El drama de los refugiados en Europa en la lente de Samuel Aranda

El drama de los refugiados en Europa en la lente de Samuel Aranda

Septiembre 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Claudia Liliana Bedoya S. / Reportera de Gaceta
El drama de los refugiados en Europa en la lente de Samuel Aranda

"Yemen me atrapó", dice Aranda. Con esta imagen lograda en Sana ganó el World Press Photo en 2012. Dijo el jurado: “La escena resume lo ocurrido durante la Primavera Árabe no solo en Yemen sino también en Túnez, Libia, Egipto y Siria”.

Samuel Aranda, el legendario fotógrafo español ganador del World Press Photo of The Year y del Premio Ortega y Gasset, llegó a Colombia como invitado especial del Festival Gabriel García Márquez. Nos revela lo que no cuentan sus fotos: su historia de vida.

Por cuenta de su rebeldía juvenil, terminó por dedicarse a la fotografía. Quiso estudiar bellas artes, pero fue expulsado. Luego intentó con interiorismo, y lo volvieron a expulsar. Se dedicó, entonces,  a expresarse a su manera: con graffitis.

Y gracias a ellos Samuel Aranda conoció la fotografía. No la estudió, la experimentó porque nunca terminó los cursos que inició, pero se formó en el fragor de los conflictos de Oriente Medio. 

Aranda acaba de llegar de una correría por los Balcanes, donde recorrió las antiguas fronteras europeas siguiendo las rutas de los refugiados; y de un paso por Grecia, donde actualmente hay campos de detención. 

Parte de ese trabajo con las personas que se ven obligadas a dejar su hogar y buscar una vida en Europa lo dejó ver  esta semana durante su visita a Colombia, como invitado del  Festival Gabriel García Márquez.

Aranda es reconocido por ser el ganador del prestigioso World Press Photo of the Year  (2012), con la desgarradora fotografía de una mujer envuelta en una niqab (túnica que solo deja sus ojos a la vista) que consuela a un familiar herido en los conflictos de Yemen en 2011.

La sobrecogedora escena que capturó Aranda no ocurre en un hospital, sino en una mezquita convertida en un improvisado centro médico al que llegaban los heridos en la lucha contra las fuerzas del presidente Alí Saleh.   

La foto, que ya es icónica, fue publicada por The New York Times y ha sido comparada con ‘La Piedad’, de Miguel Ángel, en esa sobrecogedora representación escultórica donde la Virgen  María sostiene en  brazos el cuerpo de su hijo  Jesús, que acaba de ser desprendido de la cruz. Aranda dice que  no pensó nunca en esta interpretación al tomar la foto, pero es inevitable la comparación.

Aranda también  acaba de ganar el  Premio  Ortega y Gasset 2016 con una fotografía que fue publicada en la portada del diario catalán Ara, y que retrata en blanco y negro el drama de los refugiados que intentan cruzar el Mediterráneo. El horror presente en el grito de la mujer que desde las aguas clama por auxilio mientras sostiene a su  bebé en brazos, en la costa de Lesbos, Grecia, es elocuente.  

Con su cámara, Aranda también  ha preservado para la historia momentos como la ‘Primavera árabe’, la Guerra de Iraq, la batalla de Mubarak, entre otros conflictos.      

 Con muchos de los protagonistas de sus fotos se ha vuelto a encontrar: “Con los refugiados ha sido  más difícil, por la gran cantidad de personas que ingresan a Europa. Pero cuando trabajé  en la frontera con Macedonia, estuve dos o tres semanas en un campo de refugiados y allí establecí casi  una amistad con la gente. A algunos me los encontré hace poco en Grecia, privados de su libertad”. 

 Su desembarco en las aguas de la imagen fue atípico. “Tendría unos 17 años y  una cámara en mis manos, pero en ese momento estaba más concentrado en  la pintura artística y realizaba graffitis, de modo que la cámara la usaba para fotografiar 

todo lo que pintaba”. 

Vivía en un barrio “bastante conflictivo” y registraba lo que pasaba en su entorno. “No busqué que ocurriera. La cámara se fue quedando en mi vida y se convirtió en mi profesión. Fue un accidente”, dice. 

“Muy pronto se convirtió en una pasión.  Empecé a viajar a lugares como Oriente Medio, conocí los  problemas del Líbano y eso fue lo que más me marcó. Es una sensación de poder  ser testigo de muchos momentos que, de otra manera, no sería posible conocer”. 

No estudió para ser fotógrafo. “Acabé los estudios básicos y luego intenté seguir Bellas Artes y me expulsaron. Intenté estudiar interiorismo y también me expulsaron y nunca estudié fotografía. Hice unos pequeños cursos que nunca acabé y he sido más un autodidacta”. 

Sobre las  múltiples explusiones que sufrió en su juventud, explica con una sonrisa:  “Nos rebelábamos contra todo, de muchas formas. Yo pintaba graffitis y no aceptaba órdenes de ningún profesor”. 

“Tengo que ser muy sincero. Al principio, cuando salía a estos sitios, buscaba  la adrenalina y encontrar cosas que no están en el día a día común de una persona”, dice.   

 Pronto, la curiosidad dio  lugar a la vocación. “Me enamoré del Oriente Medio, empecé a tener muchos amigos y con eso vino un interés más profundo por entender las cosas. Seguí viajando y ya son diez años de trabajo en el Oriente Medio. Siento la gran  necesidad de adquirir conocimientos, de volver a los sitios y conocer más países”. 

Lo conmueven las  injusticias, “más dolorosas cuando pasan cerca de casa. Si las cosas suceden en África o en el Oriente Medio en  un conflicto, vuelves a casa y es fácil hacer relativo aquello que has visto. Pero con la problemática de  los refugiados... ver gente morir ahogada, delante tuyo, en Europa y por cuenta de una decisión política, es muy duro. Cuesta entender”.

Por más duras que sean las imágenes, asegura que nunca se ha 

autocensurado. Aranda sabe lo que es un conflicto, la guerra de la manera más cruda, y por eso considera que los procesos de paz merecen tener un lugar en la historia de los países. “Cada proceso es diferente, depende de cada país. Colombia está en un momento muy bueno para acoger su proceso y creo que puede ser un ejemplo para muchos países como España,  donde nadie ha pedido perdón por la dictadura y nuestros muertos siguen enterrados en fosas comunes”. 

 

 

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Samuel Aranda

Es fotógrafo documental. Tiene 36 años. Ha pasado los últimos 15 años documentando los conflictos, la migración y los problemas sociales de todo el mundo. Trabaja con frecuencia para The New York Times en el Oriente Medio y África, también ha realizado su labor en Pakistán, Líbano, Egipto, Yemen, Colombia, China. Ha hecho trabajos para  National Geographic, Sunday Times Magazine, Stern, Le Monde y El País Semanal.  En 2006 recibió el Premio Nacional de Fotografía Española de ANIGP-TV por su trabajo sobre los inmigrantes africanos que intentan llegar a Europa. Y en 2015 obtuvo  el premio Nikon Photography por su cobertura de la crisis del Ébola.  

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