Cine: ¿Quién cosechará mandarinas?

Mayo 24, 2015 - 12:00 a. m. 2015-05-24 Por:
Claudia Rojas Arbeláez l Especial para GACETA
Cine: ¿Quién cosechará mandarinas?

La película eslovena ‘Mandarinas’ debería ser de apreciación obligada para los colombianos. Este hermoso drama bélico con matices complejos y profundos, ocurre en medio de las montañas georgianas, en 1990. Allí cuatro hombres permanecen juntos en medio de una guerra que dos de ellos protagonizan y otros dos no entienden.

La película eslovena ‘Mandarinas’ debería ser de apreciación obligada para los colombianos. Este hermoso drama bélico con matices complejos y profundos, ocurre en medio de las montañas georgianas, en 1990. Allí cuatro hombres permanecen juntos en medio de una guerra que dos de ellos protagonizan y otros dos no entienden.

Ivo y Margus son vecinos, amigos  y ‘socios’ en su cultivo de mandarinas: Ivo hace los guacales de madera mientras Margus se encarga de  recoger la fruta. Viven en medio de un hermoso paisaje montañoso, ausentes de vecinos y familiares cercanos que decidieron huir cuando estalló la guerra civil en su territorio.  

Corren los años 90 y los países que durante tanto tiempo conformaron la Unión Soviética buscan su independencia. En medio de las montañas desoladas, se escuchan unas que otras ráfagas lejanas y reciben visitas recurrentes de grupos que les piden su apoyo a la causa.  

Aferrados a las tierras y vidas que siempre tuvieron, este par de hombres mayores, únicos sobrevivientes del éxodo, se mantienen firmes en sus rutinas y sobreviven con dignidad compartiendo lo poco que tienen e intentando no tomar partido por ninguna de las partes del conflicto (¿nos suena?). De esta manera han encontrado la mejor manera  de acompañarse con las mandarinas.   

Así los encontramos, en plena temporada de cosecha, compartiendo una misma preocupación: cómo lograrán recoger toda la fruta a tiempo para lograr venderla.  Pero sin duda hay un problema mucho mayor que los acecha. Los vientos de la guerra de independencia del estado georgiano que habitan  soplan cada vez con mayor intensidad, llegando a afectarlos de manera directa. 

Un día cualquiera, un atentado los sorprende frente a sus propiedades. Un grupo de chechenos y georgianos se enfrenta de manera violenta dejando solo dos sobrevivientes: uno de cada bando.  Ivo  decide curarlos a los dos y con la ayuda de Margus los acoge en su casa. Poco a poco las dinámicas de Ivo y su vecino se transforman y a pesar de su preocupación constantes por las mandarinas, se vuelcan sobre los pacientes a quienes quieren ver recuperados como sea. Todo esto sucede en una sola casa, repitiendo rutinas y compartiendo las preocupaciones de cada uno. Ivo con su pasado lejano, ejemplificado en tres o cuatro fotografías enmarcadas con la que mantiene presente el afecto de una familia que hace mucho decidió buscar un rumbo mejor.  

Alrededor de estos cuatro personajes se desarrolla la trama de una de las más bellas películas antibelicistas que se han contado alrededor de esta guerra civil.  Una producción eslovana que lleva por nombre ‘Mandarinas’ está escrita y dirigida por el georgiano Zaza Urushadze, quien siempre ha tratado temas similares en sus producciones.  

En esta aparente sencillez de su trama, esta película explora, entre otras cosas, la belleza y la piedad que puede subyacer en el ser humano sin importar sus condiciones de vida. A través de la bondad que mueve a Ivo durante la recuperación y convalecencia de sus huéspedes, conocemos la esencia de los protagonistas de un conflicto que los sobrepasa y los lleva al odio bélico. Tan absurdo como inexplicable, los enemigos que viven bajo el mismo techo empiezan a ser domados por un anciano noble al que respetan por encima de todo.  Mientras esto sucede las pisadas de animal grande que es la guerra, los cercan cada vez más, queriendo obligarlos a tomar una postura o un partido: se está con los chechenos o con los georgianos.  

Es claro, es una película que se cuenta en medio de la guerra, no tendría por qué suavizarse el conflicto ni endulzarse con  mentiras no realistas.  Pero las sorpresas que puede entregarnos esta película no están en los finales felices y manipulados sino en la realidad que arroja la guerra desde su ángulo obtuso que no distingue razas sino clanes y tribus.  La verdadera sorpresa que nos da ‘Mandarinas’ es la ser una película emotiva desde su dureza, conmovedora desde su sencillez y bella desde la simplicidad de la vida austera del que comparte todo sin tenerlo nada. Entonces la solidaridad y el amor se convierten en los mejores versos que componen una película que obtuvo  nominaciones y palmas alrededor del mundo.  

Claudia Rojas Arbeláez es docente de la Universidad Autónoma de Occidente l @kayarojas

 

VER COMENTARIOS