Antonio Caballero habla de sus 15 años de periodismo crítico

Febrero 19, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-19 Por:
Isabel Peláez | Reportera de El País
Antonio Caballero habla de sus 15 años de periodismo crítico

‘El oficio de opinar. Quince años de periodismo crítico’, es una antología de los mejores artículos que ha escrito Antonio Caballero para las revistas Semana, Arcadia y SoHo.

El caricaturista y columnista presenta su libro ‘El arte de opinar’, una antología de sus mejores artículos para revistas.

No hay presidente de Colombia que se haya salvado del afilado lápiz de Antonio Caballero y de las aguerridas palabras que lanza desde su vieja máquina de escribir.

Tiene  tonos distintos para  sus columnas y sus caricaturas. A  veces su tinte es  amargo, otras burlón y algunas, serio. 

Para algunos gruñón, para otros franco, no considera que con su oficio, el de opinar,  cambie la opinión de nadie. No hace denuncias, porque  solo opina sobre lo que investiga.  Lo suyo es  la reflexión.

Por sus 15 años de ejercicio del  periodismo crítico, publica su libro ‘El Oficio de Opinar’, una selección de sus  columnas publicadas en la revista Semana entre 2000 y 2015, muchas de las cuales  “no tienen fecha de vencimiento”, afirma.

Si se viera en la encrucijada de elegir entre la palabra y el dibujo, ¿por cuál se decidiría?

No me parece que esa alternativa hipotética se vaya a presentar, son dos cosas muy distintas. Me gusta hacer ambas,  no veo por qué tendría que renunciar a alguna de las dos.

¿Qué denuncia suya  ha obtenido mejor respuesta? 

Las cosas que escribimos los periodistas no tienen mucho efecto sobre la realidad, menos aún sobre las políticas de los gobiernos. Llevo 40 años escribiendo   sobre la legalización de la droga, que me parece absolutamente necesaria, y  ahora mucha gente en posiciones de poder está empezando a hablar de eso por  primera vez. Pero mientras fuimos  los periodistas, no solo yo  sino muchísimos en Colombia y en el mundo, los que explicamos porqué es una insensatez prohibir las drogas,  nadie nos hizo el menor caso. En estos  tres años, el presidente Juan Manuel Santos ha hablado de la necesidad de cambiar la  política con respecto a las drogas, sin atreverse de frente a decir que es necesario legalizarlas.  Pero cuando  lo  decíamos los periodistas no tenía el menor efecto ni  eco.

¿Qué temas se ha autocensurado?

No, yo no me autocensuro.

¿Cuál ha sido la época de mayor censura de  la prensa  en el país?

A mí no me ha correspondido ninguna etapa de censura de la prensa en Colombia. Hubo censura en tiempos del General Rojas Pinilla o   de la hegemonía conservadora a principios del siglo XX. Pero desde que  ejerzo el oficio de periodista en Colombia, no ha habido censura,  pudo haber autocensura. En radio  hay una censura práctica que consiste en asesinar a los periodistas. He sido amenazado varias veces y he tenido que salir del país. Matar a un periodista es terrible, pero  no es censura propiamente dicha. 

¿Su padre influyó en que se convirtiera en caricaturista  al hacerle    dibujos y contarle historias?

Mi padre sí dibujaba un poco, pero ni me hacía dibujos ni me contaba historias, en esa época los padres no se ocupan mucho de los hijos. 

¿Qué periodo político en Colombia le ha dado más temas para sus caricaturas y columnas?

Los temas de mis caricaturas han sido los mismos desde que empecé a dibujar hace 40 o 50 años, como los de  la revista Alternativa:  la corrupción política, el narcotráfico, los abusos de las autoridades, la pobreza de los pobres  y la insolencia de los ricos, y las cosas no han cambiado  para nada en Colombia en la mirada de un caricaturista.  

¿Por qué no ha dejado de escribir a máquina sus columnas? 

Lo que pasa es que cuando escribo en computador no puedo ver la totalidad de lo que escribo,   solo puedo hacerlo en el papel,    además voy  corrigiendo a mano sobre lo que estoy  escribiendo a máquina, eso tampoco lo puedo hacer en el computador, o no sé  lo suficiente como para poder. Me dicen: ‘Si usted abre una ventana tal cosa’, yo no sé, me cuesta demasiado trabajo eso, prefiero seguir haciéndolo como me ha convenido siempre. 

¿Qué enemigos se ha ganado  por culpa de su irreverencia?

No sé si tenga enemigos, muy a menudo   me insultan por internet, pero  eso no me afecta demasiado, me da bastante igual.

Por  algunas columnas suyas lo han llamado antidemocrático. ¿Qué piensa de ese calificativo?

No sé  en qué consiste ser antidemocrático, la democracia   no se ejerce individualmente sino colectivamente,  es una manera de organizar la sociedad. No creo que una persona pueda ser antidemocrática, salvo que esté en el poder, nunca lo he estado ni lo voy a estar. Si me han llamado antidemocrático, aunque no sabría quién, me parece que se equivoca de palabra.

Así lo llamó Óscar Iván Zuluaga, cuando usted comparó a Fernando Londoño con Timochenko... 

 ¿Me llamó antidemocrático? Pues entonces el doctor Zuluaga no sabe qué significa la palabra democracia.

¿Haber vivido el mayo de 1968 influyó en su carácter irreverente?

Cuando vino el mayo del 68 yo tenía más de 20 años. No creo que las personas cambien a esa edad. Si hubiera sido una experiencia infantil, posiblemente, pero  todos los contemporáneos deberían tener el mismo carácter que yo si ese tipo de cosas influyeran.

Usted subsistió en París a través de la venta de  sus dibujos. ¿Cómo fue esa experiencia?

Durante un año y medio  viví de vender dibujos en un café  de París y a revistas francesas. Lo de vender dibujos en los cafés era bastante rentable en primavera, en  verano y en otoño, pero en invierno se volvía  imposible,  no nos permitían  ese tipo de negocio en los cafés.

¿Por qué estudió Ciencias Políticas y no Artes?

 Me gustaba dibujar y me salía bien, pero  no tenía intención de dedicarme  a la pintura. Me  interesaba más estudiar Ciencias Políticas.

Retomando a su vida en París,  contó usted que una novia lo dejó  y por eso se marchó a Londres. ¿Cómo fue esa experiencia?

 No sé, pero no me interesa hablar de mis experiencias amorosas.

Dicen que es un amante de la música, ¿qué géneros prefiere?

Toda clase de música, pero  depende de los días y de los momentos. A veces  paso semanas sin oír ninguna música. Detesto oír radio, y solo oigo la música que ponen los taxistas cuando voy en taxi.

Tampoco es amigo de ver  televisión, ¿verdad?

Muy poca, sí.

Si no oye radio ni ve televisión, ¿de dónde parten sus ideas para sus caricaturas? 

De lo que sucede y  me entero a través de los libros, de la  prensa, de lo que veo alrededor.

¿En la política cuál ha sido el toro más difícil de lidiar?

Yo no lidio toros en la política,  los miro desde la barrera, como miro los toros. No participo en política, opino sobre la política como  opina un espectador  en una corrida.

¿Qué falta para que se alcance la paz en Colombia?

Lograr la paz es una exageración, lo que buscamos es el desarme  de la guerrilla de las Farc, que esta abandone la lucha armada para dedicarse  a la política sin armas. Eso me  parece perfectamente posible,  están a punto de lograrlo quienes están discutiendo en La Habana.   Pero la paz en Colombia es   una cosa mucho más grande y  complicada que tomará mucho  tiempo y una serie de reformas que aún no veo.

Hablando de reformas, ¿el Papa Francisco ha logrado transformar la Iglesia?

El Papa  ha hablado mucho y le ponen mucha atención en la prensa, pero no me parece que haya hecho  una reforma de la iglesia. La  única reciente es de  hace ya 50 años, del Concilio Vaticano II. No creo que el Papa Francisco, fuera de ser muy simpático y, en mi opinión, un Papa  peronista, como lo son  casi todos los argentinos, haya cambiado  nada.

¿Colombia es un país sin remedio?

 ‘Un país sin remedio’ es una novela que escribí, pero no es Colombia. Los países tienen subidas, bajadas, etapas trágicas y de relativa prosperidad y felicidad. Lo que pasa es que el remedio  en buena parte son los dirigentes, y hasta ahora la mayor parte de los que hemos tenido han sido  bastante catastróficos.

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