Diálogo con la ganadora del premio a la Excelencia Periodística Gabriel García Márquez

Diálogo con la ganadora del premio a la Excelencia Periodística Gabriel García Márquez

Octubre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Paola Gómez | Jefe de información
Diálogo con la ganadora del premio a la Excelencia Periodística Gabriel García Márquez

La mexicana Marcela Turati se ha destacado por hacer periodismo con enfoques que sorprenden al lector.

Marcela Turati, una mexicana sencilla que representa al periodista de a pie, se alzó en la noche del miércoles con la máxima distinción del Premio de Periodismo Gabriel García Márquez, junto a Javier Darío Restrepo.

En su tránsito a la adultez, Marcela Turati quiso ser misionera, con la ilusión de hacer algo que sirviera para mejorar el mundo. “Un misionero va a lugares que nadie va, confiado de que va hacer algo bueno. A veces, incluso, sin saber dónde dormir, pero hay que ir”, cuenta. Y aunque se hizo periodista, no abandonó la idea de ser misionera. A la larga, hoy es una misionera del periodismo, que va contando historias con las que intenta cambiar algo. “Si el periodismo no cambiara las cosas, yo no sería periodista. Tenemos esa trinchera, que nos da muchas posibilidades, si lo sabemos hacer bien. Debemos hacer investigaciones que realmente impacten, con golpes de precisión, que logremos cambios aunque sean pequeños. Denuncias y denuncias, alguna vez tiene que pasar algo”, dice.De ese ideal surgió la red Periodistas de a pie, un proyecto modelo en el continente, de asociación de reporteros, que en la noche del miércoles le permitió recibir la distinción a la Excelencia Periodística de los Premios Gabriel García Márquez, en Medellín. Periodistas “como las hormigas, que están en la calle, que no están sentados en un escritorio, que caminan con la gente, esos son los que queremos”.Su propuesta 'Periodistas de a pie' representa un modelo inspirador para el reportero puro. ¿Cómo surgió? Nació después de viajar por Latinoamérica. De hablar con colegas, de escuchar la respuesta repetida “no me publican” o “solo hay espacio para las declaraciones de cualquier político”, que es lo que finalmente va a las portadas. En Brasil vi cómo los periodistas se habían organizado y mejorado, así surgió la idea de crear un grupo para contar historias de otra manera y hacer capacitaciones para convertirnos en mejores reporteros. ¿El interés por los asuntos de violencia y pobreza, realidades tan nuestras, es una prioridad para la red?Ese ha sido un interés permanente en mi carrera. La red se fue extendiendo y llegaron colegas de diferentes lugares cubriendo diferentes temas, como la violencia -que en un momento se convirtió en prioridad- o como el derecho de los ciudadanos a estar informados. ¿Cómo se enseña a un periodista a aproximarse al tratamiento de la violencia de una manera distinta?Primero, que entiendan que todo debe tener un enfoque no oficial. Eso, para el que está acostumbrado a cubrir eventos y tomar declaraciones de los poderosos. Segundo, que cubrir la violencia es estar siempre pendiente de qué efectos tiene en la gente: acompañar a las víctimas, revisar estadísticas y estudios que den sentido a lo que está pasando. Cuando le llevamos al ciudadano las desgracias, los hechos sin reflexión, sin antecedentes ni contexto, provocamos parálisis, pánico.Imagino que ha sido muy difícil venderle esa idea a los medios tradicionales, atrincherados en la necesidad de registrar el día a día...Sí y no. Quizás haya intereses en que no salga. Pero si están planteados de manera inteligente, con un nuevo ángulo, y bien escrito, creo que se puede vender y abrir el espacio. Fíjate que me tocó cubrir en México todo el fenómeno de violencia de Ciudad Juárez, que fue la cuidad más violenta del mundo durante tres años. Y cada vez que me mandaban me preguntaba: ¿Cómo cuento lo que ya conté? Una respuesta era ir al cementerio y desde allí contar la ciudad. Otras preguntas que me servían eran: ¿Quién mata a quién? ¿Y qué pasa con esos muertos? Entonces había que mirar los barrios, la extorsión. Ir a los hospitales y ver el aumento de transfusiones de sangre, por ejemplo. La meta es que el lector y el editor sean sorprendidos por otra forma de abordar el problema. Y no perder la capacidad de indignación.¿Eso explica una frase muy suya: ver propuestas de solución, más que generar compasión?En parte, cuando se pueda. Por ejemplo, escribí un libro que se llama ‘Fuego cruzado’, es desgarrador. Cuenta las historias de familias que perdieron a sus hijos, pueblos donde hubo masacres. Es un dolor muy fuerte que no estaba en los medios. Allí hice lo que tenía que hacer, que era contar lo que está pasando. ¿Quiero contar la típica historia que abruma al lector?, o mejor vamos a contar cómo son esos colectivos que atienden a esos niños y después de ese reportaje saber que unos sicólogos de otras zonas del país se organizaron para hacer lo mismo. Porque ese tipo de notas, además de alumbrar encuentran nexos, establecen métodos, eso es muy importante contárselo al lector: qué hicieron con los problemas que han tenido. Vas, al menos, inspirando a hacer algo. ¿Tiene que ver ese método con sus inicios en el periodismo, de recorrer comunidades y mirar desde otro ángulo, antes que reportar algo de manera inmediata?Mi método es un poco raro, de hecho los fotógrafos se desesperan conmigo. Yo llego a un lugar a hacer los reportajes y hablo con el sacerdote, el barrendero, el empresario, para tomar el pulso. Después es que digo: el tema es este. Hay que ir abierto a lo que pueda cambiarte la idea inicial. La gente no tiene que ser algo estadístico, frío, sino contarse a través de historias. Y también buscar los números cuando no los hay. La tendencia de las edades de los que han sido asesinados, cuántos hijos podrían haber tenido entre todos. Ir explicando y que la gente se preocupe. A inicios de este año usted recibió una amenaza...Recibí una advertencia. Algo de lo que no hablo mucho. En febrero mataron a un periodista y nos llega a la red un mensaje de auxilio de una reportera de Veracruz que nos dice que acaban de secuestrar a su reportero Gregorio. Nos movilizamos una semana y lo encontraron en una fosa, asesinado, junto a otras dos personas. Hablamos con sus amigos, con su familia. Me tocó anunciar al país que había muerto un periodista de un lugar pequeño, que escribía notas en un cibercafé que no tenía internet. Luego me llamaron a decirme que había un plan para asesinarme. Y me toco salir corriendo. Tomé distancia un tiempo, seis semanas. Son clases de autocuidado. ¿Qué significa para una periodista como usted, que representa de alguna manera la esperanza del reportero de a pie, el hecho de recibir el premio a la Excelencia Periodística?Sé que he hecho cosas, quizás tuve una inspiración, pero me pregunto en estos momentos, ¿qué he hecho yo? No soy buena para cubrir una fuente diaria, no soy la reportera de las grandes estructuras políticas, mi trabajo es más arqueológico. Es un reconocimiento a esta comunidad de cómplices con quienes hemos hechos redes y estamos tratando de hacer cosas. Yo no lo veo como un premio personal, lo veo como que soy una representante del colectivo. Este premio es para todos los que hemos creído que se puede contar más allá de lo aparente.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad