'El escorpión' de Higuita, una jugada llena de poesía

'El escorpión' de Higuita, una jugada llena de poesía

Junio 24, 2018 - 08:19 a.m. Por:
 L. C. Bermeo Gamboa / Especial para Gaceta
René higuita escorpión

René Higuita ejecutando su reconocida jugada en un partido de exhibición en Colombia.

Archivo de El País

Han pasado los años y el mar de internet ya no inspira aventuras, ese lugar inhóspito donde un Ulises podía perderse horas y días, saltando de un sitio a otro en hipervínculos, siempre temiendo descargar cíclopes, troyanos y monstruos cibernéticos, sumergido más y más en un tema, hasta volver a la vida real, esa Ítaca desconectada de la web, con un pesado botín de datos e información inútil.

Al contrario de lo que exigía Kavafis en su poema: “pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento”; en internet los caminos entre más cortos mejor y aunque la experiencia no es real, algunos partimos de ahí para experimentar y obtener un verdadero saber, por eso como afirmaba Umberto Eco, cabe la posibilidad: “de que en medio de ese fango infernal pueda nacer una flor”.

Cada una de estas flores es un dato oculto en la web que bien mirado puede establecer relaciones insospechadas entre los temas más disímiles y nos ayudan a probar intuiciones de todo orden: muchos hallan pruebas de que el viaje lunar fue un montaje realizado por Stanley Kubrick. Otros, encuentran datos más sencillos: como que etimológicamente la palabra Coco viene del portugués y se la pusieron al fruto de palmera que parece una máscara para asustar niños.

De esta forma inesperada podemos hallar, en la página web del poeta colombiano Jaime Jaramillo Escobar, en la sección de visitantes, una extraordinaria declaración donde alguien que se identifica como el mítico arquero de fútbol René Higuita, le expresa lo siguiente:
“Poeta, que grato es re-encontrarme con tus poemas, y saber que estás vivito y coleando. Te pido, poeta, que por favor aceptes este agradecimiento mío. Recuerdo aquella tarde del 6 de septiembre de 1995, cuando al ver el juez de línea alzar la banderilla, avisando un fuera de lugar, me vinieron a la mente tus poemas, y en un arrebato, cual aleteo de insecto, me sorprendí en el aire con mis brazos abiertos, de cara al suelo, elevando mis pies cual aguijón de escorpión.
Envenené, con tus poemas y una pizca de mi irreverencia, el orgullo de Inglaterra contenido en ese balón. En Wembley, hasta mis enemigos me ovacionaron. Al parecer el veneno en tus poemas es dulce como la miel; atrajo miles de aplausos a mi red, y, uno tras otro, se sucumbió ante la poesía. Jaime, Jaime, Jaime, tu nombre, curiosamente es el mismo del que fue mi presa, Jaime Redknapp. Jaime, ahora nuestro Escorpión es aclamado y vitoreado como la mejor jugada del fútbol en toda su historia; pero, lo que ni los fanáticos afaman, ni los comentaristas comentan, es que, cuando me transformaba en escorpión, era tu poesía, en mis guantes, en mis guayos y en mi remera, la que jugaba y reía.
Jaime, gracias a ti, Colombia entera tiene y tendrá talentosos y atrevidos guarda metas. Mis más sinceros agradecimientos”.

El Escorpión de René Higuita es una de las dos únicas maniobras arqueriles que se cuentan en el Ranking FIFA de las mejores jugadas de la historia. A la otra, cuyos protagonistas son Gordon Banks y Pelé, se le conoce como la atajada del siglo, según cuenta Joaquín Barañao en su minuciosa ‘Historia freak del fútbol’ (2016). No es poco afirmar que una de las jugadas más memorables de la historia de este deporte haya sido inspirada por la poesía.

De ser cierta esa misiva aún apócrifa del arquero al poeta, tendríamos la prueba reina para comprender la íntima relación de la poesía con el fútbol.

Por esa consciencia lúcida de que la poesía hoy se ejerce como una resistencia a la hegemonía del consumismo y el espectáculo, es que Jaime Jaramillo Escobar (1932), conocido también por su seudónimo ‘X-504’ que tomó de una placa de carro, es uno de los poetas más originales de la literatura colombiana. Su obra, aunque asociada con el Nadaísmo, logró trascender la estética del movimiento fundado por Gonzalo Arango, y posee una particularidad donde la ironía junto a la voluptuosidad se expresan en poemas de versos largos y sencillos que alternan entonaciones diferentes: unas veces de trovador provenzal, otras de chamán indígena o de culebrero antioqueño.


En sus principales poemarios: Poemas de la ofensa (1968), Sombrero de ahogado (1984) y Poemas de tierra caliente (1985), hay un esfuerzo por devolverle a la poesía esa funcionalidad vital que tuvo en el pasado, buscando en primer lugar que el poeta pueda vivir de su arte: “El fabricante de rosquillas puede al menos comérselas, pero el que sólo sabe hacer poemas, ¿qué comerá?”.

En segundo lugar que el poema no sea un adorno decadente, sino un elemento con propiedades benéficas: “Este verso es un endecasílabo, bueno para el insomnio; y estos son tercetos, contra las quemaduras. Y una décima para el dolor de cabeza”.

En su visión poética considera al poeta moderno como “el que saca un sombrero del buche de un conejo”, es decir un mago invertido, aludiendo a que si en el pasado los poetas optaron por hablar de asuntos personales como reacción a la obligación de hacer poesía colectiva, ahora, desde que el romanticismo impuso la individualidad del poeta, es necesario volver a lo colectivo para salvar la poesía, pero esta reacción debe ser crítica e irónica, porque los poetas nunca dejarán de ser “perturbadores del alma”.

En contra de planteamientos poéticos como los de Jaramillo Escobar, bien expuestos en su ‘Método fácil y rápido para ser poeta’ (1999), aún se mantiene un prejuicio común a la naturaleza no sólo de la poesía, sino del fútbol.

Se escucha con demasiada frecuencia que ambas profesiones carecen de función social. Y resulta irónico que esta idea reductora sea promovida justamente por sus propios practicantes: “El fútbol es la cosa más importante entre las que no tienen importancia”, dice Jorge Valdano y “Todo arte es completamente inútil”, dijo Oscar Wilde. Así, en broma, terminan confundiendo la gratuidad del arte con la inutilidad de muchos productos mercantiles, pero que algo se dé gratis no indica que carezca de valor. En realidad sucede todo lo contrario.

Si bien fue gratuito que Higuita ejecutara su jugada después del fuera de lugar, no lo hizo por una reacción mecánica, ni mucho menos —como podríamos pensar a la ligera— por llamar la atención del público; en su confesión, el presunto Higuita que le comenta al poeta, afirma que la poesía de Jaramillo Escobar lo movió a realizar el escorpión: “me vinieron a la mente tus poemas, y en un arrebato, cual aleteo de insecto, me sorprendí en el aire con mis brazos abiertos, de cara al suelo”. Quizá recordó el consejo que el poeta da en su Perorata: “El poema tiene que ser flexible, escurridizo, ondulante, con un cuerpo frío que os estremezca y en la cabeza una boca capaz de haceros cualquier cosa”.

Al parecer el futbolista asimiló a su deporte la naturaleza de la poesía, transgrediendo la respuesta lógica corporal del fútbol para crear una figura corporal estética que valiera por sí misma, no por su resultado —el partido de Colombia frente a Inglaterra culminaría cero por cero— sino por la belleza de su forma, así transformando la jugada en metáfora. 22 años después aún tenemos en nuestra memoria, como un bello verso, al portero colombiano en el aire doblando sus piernas como aguijón.

De este modo es posible arriesgarnos y afirmar que cualquier acto es susceptible de convertirse en poema, eso que con elemental sabiduría dijo Gabriel Zaid en La poesía en la práctica (1985): “hay poesía en todo hacer inspirado”.

La jugada


El 7 de septiembre de 1995 se disputó el partido amistoso entre Inglaterra y Colombia, en el estadio Wembley de Londres, durante el cual René Higuita realizó su icónica jugada.
Las metáforas no tienen un solo autor, por eso El escorpión es una jugada que otros jugadores también han realizado, entre ellos se cuentan Víctor Hugo Aristizábal, Francelino Matuzalem, Luis Ángel Landín y Freddy Guarín.

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