prevista para el ataque se recibió la noticia de que Emiliano Zapata encabezaría las operaciones.

En la primera quincena del mes de septiembre el general Emiliano Zapata en combinación con el general Everardo González dispuso el ataque de la guarnición de dicha plaza (Chalco) y el 15 a las 5 horas se rompió el fuego… capturando la plaza en la que se causó al enemigo más de doscientas bajas.

Pasado aquel combate, los contingentes zapatistas regresaron a sus zonas de acción. El 29 de septiembre el general Everardo González escribió una carta de agradecimiento a su amigo el “colombiano Cuadros”. En ella expresó:

C. Julio Cuadros Caldas.
Donde se halle.
Estimado amigo sirva la presente para agradecer el apoyo que usted tuvo a bien darnos el quince próximo pasado en la toma de la plaza de Chalco… la defensa de la causa sagrada en la que usted y yo participamos tiene como único fin dar al campesino la dignidad de la que fue despojado… La tierra de donde usted viene sentirá orgullo al saber que uno de sus hijos apoyó a México en la lucha por su libertad…
Su amigo y compañero.
General Everardo González.

Como respuesta a la misiva, el jefe Cuadros redactó una carta llena de reflexiones y sentimientos, en ella escribió:

“Las montañas del Popocatépetl me recuerdan las de mi tierra… Me pregunta ¿por qué apoyo a los mexicanos? por que creo en los ideales del Plan de Ayala, espero que, al triunfo de nuestra la causa, los ideales por los cuales luchamos se extiendan a los pueblos hermanos del sur”.


Meses después, los dos amigos Julio y Everardo se encontraron en Totolapan, Morelos para planear un nuevo ataque, esta vez a los trenes carrancistas que venían de la “heroica Cuautla”… pero, esa es otra historia...

El breve relato aquí narrado es una pincelada de la compleja e interesante pintura que fue la vida revolucionaria en México del jefe colombiano Cuadros.  Vida que nos lleva a advertir que la Revolución mexicana no fue “un mero cambio de gobierno, sino una profunda remoción social, una ola capaz de abatir los parapetos más reacios”. Una ola que trascendió fronteras y la obra del coronel Julio Cuadros Caldas es un ejemplo irrefutable de ello.

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