¿Cómo será el fin del mundo? Así lo predijeron cinco escritores

¿Cómo será el fin del mundo? Así lo predijeron cinco escritores

Julio 29, 2018 - 08:32 a.m. Por:
L.C. Bermeo Gamboa  y Yefferson Ospina
1984

Portada de la novela '1984' de George Orwell.

Especiales para El País

Nunca antes estuvimos tan cerca de acabar con todo lo que nos rodea. Al menos tres personas en el mundo tienen el poder de desatar una guerra nuclear sólo con apretar un botón o mandar una orden de lanzamiento, bien sea en coreano, ruso o inglés.

Nunca antes, tampoco, estuvimos tan cerca de acabar con nosotros mismos, con nuestra única e individual vida. Con que al menos unos miles de usuarios, de los más de 2000 millones que posee Facebook; que digo miles, con menos de cien que se pongan de acuerdo para hacernos bullying y derrumbar nuestro ego frente a todos nuestros contactos, basta para que algunos decidan que no vale la pena vivir, porque un desconocido al otro lado del océano o de la calle nos dijo que estábamos demasiado gordos o flacos, o quién sabe qué.

Y, desde luego, nunca antes estuvimos tan cerca de acabar con todo lo que nos hace sufrir y poder ser completamente felices.

La ciencia y la tecnología nos han procurado medicinas y artefactos que nos permiten ampliar nuestra esperanza de vida y vivirla más cómoda. Nunca antes estuvimos más cerca de acabar con el hambre y la pobreza en el mundo, el sueño realizado de las Naciones Unidas. Pero millones de niños siguen muriendo de disentería en diferentes regiones del mundo, en tanto que la mayor riqueza pertenece a unos cuantos privilegiados.
Nunca antes los movimientos animalistas influyeron tanto en la cultura, pero especies como el Rinoceronte negro de África Occidental se extinguen cada año, sin contar las hectáreas de bosques y selvas que desaparecen.

Pese a estas tragedias globales, millones sufren más porque no tienen un celular de última tecnología, y otros siguen insatisfechos después de comprar su última versión del IPhone, en tanto millones más viven en paraísos artificiales de tortura y éxtasis, proporcionados por drogas tóxicas para curar el cáncer o la meta anfetamina más estimulante del mercado.

Se trata de algunas realidades que unos cuantos literatos, que oficiaron alguna vez de intérpretes del futuro, llegaron a describir hace varias décadas como algunas de las posibles distopías hacia las cuales se dirigía la humanidad.

Nunca antes el don narrativo de la especie humana, que nos ha permitido crear relatos ficticios para unir grandes colectividades en torno a ideologías religiosas o corporativas, se había usado para proyectar las posibles formas en que la misma humanidad podría desaparecer.

Se trata de historias ubicadas en un futuro lejano que, sin embargo, resultaron ser la descripción a veces precisa del presente más cercano. Esto constituye el fundamento de lo que se ha denominado el concepto de distopía, nombrado por oposición a la literatura utópica característica de los siglos XVI y XVII, cuando autores como Francis Bacon y Tomás Moro describían lugares y sociedades perfectas.

Una prueba inquietante de que el concepto de distopía sirve para comprender, desde una perspectiva crítica el presente, la tuvimos hace poco con motivo de la posesión presidencial de Donald Trump, ocurrida el pasado 20 de enero de 2017.

Tras el acto de posesión el jefe de prensa del Presidente afirmó que al evento habían concurrido 720.000 personas, mientras el mismo Trump aseguraba que habían sido millón y medio. En medios oficiales nadie dudó de tales declaraciones, pero en redes sociales y otros medios independientes, desde el mismo día ya circulaban imágenes comparativas de la asistencia al evento y otra multitudinaria de la posesión de Obama, donde se evidenciaba que la realidad no era tal como afirmaban desde la Presidencia.

Posteriormente la consejera del nuevo gobierno fue cuestionada sobre la veracidad de las declaraciones y en vez de aceptar la mentira, en contra de todo sentido común, afirmó que si no se podía afirmar con exactitud cuántas personas asistieron, entonces se trataba de “hechos alternativos”.

Esta estrategia de manipulación de los hechos, fue inmediatamente asociada con la que describe George Orwell en su novela ‘1984’, en la que su protagonista, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad, lugar donde se encargan de reescribir el pasado, modificando los periódicos para que estén de acuerdo con las declaraciones del Gran Hermano, caudillo del estado.

Precisamente, una de las técnicas empleadas en el Ministerio para manipular la realidad consiste en aprovechar la inexactitud del registro para afirmar lo que más convenga al líder. En la semana posterior al inicio del gobierno de Trump, los ejemplares de ‘1984’ se agotaron en la librería virtual de Amazon y la editorial dueña de los derechos de Orwell tuvo que imprimir 75.000 ejemplares más.

Las novelas distópicas son tal vez el producto característico de la ficción del siglo XX, cuya genealogía incluye varias obras de culto, entre las que destacan las pioneras en la primera mitad del siglo: 'Nosotros' (1921) de Yevgueni Zamiatin, una de las primeras en describir un estado totalitario inspirado en las políticas del comunismo soviético.

‘Un mundo feliz' (1932), del Aldous Huxley, donde la vida está diseñada por una élite científica que determina desde la concepción el rol de cada quien en la sociedad.  ‘1984’ de George Orwell (1949), donde se presenta un Estado continental que domina a sus ciudadanos a través de la vigilancia, la propaganda y la manipulación histórica.

‘Fahrenheit 451’ (1953), de Ray Bradbury, comparte elementos con todas las anteriores, pero hace énfasis en la importancia del libro como única esperanza de la humanidad sobreviviente a la última gran guerra nuclear.

A partir de la segunda mitad del siglo XX se publican otras novelas distópicas que llevarían a una mayor popularidad el género, sobretodo a través de las adaptaciones cinematográficas. Podemos mencionar obras como ‘La naranja mecánica’ (1961) de Anthony Burgess, donde se narra en primera persona la vida de un joven anarquista, Alex, quien es sometido por el Estado a un tratamiento radical de cambio conductual con técnicas de tortura mental que lo dejan completamente deshumanizado y vulnerable para el castigo colectivo.

‘El hombre en el castillo’ (1962) de Philip K. Dick, narra la historia de cómo habría sido Estados Unidos si hubiera perdido la Segunda Guerra Mundial frente a los nazis.

Los elementos comunes a todas estas novelas son el discurso dominante de un Estado totalitario que busca vigilar y controlar la capacidad tanto creativa como instintiva del individuo. Nada que esté muy lejos de nuestras realidades.

Cinco novelas que nos adelantan cómo podría ser el fin del mundo o, al menos, el fin del mundo como lo hemos conocido. O el principio del mundo que estamos conociendo.

Sumisión

Sumisión, del francés Houellebecq.

Archivo de El País

Sumisión
Michel Houellebecq
Se trata de la novela más reciente del polémico escritor francés,
en la que se ubica en 2022 para narrar una Francia que cae bajo
el dominio político musulmán.
Houellebecq describe cómo las disputas entre los partidos tradicionales de Francia permiten que una formación musulmana, liderada por Mohammed Ben Abbes, llegue al poder presidencial en Francia, y cómo poco a poco la vida va cambiando y los valores islámicos se van imponiendo. No es, sin embargo, una novela de violencias o de fuertes convulsiones sociales. El francés, fiel a su estilo lacónico, reflexivo e irónico, pinta una Francia que se rinde fácilmente al sistema político, social y religioso musulmán, como una consecuencia de la crisis en que ha sumido el capitalismo salvaje a las instituciones sociales de occidente. El régimen musulmán, además de conquistar Francia, se prepara para establecer una especie de imperio del Siglo XXI, con una extensión semejante a la del imperio romano, y en el que las naciones islámicas tengan cada vez más fuerza. La historia se va desenvolviendo lentamente delante del lector, que concurre a una serie de reflexiones sobre los derroteros históricos de varias civilizaciones, sobre la importancia del Cristianismo para la formación de Europa y sobre el modo cómo, desde un punto de vista desencatado, el hombre contemporáneo aceptaría fácilmente someterse al régimen musulmán a cambio de algunas pocas comodidades. El libro no ha estado libre de polémicas y ha sido tildado de islamófobo por parte de organizaciones musulmanas europeas. ‘Sumisión’ llegó a las librerías francesas el mismo día del trágico atentado contra Charlie Hebdo y Houellebecq, acusado de islamofobia o de dar alas a la extrema derecha, afirmó: “No tomo partido, no defiendo ningún régimen. Deniego toda responsabilidad. He acelerado la historia, pero no puedo decir que sea una provocación, porque no digo cosas que considere falsas sólo para poner nerviosos a los demás”. Una prosa lacónica pero sumamente erudita y de un humor aplastante es la que esconde esta novela, una de las grandes distopías literarias del siglo XXI, escrita por uno de los escritores más importantes de la actualidad.

1984
George Orwell
Un sociedad sometida a permanente vigilancia y donde la historia se reescribe todos los días de acuerdo a la voluntad del Gran Hermano. La novela del escritor inglés George Orwell fue publicada por primera vez en 1949, y desde entonces es una de las más vendidas en todo el mundo. El carácter fundamental de esta distopía es cómo a través del lenguaje totalitario o neolengua se logra controlar el pensamiento de cada individuo, de tal forma que a un traidor no se lo castiga, sino que se lo convence a través del miedo para ser un fanático del caudillo, incluso cuando lo que promueven no tiene ningún fundamento en la razón. Sólo de este modo es posible concebir que la guerra es la paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza. Orwell, quien fue un gran crítico de toda clase de totalitarismo, se inspiró en las campañas de propaganda fascista y en los principios de manipulación de masas ideados por jefe nazi Joseph Goebbels. Fue el libro más vendido en Estados Unidos luego de que Donald Trump fuera investido como presidente de ese país en 2017. Un clásico sobre lo que puede llegar a sucederles a nuestras sociedades bajo el yugo de un dictador.

La peste

La peste, de Albert Camus.

Archivo de El País

La Peste
Albert Camus
Todo ocurre en Orán, una ciudad que podría ser cualquier ciudad del mundo, pues el autor no la ubica específicamente. Una peste empieza a infectar paulatinamente a todos los habitantes del lugar mientras que unos pocos, entre ellos el doctor Bernard Rieux, por alguna razón que no comprenden, parecen ser inmunes. La obra es una gran metáfora sobre la responsabilidad de los individuos frente a las tragedias de los otros. El doctor Rieux, contrario a lo que hacen muchos, no huye de Orán, sino que por el contrario permanece en la ciudad para tratar de curar a quienes sufren de la peste o, al menos, de darles una muerte mucho menos dolorosa. Se trata de una de las novelas más importantes del francés Camus, en la que expone a partir de imágenes literarias todo su pensamiento humanista: la necesidad de luchar siempre, bajo cualquier circunstancia, por la defensa del hombre. La peste en sí misma es una figura metafórica: puede ser el hambre, la guerra, el régimen de un dictador, la migración. Es, ante todo, una novela sobre la esperanza en tiempos de extravío intelectual y moral: “En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”, dice el protagonista.

farenheit

Farenheit 451, de Ray Bradbury.

Archivo de El País

Fahrenheit 451
Ray Bradbury
En el mundo que crea esta novela las personas no leen libro alguno sino que están constantemente sometidas a la realidad que les transmite una pantalla...
Los libros han sido prohibidos y la única función que cumplen los bomberos es la de buscar y quemar los ejemplares que aún conservan algunos desadaptados que no se conforman con los simulacros virtuales de la tecnología. Uno de esos bomberos se rebelará a su destino influenciado por una niña. Al final, en pocos minutos todo quedará destruido y los sobrevivientes
serán una colectividad de ilustrados que han guardado en sus memorias algunos de los clásicos de la literatura y el pensamiento. Estos hombres libro fundarán una nueva sociedad más artesanal sobre las cenizas y ruinas dejadas. Cabe mencionar que Bradbury fue uno de los pocos autores contemporáneos que se ganó el reconocimiento de Borges, en parte debido a su capacidad de crear historias de ciencia ficción con trasfondo poético. Fue publicada en 1953, y en 1966 Francois Truffaut dirigió una película basada en la novela.

El hombre en el castillo
Philip K. Dick
Aunque esta novela cabe dentro del género distópico, su particularidad narrativa consiste en crear una realidad alterna a la que ya conocemos, es decir, una ucronía. ¿Qué habría pasado si Estados Unidos no hubiera ganado la Segunda Guerra Mundial? Esta historia cuenta uno de los posibles futuros alternativos, pero lleva aún más lejos el concepto de distopía cuando se incluye dentro de la misma novela un libro prohibido donde su autor cuenta cómo habría sido el mundo si los nazis hubieran perdido la guerra. De este modo la realidad del lector queda parcialmente falseada, puesto que comprende que nuestro mundo, pese a su imperfección, aún podría ser peor. Las imágenes de la Norteamérica ocupada por los invasores nazis son verdaderamente fuertes: banderas nazis por todos lados; carteles de propaganda escritos en inglés y proclamando la gloria de un envejecido Hitler; un país atestado de hospitales, entre los cuales su rutina diaria incluye la incineración de marginados e indeseables; una zona neutral atestada de negros, judíos y discapacitados... Un país en el cual los que no son blancos, los migrantes, parecen no tener lugar.

High Castle

Imagen de serie de televisión de Amazon 'The man in the high castle', basada en la obra 'El hombre en el castillo'.

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