Diana Uribe cuenta cómo se reinventó después de salir de Caracol Radio

Diana Uribe cuenta cómo se reinventó después de salir de Caracol Radio

Diciembre 02, 2018 - 08:18 a.m. Por:
María Camila Cardona U. / Reportera de El País
Diana Uribe

Diana Uribe, filósofa e historiadora colombiana.

Colprensa

En el colegio Diana Uribe estudió por su cuenta la historia de la Guerra Civil española, todo a partir de la película de los años 60 ‘Morir en Madrid’. “A mí la historia me llegó como una manera de relacionarme con el mundo”. Mundo que Diana, desde niña, descubrió en las charlas con su padre.

Se reconoce como una mujer de alma pacifista a la que personajes como Martin Luther King la hicieron caer en la telaraña de la historia. Quiso descubrir cómo personajes de este tipo lograron marcar un momento social y político y, a través de medios no violentos, poner fin a la segregación racial.

La música, otro pilar en sus formas de narrar, ha convertido a esta historiadora en un ícono de la radio, donde mezclaba sus historias con las canciones que marcaron épocas.

Quizá para muchos la voz de Diana Uribe suene familiar y la hayan escuchado en el carro o al iniciar la rutina, cada domingo, durante 18 años seguidos en Caracol Radio. Y sí, con su voz clara y entonada, ella fue la encargada de contar de manera variada y llena de vitalidad ‘La historia del mundo’. Precisamente ese era el nombre de su espacio radial, que se consolidó como el programa de historia que por más tiempo fue emitido en Colombia.

Es una mujer a la que le apasiona narrar, casi tanto como coleccionar, pues de cada uno de sus viajes ha traído un recuerdo que almacena con amor en su casa, un hogar que terminó siendo un museo de historia. Según ella, ya perdió la cuenta de lo que tiene.

Ahora la historiadora y periodista colombiana entrega un libro necesario para entender los tiempos turbulentos que corren.  Una especie de brújula que permite navegar el presente y el futuro, con su particular forma de narrar momento convulsionado que atraviesa la humanidad.

Los conflictos bélicos, el renacer de China y Rusia, la complejidad de los pueblos de Oriente, los inmigrantes como uno de los principales retos que afrontan las naciones, el papel global de Estados Unidos, Europa como eje del orden mundial, entre otros temas, son los que toca en este libro, titulado justamente ‘Brújula para el mundo contemporáneo. Una guía para entender el Siglo XXI’.

“El libro surge de la necesidad de darle un contexto a las noticias que inundan nuestras vidas, con un sentido de amenaza y catástrofe que es difícil de sacudir”, dice la autora.

Su programa radial ‘Historia del Mundo’ salió del aire. Sin embargo, usted sigue haciendo radio.
Sí, lo que estoy haciendo ahora es el Podcast, que es radio pero en Internet. Ahora en el mundo hay una tendencia de hacer la radio para la red, porque cuando usted hace un podcast, es suyo, no tiene que tener toda la infraestructura de una emisora. Como un blogero o un youtuber de la radio. El podcast es un eco de la radio. Vamos a llegar allá. He empezado contando la historia de la radio y la radio en la historia, y he tenido mucho éxito. Los primeros cuatro episodios ya tienen cien mil visitas. Creo que el éxito tiene que ver también con el hecho de que gracias a toda la producción que tiene el podcast, quien lo escucha siente que uno le está hablando directamente. Y la otra cosa es que se puede oír a la hora que uno quiera. Entonces no tiene limitación de horario, como sí tienen los programas radiales.

Libro de Diana Uribe

Portada del nuevo libro de Diana Uribe.

Especiales para El País



¿Cómo mantener una audiencia tan fiel en un programa radial sobre la historia?
Por un lado está el hecho de que a mí me fascina hablar de historia. Eso lo hago con todo el amor del mundo, y siempre he contado las historias que yo he querido contar, como las he querido contar, en el tiempo que las he querido contar, y trabajar con esa libertad de tiempo y de duración es clave. La salida de Caracol fue para mí un poco sorpresiva. Cuando me avisaron que estaba fuera del aire, y que me quedaba un último programa en el que terminaba la serie de Rusia, quise tener un lugar en el cual esperar a los oyentes. Fue una cosa muy bonita, que se hizo en quince días, para salir al aire inmediatamente terminara el programa ‘La historia del mundo’, lo que ocurrió el 21 de octubre, de modo que el 28 de ese mes ya estuviera en el aire. Pasamos del dial a la red.

Y para contestar a su pregunta, esa idea de que la cultura no vende es completamente falsa. Lo que sucede es que a la gente no la exponen a la cultura, no la educan en la cultura. Mire, le pongo un ejemplo: nosotros somos un público que aprendió a ver teatro por todos los años de los Festivales Iberoamericanos de Teatro de Bogotá.

Un claro ejemplo de que la cultura sí vende y sí despierta interés...
Claro. Aquí ha llegado el teatro de la mayor calidad del planeta y se ha creado un público para ver teatro. Hoy por hoy los bogotanos hemos aprendido a apreciar el buen teatro. Si a la gente se le ofrece la historia, la gente la escucha, la aprende y empieza a quererla. A la gente le gustan la cultura y el conocimiento, pero lo que sucede es que no se los dan. Es increíble la cantidad de personas -me he enterado- que me ha seguido, que me ha escuchado desde pequeña. Ha sido una cosa muy bonita la reacción de la gente y se ha formado una audiencia que ama la historia. Ahora, lo ideal sería que estos temas llegaran a los colegios. El trabajo educativo se tiene que hacer a muchos niveles. Yo hago mi parte, pero es necesario que se enseñe historia a los niños, para que sea mucho más grande el alcance de lo que se hace.

¿Qué piensa del bajísimo nivel de enseñanza de historia en los colegios del país?
Es absolutamente indispensable, ahora más que nunca, la enseñanza de la historia como materia independiente en las instituciones de educación. Es lo que le da piso, raíces a la gente. Precisamente el libro que lanzo, ‘Brújula para entender el mundo contemporáneo’, es un esfuerzo para entender lo que está ocurriendo, para que la gente comprenda de dónde vienen las cosas que se dicen las noticias. El pensamiento crítico para entender la realidad es indispensable, y si las personas no tienen un conocimiento histórico mínimo, no entienden por qué pasan las cosas que pasan. Para que tengamos una Colombia capaz de asumirse a sí misma es necesario enseñar historia. Cuando uno conoce su historia puede entender de dónde viene. Todos somos seres históricos, somos hijos de un tiempo y de una geografía.

El libro ‘Brújula para entender el mundo contemporáneo’ está también escrito a partir de sus experiencias como reportera...
Sí. Para poder hacer ese libro sumé muchas experiencias. Yo estuve en Jordania, en Turquía, en Mali, En Irán, en Iraq, en Uzbequistán, cubriendo muchos sucesos. Cuando no se entiende lo que está pasando uno tiene la impresión de que el mundo se nos viene encima, de que todo se está derrumbando. Pero resulta que no, que estamos en épocas de transiciones. El libro empieza por Europa, y yo he conocido muchas Europas, no solo la de Inglaterra y el norte, sino también la Europa de los Balcanes, la del este, los países Bálticos. El libro habla de esas muchas Europas y del proyecto de la Unión Europea. Cosas como la crisis de la banca, tan difíciles de explicar, son un tema que también se aborda y que tiene detrás todos los caminos que yo he recorrido como investigadora. Explico a la gente qué es el Brexit y por qué es tan grave para Inglaterra. También hablo de los refugiados en los audios que acompañan al libro, que tienen más de 16 horas. Audios pensados para suavizar los temas más fuertes y lograr, de una manera amable, que las personas no se asusten con la geopolítica. En el capítulo de los migrantes, se analiza de dónde vienen, de qué huyen, por qué ahora que no son europeos nadie quiere aceptarlos, como cuando a principios del siglo XIX 40 millones de Europeos migraron a América. El libro muestra que las migraciones son el resultado de invasiones. Como el desplazamiento aquí en Colombia, cuando llegaban a los pueblos y los grupos armados le decían a la gente que tenían dos horas para salir. Es exactamente igual.
El libro quiere contar de dónde vienen las cosas, porque cuando uno comprende tiene una actitud distinta. Es un referente acerca de los cambios que estamos viviendo en la actualidad como el cambio climático, China, el Medio Oriente, situaciones que yo he cubierto mucho como periodista, como la invasión a Irak. El libro junta una experiencia de vida con una investigación profunda, es muy sencillo y ameno de leer.

Diana uribe

Su más reciente libro se titula 'Brújula para el siglo XXI

Colprensa

En una parte del libro usted habla de nuevas concepciones de los derechos y nuevas luchas por ellos en todo el mundo...
El asunto con este tema es que nunca la democracia está completamente terminada y los derechos nunca están completamente conseguidos. Estas cosas pueden retroceder. Por ejemplo, tenemos lo que pasó en Brasil, que por asuntos de tiempo no alcanza a salir en el libro. Ese país tuvo una dictadura terrible, pero no guardó la memoria de esa dictadura, que por ejemplo sí tienen Argentina y Chile y Uruguay. Entonces no hubo un relato colectivo sobre lo terrible que fue y a la gente se le olvidó. Así que ahora eligieron a uno de los tipos que hizo parte de esa dictadura. Es decir, se les olvidó y volvieron a elegir a un verdugo. Como resultado los derechos de las minorías en Brasil, peleados durante muchos años y ya adquiridos, están de nuevo en peligro. Entonces, hay que defenderlos constantemente. En la Segunda Guerra Mundial todos los derechos que Europa se había gastado siglos en conseguir, se borraron en cinco años, íntegros. Porque bajo el Tercer Reich no había ninguna posibilidad de derecho, la propuesta era invadir los demás pueblos y llevarlos a la servidumbre. Después de que termina la Segunda Guerra Mundial se formaron los Derechos Humanos con una declaración vinculante, que significa que los países están obligados a suscribir esos derechos y hacerlos cumplir.

Entonces, ¿considera que ya no está de moda hablar de derechos?
Algunos. Los derechos de estabilidad laboral, por ejemplo, se han perdido y se han desprestigiado. Por eso ahora hablar de derechos laborales no está de moda, y eso hace que la población quede indefensa frente a los abusos. Los derechos como la educación pública tienen que ser defendidos constantemente. Francia se volvió una gran sociedad cuando le metió la ficha a la educación. Cuando los países crean grandes naciones es porque han invertido en la educación como derecho. Hay una relación absolutamente directa entre un país desarrollado y con educación al alcance de la mayor parte de la gente.

¿Cómo analiza usted, como filósofa e historiadora, el fenómeno de las ‘fake news’?
El tema de la educación es muy complejo y su ausencia no solo nos ha afectado a nosotros, sino también a países como Inglaterra. El Brexit es un resultado de esa falta de educación, que permite la influencia de las noticias falsas. Es la decisión más errática que ha tomado Inglaterra y todo como resultado de las noticias falsas. Pero esas noticias no nos las inventamos ahora, son invento de Goebbels en el Tercer Reich, solo que ahora están en las redes sociales. Cuando uno sabe de historia sabe que la idea de propagar mentiras para favorecer una postura política se la inventó Goebbels para favorecer a Hitler, y sabe que es una táctica política. La elección de Trump, la de Bolsonaro, son parte de las cosas que tenemos que aprender a manejar en esta época. Y esto funciona porque las ‘fake news’ apelan a los sentimientos más primarios del ser humano, como el miedo. Por eso es importante el análisis, la historia y la educación para que la gente pueda pensar antes de actuar. Para crear un público crítico capaz de distinguir una ‘fake new’ lo primordial es enseñarle historia.

Otro de los temas urgentes que usted aborda en su libro es el cambio climático...
Sí. El libro dice que nos estamos acercando a un punto de no retorno. Eso no significa un final, dice que estamos en el momento de hacer algo para revertir la situación, y por eso es tan importante hablarlo. Si la tierra se calienta más de dos grados en promedio, la tierra sigue pero nosotros no. Si no logramos dar una vuelta a la situación, los que vamos a desaparecer somos nosotros. Depende de nosotros, individual y colectivamente. El libro muestra y analiza de dónde surge el pensamiento ecológico, cómo se ha formado y cómo se han establecido las políticas de estado ecológicas. Pero aún hay mucho qué hacer.

Cuando se mira lo que ocurre en el mundo contemporáneo se tiene la impresión de que estamos cada vez más cerca de un Apocalipsis, pero usted, como historiadora, ¿qué piensa de esa posibilidad?
Para nada, solo estamos en una época de transición. Hay un discurso muy fuerte que habla del desorden que se vive en el planeta, lo cierto es que nunca ha habido orden. Existieron momentos en los cuales determinado pueblo ha sido hegemónico, y otros en los cuales hay una lucha por la hegemonía, pero no se puede mirar con una visión totalizante la historia y creer que va en una sola dirección. El libro mira la diversidad y la naturaleza de los distintos cambios y no busca establecer verdades totalizantes o verdades apocalípticas. En los 80 parecía que todo se iba a acabar, se acababan los estados benefactores, era la revolución islámica, nadie entendía muy bien lo que estaba pasando. Y el mundo no se acabó ahí, ni tampoco se acabó en los 90 cuando dijo Fukuyama que era el fin de la historia. Esa idea de que el presente que le toca a uno es absoluto solo surge porque uno no conoce la trayectoria de la historia.

¿De dónde surge su amor por la historia?
Me ayudó mucho mi papá, con quien hablaba de historia. Tuve profesores muy buenos, como Álvaro Miranda, que me despertaron el pensamiento crítico. Y toda la  vida he sentido que la historia y mi vida están relacionadas, que no era que pasaran cosas afuera que no tenían que ver conmigo. No, yo siempre me sentí parte de ella, como testigo de ella. En el colegio estudié la historia de la Guerra Civil española, solita, a partir de una película que se llamaba ‘Morir en Madrid’. A mí la historia me llegó como una manera de relacionarme con el mundo, como una pasión, toda la vida me ha interesado muchísimo. Y después tuve la enorme suerte de que pude vivir de esto, que me gusta tanto.

¿Cómo ha hecho para desarrollar esa capacidad de hacer digeribles los temas de los que habla?
Fui profesora de bachillerato durante siete años, y les enseñaba filosofía, literatura e historia a mis estudiantes. Entonces, para poder entrar en comunicación con los adolescentes, cuando estaba surgiendo MTV y era la época de Michael Jackson, tuve que aprender a respetar los códigos de ellos, entender el mundo de ellos. El esfuerzo por entender a los adolescentes fue lo que me ayudó a desarrollar mi capacidad comunicativa. Yo estudié filosofía en una época en la que las discusiones eran pedantes. Y pensaba que debajo de esa pedantería había ideas maravillosas, que se pierden en discusiones que nadie entiende. Hay que rescatar las ideas y hacerlas entendibles. Todo lo que hago es para hacerlo comprensible a la gente. Yo soy una pedagoga. Haga lo que haga, estoy haciendo pedagogía.

¿Qué capítulo de la historia le hubiera gustado presenciar?
La contracultura, en los años 60. Ese momento me llama mucho la atención porque ahí surgieron un montón de derechos: surgieron los derechos de las mujeres que se habían empezado a pelear desde el Siglo XX, pero en diez años se cambian cosas que durante mucho tiempo no se habían podido transformar en la historia de la mujer. Ahí surgen los derechos de las comunidades negras, con las marchas de los derechos civiles de Martin Luther King. Ahí se pelean también los derechos de los estudiantes, se crea un mundo para la juventud, que les permite que se creen su destino, y surge el rock como fenómeno cultural. Me gusta mucho la contracultura, por los derechos que se desarrollaron en esa época. Todo lo que se debate ahora son derechos que la contracultura planteó.

¿Tiene esperanza en la juventud contemporánea que vive inmersa en las plataformas digitales?
Sí. Hay una gran cantidad de iniciativas, una gran cantidad de caminos y posibilidades que no existían antes. Los modelos de negocio son muy nuevos, la realidad está por inventarse en este momento. Como los Podcasts, que son iniciativas que la gente puede tomar individualmente. Los jóvenes tienen muchas posibilidades y una creatividad y una voluntad de cambiar las cosas muy fuertes. Yo tengo muchísima esperanza en esta juventud de ahora y especialmente en los movimientos estudiantiles que siempre han cambiado la historia, que siempre han sido transformadores.

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